sábado, 26 de mayo de 2018

Peppino Sarina: obra y títeres

 (Hermano de Brighella, títere de Peppino Sarina)

Tras la presentación del Estudio Sarina en Tortona, de cuya inauguración dimos noticia en un anterior artículo (ver aquí), y dada la importancia del legado que se conserva de este importante titiritero, vamos a extendernos en la obra y en sus títeres afín de darlo a conocer a público de habla española.

Riqueza del patrimonio titiritero en Italia

Antes de entrar en el mundo Sarina propiamente dicho, vale la pena considerar el entorno y descubrir la inmensidad del patrimonio titiritero italiano, de una tal magnitud que bien podríamos considerar a este país como una especie de ‘Reserva Natural de los Títeres’, sin parangón alguno con otros países europeos. Hablamos de Patrimonio, es decir, del legado dejado por un sinfín de maestros titiriteros, algunos aún en activo, aunque la mayoría fallecidos o ya sin actividad. Nos referimos a la gran oleada de creatividad titiritera que se vivió en Europa y muy especialmente en Italia durante el siglo XIX hasta la mitad del XX, una realidad que tiene sus raíces en la potente actividad teatral de la Comedia del Arte surgida en el siglo XVI.


Balanzone, de Peppino Sarina.

En efecto, a las máscaras clásicas de la Comedia, se le añadieron en el siglo XIX una multitud de nuevos personajes (que los italianos siguen llamando ‘máscaras’, aunque la mayoría ya no se cubrían el rostro con ninguna máscara), al mismo tiempo que en toda Europa nacía una segunda generación de ‘Polichinelas’ (entendidos en su acepción amplia de títeres populares) con nuevos nombres, rostros y características, en sintonía con el surgimiento de las naciones de la época, de modo que hubo una identificación de estos personajes con su correspondiente realidad nacional: Punch and Judy en Inglaterra, Guignol en Francia, Kasperl en Alemania y Austria, Jan Klaassen en Holanda, Mester Jakel en Dinamarca, Kasparec en Checoslovaquia, Petrushka en Rusia, Vasilache en Rumanía, Vitez Lazlo en Hungría, Dom Roberto en Portugal, Perico en Cataluña, Don Cristóbal Polichinela en España, Pierke, Tchantches y Nanesse en Bélgica, por citar a los más conocidos.

 
Arlechino, de Peppino Sarina.

Las principales nuevas máscaras nacidas especialmente en el norte de Italia son Facanapa en Verona, Tartaglia en Verona y también en Nápoles, Gioppino en Bérgamo, Paci Paciana en Bérgamo, Meneghino en Milán, Pampalughino y Tascone en Lodi-Tortona, Doctor Balanzone, Gagiolino y Sganapino en Bolonia, Sandrone en Modena, Bargnocia en Parma, Gianduja y Testafina en Torino, Baciccia en Génova, Stenterello en Firenze y Peppe Nappa en Catania. Más tarde habría que añadir al más contemporáneo Pirù, de Walter Broggini, de Varese, o a Areste Paganos, de la compañía Is Mascareddas, de Caglari. Estos personajes se juntaron a las máscaras clásicas como Pulcinella, Arlechino, Brighella, Pantalone, Colombina o Il Capitano. Y mientras las viejas llevan siempre sus rostros cubiertos con sus máscaras particulares, en las nuevas se impone la cara al descubierto, una modalidad asociada a las nuevas ideas revolucionarias de Francia que ven un atraso y algo propio del Antiguo Régimen el hecho de taparse con máscaras.

 
Gioppino padre, de Peppino Sarina.

Al ser Italia un país muy fragmentado, que no se unificó en lo que sería una nación moderna hasta 1861, se entiende que cada localidad, por pequeña que fuera, buscara un rostro y una personalidad que la definiera como personaje emblemático hablando cada uno en el dialecto local que le corresponde. De ahí la extraordinaria riqueza de rostros, nombres, matices y particularidades de los títeres italianos a mediados y finales del XIX, algo único en Europa.

El caso de Peppino Sarina

Es en este contexto de efervescencia teatral y titiritera de las sociedades y distintas culturas italianas, donde emerge la figura de Peppino Sarina (1884-1978), hijo y nieto de titiriteros (el abuelo Andrea y el padre Antonio) crecido en un ambiente de creatividad artística, pues toda la familia vivía inmersa en el mundo de los títeres, de la música, de la pintura y del teatro.

 
Rinaldo, de Peppino Sarina.

El caso extraordinario de Giuseppe, más conocido como Peppino, es el de un autodidacta capaz de dominar varios instrumentos, de escribir música (compuso varias óperas, libretos y música incluida), una gran cantidad de obras compuestas de muchos episodios, y provisto de una vitalidad y un conocimiento del oficio que lo hizo famoso en las regiones del Piamonte y de la Lombardía donde solía actuar. Quizás su título más importante sea el del Ciclo Carolingio de los Paladini e Reale di Francia, con 120 episodios que podían ocupar una temporada teatral entera en un mismo lugar. Es el único titiritero del norte italiano que incorporó el repertorio propio de la Opera dei Pupi del sur napolitano y siciliano tras adaptarlo a la modalidad técnica del títere de guante, y con una fidelidad estricta a las versiones clásicas de la historia.

 
Ruggero, de Peppino Sarina.

Su máscara o personaje principal fue Pampalughino, alegre e irresistiblemente cómico, masticador empedernido de tabaco, lengua viva y afilada, con el color rojo como dominante, tanto en el vestido como en el gorro que lleva una orla que hace girar locamente en los momentos álgidos de la función.

 
Pampalughino, de Peppino Sarina.

Pampalughino tiene a un fiel compañero, Tascone, bebedor y fumador de pipa, una especie de alter ego suyo, al igual que Gnafron lo es en relación a Guignol o Sganapino con Fagiolino en Bolonia. Paralelo en cierto modo al Sandrone de Módena. Fuerte, honesto y bueno, se decía que su brazo era poderoso e invencible (con un doble sentido sexual para los adultos). Rústico y algo simplón, era por ello mismo muy querido por el público, de tal modo que Sarina lo introdujo también en la serie del Ciclo Carolingio, en la que hacía de escudero del paladino Astofo. En este contexto, aparece casado con Gigia y tiene un hijo llamado Bùrtul. Aparece con un oso al que hace bailar con su pandereta. Lleva un traje marrón y un gorro de tipo militar.

 
Tascone, de Peppino Sarina.

Peppino Sarina escribió, además de las obras caballerescas, un sinfín de dramas históricos y costumbristas, comedias y farsas. Todo este material se ha conservado gracias al mismo maestro que al dejar de actuar en el año 1958, dedicó el resto de su vida a ordenar su obra con la intención de donarla a la ciudad de Tortona, consciente de lo ingente de su trabajo y de que era uno de los últimos en ejercer la profesión titiritera a la vieja usanza. De ahí que sus más de 600 títeres, con todos los instrumentos y utensilios complementarios y de atrezzo, los 'copiones' (las obras escritas de sus espectáculos), los decorados y los carteles, constituyan una colección única en su género, un legado exhaustivo de tres generaciones de titiriteros que nos hablan de la historia teatral y cotidiana de más de un siglo de actividad, y del oficio de los títeres tal como se practicaba entonces.

 
Decorado de Peppino Sarina.

La exposición permanente del Estudio Sarina en el Pallazzio Guidobono es la punta del gigantesco iceberg que la Asociación Sarina nos deja entrever. Se encuentra en una sala con dos grupos de personajes expuestos: algunas de las máscaras utilizadas por el maestro en un lado, y algunos de los personaje caballerescos del Ciclo Carolingio en el otro lado. Todo ello envuelto de preciosos decorados pintados por Sarina más algunas fotografías de la familia acompañadas de textos donde se los inserta en la historia. La sala contigua, correspondiente a la exposición temporal, está dedicada a los 'Espíritus Infernales', es decir, los diablos, serpientes, dragones, y personajes fantásticos, malditos o embrujados que Sarina gustaba introducir en sus obras, parte fundamental de las historia y con éxito asegurado en el público.

 
Espítitu Infernal, de Peppino Sarina.

Y hay que decir que realmente impacta y sorprende tal profusión de seres de espanto, una mezcla maravillosa de ingenuidad y de truculencia, de imaginación popular de raíces católicas y paganas, vigentes en los escenarios europeos hasta que el cine y la televisión impusieron el realismo de las imágenes de dos dimensiones frente a las tres de los títeres capaces de despertar de inmediato el teatro imaginario de los espectadores.

 
Espíritu Infernal, de Peppini Sarina.

Espacios como el Estudio Sarina de Tortona nos dan perspectivas nuevas de lo que fue y de lo que se sigue haciendo en los escenarios titiriteros del mundo, aunque hoy se haya abandonado el retablo y las figuras aparezcan como a cada titiritero le da la real gana. Que así sea y por muchos años.

 
Diablo, de Peppino Sarina.

Se inauguró en Tortona, Italia, el pequeño museo dedicado a la obra de Peppino Sarina

  (Pampalughino, la 'máscara' o personaje principal de Peppino Sarina)

La inauguración del Atelier Sarina en el Palacio Guidobono de Tortona, provincia de Alessandria, el viernes 9 de marzo de 2018, ha colocado definitivamente a esta hermosa ciudad del bajo Piamonte en el mapa titiritero del mundo. En realidad, ya figuraba en él desde que nació en los años noventa la Asociación Sarina para el fomento del arte de las marionetas y muy especialmente para conservar y estudiar el inmenso legado del titiritero Giuseppe Sarina, más conocido como Peppino, nacido en Broni en el año 1884 y fallecido en Tortona en 1978.

Con los dos artìculos que dedicamos a Peppino Sarina (éste y el siguiente), cumplimos con nuestro deseo de  ir desvelando las tradiciones y los legados marionetísticos europeos más relevantes. También vamos llenando poco a poco el vacío que la primera versión publicada de Rutas de Polichinela dejó: el gran apartado del teatro de títeres del norte de Italia (ver los capítulos anteriores dedicados al persona de Gioppino, oriundo de Bérgamo), una zona que bien podríamos considerarla como una insólita Reserva Natural de los Títeres, única en el mundo.


Peppino Sarina.

Peppino Sarina provenía de una familia titiritera iniciada por su abuelo Andrea, nacido en Lodi en 1828, cuyos azarosos primeros pasos de la vida le llevaron a huir de su pueblo al escapar de los austríacos, caer prisionero de los mismos en Milán y conducido a Austria, para sobrevivir durante estos años con oficios variopintos y marginales (recogedor de cadáveres y taxidermista, entre otros) hasta acabar siendo titiritero tras casarse. Su hijo Antonio, nacido en 1857, dio un empuje definitivo a la compañía, tras emparejarse con Adele Palamede y tener con ella tres hijos (Peppino, Teresa y Andreino), todos dedicados al oficio de los títeres. Familia de artistas y de músicos, pues mientras Antonio tocaba la flauta y Adele el banjo, Pepino era ducho en el acordeón y otros muchos instrumentos, Teresa en la guitarra y Andreino en el violín.

 
La señora Adele, Antonio, Andreino, Peppino y Teresa.

Pronto destacó Peppino como escritor y autor de múltiples obras, reconocido músico (escribió a lo largo de su vida numerosas óperas sin estrenar, siendo el autor tanto de los libretos como de la música), escultor de sus propios títeres, refinado pintor de decorados y carteles publicitarios, y potente intérprete, dotado de una memoria fabulosa que le permitía mantener un repertorio inmenso de obras con profusión de episodios distintos. Un artista autodidacta que podía codearse con los mejores creadores de la época, aunque él siempre se centró en el universo de los títeres.


Decorado de Peppino Sarina.

Activo hasta 1958, se dedicó hasta el año de su muerte en 1978 a ordenar todo su inmenso patrimonio titiritero: una colección de más de 600 títeres, cantidad de decorados y carteles, los 'copiones' (nombre italiano para indicar los libretos o textos teatrales) de sus obras y de sus infinitos episodios, y los mil objetos e instrumentos que acompañan y complementan la actividad titiritera, recogidos a lo largo de tres generaciones que cubre un siglo entero de actividad.

Todo este legado fue adquirido por la Fondazione Cassa di Risparmio di Tortona, custodio oficial del mismo, bajo los auspicios de la Asociación Sarina, fundada en su día por Giampaolo Bovone, Pietro Porta, Walter Broggini, Daniele Corteses y Tinin Mantegazza. Los dos primeros son los autores de un magno trabajo de investigación sobre la vida y la obra de Sarino publicado por Diakronia en 1997 con el título de 'Gente di Sarina'. Entre otros trabajos, registraron las entrevistas a los más de cien ayudantes 'de baracca' que tuvo Sarino detrás del retablo, un testimonio precioso de una época fundamental en la historia de los títeres de los siglos XIX y XX.

 
Algunos de los títeres de la Sala Permanente del Estudio Sarina.

Desde un principio, hubo un núcleo de personas (las situadas en el círculo de la Asociación Sarina) que fue muy consciente de la transcendencia del legado titiritero conservado en Tortona, el cual ha sido el motor de una frenética actividad desarrollada alrededor de los títeres, desde la publicación de diversos libros especializados (varias tesis doctorales, algunas autobiografías de importantes titiriteros y otros testimonios) hasta la organización de varios festivales de títeres en la localidad vecina de Viguzzolo (el Festival Da Soli, unos de los primeros en Italia dedicados a titiriteros solistas para público adulto) y en la misma Tortona. Pero no ha sido hasta hoy que la acción continua de tanto empeño titiritero ha empezado a dar sus frutos visibles, con la abertura de este Estudio Sarina en el Palacio Guidobono el pasado sábado 10 de febrero de 2018.

El Estudio Sarina y los talleres de Natale Panaro

La obsesión de Giampaolo Bovone y de sus compañeros de aventura ha sido la de abrir un espacio vivo y dinámico, abierto al mundo de los títeres, a la ciudad y a los jóvenes, pensando no tanto en el pasado como en el futuro, huyendo del concepto del museo estático, por otra parte inviable dadas las condiciones del espacio.


Encuentro de Gioppinos con Pampalugha, decorado de Peppino Sarina.

El Ayuntamiento de Tortona ha cedido a la Asociación y a la Fondazione Cassa di Risparmio di Tortona, propietaria del legado, unas salas del mencionado palacio medieval del siglo XV Guidobono (reconstruido en 1939), muy bien situado en la Via Emilia en una placita dominada por una imponente torre medieval.

 
Giampaolo Bovone con el títere original del famoso personaje televisivo Dodó, en el despacho del Estudio Sarina.

La zona de exposición consta de dos salas: una permanente, con los principales personajes de Peppino Sarina y una colección de impactantes decorados, y otra de temporal, dedicada para la inauguración a los 'espíritus infernales', es decir, diablos, monstruos, seres fantásticos y estrafalarios, de obligada presencia en las obras del teatro de títeres de la época, sala también complementada con profusión de decorados pintados por Sarina.

 
Imagen del taller de Natale Panaro.

En el piso superior al espacio cedido por el 'Comune', se ha acondicionado una gran habitación para instalar en ella el estudio de trabajo del maestro Natale Panaro, reconocido escultor de títeres y de escenografías, muy popular en Italia por su aparición en varios programas de televisión, que suele trabajar con la madera y el cartón. En el estudio del Palazzio Guidobono, Panaro realiza talleres para niños, jóvenes y profesionales de un modo regular, centrados básicamente en el cartón.


El maestro escultor Natale Panaro.

Junto a la sala taller, se encuentra el despacho de la Asociación Sarino, responsable de la actividad del nuevo centro abierto en la ciudad.

Encuentro de profesionales y titiriteros en el Teatro Cívico

Para la inauguración del Estudio Sarina, el Comune y la Asociación Sarino organizaron un encuentro sobre el mundo y la obra de Peppino Sarina en la Sala Noble del Teatro Cívico de Tortona, un magnífico teatro de 1838, obra del arquitecto Pietro Pernigotti, magníficamente restaurado en los años 80.

 
Interior del Teatro Cívico de Tortona.
Condujo la sesión Walter Broggini, reconocido titiritero de Varese, en la Lombardía, quién fue uno de los primeros impulsores del proyecto Sarina. Director artístico del histórico festival Da Solo de Viguzzolo, creado junto a Giampalo Bovone, y buen conocedor de la tradición titiritera local -tuvo mucha relación con el gran maestro Gualberto Niemen (1905-2003), del Piamonte-, Broggini cumplió a la perfección con su papel de maestro de ceremonias, encargado de introducir a las múltiples personas que tenían que intervenir.

 
La mesa del Encuentro, con Walter Broggini hablando.

Debo decir, como cronista del acto, que se consiguió muy felizmente el objetivo de mostrar de un modo amplio, dinámico y con profundos conocimientos de causa, el mundo de Peppino Sarina desde las distintas perspectivas con las que hoy se le aborda: desde las instituciones y desde las distintas ópticas profesionales del teatro de títeres. Por un lado, los responsables de la Asociación Sarina (estaba presente el actual ex-presidente Giampaolo Bovone y su actual presidenta, Alessandra Genola), la Asesora de Cultura del Ayuntamiento, representantes de la Fondazione Cassa di Risparmio di Tortona y otras personas que cuidan de la conservación del legado Sarina. También estaba el asesor de cultura del Comune de Broni, lugar de nacimiento de Sarina. Es decir, el lado político y más interno de las instituciones implicadas en el proyecto que se presentaba.

 
Natale Panaro y Remo Melloni, en el interior de la exposición.

Muy interesante fue el parlamento de Ángelo Anetra, la persona encargada de ordenar y hacer el inventario de todo el legado de Sarina, una ingente tarea que el señor Anetra desarrolla desde hace años. Quizás la intervención más entrañable fue la del último ayudante de 'baracca' (de retablo) que tuvo Peppino Sarina, el señor Enzo Bertolotti. Contó como Sarina pedía siempre en las localidades que visitaba voluntarios para ayudarle detrás del retablo a hacer la función. Al ser tantos los lugares visitados, tuvo multitud de ayudantes. Una de las costumbre que tenía el maestro era ofrecer a sus esforzados colaboradores, el día de su boda, unos frescos que pintaba en el dormitorio y en el comedor, los lugares principales de la casa. Frescos que se han conservado en muchos hogares como uno de los recuerdos más hermosos -y artísticamente valorados- de estas familias.


Batalla de Máscaras. Decorado de Peppino Sarina.

Intervinieron luego algunos titiriteros y estudiosos que acudieron encantados de inaugurar un espacio que para ellos es agua bendita. Cabe destacar aquí la presencia de Remo Melloni, el gran estudioso de los títeres del norte de Italia, responsable hasta hace poco de los impresionantes fondos titiriteros de Milán, que nos situó históricamente a Giuseppe Sarina, glosando la singularidad de su legado así como la importancia de disponer de estos espacios donde la Tradición cobra nueva vida bajo la mirada del presente. Para él, los viejos títeres de los grandes maestros conservan intacta, en sus rasgadas pieles de madera, la huella emocional de los espectadores que les dieron vida. Mariano Dolci, gran maestro de los títeres y una de las autoridades mundiales sobre su uso en la Educación, fue uno de los invitados de honor que se explayó en valorar la necesidad de cultivar y recuperar la memoria de los maestros. Relacionar mano y cabeza es una de las obsesiones del titiritero-pedagogo Dolci, una necesidad en nuestra época saturada de virtualidades que nos desconectan del cuerpo y del tacto creativo.

También habló Aldo de Martino, actual Presidente de Unima Italia, quien vino especialmente de Nápoles para asistir a la inauguración. Aldo explicó los proyectos de la Unima de unir en una red los principales museos de Italia, así como otras valoraciones sobre el proyecto del Estudio Sarina. Su presencia fue importante al representar al colectivo de los títeres del país, un esfuerzo muy bien recibido por los presentes. Daniele Cortese intervino para reivindicar el papel de los titiriteros en este tipo de celebraciones oficiales, en las que a veces sobran los políticos y faltan más voces de la profesión. Para él, valorar el mundo de los títeres debe traducirse en más ayuda a los actuales practicantes que luchan en el día a día desde sus 'baraccas'.


Pintura de Peppino Sarina. Revuelta en el teatro.

Alfonso Cipolla explicó detalles históricos de Sarina que situaron a los presentes en algunos de los ejes principales del fenómeno de los títeres populares, destacando el alto nivel de los 'copiones' y de la cultura de Peppino, un verdadero artista de su época. También glosó la singularidad del repertorio de Sarina, que incorporó el repertorio de los pupi -los ciclos carolingios y los paladinos de Francia- al teatro de títeres de guante del norte de Italia. Quién firma estas líneas fue invitado a hablar, para hacer una glosa de los museos y otros espacios de exhibición, tras valorar la importancia del patrimonio italiano que bien puede considerarse como una descomunal 'reserva natural' de los títeres en Europa y en el mundo entero. En una próxima crónica se hablará de los contenidos de la exposición ofrecida en el Estudio Sarina de Tortona.

martes, 9 de enero de 2018

La exposición Rutas de Polichinela se traslada a Cordenons, Italia, con el nombre de Le Strade di Pulcinella. II Parte. Pirù y los personajes de nueva creación. Polichinela, mito polimorfo europeo

Continuamos con la exposición presentada en Italia (tuvo lugar del 21 de enero al 28 de febrero de 2017), en la localidad de Cordenans, en la región de Friuli, al norte de Venecia, titulada 'Le Strade di Pulcinella'. Dedicada a la naturaleza polimórfica de la máscara de Pulcinella, que ya desde el siglo XVI vivió una expansión por toda Europa, generando nuevos rostros con nombres y formas distintas en cada lugar, como si los principios de libertad individual y de euforia vitalista despertados por el Renacimiento necesitaran a estos pequeños embajadores para expandirse por el pueblo llano.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Pantalone. Títere de Gigio Brunello. Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.

Se dio voz así a los anhelos que los avances en la libertad de pensamiento y en la ciencia despertaron en toda Europa. Como dijimos en el anterior artículo (ver aquí), el siglo XIX propició el surgimiento de nuevas generaciones de personajes y de héroes polichinescos, identificados muchas veces con las naciones que entonces emergieron como expresión de las nuevas formas burguesas de organizar las identidades. Cada personaje llegó a representar a su nación y a identificarse con ella, asumiendo algunas de sus características más notables, aunque se mantuvo fijo el espíritu libertario que subyace a todos ellos, con los obligados matices diferenciales. En realidad, una de las principales razones de esta fidelidad ácrata a sus orígenes es la marginalidad en la que estos personajes se movieron, en entornos callejeros de barrios pobres y humildes (algo propio especialmente en las sociedades del norte europeo, como ilustran los personajes de Punch, Jan Klaassen, Mester Jakel, Kasperl, Petrushka...).

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Sganapino. Títere de Romano Danielli, Bolonia. Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.

Ver a todos estos personajes con tan buen aspecto y tan bien colocados en la exposición presentada en Cordenons, podría hacernos olvidar estas realidades complejas insertas en la dramática historia europea. Vale la pena por ello mirarlos de cara y de través, pues una mirada oblicua quizás nos permita sentir las pulsaciones vitales que subyacen en estos rostros demacrados algunos, exagerados casi todos. Importancia de los mapas. Muy importantes son los mapas en esta exposición. Sitúan al conjunto, dan un contexto geográfico a los personajes, y establecen la dimensión europea de sus diferencias y de sus semejanzas.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.

Hay dos: un mapa europeo para situar los nombres de las principales tradiciones en el contexto adecuado de esta necesaria visión de conjunto, y un mapa de Italia donde se muestra la extraordinaria riqueza de personajes que existen en el país donde se desarrolló el Renacimiento y en el que nació Pulcinella y la Comedia del Arte.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.


Podría decirse que en relación a los títeres y a la pluralidad de nombres y héroes populares, Italia constituye una verdadera reserva natural de los mismos. No existe en Europa ningún otro lugar con semejantes características. Un paraíso para alguien interesado en estas manifestaciones del espíritu humano. Se exhiben igualmente en Cordenons algunas máscaras de reciente creación, obra de titiriteros algunos en activo. Un asunto muy interesante, al plantear el tema de cómo surgen y nacen este tipo de personajes, fruto siempre de iniciativas individuales, Hay quien plantea si esta irrupción del nuevo individualismo neoliberal hoy imperante, capaz de normalizar el delirio hiperbólico de enriquecimiento de las élites en progresión geométrica, y que ya se ha sacado de encima las armaduras de las naciones gracias al envite globalizador, no provocará el nacimiento de nuevas generaciones de personajes y de héroes populares. Algo que sin duda ya ha sucedido en el mundo de los cómics, de las literaturas populares de ficción y fantasía, y en el cine de masas. Uno de los casos de personaje nuevo de la tradición -un oxímoron como una casa, ciertamente- es Pirù, creado por Walter Broggini, comisario de la exposición y desde siempre muy atento a estas temáticas. 'Demoni e denari', una historia de Pirù, de Walter Broggini. Muy interesante fue asistir al espectáculo que presentó Walter Broggini, en calidad de titiritero solista, con el título de 'Demonio e denari', es decir, 'Demonio y dineros', una comedia que tiene a Pirù como personaje principal, con un argumento basado en el rapto de Euridice y el viaje de Orfeo a los infiernos, al que se da la vuelta con situaciones que desmontan a los personajes y los llevan a la comedia del absurdo y de los equívocos, para despertar la carcajada, la intriga y la sorpresa de los desenlaces.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons, Pirù, Walter Broggini
Walter Broggini prepara la pipa de fuego.


Quien baja a los infiernos a buscar a la heroína es, por descontado, Pirù, pues el verdadero Orfeo, un aristócrata decadente, lo único que quiere es deshacerse de su mujer, la supuesta Euridice, que ronca y a la que sólo soporta por su dinero. El Diablo cumple con su cometido, y quién acaba en las correspondientes calderas de Pedro Botero es el falso Orfeo, de escasa catadura moral. Broggini maneja sus títeres con holgado oficio y con voces espléndidas y seguras. El demonio aparece con una espectacular llamarada, fruto del buen uso de una contundente pipa de fuego, de las más potentes que jamás haya visto, y los escenarios están marcados por simples objetos indicadores, lo que da pie a poder jugar con ellos. El titiritero controla con maestría los tiempos y atrapa a los espectadores de inmediato, bien provisto de los correspondientes golpes de efecto y con un texto trufado de gags y de ironías. Texto muy bien urdido de quien conoce la escritura de los antiguos 'copiones'.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons, Pirù, Walter Broggini
Pirù, Varese. Títere de Walter Broggini.
Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.


Un capítulo aparte merece el personaje de Pirù, nacido en 1987 de la mano de Walter Broggini, decidido a disponer de un héroe que fuera propio de la región de Varese, de donde es oriundo. Dotado de una presencia fuerte y exótica, aparece con unos rasgos pintados en la cara de rayas y manchas de colores, una inquietante máscara pegada a la piel que lo convierte en alguien difícil de definir. Por un lado participa de las características del clown, pues todo su rostro está pintado o maquillado un poco a la manera de los payasos, pero en todo caso es un clown exótico y algo punky. Su cara quizás sonríe, pero su mirada más bien le da un tono de furia contenida, expresando alguna rabia interior que se le escapa por los pelos tiesos de la cabeza. Lo que suaviza al personaje es el vestido compuesto de cuadrados de colores pastel, a la manera de un patchwork de tonalidades que podríamos definir 'escandinavas', algo que siempre tranquiliza al público europeo. Un personaje, en definitiva, ambiguo y complejo, pletórico de vida y dotado de una mirada de ojos oscuros y potentes. Decidido y valiente, amante de las aventuras y con rasgos comunes a los personajes principales de la tradición, pero de procedencia aparentemente desconocida, por muy de Varese que sea, como si su creador hubiera querido remarcar la ambigüedad de sus orígenes. Un héroe, pues, muy de nuestro tiempo, fiel reflejo de las incertidumbres actuales, inquietante, 'diferente' e indefinido. Creo que en estas características radica el interés y la fuerza del personaje de Pirù, propio de alguien que se enfrenta al oficio en solitario, con un pie en la tradición y el otro en tierras movedizas y desconocidas, algo en cierto modo connatural al arte moderno de los títeres, condenados como estamos los titiriteros a reinventar lo conocido para ir siempre más allá de la tradición, pero sabiendo que el oficio nos obliga a separar los dos ojos, uno mirando hacia atrás, el otro hacia las nieblas del futuro.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons, Pirù, Walter Broggini
Walter Broggini con Pirù. Fotografia de Fabio Sacaramucci.


El público premió al artista con fuertes aplausos, y los niños acudieron todos para tocar, hablar y fotografiarse con Pirù, como si les hubiera tocado alguna fibra interior desconocida por los adultos. Máscaras consolidadas de nueva creación. Junto a Pirù, aparecen en la exposición otros personajes de nueva creación que con los años se han visto consolidados al afirmarse en su arraigada presencia a través del tiempo y del espacio. Uno de ellos es Areste Paganos, obra de la titiritera sarda Donatella Pau, y al que pone voz Tonino Murro, ambos de la compañía Is Mascareddas, de Cagliari. Creado en 1992, aparece por primera vez en el espectáculo 'Areste Paganos e la farina del diavolo'. Su origen es asaz particular, al ser fruto de un coito mitológico: el del Diablo con Pulcinella. Se recoge aquí la leyenda del huevo puesto por el héroe napolitano, tras quedar embarazado de sí mismo, a la que Is Mascareddas añaden la intervención fecundadora del aliento infernal. Pulcinella queda embarazado y del parto sale Areste.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Areste Paganos, Cerdeña. Títere de Donatella Pau, compañía Is Mascareddas. Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.


Areste Paganos tiene un cierto aire animalístico, como si su cercanía con la famosa 'pécora' sarda (la oveja) le hubiera marcado los rasgos de la cara y del carácter: tozudo masticador, valiente explorador y orgullosamente humilde. Lleva una hermosa máscara que se adapta a la forma alargada del rostro.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Testaferino, Torino. Títere de Gualberto Niemen.
Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.


Testafina es una máscara creada por el titiritero de Torino Gualberto Niemen (1905-2003) que siempre acompaña, en sus obras, a Gianduja, el héroe propio de la región piamontesa.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Bargnocla, Parma. Títere de Italo Ferrari.
Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.


También es obra de un único titiritero el personaje de Bargnocla, de Parma, nacido en 1914 de la mano del famoso titiritero Italo Ferrari, iniciador de la saga de los Ferrari, cuyas obras están hoy en el Museo 'Castello dei Burattini' de Parma. Se caracteriza por su enorme verruga en la frente, una constante en muchos de los héroes nacidos en el s.XIX -a modo de las verrugas de Arlecchino, herencia de sus orígenes diabólicos-.

Charla en el Aldo Moro. Polichinela, mito polimorfo europeo.
El lunes 23 de enero, tuvo lugar una charla en la sala noble del Centro Aldo Moro preparada por Walter Broggini y Toni Rumbau, en la que fui contestando las preguntas que con anterioridad habíamos pactado con Walter, buscando la amenidad de la doble voz para tratar de este modo los temas de la exposición.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Walter Broggini y Toni Rumbau. Foto de Fabio Sacaramucci.


Lo más interesante de lo que surgió en nuestro diálogo fue constatar la gran dimensión europea del arquetipo de Polichinela, un principio de exaltación vitalista y libertaria que encontramos en prácticamente todas las culturas y países, y que se expresa con figuraciones distintas en cada caso. Pulcinella, nacido en Nápoles durante la época del Renacimiento, es el punto de partida: recorre Europa y en cada ciudad sufre transformaciones. Allí le crece la nariz, los de más allá lo hacen rico o mísero, feliz o desgraciado, algunos le ponen sombrero y otros se lo sacan, le dejan crecer barba o bigote, le excitan la ira, la gula o la lascivia, y todos lo hacen hablar con la lengua propia de cada ciudad. Y allá donde Polichinela no llega, surgen otros personajes que comulgan con su misma psicología.

Títeres de Paz Tatay
Títeres de Paz Tatay.


Nápoles tuvo a Pulcinella, París a Polichinelle, Londres a Punch, las ciudades alemanas a Kasperl o Kaspar, Moscú y San Peterburgo a Petrushka, Copenhague a Mester Jakel, Amsterdam a Jan Klaassen, Budapest a Vitez Lazlo, Bucarest a Vasilache, Praga a Kasparec, Lyon a Guignol, Turín a Gianduja, Bérgamo a Gioppino, Estambul a Karagöz, Cairo a Aragosi, Barcelona a Titella, Madrid a Don Cristóbal Polichinela, por sólo citar a los más conocidos. Todos diferentes, pero todos provistos de un mismo espíritu que oscila entre la rebeldía, la euforia libertaria, el individualismo desenfrenado, la palabra ocurrente y una inteligencia ingeniosa.

Pulcinella, Irene Vecchia
Pulcinella de Irene Vecchia.


Un arquetipo común a las distintas culturas europeas, del norte y del sur, del este y del oeste, y a ambas ribas del Mediterráneo. Podríamos por ello definir al personaje como un pequeño mito efímero, laico y popular, como si Polichinela fuera una especie de pequeño dios polimorfo que cambia de rostro y rasgos en cada lugar, amante de la burla y que sabe reírse de sí mismo. ¿Podemos acaso encontrar algo más europeo que Polichinela, una figura que nos representa en nuestra variedad, en nuestro humor y en nuestra capacidad de observarnos con desenfado a nosotros mismos?

Pulcinella nace del huevo, Museo di Pulcinella, Acerra
Pulcinella sale del huevo. Museo di Pulcinella de Acerra.


La condición de pequeño semidiós que le otorga la tradición napolitana basada en el hecho de que nace de un huevo puesto por él mismo, acentúa este carácter de mito originario y primigenio, esencialmente libre y creador, características que definen los arcanos más profundos de la Europa creadora que ha aportado al mundo los principios fundacionales de la libertad individual. Consideraciones de suma importancia en el contexto de la Europa actual, aquejada de fuerzas centrífugas y de fragmentación, y muy necesitada por ello de figuras, mitos y arquetipos capaces de juntar la variedad de las formas con un mínimo común denominador de peso. Es decir, percibir y reconocer que en la diferencia de lo que separa se esconde la fuerza de lo que une. El mito polimorfo de Polichinela cumple con esta función, y la exposición que se presenta estos días en Cordenons lo explica de un modo claro, visible y poético.

domingo, 5 de febrero de 2017

La exposición Rutas de Polichinela se traslada a Cordenons, Italia, con el nombre de Le Strade di Pulcinella. I Parte.

Con el nombre de Le Strade di Pulcinella se presenta del 21 de enero al 28 de febrero de 2017, en el Centro Cultural Aldo Moro de Cordenons (región de Friuli, en el noreste de Italia), sede de la compañía Orteatro, una exposición sobre los personajes europeos de la familia polichinesca realizada a partir de la que ya se hizo en el TOPIC de Tolosa con el nombre de Rutas de Polichinela (ver aquí), basada en el libro homónimo escrito por Toni Rumbau (ver aquí). En efecto, como complemento a las piezas que provienen de Tolosa, se exponen otros muchos títeres que muestran la extraordinaria variedad de personajes -o 'máscaras' como se les llama aquí - existentes en Italia.


Polichinelle. Museo del TOPIC de Tolosa.
De alguna manera se repite la misma operación que ya se hizo en Portugal, cuando la exposición 'Rotas de Polichinelo' fue presentada en el Museu da Marioneta de Lisboa con la aportación extraordinaria de los Robertos sacados de sus fondos (ver aquí). Un trabajo excelente, el realizado por el TOPIC de Tolosa, al desplazar la exposición por otras ciudades y enriquecerse con estas nuevas aportaciones. Cumple de este modo con la lógica y la propia filosofía del proyecto, que no es otra que mostrar cómo las distintas tradiciones titiriteras de Europa hablan el mismo lenguaje y expresan los mismos principios, de modo que los títeres en Europa cumplen con esta paradoja, tan importante y tan necesaria hoy en día, de convertirse en un terreno donde las diferencias, además de separar, unen.
Walter Broggini, con Pirù a la derecha.
El artífice y comisario de la exposición de Cordenons es el titiritero de Varese (provincia al noroeste de la Lombardía) Walter Broggini (ver aquí), inventor él mismo de una de las máscaras de nueva creación más vivas de la región, Pirù. No es la primera exposición comisionada por Broggini en el Centro Aldo Moro con Ortoteatro (ver aquí).  Gracias a una fecunda colaboración artística con el equipo de Cordenons, capitaneado por el actor y director Fabio Scaramucci, Broggini ya presentó en enero de 2013 la exposición 'Burattini. Il teatro della meraviglia' que mostró una visión genérica del mundo del teatro de marionetas, y en enero de 2015, 'De Arlecchino a Cipì', una exposición en la que se hacía un recorrido desde los títeres de la tradición hasta el teatro de los años 50-70, con una atención particular a figuras como Maria Signorelli, Otello Sarzi, Tinin y Velia Mantegazza, y Lele Luzzati, nombres todos ellos fundamentales para entender el actual teatro de figuras en Italia.

Tartaglia, máscara de Verona. Fondo de Luigi Cristini, realizado por Enrico Manzoni (Bérgamo).
En la idea de crear esta exposición,  tuvo un papel importante Bruno Ghislandi, de Bérgamo, cuando los tres coincidimos en esta ciudad en octubre de 2014, en unos encuentros organizados por Ghislandi alrededor de la figura de Gioppino, la máscara más profundamente bergamasca, y las distintas personas que todavía lo practican (ver aquí). Ghislandi ha sido, por otra parte, el suministrador de una buena parte de los títeres italianos que se han mostrado en las exposiciones tanto de Tolosa, Lisboa y Madrid, como ahora en Cordenons.

Gioppino, de Pietro Roncelli, Bérgamo.
Lo bueno de estas exposiciones realizadas por Broggini y Ortoteatro es que se complementan con un intenso programa de actuaciones, talleres, visitas comentadas, encuentros y conferencias, de modo que los dos meses de duración de la misma se convierten en una especie de festival centrado en la temática de la exposición, lo que dispara su interés y garantiza una afluencia de público siempre muy alta.
Romano Danielle y Walter Broggini comentan la exposición.
En el caso presente, hubo una representación inaugural a cargo del gran maestro titiritero de Bolonia Romano Danielli, uno de los grandes que continúa manteniendo vivo el teatro de la tradición, y a los dos días estaba invitado yo mismo a realizar una conferencia junto a Walter Broggini sobre el tema de la exposición. A su vez, está previsto que actúen en el Aldo Moro las compañías de la Casa di Pulcinella di Bari, I Pupi di Stac de Florencia, Nata Teatro de Arezzo, Tieffeu de Perugia, Eugenio Navarro de La Puntual con Rutinas y el personaje de Malic, de Barcelona, así como las compañías de Walter Broggini, la ya citada de Romano Danielli, y Ortoteatro.

En cuanto a los Encuentros, el 3 de febrero está previsto el acto 'Maestri burattini, allievo Arlecchino', un encuentro entre la actriz especialista en Comedia del Arte Claudia Contin Arlecchino (ver aquí) y el estudioso e historiador Remo Melloni, director científico del Museo 'Il Castello dei Burattini', de Parma (ver aquí).

También para las escuelas hay un programa específico centrado en la temática de la exposición.

'La prova del coraggio', con Romano Danielli y Mattia Zecchi. Los nuevos personajes de la tradición italiana.

De Bolonia vino el gran maestro Romano Danielli junto al joven Mattia Zecchi, mano derecha del veterano titiritero y uno de los nuevos valores al alza de los que trabajan la tradición hoy en Italia. Actuó en la hermosa Sala de Conferencias, con banderas de muchos colores en ambos lados de la sala pertenecientes a las distintas corporaciones del lugar, y con nobles asientos de madera para los consejeros de la ciudad cuando se reúnen allí, lo que dio a la función un halo de entrañable relieve protocolario, el que se asocia a los eventos más llanos de la representación popular.


Fabio Scaramucci presenta el espectáculo de Romano Danielli.
Con un retablo de madera al viejo estilo, con telón, decorados que suben y bajan, atril incorporado para poner el texto o 'copione', como se dice en italiano, y una técnica muy sencilla consistente en dos simples micrófonos y un pequeño equipo de sonido para poner de vez en cuando, en los cambios de decorado especialmente, una música grabada de acompañamiento, los dos titiriteros, sénior y júnior, perfectamente acoplados ambos en las voces y en los mutuos apoyos, hicieron gala de un oficio de los de alto vuelo.

En la boca del teatrillo de Danielli y Zecchi, confluían siglos de práctica y de escritura para títeres, en una tradición como la italiana que se remonta al filón de la Comedia del Arte, siempre con alguna de las máscaras de la primera época (Brighela, Balanzone y Pantalón en este caso) pero sobretodo con las nuevas que surgen básicamente a principios del XIX.

Telón del retablo del maestro Romano Danielli, con las principales máscaras de su teatro: Balanzone, Brighella, Sandrone, Sganapino, Arlecchino, Colombina y Fagiolino.
Conviene detenerse aquí un momento para indicar cómo estos personajes nacen, en efecto, al prohibir Napoleón en la Italia del norte las máscaras de los actores al ser consideradas como una práctica execrable propia del Antiguo Régimen. Acorralada por la Historia, la Comedia del Arte encuentra cobijo en los teatros de títeres, que pueden seguir representando a los viejos personajes, pues la máscara en un muñeco no oculta su alma, al identificarse ésta con su apariencia. Así replegado el viejo Mestiere, la vitalidad de los actores de la Comedia del Arte, ante esa nueva situación que permite multiplicar a los actores sin necesidad de ampliar la compañía, les empuja a inventar nuevos personajes, que aparecen la mayoría sin máscara en el rostro (a pesar de que se les siga llamando 'máscaras', tan arraigado estaba este tipo de teatro en el pueblo).

Algunos de los títeres de Romano Danielli, con Fagiolino en primer plano.
Se trata de esta segunda oleada de personajes que sucede a la primera del Renacimiento, cuando se establecen los nombres principales que el Barroco cultivará y estirará hacia los excesos. Coincide esta segunda ola con el triunfo de las ideas ilustradas, con la Revolución Francesa, con la expansión Napoleónica y con las grandes revoluciones burguesas del XIX, cuando se impone el nuevo individualismo ya liberado de las ataduras de la Iglesia y del régimen aristocrático, aunque bien integrado por estas nuevas armaduras colectivas, las naciones, que generan el entusiasmo de unos nuevos marcos de identidad a los pueblos europeos. Un entusiasmo que el romanticismo y el optimismo burgués elevarán hacia los nacionalismos, ese veneno que acabará corroyendo la sociedad de Europa para conducirla al desastre de sus dos guerras civiles.

Baciccia della Radiccia, de Génova. Marioneta de hilo de la Primera Compañía Marionetística Pallavicini, de Novi Ligure. Obra de Luigi Ajmino, Genova. Exposición 'Strade di Pulcinella'.
Un caso curioso son las ciudades italianas del norte, muchas de ellas libres o integradas en pequeñas y laxas unidades políticas, lo que permite que las colectividades locales tengan la suficiente autonomía para proyectar sus deseos de afirmación y de singularidad cada una en personajes diferentes, una prolija atomización que no sucede con tanta alegría en los demás países de Europa, sobre todo en los mayores, atrapadas ya sus poblaciones en estados grandes y poderosos, y por ello, con capacidad menor de proyectar rostros distintos en los teatrillos de títeres.

Meneghino, máscara de Milán. Títere de Benedetto Ravasio, construido por Minutoli, Bérgamo. Exposición 'Strade di Pulcinella'.

Nacen en Italia los nombres de Gianduja en Torino, de Gioppino en Bérgamo, de Meneghino en Milán, de Pampalughino y Tascone en Tortona, de Fagiolino y Sganapino en Bolonia, de Tartaglia y Facanapa en Verona, de Sandrone en Modena, de Baciccia en Genova, de Peppe Nappa en Catania, y aún muchos otros personajes secundarios que complementan a los principales.

Dottor Balanzone, máscara de Bolonia. Títere de Romano Danielli. Exposición 'Strade di Pulcinella'.
Una creatividad popular que sólo puede explicarse por el enorme peso de la tradición local de la Comedia del Arte y sus personajes principales, a los que Goldoni supo darles un empujón hacia la modernidad, abriendo nuevas vías de desarrollo a las comedias de máscaras.

Esta riqueza local se halla presente en la exposición de Cordonons, gracias a la ampliación italiana realizada por Walter Broggini, y la pudimos ver viva en el espectáculo de Romano Danielli y Mattia Zecchi.



El maestro de Bolonia sacó a algunos de sus personajes favoritos, como el sexteto protagonista Fagiolino, Dottor Balanzone, Pantalone, Brighela, Sganapino y Sandrone, que deberán enfrentarse a dos bandidos de rostros tremebundos, el malo malo y el malo simple objeto de burla. Hilarante la escena de equívocos y enredos basados en el hambre entre Fagiolino y Sganapino disfrazado de Muerte, que  conducirá al final feliz de los dos bandidos que salen escarmentados de la escena.

Romano Danielli y Mattia Zecchi en plena función, con Dottor Balanzone y Sandrone.
La representación fue muy ilustrativa para entender el lenguaje de la comedia con sus máscaras habituales, ya que en la obra presentada salían las mayoría de los personajes más importantes dentro de la tradición boloñesa. Un placer ver al señor Danielli lidiar con sus títeres, todos de madera tallada y algunos de un peso considerable, sin que la edad del titiritero le privara de la viveza que requiere el argumento.
El Maestro Romano Danielli con Fagiolino, su máscara preferida.
Teatro hablado de mucho texto, si lo comparamos con las formas más coreográficas y musicales del Pulcinella napolitano. Y es que a diferencia de algunas de las tradiciones europeas de los polichinelas de cachiporra, que buscan historias y textos muy sintéticos, el teatro de estas máscaras tardías del norte de Italia mantiene vivo el estilo goldoniano de la Comedia del Arte, con un bonito regodeo de la palabra. Por eso se dice que cuando los actores y directores del siglo XX quisieron recuperar parte del quehacer dramático de la vieja Comedia del Arte, no tuvieron más remedio que recurrir a los teatros de títeres que mantenían aún vivos a los viejos personajes y sus formas de recitar.
Mattia Zecchi con uno de los bandidos de la obra.
Al acabar la actuación del señor Romano Danielli, los presentes pudimos saciarnos dando vueltas por la exposición donde los mismos personajes que habíamos visto en el retablo de los títeres, lucían allí sus rostros y expresiones con aplomada y virtuosa indiferencia. Un verdadero lujo para los que amamos este tipo de cosas, dando saltos al pasado sin salirnos del presente.