Hitomiza Otome Bunraku, Japón.

Nunca había visto esta sofisticada e innovadora modalidad del Bunraku japonés, cuyas vistosas características son: un único manipulador por muñeco, dos narradores y dos músicos (en vez de sólo uno por cada tarea como es habitual) y el hecho singular de que todos los ingredientes, manipuladores, músicos y narradores, son mujeres. Algo que para mi fue una sorpresa total.
Representaron un fragmento de la obra “Yoshitune y los 1000 cerezos en flor”, una maravilla de sutilezas en la expresión interpretativa, con danzas, monólogos, batallas y momentos líricos de alto vuelo. Ver a las instrumentistas y a las dos vocalistas en acción es una de las mayores delicias del espectáculo: de entrada el porte serio y solemne de las intérpretes, casi rígido, pero que al empezar la función, se tensan como cuerdas de violín para dar vida a los instrumentos o a la voz que declaman o cantan con inusitada fuerza expresiva. Hay que tener el oído fino y una abertura amplia de mente para gozar y asimilar esta música que combina tonos y microtonos aleatoriamente según criterios ajenos a nuestro sentido de la afinación, más cercana a determinadas experimentaciones de la música de vanguardia que a la tonalidad clásica. El resultado es una sonoridad narrativa basada en la sutileza y el matiz, más un peculiar sentido del ritmo de subido refinamiento. Rasgos que también definen la acción de las marionetas, en las que la dualidad muñeco-manipuladora se convierte en otro atractivo añadido: ver la correspondencia entre la gestualidad de la marioneta y los movimientos delicados y sutiles de la manipuladora es una auténtica delicia. Al estar el muñeco apoyado en el bajo vientre, sus pies encajados en las piernas, la cabeza sostenida por dos cordeles atados en el moño de la marionetista y las manos sujetas por sus propias manos, se consigue un efecto de desdoblamiento directo y unipersonal provisto de una singular belleza y riqueza de matices, que sumados al juego escénico y a la música, constituyen un extraordinario conjunto orquestado.

Una verdadera sinfonía polifónica de múltiples disciplinas: poesía, pintura (la de los decorados), escultura y vestuario (la de las marionetas y de los intérpretes), caracterización (en los intérpretes sonoros y en las manipuladoras), coreografías y movimientos escénicos, porte y presencia de una dignidad escénica poco vista en el teatro occidental.
Esta modalidad en femenino del Bunraku proviene del maestro Jiboku Hayashi quién en 1920 estableció esta modalidad de un único manipulador, dos narradores y dos músicos, y la singularidad de que todos los intérpretes fueran mujeres –siguiendo una moda de mujeres cantantes muy apreciada por el público de la época. Se formaron tres compañías ante el éxito de la propuesta. La que ha llegado a nuestros días, la Hitomiza Otome Bunraku, procede directamente de la original formación del maestro Jiboku Hayashi, lo que ha garantizado la pureza de la tradición.
Taller del Parc, Cataluña.
Un proceso de liberación del personaje que debe pasar antes por la dura experiencia de la soledad, la marginación, el fracaso y la desesperación. Lo bueno de la obra es el tono de los intérpretes, la calidad de sus voces, el detalle de la manipulación y un ritmo que consigue atrapar al espectador. La compañía no hace más que confirmar el alto nivel de una nueva generación de titiriteras barcelonesas que ha irrumpido con inusitada fuerza en el panorama titiritil catalán y español. Una generación que aúna rigor formal, excelentes dotes interpretativas y ambición en las propuestas. Las del Taller del Parc así lo confirmaron con su logradísimo espectáculo.
Le Lutin Théâtre d’Images, Francia.

Obra dirigida por Gaëlle Boucherit, con escenografía de Jeanluc Parant y Thierry Furet, y una rica banda sonora de Victor Betti, “Línea(s) de Horizonte” investiga los mecanismos interiores de la percepción mediante el desdoblamiento del gesto mismo de la escritura: el trazo como generador de mundos visuales, ritmos, atmósferas e imágenes en movimiento. Con algunos momentos todavía de indefinición y necesitada del correspondiente rodaje, la propuesta resultó un estimulante experimento capaz sin duda de atraer a los que buscan en el teatro otros valores que no sean el mero entretenimiento.
Los Farrés Brothers & Cia, Cataluña.

Jordi Palet y Pep Farrés, con una muy trabajada escenografía de Alfred Casas, recrearon en el escenario el insólito mundo de unos personajes inmersos en un universo de poesía, humor surrealista y abertura al prójimo y a lo ajeno. Dos astrónomos, actuando a modo de clowns cargados de imaginación, recrean una historia entre tierna y delicadamente absurda en la que se ve implicada una familia que vive en la casa de enfrente. La hija, una niña amiga de los astrónomos, intenta en vano que sus padres, absortos en sus egoísmos apoltronados (el uno atrapado por la televisión, y la otra en la contemplación enfermiza de si misma), se acuerden de felicitarla por su aniversario. Intentos fallidos. Sólo los excéntricos astrónomos se acuerdan de la efeméride. Para celebrarlo, deben superar no pocos obstáculos, pero el azar les proporciona la ayuda de un extraterrestre que aterriza en el mismo tejado de la casa familiar. Con este argumento inspirado en Matilda de Roahl Dahl, y en La Ventana Indiscreta Alfred Hitchcook, los Farrés Brothers bordan una historia repleta de delicadeces, con un juego sabrosísimo de las diferentes escalas de los muñecos que se hilvanan con un ritmo impecable y un dominio interpretativo repleto de matices. La obra, de una complejidad envidiable, está magníficamente resuelta por el oficio, el buen hacer titiritero y el dominio clownesco de los Brothers. El público así lo vio también, premiándolos con grandes aplausos.
Libertablas, Argentina.

Con música de Daniel García, el musical transcurrió por sendas de un excelente nivel interpretativo, con voces seguras y afinadas, convincente interpretación y un ritmo escénico que tuvo atrapado al público del Leidor, teatro de una gran capacidad. El estilo es el del musical argentino en la línea “Evita”, y el hacer de Libertablas mostró el gran oficio de esta compañía y sus tablas impresionantes, fruto sin duda del inmenso trabajo que realizan por tierras argentinas, con profusión de espectáculos y de representaciones para todo tipo de público. Salvando con sumo acierto los escollos sentimentaloides que suelen aquejar a este tipo de musicales, Pinocho mostró un tono digno y acertado para el público infantil y mixto al que va dirigido. Igualmente, la versión permitió el lucimiento de los intérpretes, cada uno con sus momentos estelares: la narradora que a modo de elegante maestra de ceremonias va situando la acción, el viejo Gepetto sorprendido por su propia obra, un joven y veraz Pinocho lleno de vitalidad y un magnífico y acanallado titiritero que tuvo incluso el valor de meterse con las maestras. Una propuesta que fue muy aplaudida por el público.
Compañía de Bastiani y Puche, Italia

Desde el punto de vista técnico, lo más interesante es la apariencia de sencillez en la manipulación, en los muñecos y en el juego de las sombras, sencillez que sin embargo oculta un estudiado y milimétrico trabajo dificilísimo de hacer. Una sencillez indispensable también para dar con el tono de falsa ingenuidad de la obra. Un trabajo, en definitiva, que muestra la madurez de unos magníficos cómicos italianos capitaneados por este veterano titiritero y maestro que es Gigio Brunella.
Títeres Caracartón, de Andalucía

Mostraron los de Sevilla el buen nivel del titiritismo andaluz actual, con una manipulación expresiva y unos muñecos de gran eficacia escénica, más un texto divertido y ágil que permitió al público asistente, compuesto de niños y adultos, seguir la obra sin distracción alguna. Espectáculo de entretenimiento y de denuncia, pues al final uno de los manipuladores nos muestra la imagen de la nueva piratería: un ejecutivo del ladrillo, de traje y corbata, pero con un inconfundible parche en el ojo. La realidad española saltó así al escenario y se adueñó del espacio mítico piratesco, convertido en el actual ladrocinio de los bancos y del negocio de la construcción. El público premió a los titiriteros con una salva de aplausos.
Periferia Teatro, Murcia.

El patito es en realidad un pequeño cocodrilo que ve su identidad tambalearse ante la incertidumbre de los habituales nichos ecológicos. La modernidad rompe las fijaciones identitarias, que dejan de ser estables. Surge así una nueva identidad, el Cocopato, expresión de los nuevos fenómenos identitarios basados en el mestizaje, la fusión y el cruce. Temas de gran actualidad que los de Periferia tratan con sencillez interpretativa y con la apariencia del mínimo esfuerzo. ¡Admirable!
Pa Sucat, de Cataluña

Tres buenos actores que son también un músico clown de gran eficacia (Quim Carranza), un presentador comediante de mucho empaque (Jordi Jubany) y un actor titiritero de altos vuelos (Eduald Ferré, quién también firma la dirección). Los tres urden un espectáculo de comediantes de la legua que plantan sus trastos en cualquier plaza o teatro para representar las historias del caballero Don Gonzalo de Guzmán, en su competición con el moro que ha raptado a la princesa. Es decir, un argumento que enlaza con el repertorio clásico de los Maeses de toda la vida. Pero si ya la parte actoral funciona de maravilla, los títeres constituyen un alarde de oficio y de manipulación de me sorprendió por su virtuosismo. Todas las rutinas clásicas de los Polichinelas italianos y europeos están presentes en la interpretación de Eduald Ferré, recopiladas en una síntesis original y bien adaptadas a la historia: los deliciosos juegos del caballero y su caballo, el juego del dragón con sus peleas y persecuciones clásicas, la pipa de fuego, el virtuosismo de los estacazos, todo el acervo de la más pura tradición presente y magníficamente desarrollado. Asimismo, la relación de los títeres con los actores, de tremenda eficacia, da un ritmo trepitante a la acción, claridad expositiva y una comicidad asegurada a todo el conjunto. No pude menos que sumarme a los espectadores que aplaudieron a rabiar.
Títeres de la Tía Elena, de Aragón

Adolfo Ayuso ha escrito una obra que nos muestra la importancia de respetar en los niños la constancia y el afán de búsqueda, base de todo progreso científico. Eso es precisamente lo que le ocurre al niño Cajal: su curiosidad por saber el porqué de las cosas choca contra la rigidez de la educación arcaica y repetitiva de la escuela, hasta que finalmente su padre, médico y persona curiosa también, descubre las virtudes del hijo y le anima a continuar por este camino. La viveza y la seguridad de las voces más una excelente interpretación de las tres manipuladoras sitúan y definen muy bien el ambiente de la época y sus personajes. La obra está centrada en la figura del propio Cajal representado por una imponente marioneta magníficamente manipulada por Helena Millán, cuya voz grave y profunda da vida y verosimilitud al personaje. Esta marioneta se combina con los diferentes cuadros casi costumbristas en los que se van representando las diferentes escenas del Cajal niño. El resultado es un hermoso espectáculo fresco, ágil y divertido capaz de llegar a un público muy amplio, infantil y adulto. Y con un mensaje que parte de la frescura para llegar directamente al corazón del público.
¿Cuáles serían los obstáculos propios a los Cajales de hoy? ¿De qué manera la sociedad, la escuela y el ambiente frustran hoy a los genios en potencia que siguen buscando el porqué de las cosas? He aquí un posible argumento para una segunda parte de la obra…
Papalote, Cuba

Con la sala llena hasta los bordes, los de Cuba mostraron su dominio de la voz, el baile y la gestualidad más desenfadada, con una versión del popular cuento “los tres cerditos” hecha para ser cantada y bailada con los muñecos en la mano. Ritmos cubanos, pequeñas coreografías populares, y un desparpajo manipulador centrado en la figura del lobo hambriento de cerditos. La vitalidad cubana de los actores, aupada por su juventud, se centró en la música, en los juegos de palabra y en el jolgorio escénico de una acción trepitante a ritmo de son. Sin micrófonos, sólo con la voz a pelo, consiguieron llegar y entretener al numeroso público del Leidor. Su esfuerzo fue premiado por sonoros aplausos.
Martí Doy, Cataluña.

Creo que Martí Doy ha alcanzado con RanDeMar eso tan difícil que es ir a lo esencial. Sin florituras superfluas, sin impostaciones de ningún tipo, casi desde un nivel zero interpretativo, manipulando a la vista y sin esconder apenas nada, el titiritero consigue crear un mundo que se sustenta sobre los cuatro elementos puestos en juego: una mesa, unos cartones que hacen de suelo o de casas, un tubo que se convierte en faro, unas telas colgadas de una cuerda y unas marionetas preciosas que se sustentan por si mismas. Se nota aquí el oficio de constructor de Doy (autor de muchas marionetas construídas para otros grupos y espectáculos) quién, sin embargo, a la hora de enfrentarse con el público él solo en el escenario, ha optado por la desnudez radical. Una opción de realismo y honestidad que el público capta a la primera y que constituye la esencia y virtud principal del espectáculo. Establecido el marco, las situaciones de los distintos personajes fluyen sin cortapisa alguna, encantando a un público entregado a la transparencia interpretativa del titiritero. Una obra que, gracias a su simplicidad, consiguió emocionar a muchos.
A modo de conclusión.
Creo que tras el repaso de los espectáculos vistos en Tolosa, y dejando aparte la realidad de los demás países ya comentada en la entrada anterior, podemos llegar a la conclusión del buen momento en el que se encuentran los títeres en España. También se constata como Cataluña vuelve a emerger como potencia titiritil peninsular, disputando una hegemonía que los andaluces habían conquistado en las últimas décadas. Es perceptible una multiplicación de nuevos grupos, muchos de ellos de naturaleza femenina, con ambición, estudios de teatro y buenas ideas. Habría que ver cómo se distribuye este fenómeno en el mapa español, pues sin duda lo mismo debe ocurrir en otras latitudes. Pienso en Madrid, Galicia, las anchas Castillas, la misma Andalucía, Valencia, Aragón…, aunque desconozco estas realidades locales. Una situación de emergencia creativa que la crisis actual no debería truncar, superando las carencias y los menoscabos presupuestarios.
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