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viernes, 7 de febrero de 2014

Los Cristobitas de Libélula en Barcelona



Gracias a la programación "Titelles i Ciutats" que se desarrolla en el Born Centre Cultural de Barcelona, los que gustamos de las tradiciones titiriteras estamos gozando, desde el mes de octubre que empezó la programación, de espectáculos que no es fácil ver juntos y menos en Barcelona. Personajes como Pulcinella, Karagöz, Kasperl, Punch, Cristobita, Jan Klaassen, Guignol, Polichinelle o Arlechino son los que, mes tras mes, vas desfilando por el escenario de la Sala Moragas del Born. Y la verdad es que hasta el presente, la afluencia de público ha sido notable.
Julio Michel montando el retablo de los Cristobitas
Tocó en esta ocasión (concretamente el domingo 2 de febrero, a las 12:30 y a las 17h) ver al Cristobita español, este personaje perdido en la memoria de nuestra agitada historia, que el grupo Libélula, de Segovia, recuperó en su día. Se inspiró para ello en las tradiciones portuguesas del Dom Roberto y en lo que uno podía imaginarse que fueron en su tiempo las andanzas de esta versión popular y alegre del Don Cristóbal Polichinela. 
Cuco Pérez ensaya con el acordeón.
Y es que, tal como indico en mi libro de Rutas de Polichinela (vean aquí), creo que podemos hablar de dos Don Cristóbales: el fiero y oscuro Don Cristóbal Polichinela, viejo indiano rico y cascarrabias que compra a una esposa jovencita para acabar matando a mujer, hijos y suegra en un arrebate de celos, y el alegre Cristobita que se inspira más en los "purichinelas" italianos que solían recorrer la península, para actuar en plazas, ferias y fiestas privadas. El uno corresponde a la España Negra bien conocida por todos (especialmente por Goya, Valle-Inclán y tantos otros que la han tratado y sufrido) y el otro a la España jocosa y relajada que gusta de la variedad y de la vida alegre. 
Todo a punto para la función.
Julio Michel y Juan Antonio Sanz, los dos artífices de Libélula que arrancaron con el personaje, se sintieron atrapados por este segundo personaje, el Cristobita, también conocido como el Rey de la Cachiporra, cuya alma vieron aparecer en los espectáculos de Robertos o de los Pulcinellas italianos que pasaban por el Titirimundi de Segovia. Fascinados por estas formas populares tan arcaicas como vivas e hilarantes, se lanzaron a crear sus propios cristobitas. Y para ello, bebieron de la tradición ibérica por excelencia: la Corrida de Toros, la historia del Barbero, y el juego de la princesa encerrada en un castillo, lleno de fantasmas, cocodrilos y demonios. 
El Castillo Encantado, el Cocodrilo y Cristobita.
Debo decir que con ellos he recorrido varias ciudades de Rusia, y que los he visto actuar en muchos lugares del mundo, siempre acompañándose de uno o dos músicos y siempre con un enorme éxito. 
Julio Michel explica lo que son los títeres.
Con los años, la compañía ha evolucionado y hoy cuenta con un cuerpo de dos duchos manipuladores, Juan Antonio Sanz i David Farac, un músico excepcional con el acordeón, Cuco Pérez, y un presentador de lujo que hace también las funciones de animador, Julio Michel. Los cuatro vinieron a Barcelona y nos ofrecieron unas funciones memorables que sorprendieron al público por la sencillez, la simpatía y el ritmo de unos títeres que rezuman gracia y sabiduría popular. 
El corredor frente al toro.
Trajeron una novedad en su repertorio: un Sanfermines con chupinazo incluido que hizo las delicias del público y que sirvió de antesala para la siempre tan esperada Corrida. 
Cristobita en plena faena.
Al encontrarse en Cataluña, donde los Toros están prohibidos, pidieron permiso al público, alegando que los titiriteros siempre han transgredido las normas y que no dejarían de hacerlo en aquella ocasión. Los espectadores parecieron encantados de que en efecto se rompiera la normativa vigente, tan estrecha en los temas del toreo, como es bien sabido, y aunque no hubo ni orejas ni rabos, los aplausos que ofrecieron a los titiriteros como premio de la faena fueron rabiosos, sinceros y entusiastas. 
 
Los Corredores de los Sanfermines.
Al acabar la función, y como ya es habitual en estas sesiones del Born, el público pudo subir al escenario y ver por detrás y de cerca los títeres y el retablo. 
Cuco y Juan Antonio con dos Cristobitas.
Los titiriteros, siempre dispuestos a mostrar sus secretos y a encandilar a niños y a mayores, mostraron todo lo que podía ser mostrado y se dejaron retratar con Cristobita, el cocodrilo, el diablo, los toros, los cabestros y los corredores, más algunas admiradoras. 
La titiritera Sonia Sánchez, Julio Michel, Rosa Férez y David Farac.
He aquí algunas imágenes tomadas al vuelo tras la sesión de Cristobitas.
Juan Antonio Sanz y Néstor Navarro


 
Julio Michel con Cristobita. Tres instantaneas.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Éxito redondo del Rinconcillo de Cristobica


(Títeres de Bruno leone)
No podía ser de otro modo, dada la calidad artística y humana de los participantes. Hubo, en efecto, unanimidad entre los presentes de que el evento organizado por la Diputación de Granada bajo la dirección de Enrique Lanz y Jaznibel Martínez, y con el equipo encabezado por José Manuel garcía Ávila, Nadia Zumelaga y Pilar Aguado, consiguió unos ambientes de intercambio y de convivencia raramente alcanzados por otros festivales. Las dimensiones pequeñas del encuentro más el sosiego de la organización propiciaron el marco adecuado para este clima de diálogo e intercambio que las distintas funciones llenaron de interés y contenido. Tal vez otros festivales llegan más lejos en número de espectáculos y en alardes de convivencia festiva, pero pocos alcanzan estas dimensiones de comunicación humana.

Muchos fueron los temas tratados, y desde muchos puntos de vista distintos. Siendo la temática muy concreta -el teatro de títeres popular de guante-, las propuestas presentadas fueron muy diferentes, lo que abrió un campo de contenidos francamente amplio. La figura emblemática y entrañable de Bruno Leone, maestro del Pulcinella napolitano, ocupó un merecido centro gracias a su generosidad en las improvisaciones ofrecidas y en el mismo taller brillantemente realizado con niños de Valderrubio. Una presencia que fue creativamente contrapunteada por las aportaciones de los otros artistas participantes en el Rinconcillo.

(Eder de Pavia y Enrique Lanz con un títere del primero)

Los espectáculos brillaron cada uno según su estilo y particularidad. Eder de Pavia, mamulengueiro que trabaja en solitario, rompió el hielo al ofrecernos un magnífico espectáculo en el que se incorpora la actuación del titiritero que ofrece sus servicios en la calle con la ayuda de un muñeco de ventriloquía. Música, rítmica manipulación y graciosas improvisaciones en una interacción constante con el público fueron las características principales de este trabajo honesto y sencillo, bien cargado de la complejidad de lo humilde cuando éste se presenta con toda su potencialidad latente. Se le nota a Eder una preparación técnica adquirida en la práctica con los distintos maestros con los que trabajó, a la que debe sumarse su formación más académica en el Institut de Charleville. Espontaneidad y frescura de una propuesta que nos trasladó al corazón del Brasil más entrañable.

Paz Tatay, madrileña pero instalada en Toulouse, Francia, presentó "La muerte de Don Cristóbal". ¡Por fin un Polichinela español creado por una titiritera, es decir, por una mujer! Se inspira Paz en las distintas tradiciones europeas, tomando los aspectos que más le han interesado de ellas, pero siempre desde la fidelidad al carácter del personaje: un viejo enamorado del dinero, capaz de cualquier cosa para conseguir sus objetivos, pues así es el Polichinela español, canalla y ruín como el que más. Lo importante, sin embargo, es que Don Cristóbal acaba despertando nuestra simpatía -no hacerlo sería recrearse en su maldad congénita-, sobretodo por su actitud vitalista a ultranza, que lo lleva a desafiar y a vencer a la misma muerte, como la tradición manda. Impresionan las voces de Paz, que va de los agudos a los graves más profundos, así como una manipulación muy refinada, propia de su acusada sensibilidad. La muerte es substituída aquí por una vieja que parece un alter ego femenino del mismo Don Cristóbal. Un trabajo riguroso y divertido que ya tiene  una segunda parte. Esperamos poderla ver pronto.


(Erica y David, del Théâtre du Petit Miroir, y Jaume Feixas)

Fue un placer tratar de nuevo con el Théâtre du Petit Mitoir que dirige desde hace años Jean Luc Penso. Una compañía veterana que rescató en su día una de las más viejas tradiciones de guante de un maestro de Taiwán y que desde entonces no ha cesado de perfeccionar y refinar sus es
pectáculos. Dio la casualidad de que Le Petit Miroir inauguró en noviembre de 1984 el Teatro Malic del que fui director y fundador, siendo suya la primera obra que se representó en su escenario. Recuerdo muy bien el ritual que hizo Jean Luc Pensa para bendecir el nuevo espacio. Creo que funcionó. Todo ello explica la ilusión que me hizo reencontrarlo tras tantos años y verlo en plena forma y acompañado de un equipo entregado a la labor. Su representación nos trasladó a la vieja China de ancestrales tradiciones, con la atractiva música que avanza a golpes de gong y a ritmo de batallas, vuelos, conjuros y transformaciones. Un enorme placer para mi y para el público que asistió a la función.

(Títeres de la familia Vergés)

Titelles Vergés, la centenaria compañía catalana que en 2010 cumplió cien años de existencia (para los que necesitó tres generacion de titiriteros siempre en activo), presentó “El retorno de los títeres”. Un título en apariencia inocente, pero que contiene claros dobles sentidos:  ¿de dónde regresan los títeres de la familia Vergés sino del pasado, dónde tuvieron que refugiarse durante la oleada de pedagogismo de los años 70 y 80, cuando la cachiporra fue proscrita de los escenarios? Haber cumplido cien años parece otorgarles licencia para retomar el hilo que dejaron entonces, aunque en realidad nunca lo dejaron del todo, pues la familia siguió trabajando desde el silencio de los bolos de oficio. Regresan ahora con homenajes y reconocimientos, y con un elenco de títeres que constituye una de las mayores y más impactantes colecciones de marionetas vivas y antiguas del país. En el Rinconcillo presentaron una muestra de su trabajo que se caracteriza por el dominio de las voces, de la difícil manipulación de unos muñecos de madera que casi llegan al kilo, y por la ingenuidad de una historia que nos habla de otras épocas y otros referentes. Un esfuerzo que el público premió con agradecidos aplausos.

Toni Rumbau –es decir, un servidor– presentó su espectaculo “A Manos Llenas” en Fuente Vaqueros para escolares, con muy buen acogimiento. Lo mismo cabe decir de la función realizada en Valderrubio, para todos los públicos, con la emoción añadido de actuar en la misma casa dónde vivó años de su adolescencia el poeta Federico García Lorca.

(Retablo de Bruno Leone)

Bruno Leone, ya antes citado, presentó dos espectáculos distintos. El primero, basado en improvisaciones, nos presentó a Pulcinella metido en un manicomio cuyo director no era otro que el psiquiatra Bin Laden. Consigue éste poner la camisa de fuerza al héroe napolitano, aunque al final y gracias a la ayuda de dos mujeres del público, es liberado y, tras no pocas peripecias, “pone orden” en el manicomio. La segunda representación mostró a un Pulcinella más clásico, aunque siempre abierto a las novedades y a la intervención del público. Fue un placer ver a Bruno convertido en un Pulcinella con su máscara y su gorro característico, meterse por entre el público, dialogar con los espectadores y cantar viejas y nuevas canciones, algunas de ellas improvisadas la noche anterior. Hizo alarde el titiritero de un estado de gracia por el que se siente con la suficiente libertad para hacer con la máscara y con el títere de Pulcinella lo que le viene en gana, sin cortapisas ni correcciones, mostrando una fidelidad exquisita al carácter entre libertario, poético, salvaje y refinado del personaje.

Finlamente, el Professor Rod Burnet nos deleitó con un espectáculo de Punch and Judy de impecable factura como suele ser habitual en su trabajo. Voces exquisitas, bromas a la española –lleva años adaptando los gags y las palabras al público español-, una dulcificación no carente del necesario salvajismo en el tratamiento acanallado del protagonista, un uso moderado de la cachiporra y de la máquina de hacer salsichas, y una manipulación precisa bien dotada de rigor británico. Su teatrillo, plantado en el escenario como si se encontrara en plena playa de Brighton, lució sus colores blanquirojos así como la acostumbrada iconografía popular del más puro estilo Punch. Un clásico siempre puesto al día.

Seríamos infieles al espíritu de esta crónica si no comentáramos la ópera “El Retablo de Maese Pedro”, representada con marionetas gigantes en una buena parte de la red de teatros de ópera de España y algunos de fuera del país a cargo de la compañía Etcétera, con dirección de Enrique Lanz. Y lo digo porque aunque no se representara en Valderrubio, sí estuvo presente en el espíritu y en las conversaciones del Rinconcillo, teniendo en cuenta además que fue en el contexto de la Tertulia del Rinconcillo dónde nació esta idea de colaboración entre Falla y Lanz, así como otras muchas para aunar títeres, música y poesía. Una puesta en escena, la de Etcétera, de las que marcan época y se quedan para ser recordadas, pues pocas veces se obtienen cotas de tanta altura, físicas y artísticas, como las alcanzadas por Enrique. Una obra que de alguna manera cierra un ciclo, el que inició su abuelo y Falla, y que sin duda inicia otro, tras haber rendido cuentas con el pasado y el nieto consigo mismo. Un ciclo en el que tanto Enrique Lanz como Yanisbel Victoria Martínez tienen tantas esperanzas como ilusiones depositadas. ¡Que la suerte les acompañe!

Más info sobre el Rinconcillo de Cristobica aquí.

sábado, 7 de mayo de 2011

En el ombligo polichinesco de España.


Creo merecido este título al evento en el que me encuentro, llamado Rinconcillo de Cristobica. La razón principal es la alusión al círculo o tertulia del Rinconcillo (entre cuyos participantes estaban Lorca, Falla y Lanz, como se dijo en anterior texto), que se conjunta con el lugar dónde se desarrolla el encuentro: Valderrubio y la casa que la familia Lorca tenía en esta población, a 4km escasos de Fuente Vaqueros, el lugar dónde nació el poeta.

Estar en estas tierras tan estrechamente ligadas al poeta granadino es estar junto a quién dio altura y una identidad precisa al personaje titiritesco de Don Cristóbal Polichinela. Una figura harto oscura, por su propia naturaleza de ser ruín e impresentable, y por lo poco que se sabe del mismo en su versión titiritil anterior a Lorca. Que en este lugar emblemático se desarrolle un festival (o mejor un "encuentro", como prefieren llamarlo sus organizadores) centrado precisamente este año en el teatro de títeres popular de la línea polichinesca, hace que Valderrubio y el Rinconcillo pueda proclamarse durante estos días capital mundial del polichinelismo español. Que asistan, además, personas como Adolfo Ayuso, uno de los principales entendidos en la materia, Bruno Leone, reconocido maestro napolitano del Pulcinella, Paz Tatay, prestigiosa cultivadora del género del Don Cristóbal, Sebastià Vergés, la más veterana de las compañías españolas -cumplió 100 años hace poco-, el experto mamulenguero brasileño Eder de Paiva de Rio Branco Acre, el clásico "Théâtre du Petit Miroir" de Jean Luc Penso, que recuperó con enorme maestría la más señera tradición del títere popular de Taiwán, o el reputado Professor of Punch and Judy Rod Burnet, hace que el encuentro sea de lo más estimulante. Sobretodo porque Enrique Lanz y Yanisbel Victoria Martínez, los dos artífices del Rinconcillo, pretenden convertirlo en un lugar de desayunos, almuerzos y discusiones, además de espectáculos.

Hoy mismo, en los cafeses del almuerzo, discutimos Adolfo Ayuso, Enrique Lanz, Eder de Paiva, Paz Tatay, Jaume Feixas y yo mismo, sobre el personaje del Don Cristóbal español. Decía Paz que para ella era un arquetipo de vitalidad, un elemento catártico que la permitía hacer lo que no se puede por abvias razones de salubridad pública. Su Don Cristóbal es así una especie de "alter ego" que funciona a modo de eficaz válvula de escape y que le permite desarrollar un teatro de títeres fresco y deshinibido. Yo me preguntaba si no habría que replantearse un día las características del personaje, pues si en el siglo XVI y XVII, la máscara napolitana encarnó los deseos de afirmación libertaria e individualista del Renacimiento, ayudando a democratizar las nuevas ideas en el imaginario popular de las ciudades europeas, hoy en día, que nos encontramos en una clasísima etapa de cambio cultural -por no decir civilizacional-, me preguntaba si no sería bueno buscar nuevos atributos, que sin perder ni negar su elemento liberador, catártico y de afirmación de la soberanía personal, encaje en las necesidades de una época que precisamente está poniendo en cuestión las afirmaciones estrechamente egotistas del "todo vale". Por supuesto, acabamos defendiendo todos los presentes que por encima de las consideraciones de tipo sociológico, lo importante es el elemento catártico y liberador del personaje y de su práctica. También hay que recordar que estas figuras oscuras y ruínes cuando son jugadas con títeres, se convierten en inocentes personajes cuya gracia trasciende su canallismo -tal como, por otra parte, decía el mismo García Lorca al hablar de Don Cristóbal. De alguna manera, puede decirse que los actuales practicantes del Polichinelismo, y entre otros los presentes en el Rinconcillo, ya están realizando este trabajo de enriquecer al personaje con nuevas facetas del mismo.

También se habló de las escuelas de títeres. Aquí se plantea la clásica pregunta: ¿pueden existir escuelas de titiriteros? Creo que la respuesta fue doble: por supuesto que sí, si se enseñan las herramientas básicas del teatro; pero a su vez, el títere tradicional debe aprenderse con la práctica y a partir de maestros, como se ha hecho siempre. Cada uno explicó aquí sus experiencias sobre el tema.

Por cierto, que puestos a defender esta capitalidad polichinesca antes mencionada, esá la circunstancia de que Enrique Lanz, director artístico del Rinconcillo, sea el nieto de quién hizo todos los títeres de García Lorca, Hermenegildo Lanz, quién conspiró con el poeta y con Falla para los posteriores trabajos del trío centrados en las marionetas.

Mañana, un desayuno con Eder de Paivay y por la tarde y noche, más funciones.

lunes, 2 de mayo de 2011

El Rinconcillo de Cristobica

Muy afortunado me considero de acercar mis Rutas de Polichinela al Festival "El Rinconcillo de Cristobica" que se celebra en Valderrubio, dónde he sido invitado para participar con "A Manos Llenas". Me dará la ocasión de acercarme a la tradición titiritera andaluza, de la que se inspiró García Lorca para el desarrollo de sus obras sobre Don Cristóbal. No en vano el director del Festival, Enrique Lanz, miembro fundador de la histórica compañía Etcétera de Granada, es el nieto de Hermenegildo Lanz, artista que construyó todos los títeres usados por Federico García Lorca.
El nombre del Festival está inspirado en la Tertulia del Rinconcillo que se celebraba en Granada, en el café Alameda de la Plaza del Campillo, actualmente ocupado por el restaurante Chikito, y de la que García Lorca fue uno de sus principales impulsores. Citamos un artículo de Juan Luis Tapia, publicado en Ideal.es:
"Al grupo, además de los hermanos Federico y Francisco García Lorca, se sumaba Melchor Fernández Almagro, Antonio Gallego Burín, Miguel Pizarro Zambrano, el filólogo José Fernández-Montesinos, José María García Carrillo, Fernando de los Ríos, el arabista José Navarro Pardo, Manuel Ángeles Ortiz, Ismael González de la Serna, Hermenegildo Lanz, Juan Cristóbal, Ramón Pérez Roda, Luis Mariscal, Ángel Barrios y un jovencísimo Andrés Segovia. El compositor Manuel de Falla también frecuentó aquellos encuentros, aunque en muy pocas ocasiones porque era un maniático de los ruidos. Otro de los más veteranos de aquel jovencísimo grupo era el socialista Fernando de los Ríos, quien fuera ministro de Justicia e Instrucción Pública, y una especie de tutor de los hermanos García Lorca."
Dedicado cada año a una especialidad diferente del teatro de marionetas, este año está centrado en el títere de guante, con compañías procedentes de Brasil, Cataluña, Francia, Inglaterra, e Italia. Cito el texto de presentación del programa del Festival:

"Desde Barcelona llega la centenaria compañía Sebastià Vergés, que tras tres generaciones de titiriteros, mantiene viva la tradición del guante catalán. De esta misma ciudad, Toni Rumbau, uno de los fundadores de La Fanfarra, presenta un espectáculo que conjuga el guante popular con el lenguaje de las sombras. Se presenta un Don Cristóbal irreverente, mordaz, y aunque viene de Francia tiene acento español, pues el grupo Pelele lo dirige la madrileña Paz Tatay. También del país galo pero con impronta china es el Théâtre du Petit Miroir, de Jean Luc Penso, discípulo directo del legendario maestro taiwanés Li Tien Lu, de quien aquel aprendió el guante refinado y acrobático de esta zona de Asia. En esta cita no podía faltar el caústico Punch, que llega desde Inglaterra de la mano de Rod Burnett, de Storybox Theater, a pegar porrazos junto a su compañera Judy. Su primo Pulchinella, grita y ríe a ritmo de lengüeta, a través de Bruno Leone, emblemático representante de la tradición del guante napolitano. Eder de Paiva, de la compañía Jatoba, nos acerca al mamulengo de Brasil en un espectáculo que mezcla héroes populares negros con ventriloquia y música de este país latino."
Una cita pues ideal para este blog de Rutas de Polichinela. Del 5 al 8 de mayo, en Valderrubio (Granada).

martes, 15 de marzo de 2011

Un Polichinela en Los Caprichos de Goya

Añado esta imagen sugerida por Adolfo Ayuso en el Comentario que ha hecho a mi última entrada y que sigue lo que me contó Gonzalo Cañas sobre Polichinela. Se trata del grabado de Goya "¡Qué sacrificio!" perteneciente a la serie de Los Caprichos. Como se indica en Wikipedia, existen varios comentarios al mismo. El que se conserva en el Museo del Prado y que podría ser del mismo Goya dice:

¡Como ha de ser!. El novio no es de los más apetecibles pero es rico y a costa de la libertad de una niña infeliz se compra el socorro de una familia hambrienta. Así va el mundo.
El conservado en la Biblioteca Nacional dice:

El vil interés obliga a los padres a sacrificar una hija joven y hermosa casándola con un viejo jorobado, y no falta un cura que apadrine semejantes bodas.

Como puede observarse, la figura del novio podría ser perfectamente un Don Cristóbal Polichinela tal como se definió en España.

Siguiendo indicaciones de Gonzalo Cañas en nuestra entrevista, y citando de nuevo el texto de Wikipedia, "Este tema lo repite en muchas de sus comedias Moratín, desde El viejo y la niña hasta su célebre El sí de las niñas, y es habitual en la literatura satírica de aquel tiempo. Goya amplifica el aspecto grotesco transformando al novio en caricatura y resaltando así el aspecto satírico del grabado."

Sin duda Valle-Inclán se inspiró mucho en Goya.

Gonzalo Cañas y Don Cristóbal Polichinela

(Gonzalo Cañas en su apartamento de la calle San Roque)

He tenido la suerte estos días de ver y charlar largamente con Gonzalo Cañas, un viejo amigo titiritero de Madrid al que conozco desde finales de los setenta y con el que he mantenido siempre cordialísimas relaciones. Recuerdo que en el año 80 nos invitó a actuar en la Sala Lavapiés en el marco de un magnífico festival de títeres organizado por él mismo. Más tarde, cuando abrimos el Teatro Malic, presentó allí su espectáculo “El Toro Ibérico”, en el que Cañas salía al escenario vestido de torero. En los años ochenta hasta bien entrados los noventa, solíamos actuar en Madrid prácticamente cada año, ya fuera en el teatrillo del Retiro que dirigía Paco Porras, o en alguna de las salas o municipios de la capital. Y se convirtió en una costumbre visitar a Cañas en su apartamento de la calle San Roque, no sin antes compartir con él un buen cocido madrileño en el Bocho, una popular taberna que todavía hoy continúa impertérrita en la mencionada calle.
Le expliqué mis Rutas de Polichinela y los motivos de mi estancia en Madrid, y rápidamente entró Cañas en materia, al ser éste un tema muy suyo, por el que ha dado muchas horas de su vida.
- Tenemos un problema con Don Cristóbal Polichinela: no sabemos nada o casi nada de él. Se lo contaba a Adolfo Ayuso y estuvimos discutiendo la cuestión sin llegar a demasiadas conclusiones. Por ejemplo, ¿cuándo y cómo surgió el personaje? Sabemos que en Andalucía estaban los Cristobitas, títeres de guante populares que compartían semejantes características con los polichinelas italianos. Conocemos incluso a un titiritero, Juan Misa. Era Cristobita un personaje positivo en el sentido de pobre y justiciero, con el que podían identificarse los espectadores de la calle. ¿Pero cuándo y por qué de pronto sube de categoría, recibe nombre propio, se le antepone el Don, se le califica de Polichinela y se convierte en un personaje rico, tenebroso, impresentable y muy odiado? Algo que sucedió en algún momento a finales del XVIII. Fíjate que el nombre de Don Cristóbal Polichinela ya aparece en un escrito de Jovellanos, en el que carga contra el teatro callejero malhablado y pendenciero de los títeres. Yo tengo mi propia teoría sobre el asunto…
Absorto escucho las palabras de Cañas, que tan bien retratan y sitúan al personaje sobre el que precisamente quiero hablar en mi capítulo sobre Madrid. Pues bien conocida es la ortodoxia titiritera sobre el nombre principal que toma Polichinela en España: el de Don Cristóbal, aunque luego nadie se haya detenido a pensar, salvo Cañas y otros estudiosos como Adolfo Ayuso o tal vez el mismísimo Porras, el por qué aquí se convierte en un personaje tan negativo –aunque Lorca lo trate siempre con un cierto cariño. Habría que añadir que si bien es cierto que el Punch inglés y en cierta medida el Polichinelle francés gozan de atributos poco edificantes, no por ello dejan de ser personajes “positivos” en el sentido de ser objetos de proyección del pueblo llano y callejero, que ve en él a alguien semejante, sin pelos en la lengua y buen repartidor generoso de estacazos justicieros.

(La Boda, cuadro de Goya)
- Mi teoría parte de una figura muy importante entonces en España, que encontramos en los grabados y en algunas pinturas de Goya, así como en numerosas obras teatrales: la figura del indiano, el nuevo rico que llega prepotente, inculto y grosero de América, invierte su dinero en propiedades y compra una mujer joven con la que casarse. El cuadro de Goya La Boda es una perfecta ilustración del mismo: gordinflón, cara de cerdito, labios carnosos y prominentes, con muchos lacitos en el cuello, y que parece ser objeto de burlas y habladurías por parte de la concurrencia. La que es o será su mujer, camina por delante de él, muy tranquila y dueña de si misma, pues seguramente sabe muy bien lo que hace al casarse con un ricachón sin renunciar a los amantes, como los dos jóvenes que en un segundo plano miran la escena con murmuraciones, tal vez rabiosos y sin duda maquinando estrategias futuras. Este indiano, para mi, es ya Don Cristóbal, y encarna al personaje que acabaría transformándose en el Polichinela tal como lo mostró Lorca y tal como la tradición nos lo ha dejado.

(Pulcinella enamorado, de Giandomenico Tiepolo)
Contemplo el cuadro del que habla Cañas, y comprendo perfectamente lo que quiere decir. Es curioso que por la misma época, Giandomenico Tiépolo en Venecia tome la figura de Pulcinella para exponer en sus grabados, frescos y pinturas su visión pesimista y decadente de la Serenísima. También allí a finales del XVIII actuaban los titiriteros en la Plaza de San Marcos con un Pulcinella vulgar y soez que irritaba a los moralistas y divertía a la canalla. Sin embargo, la visión del personaje que nos retrata Tiépolo habla más de su decadencia que de su maldad. Para el veneciano, Pulcinella era un símbolo del final de la República y cuando retrata a los venecianos, los viste a todos de blanco como Polichinelas, con sus sombreros largos, sus jorobas siniestras, sus máscaras negras y sus narices prominentes. Hay crítica y desdén pero también piedad y compasión en su mirada.
España es demasiado negra para visiones tan sofisticadas: la decadencia del Imperio es apabullante, y la ruina social y moral del país, indisimulable. Las pinturas negras de Goya enlazan además con una tradición ibérica de raíces medievales, que pasa por La Celestina y Lope de Rueda, cruza Cervantes y toda la novela picaresca, se tiñe de tintes oscuros durante el barroco, se alambica retóricamente con Quevedo y estalla visualmente en la obra de Goya. Polichinela, como ocurre con todos sus primos en Europa, se metamorfosea de distinto modo según el contexto, y adquiere en España una tonalidad oscura, satírica y popular. Nace el Don Cristóbal Polichinela, personaje aún más negro que el difamado Punch inglés. Éste, al lado del español, no es más que una caricatura, cruel y maligna, pero en cierto modo simpática. A Don Cristóbal, en cambio, no hay quién lo salve. Y si despierta simpatías, es porque todos los títeres, por siniestros e impresentables que sean, acaban recabando nuestra gracia e indulto: su exagerada caricaturización nos provoca la carcajada. Así ocurre con la sátira de lo hiperbólico y lo grotesco. ¿No es acaso el impresentable personaje de Torrente inventado por Santiago Segura una especie de moderno Polichinela tan inmundo como popular y querido lo es por su público? O como el Ubú de Jarry, este egoico psicópata e insufrible.
Continúa Cañas exponiendo su teoría del Don Cristóbal:
(Federico García Lorca)
- Fíjate en el Polichinela de Lorca: según la genealogía del personaje que nos presenta el poeta en el prólogo al “Retablillo de Don Cristóbal”, éste es un don nadie que se hace rico tras hacerse pasar por médico y quedarse con el dinero del enfermo tras dejarlo patitieso. A partir de aquí, sus maldades y ruindades son un cúmulo que no se detiene hasta que el mismo Polichinela acaba reventando…. Y no cabe duda que Lorca se inspiró en la tradición popular del personaje, aunque él luego le diera forma propia.
Tiene razón Cañas. Y lo curioso del caso es que a pesar de tanta maldad, el mismo Lorca emplee expresiones de simpatía hacia el personaje, como si por el hecho de ser un títere, fuera normal extralimitarse en las pasiones y los deseos más deleznables. Pero el poeta, en boca del Director, sólo tiene dulces palabras para su personaje: “Las malas palabras adquieren ingenuidad y frescura dichas por muñecos que miman el encanto de esta viejísima farsa rural. Llenemos el teatro de espigas frescas, debajo de las cuales vayan palabrotas que luchen en la escena con el tedio y la vulgaridad a que la tenemos condenada, y saludemos hoy en «La Tarumba» a don Cristóbal el andaluz, primo del Bululú gallego y cuñado de la tía Norica, de Cádiz; hermano de Monsieur Guiñol, de París, y tío de don Arlequín, de Bérgamo, como a uno de los personajes donde sigue pura la vieja esencia del teatro.”
Toda una lección de dramaturgia titiritera la que despliega Lorca en sus prólogos y epílogos. Un lenguaje que permite este tipo de personificación teatral capaz de gozar poéticamente de lo grostesco sin rasgarse las vestiduras.
También Valle-Inclán bebió de la misma fuente y tiró del mismo filón, aunque él lo llevara todavía más lejos, creando un género propio, el Esperpento, que establece el recurso a lo grotesco como método básico de deformación y denuncia de la realidad. Y mientras Lorca poetiza lo grotesco, sin eliminarlo pero con el cariño de su visión dulce e inspirada, Valle-Inclán lo exagera hasta el absurdo y el disparate, sin jamás perder su carga tenebrosa y profudamente dramática.
Pero volvamos a Cañas y a su teoría del Don Cristóbal:

(Jacinto Benavente)
- No sólo Lorca recurre a Polichinela. El personaje, tal como yo lo veo, aparece en muchas obras importantes del teatro español. De entrada, en “Los intereses creados”, de Jacinto Benavente, estrenada precisamente en el Teatro Lara en 1907, aquí al lado.
En efecto, el Teatro Lara se encuentra en la Carretera Baja de San Pablo, muy cerca de la calle San Roque dónde nos encontramos. Allí se estrenó “Los intereses creados” en el año 1907, con tal éxito que al acabar la representación, Benavente fue llevado en hombros como un torero hasta su domicilio.
- En “Los intereses creados” de Jacinto Benavente –continúa Cañas–, Polichinela es un viejo truhán convertido en el hombre más rico de la ciudad y padre de la hermosa Silvia, a la que se verá obligado a ceder atrapado por las redes del pícaro Crispín. Parece haberse inspirado aquí el autor en el Polichinelle francés, personaje comodín capaz de encarnar los papeles más ruínes y grotescos, y al que Benavente no tiene reparos en identificar con la típica figura española del viejo nuevo rico, padre en este caso de una hija hermosa y enamorada, de la que pensaba sacar buena tajada, pero a la que debe renunciar atrapado por la astucia de Crispín y el enamoramiento de los jóvenes Leandro y la misma Silvia.
Muy acertada la observación de Cañas al citar esta obra clave de quién fue flamante autor español y Premio Nobel de Literatura en 1922, quién define “Los intereses creados” como “…una farsa quiñolesca, de asunto disparatado, sin realidad alguna.” Y continúa Benavente diciendo en su prólogo: “Pronto veréis cómo cuanto en ella sucede no pudo suceder nunca, que sus personajes no son ni semejan hombres y mujeres, sino muñecos o fantoches de cartón y trapo, con groseros hilos, visibles a poca luz y al más corto de vista.” Una obra pues de títeres escrita para actores, algo que será una constante en muchos autores.
- Pero no sólo Benavente. También Alejandro Casona en “Cornudo, apaleado y contento” trata el tema del viejo marido al que su mujer engaña con saña, Alfonso Rodríguez Castelao (1886- 1950) lo hace en “Os velhos non deben enamorarse” (estrenada en 1941), y en la zarzuela “Los gavilanes” de Javinto Guerrero con texto de José Ramos Martín, el indiano que regresa rico pretende casarse con la hija de quién fue su amada antes de partir. Un tema, como ves, muy presente en el teatro español, y que los títeres no hacen más que recoger y desarrollar a su manera, es decir, llevándolo a su máxima exageración.
Habría que añadir aquí la obra de Molière “El cornudo imaginario” estrenada en 1660, una afortunada comedia cuya temática llega a Valle-Inclán y a sus “Cuernos de Don Friolera”, obra para nosotros capital para explicar la relación de este autor con la estética de los títeres. Y tantas otras del teatro clásico español, lo que no hace más que reforzar la teoría de Gonzalo Cañas sobre el arraigamiento del personaje de Polichinela en esa tradición secular del viejo rico, grotesco y enamorado.
Una verdadera lección de titiritismo es la que nos regala Cañas con su teoría, a la que humildemente no puedo más que sumarme. Una teoría que nos habla de títeres pero también de psicología y de historia de un país, España, siempre tan dado a las tonalidades oscuras.

(Ramón del Valle-Inclán)
Tocaría hablar ahora de Valle-Inclán y del Bululú, una temática compleja y de un extraordinario interés respecto al asunto despachado aquí. Temática que tocaremos en próximas entregas.

viernes, 11 de marzo de 2011

Días en Madrid: museos y la Pradillo.


(autómata de monos en el Museo Romántico)
Hacía tiempo que no pasaba días largos en Madrid y lo he aprovechado para regodearme visitando algunos museos secundarios que sin embargo me han maravillado. Me estoy refiriendo al Museo Romántico, al Museo Cerralbo y a la Fundación Lázaro Galdiano. Son museos pequeños que no pueden competir con los grandes de la capital pero que tienen en cambio el enorme atractivo de lo singular y de lo esmerado, muy bien pensados además para agasajar al visitante.
Se preguntará el lector qué tienen que ver estos museos con los títeres, centro temático de este blog, y les diré que poco y mucho. En realidad, en ninguno de ellos se exhibe marioneta alguna, aunque sí algún autómata y muchos cuadros, muebles y relojes. Pero lo importante es que nos hablan de Madrid con enfoques que permiten acercarnos a sus distintas épocas y que constituyen la suma del Madrid de hoy. Incluso el orden mecionado de los museos nos ofrece una diacronía respecto a las épocas de estudio: el romanticismo para empezar, la casa-museo de Enrique de Aguilera y Gamboa (1845-1922), XVII marqués de Cerralbo, aristócrata, miembro activo del partido carlista, coleccionista y arqueólogo, y finalmente, el museo situado en lo que fue también la casa de José Lázaro Galdiano (1862- 1947), financiero, mecenas, editor, bibliófilo y coleccionista de arte español. Como se ve, existe una sucesión temporal en la vida de los creadores de los dos últimos museos, y puede decirse que los tres nos ilustran en profundidad sobre la historia madrileña y española de todo el siglo XIX hasta los inicios del XX. Una época clave para entender el Madrid histórico y más reciente de los títeres.
(una de las salas del Museo Cerralbo)
De los tres, me quedo sobretodo con los dos primeros, simplemente por haber respetado sus interiores palaciegos así como parte del mobiliario, aunque a veces éste proceda de otros lugares. La casa de Lázaro Galdiano ha sido en cambio completamente remodelada para convertirse en “museo de verdad”, es decir, sin acumulación de obras y con un criterio de exposición digamos “museístico moderno”. Supongo que la razón es la importancia de algunas de las piezas recogidas por este extraordinario coleccionista, con varios Goyas, un par de Boscos, Zurbaranes, Grecos y otras pinturas y objetos de altísimo valor. Pero a pesar de ello, me quedo con la menos “museística” versión de los dos primeros, sobretodo con la casa del Marqués de Cerralbo, cuyo piso superior se ha dejado tal como lo dejó Don Enrique de Aguilera, y que tanto nos dice de su época. La acumulación aquí es total y absoluta, para muchos seguramente exagerada, no para mi, pues me encantan estos museos estrafalarios y anodinos. Todas las habitaciones del piso superior de la casa Cerralbo son una maravilla y lo sorprendente es que entre tantos artilugios, armas, relojes, muebles, esculturas y objetos de todo tipo, no haya ninguna marioneta. Los relojes funcionan todos y es emocionante esperar que dén las horas, pues de pronto todo el museo se pone a sonar con timbres y ritmos insospechados y a cuál más diferente y original. Los mismos empleados del museo, amables y educados, parecen estar impregnados del encanto del lugar y sorprende su solícita actitud, muy inclinados a responder a cuantas preguntas se nos ocurra hacer.

(biombo, Museo Romántico)
El Museo Romántico, situado en el número 13 de la calle San Mateo, ocupa un precioso edificio construído en 1776 por el arquitecto Manuel Rodríguez. Su fundador fue Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II Marqués de la Vega-Inclán (1858-1942), quién cedió una importante colección de cuadros, muebles y objetos de su propiedad, anticipo de lo que sería el futuro museo. En seguida se le añadieron otras colecciones, como los dos cuadros de Alenza donados por el Marqués de Cerralbo u objetos pertenecientes a grandes literatos como Mariano José de Larra, José de Zorrilla, o Juan Ramón Jiménez. Interesante saber que intelectuales de la talla de José Ortega y Gasset, Francisco Sánchez Cantón o el Marqués de Lozoya tuvieron un gran interés en el mismo. Igualmente, durante la Guerra Civil fue su director Rafael Albertí. Lo bueno del museo es que siempre quiso enfatizar su condición de Casa-Museo, lo que lo hace hoy tan interesante. A subrayar que la reciente restauración que ha sufrido (estuvo cerrado de 2001 a 2009) no parece haber menguado su interés, como tantas veces sucede cuando se modernizan este tipo de museos antiguos.

(detalle del biombo del Museo Romántico)

Del Museo Romántico todo es destacable, pero para el interesado en el tema titiritero, le recomendaría visitar la sala de juguetes, con algunos autómatas y distintas figuras para el recreo infantil; una maqueta del museo visto desde fuera y por cuyas ventanas pueden verse los interiores con curiosas animaciones resueltas visualmente con proyección de video en cristales invisibles; y, por último, un extraordinario biombo decorado con transparencias animadas manualmente por detrás.

Visita a la Sala Pradillo y al “Circo Submarino” de Onírica Mecánica.

(Juan Muñoz en la Sala Pradillo)
Conozco a Juan Muñoz, fundador de La tartana y director de la Sala Pradillo, desde el año 1977. Fuímos colegas en la Coordinadora de Salas Alternativas cuando el Teatro Malic existía, y desde entonces guardamos una buena amistad. En 2009, sin ir más lejos, presenté en la Pradillo la versión castellana de mi libro “Malic, la Aventura de los Títeres”. Se entiende que al venir a Madrid, intente ver qué se cuece por la Pradillo y charlar de paso un rato con Juan Muñoz.
Supe así de la realidad actual de las Salas Alternativas en Madrid, a muchas leguas de cómo estaban hace lustros (en una época entonces de difíciles supervivencias) pero aún así no desprovistas de problemas, como es propio que ocurra en este tipo de negocios poco dados al beneficio económico. Desde el punto de vista artístico, La Pradillo se ha centrado últimamente en la danza y en el teatro de marionetas, con una excelente política de nuevas producciones de la compañía La Tartana. Vi uno de sus últimos espectáculos en Barcelona hace un par de años y me he quedado con las ganas de conocer su última obra, “Monstruos en la Maleta”. Lo que sí pude ver es una representación de “Circo Submarino” de la madrilena compañía Onírica Mecánica, programada dentro del Festival Teatralia precisamente en La Pradillo.

(imagen de la escenografía de Circo Submarino)
La interesante propuesta, escrita, dirigida e interpretada por Jesús Nieto al que le acompaña en el escenario Sergio García, destaca por la rica escenografía construída por el colectivo Ferroluar, del que vi unos magníficos trabajos en la misma Sala Pradillo hace un par de años (ver artículo). Los catalanes Raúl Martínez y Tony Martínez, artífices de Ferroluar, han creado para Onírica Mecánica una singular pista de circo para una época “post-civilizada” de la humanidad. En él se muestran los ejemplares decadentes de una especie, la nuestra, que ha sucumbida arrastrada por las ansias ciegas de velocidad, por sus desmesuradas ambiciones y por una insensibilidad y cerrazón que culminan en el número extraordinario del “hombre hielo”: tanta frialdad había en su corazón, que acabó envuelto en un bloque de hielo.
La escenografía recrea un mundo frío y mecanizado habitable sólo por personajes tales como “la mujer Nada” encarnada en una piedra, por malabaristas de palabras, ladrones de aire, hombres pulga o el ya citado “hombre hielo”. Un teatro de objetos muy bien tratado por Jesús Nieto, buen conocedor de este tipo de lenguaje, y del que su compañía hace un uso excelente. El texto, trufado de intervenciones que quieren denunciar el vacío de nuestra existencia, nos traslada a un espacio apocalíptico y submarino, allí dónde yace sepultada la extinguida civilización humana. El público, que llenaba a rebosar la sala, aplaudió con fuerza al acabar la función y se llevó de recuerdo un trozo del verdadero y gélido bloque de hielo que envolvía a uno de los personajes, al que Sergio García liberó a golpes de martillo y cincel en uno de los momentos más bellos de la obra.

martes, 8 de marzo de 2011

Títeres en Madrid

(imagen de Félix Manlleu. Sacada del artículo de Adolfo Ayuso "Félix Manlleu: Domador de Leones y Hombre del Guiñol", publicado en Fantoche nº2, 2008)

Mis Rutas de Polichinela me han llevado en esta ocasión a Madrid, aprovechando mis actuaciones en el Festival Teatralia. En efecto, actué el pasado fin de semana en La Casa Encendida -maravilloso lugar, por cierto, con un público que llenó los dos días la sala y unos técnicos y encargados que me hicieron sentir como en casa-, y el próximo lo haré en Torrelaguna y Alcorcón. Luego el siguiente fin de semana tocará Hoyo de Manzanares y San Sebastiá de los Reyes. Para más información sobre Teatralia, pulsar aquí.

Madrid cuenta con largas tradiciones titiriteras, que se remontan al Siglo de Oro y que encontramos durante los siglos posteriores (para su estudio, ver el ya canónico libro de J.E.Varey "Los títeres y otras diversiones populares de Madrid: 1758-1840. Estudio y Documentos"). A finales del XIX y primera mitad del XX, Madrid vive la misma explosión titiritera que existió en toda Europa, y que se caracterizó por la presencia de numerosas compañías de titiriteros que recorrían los pueblos y las ciudades españolas. Son el tipo de compañías que existían también en Portugal y de las que se conservan unas buenas colecciones de títeres y de imágenes fotográficas, todas ellas visibles en el Museu da Marioneta de Lisboa.

Existen pocos estudios de esta época, y los interesados estamos esperando en candeletas la aparición del anunciado volumen sobre la Historia de los Títeres en España de Adolfo Ayuso, que por lo visto se halla ya muy avanzado. De este médico, estudioso y autor de textos para títeres, habría que destacar el artículo publicado en la revista Fantoche nº2 (2008) de Unima Federación España "Félix Manlleu: Domador de Leones y Hombre del Guiñol", dónde se explica cómo este insólito personaje que fue Don Félix Manlleu, pasó de ser domador de leones a ser titiritero, figura habitual en el Paseo de los Rosales y también en el Parque del Retiro. Manlleu fue el titiritero que Buñuel y García Lorca llevaron a la Residencia de Estudiantes en el año 1922 y que tanto influyó en la visión teatral de ambos artistas. De capital importancia en este asunto es la conferencia que dio Buñuel sobre Teatro de Títeres en la Residencia de Estudiantes (conferencia publicada en el libro "Recordando a Luis Buñuel", de Pedro Christian García Buñuel, DPZ y Ayuntamiento de Zaragoza. Zaragoza, 1985). Quién esté interesado en la figura de Manlleu, le recomienda lea el citado artículo de Adolfo Ayuso publicado en Fantoche.

Manlleu, granadino de nacimiento, aprendió por lo visto a hacer títeres de niño, seguramente enrolado en alguna de las compañías que representaban Don cristóbal por Andalucía. Cuando su estrella de domador languideció, tuvo que recurrir a los títeres para ganarse el sustento. Dado el interés que despertó en los jóvenes intelectuales de la época, debería destacar por su buena técnica y por presentar un repertorio clásico y tradicional de Don Cristóbal. Se sabe poco del mismo, pero sí que utilizaba lengüeta, que tenía cinco personajes femeninos y que el diablo era otro de los personajes habituales (fuente: artículo citado de Adolfo Ayuso).

(portada del libro de Francisco Porras "Titelles, Teatro Popular")
Pero el Madrid titiritero llega a la segunda mitad del sigle XX con un buen acopio de titiriteros que en los difíciles años de la posguerra siguen llevando sus retablos por la ciudad, y muy especialmente al Parque del Buen Retiro. Hay que mencionar aquí a Talio, a Don Redondón (que luego fue a México y cuyo hijo, Víctor Torres, prosiguió ya en Madrid su carrera de titiritero), y al inefable Porras, también conocido por "El Titiritero del Retiro", excéntrico y ególatra, y uno de los personajes titiriteros fundamentales de los setenta y los ochenta en Madrid. Sus libros, resultado de una entrega apasionada a su vocación investigadora, siguen siendo un referente obligado sobre muchos de los temas aquí tratados.

Puede decirse que en esta segunda mitad del siglo XX, la actividad titiritera en la capital es desbordante y ha dado un sinfín de nuevas compañías de mucho interés. Además del Teatrillo del Retiro, habría que mencionar a la Sala Pradillo fundada por la Tartana y que hoy dirige Juan Muñoz.

De todas estas realidades voy a indagar, charlando con unos y con otros, recogiendo anécdotas, datos e imágenes de interés.