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martes, 26 de febrero de 2013

Las diferentes caras de Kasperl

Kasperl de guante. Staddtmuseum de Múnich.
Acabado de llegar a Lübeck, tras los intensos días polichinescos vividos primero en Múnich y luego en Halle, esta ciudad de la Sajonia-Anhalt, me siguen rondando por la cabeza algunas cuestiones intrigantes sobre la temática de Kasperl, a saber: ¿a qué se debe la extraordinaria variedad de tipos y rostros que nos presenta el polichinela alemán? Bueno, intrigante pero a su vez lógico, dada la gran fragmentación social y política que históricamente ha conformado el mundo germano.

Claro que los tiempos cambiaron en el siglo XX y la emergencia nacional prusiana creó el espejismo de una gran unificación. ¿Es eso así en la actualidad? Yo más bien diría que no. El llamado "Milagro Alemán", un fenómeno a todas luces insólito y que no se explica sólo por las inversiones del Plan Marshall, tuvo su base de partida en un estado federal que otorgaba de nuevo a los territorios históricos un gran poder con categoría constitucional de sujetos políticos plenamente autónomos.

Si añadimos este atomismo a la división Este/Oeste, que en la reunificación de 1990 no acabó de desaparecer, sino que se sumó a la reorganización de la RDA en sus históricos Lands, nos encontramos con una realidad de sorprendente fragmentación que conecta la actual Alemania con aquel fecundo y rico, especialmente en su primera y última etapa, conglomerado de reinos y pequeños ducados independientes aunque unidos por el Sacro Imperio Romano Germánico (el Sacrum Romanum Imperium) que duró hasta 1806, y que las guerras religiosas todavía atomizaron más.

Por lo tanto, podríamos decir que tanto el llamado Milagro Alemán como su actual poderío económico se han sustentado y se sustentan en realidades de gran atomización política y social, lo que explica también esta profusión de Kasperls diferentes que nos llegan de la Historia, pero que parecen reafirmarse en un momento como el actual, en el que la temática titiritera parece resurgir de unas cenizas que nunca acabaron de apagarse del todo.


Imágenes de las marionetas checas del Museo de Moravia de Brno.

Quizás sorprenda a alguien oirnos hablar de Kasperl cuando lo que hoy se lleva es el teatro de objetos, la robótica y los lenguajes visuales de las imágenes reproducidas y manipuladas. Y, en parte, tiene razón de sorprenderse. Pero sólo en parte. Hay otra parte oculta que las modernidades no captan pero que se encuentra en el mismo corazón del pensamiento contemporáneo y que tiene que ver con las dualidades desdoblatorias de los títeres tradicionales de toda la vida. Eso que parece obsoleto y superado por la Historia de la Cultura, sigue sin embargo en sus trece, ejerciendo sus funciones proyectivas y desvelando a propios y extraños no pocas oscuridades de las almas humanas.

Resulta entrañable y emocionante en un alto grado constatar como la fidelidad al personaje de Kasperl ha significado, para titiriteros como Frieder Simon (ver el texto anterior publicado en este blog), una verdadera balsa de salvación útil para cruzar las décadas de Comunismo sin perder el alma por el camino. Que ahora estos esforzados titiriteros deban luchar contra las nuevas modernidades que pugnan por eliminar todo aquello que no se deja someter a la digitalización, no les resta mérito alguno. Muy al contrario, sus actitudes de resistencia creativa quedarán como modelos para las nuevas resistencias a lo digital que pronto estaremos obligados a desarrollar, cuando todos tengamos nuestros Ipods e Ipads bien metidos en el cogollo, más no pocos chips en orejas, narices y cerebros.

Pero el motivo de esta reflexión era otro: indagar sobre las dos áreas religiosas del mundo germano, el católico y el luterano, y discernir si ello tiene alguna relación con los diferentes Kasperls que se produjeron en cada zona.

Mi punto de vista es que sí. Claro que en este asunto hay que tomar todas las reservas posibles y aceptar que no existen tales regiones delimitadas con claridad, sino que las superposiciones han sido y siguen siendo lo normal. Pero sí podríamos aventurarnos a decir que el lado católico, más relajado en el tema de la representación figurativa, sin duda propició la existencia de una figuración más elaborada y detallista, tan propia del Barroco, lo que explica que en Baviera hubiera un Kasperl Larifari de marioneta de hilo y de vara en la cabeza en varias compañías, o que en la católica Bohemia la tradición predominante fuera la de las marionetas de vara, de una gran categoría figurativa, muchas de ellas realizadas por los mismos tallistas que creaban la estatuaria religiosa de las iglesias.

Kasperl. Stadtmuseum de Múnich.
En las zonas de predominio evangelista o luterano, proclives al ahorro y a la contención figurativa, se entiende que se haya impuesto una figuración más esquemática, sintética y abstracta como es la de los títeres de guante, con una tendencia natural a la expresión grotesca y a la extralimitación sintética de las formas y de los comportamientos a modo de válvulas de escape de estas sociedades reprimidas, que necesitaban desfogarse. La castración figurativa de los fundamentalismos abstractos producía estos estallidos de energía primitiva que son los Punch, Jan Klaassen, Mester Jakel o el Kasperl del títere de guante.

En las zonas católicas, el relativismo moral entre el Bien y el Mal, que el Vaticano ha encarnado con tanta maestría y naturalidad, produjo marionetas más complejas y sofisticadas, como las representaciones populares del Fausto tan bien exponían (ver el vídeo de las marionetas checas del Museo de Brno). Quizás fuera este relativismo frívolo, casi libertino y falsamente moralista de las representaciones titiriteras lo que impactó a Goethe en su juventud, impregnado como estaba por el luteranismo pietista: tal vez ansioso por cuadrar un círculo que a él no le cuadraba, escribió el Fausto.

Dos maneras diferentes de encarar la expresión: desde el barroquismo contrarreformista que se regodea en las imágenes y los decorados, o desde la abstracción sintética que busca la esencialidad. La primera expande sus atributos pero pierde fuelle expresivo. La segunda, se empobrece hasta lo imposible pero se dispara en intensidad. Dos extremos que nunca aparecen puros sino que se compensan y se seducen mútuamente, creando una variedad infinita de matices y de formas mixtas y complejas que explican esta variedad de las figuraciones titiriteras en el mundo alemán.

domingo, 24 de febrero de 2013

Kasperl en Halle. El señor Frieder Simon.

Retrato de Händel.
Mis Rutas en pós de Kasperl me llevan a Halle, la ciudad  más grande del land Sajonia-Anhalt, conocida especialmente porque en ella nació el genial Georg Friedrich Händel (1685-1759), compositor alemán que desarrolló casi toda su carrera en Inglaterra, autor de 43 óperas y de 26 oratorios, entre el que destaca el universalmente conocido El Mesías (1741), obra que sigue gozando del fervor incondicional del público.

En la actualidad, Halle, que perteneció a la antigua RDA, se recupera del gran bajón que representó para toda la zona el hundimiento del Comunismo, dejando obsoletas las principales industrias de la ciudad. A favor suyo tiene el hecho de que es la ciudad de Alemania que más cantidad de antiguos edificios catalogados contiene, al salvarse en parte de los grandes bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Algo que se nota muy agradablemente al pasear por el centro de la ciudad, lleno de casas nobles muchas de ellas todavía por restaurar, lo que le da un aire de preciosa ciudad a la que todavía no le han pasado el inevitable y arrasador cepillo de la uniformización turística. Lo que sin duda no tardará en llegar, como ya empieza a notarse en algunos detalles.

Por cierto, para los amantes del chocolate, importante saber que la fábrica más antigua de alemania de este producto es la Hallooren-Werke, de Halle. Acercarse a su antigua tienda en Delitzscher Street 70, y probar su original "Halloren-Kugeln"es uno de los placeres que no hay que perderse. 

Para nosotros, los titiriteros, Halle es importante también por su gran Teatro de Ópera y por su Teatro de Marionetas, ambos muy bien colocados en el ranking alemán y europeo. Un teatro de ópera de los de antes -que todavía tiene talleres de escenografía y de vestuario, cuerpos de baile y buenos elencos de voces e instrumentistas- y muy abierto a los compositores de afuera. Allí se estrenó con gran éxito la ópera Juana (2005, coproducción con el Festival de Ópera de Bolsillo y Nuevas Creaciones, de Barcelona), del compositor catalán Enric Palomar y la libretista inglesa pero residente en Barcelona Rebecca Simpson, y aquí se estrenará en octubre de este año una nueva ópera titulada Skydisc, del compositor también catalán Ramon Humet y de la misma libretista Rebecca Simpson. En cuanto al Teatro de Marionetas de la ciudad, es conocido por la calidad de sus montajes, siempre con una doble programación para niños y adultos. Actualmente están representando una versión con marionetas de la obra "El Jugador", de Fedor Dostoieski.

Retrato de Martin Luther en una fachada de la Marktkirche St. Marien
Importante saber que Halle está situada en el núcleo luterano por excelencia: Eisleben, la ciudad en la que nació Martin Luther, está a muy pocos kilómetros, y el mismo Lutero vivió un tiempo en Halle. No en vano aquí se guarda la Biblia Evangélica más antigua que existe. Una presencia que, como la del inmortal Händel, está presente en las calles de la ciudad.

Escultura dedicada al personaje popular "Zither-Reinhold".
Pero si de los personajes famosos queremos pasar a los más anodinos pero no por ello menos importantes, quedémonos con la imagen de un loco que tuvo la ciudad, Reinhold Lohse (1878-1964), más conocido por el vulgo como "Zither-Reinhold", quién por lo visto vivió de músico callejero conviertiéndose en una figura tan popular como querida de los vecinos de la ciudad. En su honor se ha levantado una bonita escultura, bien situada en la calle más céntrica y peatonal, obra de Wolfgand Dreysse, en la que el personaje, con una cara de pillo y de bufón juglaresco que bien podría ser la de un Kasperl anónimo y callejero, aparece desdoblado en dos: en una figura pequeña en la que un concentrado Reinhold toca una cítara, y otra figura exultante, jocosa y feliz, en la que nuestro héroe se regodea de la música y de la existencia libre que le ha tocado en suerte.

El Kasperl del señor Frieder Simon.

El señor Frieder Simon con el Kasperl de "La Muerte Madrina".
Pero la razón primera y última de mi llegada a Halle no es ninguno de los reclamos antes anunciados, sino porque aquí es donde vive uno de los más reconocidos y auténticos maestros de Kasperl, el señor Frieder Simon, que sigue muy activo con el personaje. El azar quiso que lo conociera a través de su hija, Sophia Simon, filóloga que habla perfectamente el italiano, el francés, el castellano y el catalán, además del inglés, el ruso y el alemán. Anuncié mi llegada hace ya unos días, y la suerte me ha acompañado, al coincidir con una actuación suya en un histórico lugar de Sajonia-Anhalt, en el restaurado castillo de Hobeck, en la localidad de Leitzkau, no lejos de Magdeburgo, la actual capital del Land. Insisto en el adjetivo "restaurado" porque casi todos los edificios históricos que se conservan en esta zona de Alemania han tenido que ser restaurados o simplemente reconstruídos, aquejados por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Otros títeres de Frieder Simon
Fui invitado a acompañarle a él y a su hija Sophia, que acudió en calidad de traductora, y pude así conocer en directo y de primera mano la manera de trabajar de este veterano titiritero. Presentó una obra de su repertorio para adultos, una preciosa adaptación del cuento de los Hermanos Grimm "La Muerte Madrina" en la que el protagonista no es otro que Kasperl. Lo que obliga al titiritero a cambiar el final de la historia, pues bien sabido es que Kasperl no puede morir, por la simple razón de que es inmortal.

Viendo actuar al Maestro Simon, comprendí que lo más interesante de su espectáculo era la apropiación tan personal que se había hecho del personaje de Kasperl así como del cuentro de los Grimm, al expllicar la historia con un lenguaje tan propio y original, y, a la vez, tremendamente sencillo en cuanto a la forma -resultado de un enorme trabajo de depuración estilística, por supuesto. Una depuración que se nota producto del oficio y de los años de experiencia, y por ello mismo, diáfana, clara y transparente. Es decir, sin una gota de intelectualismo, que es lo que suele molestar en los procesos de depuración estilística.

La sala del castillo de Hobeck, con el retablo del señor Simon al fondo.
Empezando por el mismo protagonista, Kasperl. Parece una abstracción del personaje de rasgos grotescos con los que a menudo se le representa. Y aquí es donde debemos alejarnos de la mirada corta y ver estos procesos con la distancia de la perspectiva histórica, es decir, saber que el contexto en el que Simon creó a su particular Kasperl fue el de la RDA, una sociedad cerrada, vigilada y sofocante, en la que para sobrivivir cada uno tenía que inventarse sus espacios particulares donde respirar y sentirse libre. Es evidente que para Simon este espacio fue el de los títeres, y que en él encontró a Kasper como un doble muy cercano pero a su vez suficientemente alejado como para permitirle decir las cosas que él jamás se hubiera atrevido a decir, si no quería caer en el ostracismo del sistema.

Otro kasper del señor Simon (foto realizada en su casa).
Conectó de este modo el titiritero con la función principal que siempre ha tenido Kasperl o Polichinela, que es la desdoblarse para chillar en voz alta lo que sólo se permite decir a los títeres, esquivando las reglamentaciones incómodas del comportamiento social y encarnando de este modo los anhelos libertarios inherentes al pueblo, especialmente cuando éste se halla sometido. Pero lo hace Simon con el refinamiento de la estilización que propicia el profundo poso cultural del pueblo alemán -y una esmerada educación artística, bajo la influencia directa, en este caso, de la Escuela Bauhaus. Es decir, sin arrogancia ni pedantería ni impostación alguna. Una naturalidad madura que solo el dominio del oficio y la honestidad del artista permiten.

Frieder Simon con el teatro y los títeres puestos en dos maletas, de joven.
Es curioso que el nombre escogido por Simon para su compañía sea el de Larifari, apellido que toma el Kasperl de Múnich (el que Graf Pocci fijó para la historia) y que derivaba a su vez del personaje encarnado por el actor La Rocha, como se indicaba en el artículo anterior. Extraño porque ya dijimos que Kasperl Larifari solía representarse como marioneta de hilo y no de guante. Quizás con ello el titiritero de Halle nos quiere decir que su Kasper, aun siendo de guante, busca conectar con la corriente más culta del personaje o, simplemente, huir de la deriva hacia lo grotesco de los Kasperls populares de guante para insistir en una estilización inteligente y más abstracta.

Simon con su primer Kasper.
Sea como sea, el Kasper -vean que en esta zona de Alemania, nuestro personaje pierde la letra ele, acercándose a la denominación de la región de Bohemia, pues en Praga toma el nombre de Kaspar o Kasparec (pequeño Kaspar)- del señor Frieder Simon adquiere un perfil propio y personalizado, como es de necesidad que ocurra, en una geografía que ha gustado tanto dejarse mecer por los tremendos vaivenes de la Historia. No es fácil haber pasado por la última Gran Guerra Europea (Simon la vivió de niño), adaptarse luego al modelo soviético para de pronto pasar, ya en la edad madura, al nuevo capitalismo del sálvese quién pueda. Sobrevivir a todas estas hecatombes es desde luego meritorio, pero requiere de un truco o un secreto: sin duda en el caso del titiritero de Halle es Kasper y su profunda capacidad liberadora. No es de extrañar que Simon le profese tanta devoción: en todos sus espectáculos sale su personaje fetiche, de un modo u otro, y siempre bajo formas diferentes.

Las multiplicidades de Kasperl y los espejos interiores del titiritero.

Karpar checo antiguo en el rellano de casa de Frieder Simon.
Ya dijimos en el capítulo anterior de este viaje tras las huellas de Kasperl, que son muchas las caras de las que dispone nuestro personaje. Vimos que en principio estaba el Kasperl Larifari y todos los que le siguen movidos con hilos o barra de hierro en la cabeza, y los definimos como personajes de obras con texto dramático escrito. Y luego hablamos de los títeres de guante más dados a la improvisación, a los argumentos sencillos y esquemáticos, y con tendencia a exagerar sus rasgos hacia lo grotesco o hacia una mayor abstracción. Pero lo que no habíamos visto es que en un mismo titiritero pudiera existir también una infinidad de caras de Kasper. Ello es lo que descubrimos al visitar los "cuarteles de invierno" del Maestro Frieder Simon y husmear brevemente por sus armarios y cajones.

Dos rostros distintos de Kasper.

Nada más entrar en su casa, tres viejas marionetas, seguramente del siglo XIX y de origen checo, nos reciben en el rellano. En el centro de los tres, un Kaspar de los de bigote, antiguo pero que todavía mueve ojos y boca tirando de un hilo.

Metidos ya en el amplio apartamento, descubrimos poco a poco una increíble variedad de caras de Kasper, como si el titiritero necesitara en cada nuevo espectáculo afirmar su segunda personalidad, que con los años se confundiría con la primera, sin actitudes trascendentales sino más bien juguetonas, no para amargarse sino al revés, para crear vida, alegría y reirse del mundo y de las dificultades.


La señora Barbara Simon frente a algunas de las criaturas a las que ha vestido..
Pero junto a las caras de construcción propia, van apareciendo del fondo de los cajones otros Kasperls procedentes de otras manos que se han sumado a la colección de los primeros. Es la colección privada que Frieder Simon ha ido acumulando durante su carrera artística. Imaginamos a todos estos Kasperls en un diálogo continuo entre ellos, buscando cada uno lo que tiene el otro que no tiene él, mientras al lado se acumulan princesas, muertes, diablos, payasos de caras endiabladas, don Juanes, Medeas, prostitutas, y un sinfín de comparsas que hacen de coro a los protagonistas de toda esta fiesta silenciosa. Pues parece obvio que en todos estos elencos reina Kasper, es decir, el alter ego de Frieder Simon, al que va modelando siguiendo el ritmo de los años del mismo modo que las manos de la vida lo van moldeando a él, al Simon real.  Así se mantiene el tono alto y una vitalidad fresca y juguetona, sobretodo cuando además hay una familia que también crece y se multiplica.

Kasperl antiguo de la colección del señor Simon.
Llegados a este punto, hay que insistir en esta frase que resume tantas cosas y muchas veces es olvidada por los observadores: "chercher la femme". Todas estas caras, hechas de madera, de cartón piedra o de otros materiales reciclados, necesitan un cuerpo, es decir, necesitan que se les vista. Y aquí es donde surge el trabajo silencioso y aparentemente invisible -en realidad, luce tanto como el de las caras- de Barbara Simon, la esposa del titiritero, encargada de crear los cuerpos de las criaturas que van naciendo de las manos de su marido. Pues si la cara es el alma de los títeres, el vestido es su cuerpo, de ahí la importancia cabal de este trabajo.

El señor Simon con uno de sus títeres.
Kasperl antiguo de estilo "Bauhaus" de la colección del señor Simon.
La visita en casa de los Simon fue todo un gozo titiritero, gracias a la generosidad de los anfitriones que no dudaron en abrir tanto sus corazones como sus muebles con sus vitrinas y cajones repletos de tesoros. Ante nuestros ojos se iba desplegando no sólo la quintaesencia creativa de toda una vida de titiritero, sino también la historia objetiva de los títeres del país, en esa faceta tan necesaria como entrañable que es la del teatro popular de los títeres de guante, siempre tan olvidado por las historias oficiales. Lo que antes se hacía en las calles y que sólo al cabo de las décadas o de los siglos acababa en las vitrinas más recónditas de los museos folclóricos de pueblos y ciudades, se encuentra concentrado y elevado a la categoría de arte en la vida y en la casa de Frieder Simon. Se entiende entonces esta necesidad de estilizar los trazos, de sacar su oficio del arroyo de la Historia, de sumar rostros que son perspectivas vitales.

Tres Kaspers diferentes del señor Simon.
Se notan aquí los estudios de los señores Simon en la escuela de arte de la línea Bauhaus, la Burg Giebichenstein Kunsthochschule Halle, donde ambos se conocieron, que marcó para siempre este gusto por el rigor de las líneas bien trazadas, de la síntesis expresiva, y de la estilización cubista.

Todo el trabajo de Frieder Simon rezuma estos principios adquiridos en su juventud, y que fueron su referente a lo largo de sus años de titiritero. También se nota su primer oficio de carpintero que ejerció antes de entrar en la escuela, y el gusto por trabajar la madera, el torno y los buenos acabados. 

Kasperl antiguo, sostenido por Sophia Simon.
En posteriores artículos recogeremos algunas reflexiones surgidas en los diálogos mantenidos con Frieder y Sophia Simon, respecto a posibles relaciones entre los estilos titiriteros y los contextos culturales y religiosos en las distintas regiones habitadas por Kasperl.

Muerte de la colección privada del señor Simon.
Fantasma de nieve de Kasperl en los jardines de la casa de los Simon.
Ejecutado por Emilia Simon.

domingo, 17 de febrero de 2013

Viaje a Alemania y Holanda: Kasperl y Jan Klaassen

El proyecto de Rutas de Polichinela está llegando al fin de su primera etapa, la que se refiere a los viajes realizados para descubrir a los distintos personajes polichinescos de Europa, y a las ciudades que los acogen. Prácticamente acabado, no me resisto a terminarlo sin incluir a dos personajes importantes: Kasperl y Jan Klaassen. Es decir, el héroe germano y el holandés.

El Stadtmuseum Muenchen
 Es por eso que este domingo parto hacia Munich para conocer esta ciudad en la que nunca he estado, famosa por su museo de marionetas situado en el Stadtmuseum de la ciudad, y de paso conocer a los jóvenes marionetistas de la compañía Dr Doeblingers Kasperltheater. Luego me desplazaré a Halle para conocer al eminente Maestro en Kasperl el señor Frieder Simon, y de paso recorrer de nuevo esta magnífica ciudad, ya conocida por mi, en la que nació Haendel (llego allí el 22, casi el mismo día en que nació el gran músico, un 23 de febrero de 1685).

De Halle salgo el 25 de febrero para Lübeck, con el fin de visitar su Museo de Marionetas que se encuentra en el centro mismo de la ciudad. Y de allí pillo un tren que me llevará a Amsterdam, donde Wim Kerkhove, veterano titiritero que suele o solía actuar con Jan Klaassen cada verano en el Dam (la plaza más céntrica de la ciudad) me espera. Igualmente veré a Darja de Caluwe, colaboradora de Puppetring y actriz-titiritera ella misma. 

Antes de las indagaciones a realizar durante el viaje, procedo a explorar la ortodoxia de lo ya conocido sobre estos dos personajes.
Wim Kerkhove con Jan Klaassen

Como nos dice la Encyclopédie Mondiale de la Marionnette (el artículo de Kasperl ha sido escrito por Michael Meshke), el nombre de Kasperl existía ya en el teatro del siglo XVIII: era el de Kasperl Larifari, un personaje cómico al parecer interpretado por el actor Johann Laroche (1745-1806), muy famoso en el teatro cómico vienés. Tras su muerte, desaparece el personaje en el teatro de actores y en cambio se encarna en un títere, adquiriendo pronto gran fama en todo el mundo germánico. 

El personaje tuvo dos diferentes versiones: como marioneta de hilo y como títere de guante. En la primera versión, encarnó roles secundarios de criado mayormente, aunque también de soldado o incluso de ladrón. En la segunda versión, ocupó siempre el rol más importante, a la manera del Punch inglés o del Jan Klaassen holandés. Sus colegas de escenario solían ser el Juez, el Verdugo, el Policía, el Cocodrilo, la Muerte y el Diablo. Y, como es canónico en este tipo de espectáculos, Kasperl acababa siempre vencedor en el enfrentamiento con todos ellos.


Janus Cabalt playin Jan Klassen on the Dam

En el siglo XIX, Kaspel estuvo muy presente en los teatros de feria llevado por compañías ambulantes, con grandes carromatos para las más sofisticadas versiones en las que aparecía como marioneta de hilo, o con el típico retablo para un sol manipulador en las versiones de guante. Poco a poco, se va inclinando hacia el público infantil, y en el siglo XX fue integrado como personaje útil para el recreo y la educación de las juventudes alemanas. 

Hoy, y del mismo modo que ocurre con muchos otros personajes polichinescos en toda Europa, nuevos grupos de titiriteros se enfrentan al personaje profundizando en sus raíces más populares y transgresoras. Recuerdo haber visto en un festival de Lyon, en Francia (Castelet Idéal), a un Kasperl de lo más sugerente e innovador, dirigido a público adulto, a cargo del titiritero alemán Lutz Grossman. Igualmente los jóvenes del Dr Doeblingers Kasperltheater tienen  una versión muy actualizada y viva del personaje. 

En cuanto a Jan Klaassen, el héroe de los Países Bajos (seguimos con las indicaciones de l'Encyclopédie, a cargo en este apartado de la especialista Hetry Paërl), se dice que su nombre es el de un trompetista llamado Jan Klaaszoon, lugarteniente de Las Provincias Unidas, de Guillermo II de Nassau. A los dos años de la muerte de Guillermo, en 1652, tomó el poder Jean de Witt, representante de la burguesía oligarca, barriendo a los partidarios del antiguo régimen, los Orangistas. Nuestro trompetista tuvo que trasladarse a Amsterdam, donde realizó funciones de titiritero con obras críticas contra los gobernantes. Fue tal el éxito obtenido, que el personaje principal, que quizás fuera Polichinela, acabó llamándose como el titiritero, Jan Klassen. Su rerpertorio se amplió de la sátira política a escenas de pelea doméstica. 

Según nos cuenta Hetry Paërl, "el viejo Jan Klaassen es un jorobado de una pronunciada nariz coloreada y con una amplia boca roja. Lleva un vestido de estilo militar: chaqueta roja de pompones dorados, pantalones amarillos y zuecos, y un sombrero cónico curvado hacia adelante del que cuelga un cascabel. Es un típico habitante de Amsterdam, lleno de buen humor y bonhomía, pobre pero alegre, y con debilidad hacia la bebida. Sólo teme a una persona: a su esposa Katrijn. Ella es tan fea como él y sus peleas duran eternidades aunque suelan resolverse al final. El decorado del retablo representa un canal cruzado por un puente, con la taberna el Pequeño Cisne a la izquierda y la casa de Jan Klaassen al otro lado."
Daan and Coby Kersbergen on the Dam, Amsterdam
Típico títere de guante a la manera del Punch and Judy, sus personajes y su repertorio se asemejan a los del género en Europa. Aparece así Jan como padre de familia, Jan soldado, Jan y la casera, Jan y el Gendarme, el Médico, el Panadero, el Cocodrilo, el Verdudo, el Diablo... Un personaje propio del lugar es la Muerte de Pierlala: una marioneta de varilla, con una simple cabeza y un trapo cogido a un palo, y que proviene de Pierlala, una versión de Pierrot que vendría del s.XVII (v.Hetry Paërl).

Son varias las dinastías existentes de Jan Klaassen: la familia Hofman de Utrech, la familia Remmert en Roterdam, y, en Amsterdam, los Cabalzi,. maarionetistas de feria italianos, llegados a los Países Bajos en 1830. El más célebre de esta última familia fue Janus Cabalt (1869-1935), quién obtivo permiso para establecerse en la plaza Dam. El último titiritero de la familia Cabalzi fue Daan Kersbergen, quién cesó de actuar en el Dam en 1981. Fue el antes citado Wim Kerkhove quién tomó el relevo en 1953, quién se inspiró en la viaje tradición del XVII a la que añadió temas y personajes de la actualidad. A destacar la importancia que la esposa de Jan, Katrijn, fue tomando en sus obras. 

En próximas entregas iremos ampliando esta información mientras damos cuenta de lo que de interés vaya surgiendo en nuestro recorrido.