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martes, 9 de enero de 2018

La exposición Rutas de Polichinela se traslada a Cordenons, Italia, con el nombre de Le Strade di Pulcinella. II Parte. Pirù y los personajes de nueva creación. Polichinela, mito polimorfo europeo

Continuamos con la exposición presentada en Italia (tuvo lugar del 21 de enero al 28 de febrero de 2017), en la localidad de Cordenans, en la región de Friuli, al norte de Venecia, titulada 'Le Strade di Pulcinella'. Dedicada a la naturaleza polimórfica de la máscara de Pulcinella, que ya desde el siglo XVI vivió una expansión por toda Europa, generando nuevos rostros con nombres y formas distintas en cada lugar, como si los principios de libertad individual y de euforia vitalista despertados por el Renacimiento necesitaran a estos pequeños embajadores para expandirse por el pueblo llano.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Pantalone. Títere de Gigio Brunello. Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.

Se dio voz así a los anhelos que los avances en la libertad de pensamiento y en la ciencia despertaron en toda Europa. Como dijimos en el anterior artículo (ver aquí), el siglo XIX propició el surgimiento de nuevas generaciones de personajes y de héroes polichinescos, identificados muchas veces con las naciones que entonces emergieron como expresión de las nuevas formas burguesas de organizar las identidades. Cada personaje llegó a representar a su nación y a identificarse con ella, asumiendo algunas de sus características más notables, aunque se mantuvo fijo el espíritu libertario que subyace a todos ellos, con los obligados matices diferenciales. En realidad, una de las principales razones de esta fidelidad ácrata a sus orígenes es la marginalidad en la que estos personajes se movieron, en entornos callejeros de barrios pobres y humildes (algo propio especialmente en las sociedades del norte europeo, como ilustran los personajes de Punch, Jan Klaassen, Mester Jakel, Kasperl, Petrushka...).

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Sganapino. Títere de Romano Danielli, Bolonia. Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.

Ver a todos estos personajes con tan buen aspecto y tan bien colocados en la exposición presentada en Cordenons, podría hacernos olvidar estas realidades complejas insertas en la dramática historia europea. Vale la pena por ello mirarlos de cara y de través, pues una mirada oblicua quizás nos permita sentir las pulsaciones vitales que subyacen en estos rostros demacrados algunos, exagerados casi todos. Importancia de los mapas. Muy importantes son los mapas en esta exposición. Sitúan al conjunto, dan un contexto geográfico a los personajes, y establecen la dimensión europea de sus diferencias y de sus semejanzas.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.

Hay dos: un mapa europeo para situar los nombres de las principales tradiciones en el contexto adecuado de esta necesaria visión de conjunto, y un mapa de Italia donde se muestra la extraordinaria riqueza de personajes que existen en el país donde se desarrolló el Renacimiento y en el que nació Pulcinella y la Comedia del Arte.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.


Podría decirse que en relación a los títeres y a la pluralidad de nombres y héroes populares, Italia constituye una verdadera reserva natural de los mismos. No existe en Europa ningún otro lugar con semejantes características. Un paraíso para alguien interesado en estas manifestaciones del espíritu humano. Se exhiben igualmente en Cordenons algunas máscaras de reciente creación, obra de titiriteros algunos en activo. Un asunto muy interesante, al plantear el tema de cómo surgen y nacen este tipo de personajes, fruto siempre de iniciativas individuales, Hay quien plantea si esta irrupción del nuevo individualismo neoliberal hoy imperante, capaz de normalizar el delirio hiperbólico de enriquecimiento de las élites en progresión geométrica, y que ya se ha sacado de encima las armaduras de las naciones gracias al envite globalizador, no provocará el nacimiento de nuevas generaciones de personajes y de héroes populares. Algo que sin duda ya ha sucedido en el mundo de los cómics, de las literaturas populares de ficción y fantasía, y en el cine de masas. Uno de los casos de personaje nuevo de la tradición -un oxímoron como una casa, ciertamente- es Pirù, creado por Walter Broggini, comisario de la exposición y desde siempre muy atento a estas temáticas. 'Demoni e denari', una historia de Pirù, de Walter Broggini. Muy interesante fue asistir al espectáculo que presentó Walter Broggini, en calidad de titiritero solista, con el título de 'Demonio e denari', es decir, 'Demonio y dineros', una comedia que tiene a Pirù como personaje principal, con un argumento basado en el rapto de Euridice y el viaje de Orfeo a los infiernos, al que se da la vuelta con situaciones que desmontan a los personajes y los llevan a la comedia del absurdo y de los equívocos, para despertar la carcajada, la intriga y la sorpresa de los desenlaces.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons, Pirù, Walter Broggini
Walter Broggini prepara la pipa de fuego.


Quien baja a los infiernos a buscar a la heroína es, por descontado, Pirù, pues el verdadero Orfeo, un aristócrata decadente, lo único que quiere es deshacerse de su mujer, la supuesta Euridice, que ronca y a la que sólo soporta por su dinero. El Diablo cumple con su cometido, y quién acaba en las correspondientes calderas de Pedro Botero es el falso Orfeo, de escasa catadura moral. Broggini maneja sus títeres con holgado oficio y con voces espléndidas y seguras. El demonio aparece con una espectacular llamarada, fruto del buen uso de una contundente pipa de fuego, de las más potentes que jamás haya visto, y los escenarios están marcados por simples objetos indicadores, lo que da pie a poder jugar con ellos. El titiritero controla con maestría los tiempos y atrapa a los espectadores de inmediato, bien provisto de los correspondientes golpes de efecto y con un texto trufado de gags y de ironías. Texto muy bien urdido de quien conoce la escritura de los antiguos 'copiones'.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons, Pirù, Walter Broggini
Pirù, Varese. Títere de Walter Broggini.
Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.


Un capítulo aparte merece el personaje de Pirù, nacido en 1987 de la mano de Walter Broggini, decidido a disponer de un héroe que fuera propio de la región de Varese, de donde es oriundo. Dotado de una presencia fuerte y exótica, aparece con unos rasgos pintados en la cara de rayas y manchas de colores, una inquietante máscara pegada a la piel que lo convierte en alguien difícil de definir. Por un lado participa de las características del clown, pues todo su rostro está pintado o maquillado un poco a la manera de los payasos, pero en todo caso es un clown exótico y algo punky. Su cara quizás sonríe, pero su mirada más bien le da un tono de furia contenida, expresando alguna rabia interior que se le escapa por los pelos tiesos de la cabeza. Lo que suaviza al personaje es el vestido compuesto de cuadrados de colores pastel, a la manera de un patchwork de tonalidades que podríamos definir 'escandinavas', algo que siempre tranquiliza al público europeo. Un personaje, en definitiva, ambiguo y complejo, pletórico de vida y dotado de una mirada de ojos oscuros y potentes. Decidido y valiente, amante de las aventuras y con rasgos comunes a los personajes principales de la tradición, pero de procedencia aparentemente desconocida, por muy de Varese que sea, como si su creador hubiera querido remarcar la ambigüedad de sus orígenes. Un héroe, pues, muy de nuestro tiempo, fiel reflejo de las incertidumbres actuales, inquietante, 'diferente' e indefinido. Creo que en estas características radica el interés y la fuerza del personaje de Pirù, propio de alguien que se enfrenta al oficio en solitario, con un pie en la tradición y el otro en tierras movedizas y desconocidas, algo en cierto modo connatural al arte moderno de los títeres, condenados como estamos los titiriteros a reinventar lo conocido para ir siempre más allá de la tradición, pero sabiendo que el oficio nos obliga a separar los dos ojos, uno mirando hacia atrás, el otro hacia las nieblas del futuro.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons, Pirù, Walter Broggini
Walter Broggini con Pirù. Fotografia de Fabio Sacaramucci.


El público premió al artista con fuertes aplausos, y los niños acudieron todos para tocar, hablar y fotografiarse con Pirù, como si les hubiera tocado alguna fibra interior desconocida por los adultos. Máscaras consolidadas de nueva creación. Junto a Pirù, aparecen en la exposición otros personajes de nueva creación que con los años se han visto consolidados al afirmarse en su arraigada presencia a través del tiempo y del espacio. Uno de ellos es Areste Paganos, obra de la titiritera sarda Donatella Pau, y al que pone voz Tonino Murro, ambos de la compañía Is Mascareddas, de Cagliari. Creado en 1992, aparece por primera vez en el espectáculo 'Areste Paganos e la farina del diavolo'. Su origen es asaz particular, al ser fruto de un coito mitológico: el del Diablo con Pulcinella. Se recoge aquí la leyenda del huevo puesto por el héroe napolitano, tras quedar embarazado de sí mismo, a la que Is Mascareddas añaden la intervención fecundadora del aliento infernal. Pulcinella queda embarazado y del parto sale Areste.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Areste Paganos, Cerdeña. Títere de Donatella Pau, compañía Is Mascareddas. Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.


Areste Paganos tiene un cierto aire animalístico, como si su cercanía con la famosa 'pécora' sarda (la oveja) le hubiera marcado los rasgos de la cara y del carácter: tozudo masticador, valiente explorador y orgullosamente humilde. Lleva una hermosa máscara que se adapta a la forma alargada del rostro.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Testaferino, Torino. Títere de Gualberto Niemen.
Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.


Testafina es una máscara creada por el titiritero de Torino Gualberto Niemen (1905-2003) que siempre acompaña, en sus obras, a Gianduja, el héroe propio de la región piamontesa.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Bargnocla, Parma. Títere de Italo Ferrari.
Exposición 'Le Strade di Pulcinella', Centro Aldo Moro, Cordenons.


También es obra de un único titiritero el personaje de Bargnocla, de Parma, nacido en 1914 de la mano del famoso titiritero Italo Ferrari, iniciador de la saga de los Ferrari, cuyas obras están hoy en el Museo 'Castello dei Burattini' de Parma. Se caracteriza por su enorme verruga en la frente, una constante en muchos de los héroes nacidos en el s.XIX -a modo de las verrugas de Arlecchino, herencia de sus orígenes diabólicos-.

Charla en el Aldo Moro. Polichinela, mito polimorfo europeo.
El lunes 23 de enero, tuvo lugar una charla en la sala noble del Centro Aldo Moro preparada por Walter Broggini y Toni Rumbau, en la que fui contestando las preguntas que con anterioridad habíamos pactado con Walter, buscando la amenidad de la doble voz para tratar de este modo los temas de la exposición.

Exposición Le Strade di Pulcinella, Cordenons
Walter Broggini y Toni Rumbau. Foto de Fabio Sacaramucci.


Lo más interesante de lo que surgió en nuestro diálogo fue constatar la gran dimensión europea del arquetipo de Polichinela, un principio de exaltación vitalista y libertaria que encontramos en prácticamente todas las culturas y países, y que se expresa con figuraciones distintas en cada caso. Pulcinella, nacido en Nápoles durante la época del Renacimiento, es el punto de partida: recorre Europa y en cada ciudad sufre transformaciones. Allí le crece la nariz, los de más allá lo hacen rico o mísero, feliz o desgraciado, algunos le ponen sombrero y otros se lo sacan, le dejan crecer barba o bigote, le excitan la ira, la gula o la lascivia, y todos lo hacen hablar con la lengua propia de cada ciudad. Y allá donde Polichinela no llega, surgen otros personajes que comulgan con su misma psicología.

Títeres de Paz Tatay
Títeres de Paz Tatay.


Nápoles tuvo a Pulcinella, París a Polichinelle, Londres a Punch, las ciudades alemanas a Kasperl o Kaspar, Moscú y San Peterburgo a Petrushka, Copenhague a Mester Jakel, Amsterdam a Jan Klaassen, Budapest a Vitez Lazlo, Bucarest a Vasilache, Praga a Kasparec, Lyon a Guignol, Turín a Gianduja, Bérgamo a Gioppino, Estambul a Karagöz, Cairo a Aragosi, Barcelona a Titella, Madrid a Don Cristóbal Polichinela, por sólo citar a los más conocidos. Todos diferentes, pero todos provistos de un mismo espíritu que oscila entre la rebeldía, la euforia libertaria, el individualismo desenfrenado, la palabra ocurrente y una inteligencia ingeniosa.

Pulcinella, Irene Vecchia
Pulcinella de Irene Vecchia.


Un arquetipo común a las distintas culturas europeas, del norte y del sur, del este y del oeste, y a ambas ribas del Mediterráneo. Podríamos por ello definir al personaje como un pequeño mito efímero, laico y popular, como si Polichinela fuera una especie de pequeño dios polimorfo que cambia de rostro y rasgos en cada lugar, amante de la burla y que sabe reírse de sí mismo. ¿Podemos acaso encontrar algo más europeo que Polichinela, una figura que nos representa en nuestra variedad, en nuestro humor y en nuestra capacidad de observarnos con desenfado a nosotros mismos?

Pulcinella nace del huevo, Museo di Pulcinella, Acerra
Pulcinella sale del huevo. Museo di Pulcinella de Acerra.


La condición de pequeño semidiós que le otorga la tradición napolitana basada en el hecho de que nace de un huevo puesto por él mismo, acentúa este carácter de mito originario y primigenio, esencialmente libre y creador, características que definen los arcanos más profundos de la Europa creadora que ha aportado al mundo los principios fundacionales de la libertad individual. Consideraciones de suma importancia en el contexto de la Europa actual, aquejada de fuerzas centrífugas y de fragmentación, y muy necesitada por ello de figuras, mitos y arquetipos capaces de juntar la variedad de las formas con un mínimo común denominador de peso. Es decir, percibir y reconocer que en la diferencia de lo que separa se esconde la fuerza de lo que une. El mito polimorfo de Polichinela cumple con esta función, y la exposición que se presenta estos días en Cordenons lo explica de un modo claro, visible y poético.

domingo, 5 de febrero de 2017

La exposición Rutas de Polichinela se traslada a Cordenons, Italia, con el nombre de Le Strade di Pulcinella. I Parte.

Con el nombre de Le Strade di Pulcinella se presenta del 21 de enero al 28 de febrero de 2017, en el Centro Cultural Aldo Moro de Cordenons (región de Friuli, en el noreste de Italia), sede de la compañía Orteatro, una exposición sobre los personajes europeos de la familia polichinesca realizada a partir de la que ya se hizo en el TOPIC de Tolosa con el nombre de Rutas de Polichinela (ver aquí), basada en el libro homónimo escrito por Toni Rumbau (ver aquí). En efecto, como complemento a las piezas que provienen de Tolosa, se exponen otros muchos títeres que muestran la extraordinaria variedad de personajes -o 'máscaras' como se les llama aquí - existentes en Italia.


Polichinelle. Museo del TOPIC de Tolosa.
De alguna manera se repite la misma operación que ya se hizo en Portugal, cuando la exposición 'Rotas de Polichinelo' fue presentada en el Museu da Marioneta de Lisboa con la aportación extraordinaria de los Robertos sacados de sus fondos (ver aquí). Un trabajo excelente, el realizado por el TOPIC de Tolosa, al desplazar la exposición por otras ciudades y enriquecerse con estas nuevas aportaciones. Cumple de este modo con la lógica y la propia filosofía del proyecto, que no es otra que mostrar cómo las distintas tradiciones titiriteras de Europa hablan el mismo lenguaje y expresan los mismos principios, de modo que los títeres en Europa cumplen con esta paradoja, tan importante y tan necesaria hoy en día, de convertirse en un terreno donde las diferencias, además de separar, unen.
Walter Broggini, con Pirù a la derecha.
El artífice y comisario de la exposición de Cordenons es el titiritero de Varese (provincia al noroeste de la Lombardía) Walter Broggini (ver aquí), inventor él mismo de una de las máscaras de nueva creación más vivas de la región, Pirù. No es la primera exposición comisionada por Broggini en el Centro Aldo Moro con Ortoteatro (ver aquí).  Gracias a una fecunda colaboración artística con el equipo de Cordenons, capitaneado por el actor y director Fabio Scaramucci, Broggini ya presentó en enero de 2013 la exposición 'Burattini. Il teatro della meraviglia' que mostró una visión genérica del mundo del teatro de marionetas, y en enero de 2015, 'De Arlecchino a Cipì', una exposición en la que se hacía un recorrido desde los títeres de la tradición hasta el teatro de los años 50-70, con una atención particular a figuras como Maria Signorelli, Otello Sarzi, Tinin y Velia Mantegazza, y Lele Luzzati, nombres todos ellos fundamentales para entender el actual teatro de figuras en Italia.

Tartaglia, máscara de Verona. Fondo de Luigi Cristini, realizado por Enrico Manzoni (Bérgamo).
En la idea de crear esta exposición,  tuvo un papel importante Bruno Ghislandi, de Bérgamo, cuando los tres coincidimos en esta ciudad en octubre de 2014, en unos encuentros organizados por Ghislandi alrededor de la figura de Gioppino, la máscara más profundamente bergamasca, y las distintas personas que todavía lo practican (ver aquí). Ghislandi ha sido, por otra parte, el suministrador de una buena parte de los títeres italianos que se han mostrado en las exposiciones tanto de Tolosa, Lisboa y Madrid, como ahora en Cordenons.

Gioppino, de Pietro Roncelli, Bérgamo.
Lo bueno de estas exposiciones realizadas por Broggini y Ortoteatro es que se complementan con un intenso programa de actuaciones, talleres, visitas comentadas, encuentros y conferencias, de modo que los dos meses de duración de la misma se convierten en una especie de festival centrado en la temática de la exposición, lo que dispara su interés y garantiza una afluencia de público siempre muy alta.
Romano Danielle y Walter Broggini comentan la exposición.
En el caso presente, hubo una representación inaugural a cargo del gran maestro titiritero de Bolonia Romano Danielli, uno de los grandes que continúa manteniendo vivo el teatro de la tradición, y a los dos días estaba invitado yo mismo a realizar una conferencia junto a Walter Broggini sobre el tema de la exposición. A su vez, está previsto que actúen en el Aldo Moro las compañías de la Casa di Pulcinella di Bari, I Pupi di Stac de Florencia, Nata Teatro de Arezzo, Tieffeu de Perugia, Eugenio Navarro de La Puntual con Rutinas y el personaje de Malic, de Barcelona, así como las compañías de Walter Broggini, la ya citada de Romano Danielli, y Ortoteatro.

En cuanto a los Encuentros, el 3 de febrero está previsto el acto 'Maestri burattini, allievo Arlecchino', un encuentro entre la actriz especialista en Comedia del Arte Claudia Contin Arlecchino (ver aquí) y el estudioso e historiador Remo Melloni, director científico del Museo 'Il Castello dei Burattini', de Parma (ver aquí).

También para las escuelas hay un programa específico centrado en la temática de la exposición.

'La prova del coraggio', con Romano Danielli y Mattia Zecchi. Los nuevos personajes de la tradición italiana.

De Bolonia vino el gran maestro Romano Danielli junto al joven Mattia Zecchi, mano derecha del veterano titiritero y uno de los nuevos valores al alza de los que trabajan la tradición hoy en Italia. Actuó en la hermosa Sala de Conferencias, con banderas de muchos colores en ambos lados de la sala pertenecientes a las distintas corporaciones del lugar, y con nobles asientos de madera para los consejeros de la ciudad cuando se reúnen allí, lo que dio a la función un halo de entrañable relieve protocolario, el que se asocia a los eventos más llanos de la representación popular.


Fabio Scaramucci presenta el espectáculo de Romano Danielli.
Con un retablo de madera al viejo estilo, con telón, decorados que suben y bajan, atril incorporado para poner el texto o 'copione', como se dice en italiano, y una técnica muy sencilla consistente en dos simples micrófonos y un pequeño equipo de sonido para poner de vez en cuando, en los cambios de decorado especialmente, una música grabada de acompañamiento, los dos titiriteros, sénior y júnior, perfectamente acoplados ambos en las voces y en los mutuos apoyos, hicieron gala de un oficio de los de alto vuelo.

En la boca del teatrillo de Danielli y Zecchi, confluían siglos de práctica y de escritura para títeres, en una tradición como la italiana que se remonta al filón de la Comedia del Arte, siempre con alguna de las máscaras de la primera época (Brighela, Balanzone y Pantalón en este caso) pero sobretodo con las nuevas que surgen básicamente a principios del XIX.

Telón del retablo del maestro Romano Danielli, con las principales máscaras de su teatro: Balanzone, Brighella, Sandrone, Sganapino, Arlecchino, Colombina y Fagiolino.
Conviene detenerse aquí un momento para indicar cómo estos personajes nacen, en efecto, al prohibir Napoleón en la Italia del norte las máscaras de los actores al ser consideradas como una práctica execrable propia del Antiguo Régimen. Acorralada por la Historia, la Comedia del Arte encuentra cobijo en los teatros de títeres, que pueden seguir representando a los viejos personajes, pues la máscara en un muñeco no oculta su alma, al identificarse ésta con su apariencia. Así replegado el viejo Mestiere, la vitalidad de los actores de la Comedia del Arte, ante esa nueva situación que permite multiplicar a los actores sin necesidad de ampliar la compañía, les empuja a inventar nuevos personajes, que aparecen la mayoría sin máscara en el rostro (a pesar de que se les siga llamando 'máscaras', tan arraigado estaba este tipo de teatro en el pueblo).

Algunos de los títeres de Romano Danielli, con Fagiolino en primer plano.
Se trata de esta segunda oleada de personajes que sucede a la primera del Renacimiento, cuando se establecen los nombres principales que el Barroco cultivará y estirará hacia los excesos. Coincide esta segunda ola con el triunfo de las ideas ilustradas, con la Revolución Francesa, con la expansión Napoleónica y con las grandes revoluciones burguesas del XIX, cuando se impone el nuevo individualismo ya liberado de las ataduras de la Iglesia y del régimen aristocrático, aunque bien integrado por estas nuevas armaduras colectivas, las naciones, que generan el entusiasmo de unos nuevos marcos de identidad a los pueblos europeos. Un entusiasmo que el romanticismo y el optimismo burgués elevarán hacia los nacionalismos, ese veneno que acabará corroyendo la sociedad de Europa para conducirla al desastre de sus dos guerras civiles.

Baciccia della Radiccia, de Génova. Marioneta de hilo de la Primera Compañía Marionetística Pallavicini, de Novi Ligure. Obra de Luigi Ajmino, Genova. Exposición 'Strade di Pulcinella'.
Un caso curioso son las ciudades italianas del norte, muchas de ellas libres o integradas en pequeñas y laxas unidades políticas, lo que permite que las colectividades locales tengan la suficiente autonomía para proyectar sus deseos de afirmación y de singularidad cada una en personajes diferentes, una prolija atomización que no sucede con tanta alegría en los demás países de Europa, sobre todo en los mayores, atrapadas ya sus poblaciones en estados grandes y poderosos, y por ello, con capacidad menor de proyectar rostros distintos en los teatrillos de títeres.

Meneghino, máscara de Milán. Títere de Benedetto Ravasio, construido por Minutoli, Bérgamo. Exposición 'Strade di Pulcinella'.

Nacen en Italia los nombres de Gianduja en Torino, de Gioppino en Bérgamo, de Meneghino en Milán, de Pampalughino y Tascone en Tortona, de Fagiolino y Sganapino en Bolonia, de Tartaglia y Facanapa en Verona, de Sandrone en Modena, de Baciccia en Genova, de Peppe Nappa en Catania, y aún muchos otros personajes secundarios que complementan a los principales.

Dottor Balanzone, máscara de Bolonia. Títere de Romano Danielli. Exposición 'Strade di Pulcinella'.
Una creatividad popular que sólo puede explicarse por el enorme peso de la tradición local de la Comedia del Arte y sus personajes principales, a los que Goldoni supo darles un empujón hacia la modernidad, abriendo nuevas vías de desarrollo a las comedias de máscaras.

Esta riqueza local se halla presente en la exposición de Cordonons, gracias a la ampliación italiana realizada por Walter Broggini, y la pudimos ver viva en el espectáculo de Romano Danielli y Mattia Zecchi.



El maestro de Bolonia sacó a algunos de sus personajes favoritos, como el sexteto protagonista Fagiolino, Dottor Balanzone, Pantalone, Brighela, Sganapino y Sandrone, que deberán enfrentarse a dos bandidos de rostros tremebundos, el malo malo y el malo simple objeto de burla. Hilarante la escena de equívocos y enredos basados en el hambre entre Fagiolino y Sganapino disfrazado de Muerte, que  conducirá al final feliz de los dos bandidos que salen escarmentados de la escena.

Romano Danielli y Mattia Zecchi en plena función, con Dottor Balanzone y Sandrone.
La representación fue muy ilustrativa para entender el lenguaje de la comedia con sus máscaras habituales, ya que en la obra presentada salían las mayoría de los personajes más importantes dentro de la tradición boloñesa. Un placer ver al señor Danielli lidiar con sus títeres, todos de madera tallada y algunos de un peso considerable, sin que la edad del titiritero le privara de la viveza que requiere el argumento.
El Maestro Romano Danielli con Fagiolino, su máscara preferida.
Teatro hablado de mucho texto, si lo comparamos con las formas más coreográficas y musicales del Pulcinella napolitano. Y es que a diferencia de algunas de las tradiciones europeas de los polichinelas de cachiporra, que buscan historias y textos muy sintéticos, el teatro de estas máscaras tardías del norte de Italia mantiene vivo el estilo goldoniano de la Comedia del Arte, con un bonito regodeo de la palabra. Por eso se dice que cuando los actores y directores del siglo XX quisieron recuperar parte del quehacer dramático de la vieja Comedia del Arte, no tuvieron más remedio que recurrir a los teatros de títeres que mantenían aún vivos a los viejos personajes y sus formas de recitar.
Mattia Zecchi con uno de los bandidos de la obra.
Al acabar la actuación del señor Romano Danielli, los presentes pudimos saciarnos dando vueltas por la exposición donde los mismos personajes que habíamos visto en el retablo de los títeres, lucían allí sus rostros y expresiones con aplomada y virtuosa indiferencia. Un verdadero lujo para los que amamos este tipo de cosas, dando saltos al pasado sin salirnos del presente.