jueves, 21 de noviembre de 2019

II - El Museo del Burattino de Bérgamo: colecciones y la Fundación Benedetto Ravasio

 (Gioppino, de Benedetto Ravasio)
Tras presentar en la anterior entrada el nuevo Museo del Burattino de Bérgamo, procedemos con esta segunda crónica haciendo un repaso de las ricas colecciones que contiene y para acabar, presentando a la Fundación Benedetto Ravasio.

En efecto, conviene hablar de la calidad excepcional de las piezas expuestas en el Museo, un compendio de figuras de talla de madera que ilustran a la perfección el teatro que se hacía -y que se sigue haciendo con los cambios propios por la época- en la región bergamasca durante todo el Ochocientos y buena parte del Novecientos.



Joven enamorado, de Enrico Manzoni detto Ol Rissolì, (1940/1960), Fundación Benedetto Ravasio (Ex-Onofrio) y Viejo cicisbeo de autor descomocido (1900/1920), Familia Angelini (Ex-Sarzetti).
Sorprende la nobleza, el peso y el tamaño de las cabezas, tan diferentes de los guaratelle del sur de Italia y también de la mayoría de tradiciones europeas. La razón se explica en parte, no sólo por la importancia y la popularidad que siempre tuvo el teatro de títeres en el Norte de Italia, lo que exigía muñecos grandes capaces de satisfacer la visión de públicos numerosos, sino también por el peso que tenía el texto en las representaciones. Eran marionetas hechas para hablar, al haber heredado en parte las obras que antes de la invasión napoleónica representaban los actores de la Comedia del Arte, pues bien sabido es que Napoleón prohibió el uso de las máscaras en el teatro de personas, pero no en el de títeres.



Dos carabineres, autor desconocido (1910/1930), Familia Milesi.
La otra razón es la gran cultura que siempre rezumaron las ciudades italianas, acostumbradas a ser importantes centros de arte con longevas tradiciones artesanales. En el caso de Bérgamo, su pertenencia a la República de Venecia desde 1428 hasta 1797, le permitió vivir bajo el poderoso influjo de este exuberante y rico centro de arte y de progreso.



Mazzini, autor desconocido (1920/1940), Familia Cortesi (Ex-Minutoli) y Garibaldi, autor desconocido (12890/1910), Familia Milesi.
Como decíamos en el anterior artículo, fueron bergamascos dos de las más importantes máscaras de la Comedia del Arte, los zanni Arlechino y Brighella, que los venecianos no tardaron en hacerse suyos. Y ya en el siglo XIX, nace el otro personaje que realmente podemos considerar como el más genuino y popular representante de la ciudad: Gioppino.

Gioppino y el misterio de los tres bocios.

Gioppino encarna el orgullo bergamasco. Como me contaron Sergio Ravasio y Danielle Cortesi en 2014, es un personaje fuerte, juicioso, pueblerino, simple pero inteligente, satisfecho y seguro de sí mismo. Habla con el acento local y por supuesto con el dialecto bergamasco (considerado como una lengua por sus hablantes), siendo uno de sus rasgos más comunes jugar con los equívocos: doble sentido de las palabras y deducciones disparatadas, que confunden al adversario y hacen partir de risa al público.



Escultura de Gioppino, de las que solían ponerse en tiendas y restaurantes. Fundación Benedetto Ravasio.
Usa con gran destreza la cachiporra -nadie puede con su fuerza, ni el Diablo ni la Muerte, algunos de los pararrayos habituales de sus iras-. Goza de una extravagancia única en el mundo de los títeres populares: sus tres magníficos gocios en el cuello, que exhibe con orgullo, pues en ellos guarda sus reservas de energía, sabiduría y buen juicio. Sus ‘patatini’, como le gusta decir. Su otra característica podría entrar más en el apartado de los defectos: su irrenunciable pereza. Odia trabajar y, cuando puede, se echa a dormir, a roncar y a soñar, algo insólito, y a la vez, lógico, en un pueblo como el Bergamasco, con tanta fama de trabajador duro..



Gioppino, de Enrico Manzoni detto Ol Rissolì (1940/1960), Familia Cortesi (Ex-Onofrio).
¿De dónde vienen estos bocios? La explicación más usada es que en la región de los Alpes, en los valles que bajan al llano donde se alzan las ciudades, existió desde siempre una carencia de yodo en la alimentación, lo que explica que hubiera muchos casos de bocio endémico en la población campesina. Al caracterizar a un personaje que quería ser un genuino representante del pueblo llano, se comprende que la inventiva popular le pusiera los tres bocios.



Gioppino, autor desconocido (1920/1940), Fundación Benedetto Ravasio (Ex-Muchetti).
Asociar los bocios a fuerza, energía y poderío hace inevitable que se los asociara también a la idea de tener tres testículos, como si la causa de su fuerza y vigor fuera disponer no de dos, sino de ¡tres cojones! (con perdón). Algo que encajaba, por otra parte, con el imaginario colectivo de los bergamascos: uno de sus personajes más emblemáticos, queridos y representados, el condotiero Bartolomeo Colleoni (1395-1475), al servicio intermitente de Venecia, Milán y de nuevo Venecia, tenía como escudo de armas tres vistosos testículos, pues según cuenta la leyenda, sufría de esta rara enfermedad llamada poliorquidismo, por la que se tienen más de dos testículos.



Escudo de armas de Bartolomeo Colleoni con los tres testículos.
Una imagen muy visible en la ciudad, especialmente en la famosa capilla Colleoni, donde se encuentran las sepulturas de Bartolomeo Colleoni y de su hija Medea, obra construida entre 1472 y 1476 por el arquitecto Giovanni Antonio Amadeo donde antes se encontraba la sacristía de la vecina iglesia Santa María La Mayor. Se exhibe el escudo de armas con los tres testículos en la hermosa reja que protege la entrada de la capilla. Por lo visto, muchos ciudadanos acuden todavía hoy (como hice yo) para tocarlos, convencidos de que otorga fuerza, energía y juventud.



Gioppino, autor desconocido (1900/1920), Familia Angelini (Ex-Sarzetti).
Volviendo a nuestro personaje, sus tres bocios vendrían a ser algo así como: ‘este Gioppino tiene sus tres coglioni tan bien puestos, que los lleva a la vista y subidos al cuello…’

Los camalli.

Otro tema a considerar sobre el personaje, es el contexto social en el que nace: la fama que siempre han tenido los bergamascos de ser el pueblo más trabajador, fiel y resistente de toda Italia. Los portadores y descargadores de los muelles, tanto de Venecia como de Génova, fueron siempre gente de Bérgamo, los llamados camalli, de cuya palabra proviene el término camàlic en catalán, con el mismo significado: el que lleva una carga encima.



El Gran Canal de Venecia, de Canaletto (1730).
Constituían por lo visto -según me contó Alberto Bagno en mi primera visita a la ciudad- una comunidad muy organizada cuyas cooperativas han llegado hasta nuestros días, desprovistas por supuesto de la enorme importancia que tuvieron durante siglos. Tal era su fama de incansables y honrados trabajadores, que muchas mujeres de Génova venían a parir a Bérgamo para que sus hijos tuvieran opciones de pertenecer algún día a los ‘camalli’. Grandes y rudos trabajadores, con fama de ser tan honrados como juiciosos.



Souvenir (magneto) de Bérgamo, con Gioppino y su familia frente a un plato de polenta.
No cabe duda que Gioppino encarna, en este sentido, el prototipo de partida de los camalli, mientras que su pereza insoslayable quizás sea el lado oscuro o informal del típico bergamasco trabajador incansable, una sombra aceptada como algo propio y entrañable, y muy querido por el pueblo.

Otras máscaras y personajes.

Nos hemos detenido con Gioppino para rendirle nuestra obligada pleitesía, dada la centralidad que ocupa en el panteón titiritero del Museo, pero son muchos los otros personajes que vimos expuestos en la primera muestra de los fondos del Museo del Burattino.



Brighella, de Miscol (1880/1900), Fundación Benedetto Ravasio, y Arlecchino, de Enrico Manzoni detto Ol Rissolì (1940/1960), Fundación Benedetto Ravasio.



Tartaglia, de Miscol (1880/1900), Fundación Benedetto Ravasio, y Balanzone, de Demetrio Presini (1960/1970), Familia Pazzaglia.



Florindo, autor desconocido (1880/1900), Fundación Benedetto Ravasio, y Capitano, de Enrico Manzoni detto Ol Rissolì (1940/1960), Fundación Benedetto Ravasio (Ex-Onofrio).
Por un lado, están los más arcaicos de la tradición de la Comedia del Arte, como Arlechino, Pantalone, Colombina, Brighella, Il Capitano, Tartaglia o Il Dottore Balanzone.



Fagiolino, de Demetrio Presini (1960/1970), Familia Passaglia, y Gianduja, de autor desconocido (1890/1910), Fundación Peppino Sarina (Ex-Baldi).
Pero también hay una buena presencia de las ‘máscaras’ posteriores que aparecen ya sin máscara (recuerde el lector que en Italia se llama ‘máscara’ a los personajes tradicionales de la Comedia del Arte, tanto los de la primera época que llevan máscara como los posteriores a Napoleón, que no la llevan).



Meneghino, de Miscol (1880/1900), Fundación Benedetto Ravasio, y Gioppino, de Enrico Manzoni detto Ol Rissolì (1930/1950), Familia Milesi.
Importantes son la mención y el reconocimiento a algunas de las historias más representadas y queridas por el público y por los titiriteros, como la historia del brigante Pacì Paciana.



Dos Bandidos, autores desconocidos (1890/1910), Familia Milesi.
Otra de las obras más representadas es ‘Ginevra deghli Almieri e La Sepolta Viva’, bien conocida por la compañía de Benedetto Ravasio. El interesado puede ver la crónica que hicimos sobre esta obra interpretada por la compañía ampliada de Romano Danielli en Pordenone en mayo de este mismo año (ver aquí)



Duca, marido de Ginevra, autor desconocido (1880/1900), Fundación Benedetto Ravasio, y Ginevra, de Enrico Manzoni detto Ol Rissolì (1940/1960), Fundación Benedetto Ravasio.
Igualmente estaban representados algunos de los personajes de otra obra famosa, ‘Il fornaretto di Venezia’, obra de Francesco Dall’Ongaro estrenada en 1844 por la compañía Gustavo Modena.



Frate, confesor de Ginevra, de Benedetto Ravasio (1970/1980), Fundación Benedetto Ravasio, y Fornaretto, de Enrico Manzoni detto Ol Rissolì (1940/1960), Fundación Benedetto Ravasio.
Y por supuesto, no podían faltar los personajes de Otello o de Don Giovanni.



Otello, autor desconocido (1920/1940), Familia Cortesi (Ex-Minutoli), y Don Giovanni, de Enrico Manzoni detto Ol Rissolì (1930/1950), Familia Milesi.
¿Pero qué sería una obra de títeres populares sin sus demonios, sus curas y monjes, sus esqueletos tenebrosos, o los terribles monstruos que habitan en las pesadilla?



Monstruo con manos de gallina. Autor desconocido (19...), Familia Losa.



Dos Muertes, autores desconocidos (1880/1900), Fundación Benedetto Ravasio.



Frate, de Enrico Manzoni detto OI Rissolì (1940/1960), Fam,ilia Angelini, y Frate, de autor desconocido (1890/1910), Familia Milesi.
Complementos todos ellos indispensables a los alambicados y a veces truculentos copiones que constituían el repertorio habitual de las compañías.



Copiones de la Fundación Benedetto Ravasio.
Es por ello que el Museo dedica un buen espacio a mostrar no sólo algunos de los libretos o copiones conservados por la Fundación Benedetto Ravasio, sino también una buena colección de armas y otros elementos de atrezzo usados por los títeres.



Copiones de la Fundación Benedetto Ravasio.



Armas y sombreros para títeres. Fundación Benedetto Ravasio.
La Fundación Benedetto Ravasio.
La Fundación fue creada en 1993 por la familia Ravasio y algunos amigos para mantener vivo el patrimonio artístico del gran titiritero Benedetto Ravasio bajo el empeño de salvaguardar su legado y valorizar el Teatro de Figuras, con un énfasis especial a las tradiciones de los títeres bergamascos.

Benedetto Ravasio con Giopino.
La Fundación nació con una ambición clara: trabajar en la región a través de un constante diálogo con las instituciones culturales, con las escuelas de todos los grados, con los investigadores y los profesionales del sector para promover el conocimiento, el estudio y una revalorización crítica del Teatro de Figuras.

Un empeño hecho de investigaciones, de formación y de organización de festivales que ha encontrado ramificaciones en numerosas actividades como son las siguientes:

- la creación de una escuela, en colaboración con la Región Lombarda, para actores de Teatro de Figuras;

Benedetto Ravasio en el taller.
- el comisionado de exposiciones, en Italia y en Europa, como “Benedetto Ravasio, una vita con i burattini», «I burattini lontani. Il Banraku e i burattini della tradizione lombarda», «Danze Macabre» , “Arlecchino”, «Pina e Benedetto Ravasio, vita da burattinai – Ricordi e Riflessioni -» e “Un tesoro da scoprire”;

- la organización del Congreso Internacional “L’albero di Arlecchino”;

- la publicación de investigaciones y de documentos filmados como «La fiaba dei burattini», «Pacì Paciana», «Il mondo di Gioppino», «Otello Sarzi» e «Ritorno a Stasù»;

Pina Ravasio con sus títeres.
- la adquisición de colecciones, para evitar la dispersión y la pérdida de un rico patrimonio hecho de títeres, libretos, decorados y otros materiales;

- la realización de una biblioteca y una videoteca del sector.

Cada año, durante el verano, la Fundación Benedetto Ravasio organiza la programación “Borghi&Burattini” con el otorgamiento del premio internacional “Pina e Benedetto Ravasio”, trayendo a Bérgamo compañías de todo el mundo.

 Benedetto y Pina Ravasio.
Los socios creadores de la Fundación son: Giuseppina Cazzaniga (titiritera y esposa de Benedetto Ravasio), la doctora Cristina Loglio, el profesor Remo Melloni, el director de escena Oreste Castagna,  el escritor, diseñador y escenógrafo Mario Cresci ,y el periodista ensayista, crítico cinematográfico y músico Ermanno Comuzio.

Liderado en estos momentos por Sergio Ravasio, con la asistencia de Luca Loglio y Tiziana Pirola, el Museo del Burattino creado por la Fundación Benedetto Ravasio ha nacido con una profunda vocación europeísta, con ganas de tejer complicidades y proyectos de colaboración con otros museos de Europa. Una muestra de ello es la presencia en la inauguración de Idoya Otegui, directora del TOPIC de Tolosa y Secretaria General de Unima, invitada con la intención de empezar a tejer redes para la elaboración de proyectos conjuntos. Sin duda, en el contexto europeo de los títeres, ‘la diferencia une’.

I- El Museo del Burattino de Bérgamo: Inauguración


Aunque sea con retraso, reseñamos en esta entrada la inauguración que tuvo lugar el viernes 5 de julio de 2019 del Museo del Burattino (Museo del Títere)de la ciudad de Bérgamo, extrayendo la información que salió en Titeresante sobre el mismo. Invitado por la Fundación Benedetto Ravasio a asistir al acto, tuve la oportunidad ee visitarlo y conocer sus tesoros, que son muchos.

El Museo está situado en el Palacio della Provincia di Bergamo, en la ciudad del mismo nombre. Con él, la Fundación Benedetto Ravasio realiza un sueño que tuvo desde su nacimiento: disponer de un espacio público donde guardar, preservar, estudiar y exhibir las ricas colecciones de títeres populares de la región, empezando por las propias de la familia Ravasio pero también otras muchas colecciones que existen en la zona, sin duda una de las más ricas de Europa en patrimonio titiritero.



Interior del Museo. Foto T.R.
Conocí a la familia Ravasio en octubre de 2014, cuando acudí a Bérgamo  instigado por Bruno Ghislandi, entonces secretario de la Fundación Benedetto Ravasio (ver aquí). Ghislandi me preparó todo un recorrido por la ciudad al encuentro de los distintos titiriteros centrados en el personaje local por excelencia, el allí tan popular y querido Gioppino. Y la primera y fundamental visita fue para conocer a la señora Giuseppina Cazzaniga , más conocida como Pina Ravasio (1917-2015), viuda de Benedetto, quien me recibió en su casa junto a su hijo Sergio. Rodeada de sus títeres más queridos, me mostró con orgullo el Premio Mariona Masgrau que le había otorgado el Festival de Títeres de Bilbao.


La señora Pina Ravasio con Margi en primer plano, la madre de Gioppino. Foto T.R.
Conocer a Pina y a su hijo Sergio Ravasio, fue uno de los momentos cumbres de este viaje, una oportunidad única de conocer a una maestra que procedía de otra época pero que conservaba intactas toda la fuerza y la vocación titiritera de alguien que ha vivido con pasión el oficio en una de las tradiciones más ricas y fundamentales, como es la del norte de Italia con el repertorio intacto de tantas obras procedentes de la Comedia del Arte (ver aquí los distintos artículos dedicados a esta visita) .



Sergio Ravasio. Foto de Dimitri Salvi.
Ya entonces me habló Sergio Ravasio con pasión de su deseo de poder ofrecer al público local e internacional el ingente material escénico de sus padres mediante un museo en el centro de la ciudad, donde también se pudieran recoger otras colecciones existentes. Este deseo se ha realizado por fin cinco años después, con un proyecto sostenido por todo lo alto tanto por la ciudad como por la región, además de una suma de patrocinadores privados que han ayudado a materializarlo.

Bérgamo, la ciudad de Arlequino, Brighella y Gioppino.

La centralidad de Bérgamo, situada al pie de los Alpes entre Venecia y Milán, se concreta en el campo de los títeres por ser la ciudad que ha dado a nacer a tres de las personalidades más importantes de la tradición titiritera italiana. Para empezar, dos de las máscaras fundamentales de la Comedia del Arte, los zanni Arlequino y Brighella, y, ya en el siglo XIX, al poderoso y más moderno Gioppino, el de los tres gofios. Y mientras los dos primeros se desplazaron de Bérgamo a otras ciudades, con la conocida adopción de Arlequino por parte de Venecia, Gioppino quedó circunscrito a su localidad de nacimiento, convertido en un personaje que de algún modo resumía algunas de las características propias de la población común, en el campo y en la ciudad.



Margì, de Enrico Manzoni detto Ol Rissofi (1940/1960). Familia Cortesi (Ex-Manzoni). Foto T.R.)
Sin duda, este museo no existiría sin la presencia de Gioppino, el personaje que ha vertebrado el teatro popular tradicional 'clásico' de la región de Bérgamo.



Margì, de Enrico Manzoni (12949/1960), y Gioppino de Otello Sarzi (1970/1990). Fundación Benedetto Ravasio. Foto T.R.
Gioppino es el catalizador vital que ha sustentado el vínculo de la población con sus titiriteros, del mismo modo que lo hacía Fagiolino en Bolonia, Gianduja en Turín, Meneghino en Milán, Arlequino en Venecia, o el mismo Pulcinella en Nápoles y en tantas otros lugares de Italia. Pero mientras en muchas de estas ciudades, sus personajes han languidecido hasta su práctica extinción -no así Fagiolino ni Arlequino, aún bien activos, ni tampoco Gianduja-, Gioppino sigue la mar de vivo, con numerosas compañías que le son fieles y una presencia constante en el imaginario colectivo de la población local.



Arlequino, de Franco Citterio, con vestido de María Grazia Citterio (2006). Compañía Carlo Colla & Figli. Foto T.R.
De ahí que el nuevo Museo del Burattino haya dedicado una especial atención a la figura de Gioppino, como indica por otra parte que a la hora de cortar la cinta en la ceremonia de abertura, detrás de los cuatro personalidades protocolarias asomara la cabeza de un radiante Gioppino, en manos de uno de los maestros que lo manejan en la actualidad, Daniele Cortesi.



Sergio Ravasio corta la cinta inaugural junto a las autoridades. En un segundo plano, Gioppino y Daniele Cortesi.
También explica que las autoridades políticas de la ciudad y de la provincia se hayan inclinado tan positivamente a la idea de la Fundación Benedetto Ravasio, conscientes como son de la popularidad de la tradición titiritera y del profundo significado de identidad colectiva del personaje de Gioppino.



Gioppino Padre, de Giuseppe Sarina. Atelier Sarina, Tortona. Foto T.R.
Un museo que se suma al también recientemente abierto Atelier Sarina en la ciudad de Tortona, dedicado a la obra del gran maestro Giuseppe Sarina (ver aquí), al Museo de Gianduja que existe en Turín (ver aquí), y también a las distintas exposiciones realizadas por Orto Teatro y Walter Broggini, en Pordenone y Cordenons, en la región del Friuli, dedicadas a las 'máscaras' italianas (ver aquí) así como al arquetipo europeo de Polichinela (ver aquí).

Inauguración del Museo del Burattino.

No se inauguran cada día nuevos museos de títeres en el mundo, de ahí que valga la pena atender a los procesos protocolarios de cada caso, pues no dejan de ser el modo con el que los poderes locales y los responsables del mismo oficializan el proyecto y le dan valor institucional .



La sala de actos llena. Foto de Dimitri Salvi.
Antes de dejar pasar al numeroso público que se había congregado en el Palacio della Provincia para ver el museo, tuvo lugar una ceremonia institucional en una de las salas del cuarto piso del palacio, preparada a modo de salón de actos. En la mesa presidencial, estaban los políticos representantes de la ciudad y de la región, los responsables de la Fundación Benedetto Ravasio, el joven Luca Loglio y su Presidente, Sergio Ravasio, más la coordinadora científica, Chiara Bettinelli, y el director de escena y escenógrafo Diego Bonifaccio.



Mesa presidencial. De izquierda a derecha: Luca Loglio, Diego Bonifaccio, la representante de la ciudad y el de la región, Sergio Ravasio y Chiara Bettinelli. Foto de Dimitri Salvi.
Hubo parlamentos a cargo de todos los ocupantes de la mesa. Sorprendió a este cronista la visión estratégica, tanto de los responsables del Museo como de los cargos electos presentes, con una concepción muy avanzada de lo que debe ser hoy en día un Museo: un lugar abierto al futuro y a la práctica social de la materia museística, los títeres en este caso. Es decir, complementar la exhibición con programaciones, con la esencial participación de las escuelas -se hizo mucho hincapié en abrir el museo y darlo a conocer a los niños -, con trabajos adicionales de investigación, archivo y conservación, sin olvidar la importancia del aspecto histórico y patrimonial de las colecciones, verdaderas obras maestras de arte popular y teatral de la región.


Diablo, autor desconocido (1900/1920). Familia Angelini (Exc-Sarzetti). Foto T.R.
Se explicó que además de las piezas propiedad de la Fundación Ravasio, procedentes del trabajo de Pina y Benedetto Ravasio, el Museo contenía obras de las siguientes familias: Milesi, Cortesi, Lesa, Scuri y Angelini.  Esta amplitud de prestaciones garantiza la riqueza de la exposición, y permite ordenar las piezas según temáticas y personajes.


 Diablo, autor desconocido (1900/1920). Familia Cortesi (Exc-Sarzetti). Foto T.R.
Todos los participantes fueron muy conscientes de la excepcionalidad del momento: dedicar un museo a los títeres de la ciudad y provincia , es reconocer el importante valor artístico, histórico, escénico y patrimonial de los títeres populares, una arte que permite tejer líneas transversales de pertenencia colectiva a través del tiempo y de la geografía. Y por encima de lo local, late en todo el teatro de títeres popular la todavía más importante transversalidad europea, pues los arquetipos polichinescos que representan la mayoría de estos personajes son comunes y se encuentran en todas las culturas del continente. Es decir, un ejemplo de diversidad que une, o de unidad de lo diverso.



Geografía titiritera de Europa. Museo del Burattino de Bérgamo. Foto de T.R.
Una  consideración muy presente en los directores y responsables del Museo, tal como vimos más adelante al entrar en la sala de exposición, al recibirnos un magnífico mapa de Europa con todos los personajes polichinescos representados y una muy buena indicación de su procedencia. En este sentido, los museos tienen hoy en día la responsabilidad de marcar los denominadores comunes de todas estas tradiciones, a fin de tejer las correspondientes redes culturales de la unión europea de la diversidad, que tanta falta nos hacen.



Sala de armas titiriteras. Museo del Burattino. Fundación Benedetto Ravasio. Foto T.R.
Proseguiremos en ulteriores crónicas a describir el Museo y a hablar de la actuación que pudo verse al día siguiente en la Piazzzeta Santo Sipirito de Bérgamo, del espectáculo de títeres 'Il mistero del fantasma barbuto', de Zanubrio Marionetas.