miércoles, 9 de abril de 2014

Presentación en Barcelona del libro "Rutas de Polichinela. Títeres y Ciudades de Europa"

Tras las presentaciones realizadas en Tolosa, Alicante y Mollet del Vallès, ha llegado la hora de presentar en Barcelona el libro fruto del trabajo que este blog documenta: "Rutas de Polichinela. Títeres y Ciudades de Europa". Es el momento adecuado porque en marzo salió también la versión catalana del mismo. Y como suele ser habitual en el autor, la presentación se hará el próximo lunes 14 de abril, a las 20h, en la nueva sede de la Sala Beckett del Poble Nou, en la calle Batista, nº 15 (Barcelona 08005 - tel: 93 284 53 12. Ver ubicación en el mapa aquí). Una presentación en cuyo final habrá copeo y pica-pica.

Presentará el acto Toni Casares, director de la Sala Beckett, y hablarán sobre la obra Alfred Arola, editor, Víctor Molina y el mismo autor.

Por cierto, que el libro ya está a la venta en librerías y en Amazon (ver aquí).

Como el lector de este blog ya sabe, "Rutas de Polichinela" es un libro de viajes y de títeres, escrito durante los últimos tres años, que nos introduce en un mundo fascinante, el de los títeres populares de las familias polichinescas que habitan o han habitado en las principales ciudades de Europa. El resultado es un libro de viajes en el que, con la excusa de los títeres, se nos desvelan no pocas dimensiones ocultas de cada una de las ciudades visitadas: Lisboa, Nápoles, Palermo, Venecia, Praga, Copenhague, Bucarest ..., ciudades que aparecen "desdobladas", como dice el autor, por estos mitos pequeños, humildes y callejeros pero bien arraigados en los tejidos de las ciudades que los acogen.

Entrada de la exposición de Tolosa.
El libro ha ido acompañado de una exposición presentada con el mismo nombre por el TOPIC de Tolosa, que también ha colaborado en la edición castellana de la obra. La exposición se ha podido ver de octubre de 2013 hasta marzo de 2014. (ver artículo en Titeresante aquí).

Quién quiera seguir los procesos de recopilación de datos y el recorrido de los viajes, no tiene más que adentrarse en el laberinto de las páginas de este blog. Para los interesados en algún personaje o ciudad determinada, sólo tienen  que buscarlo en la exhaustiva lista de Etiquetas.

domingo, 6 de abril de 2014

Guignol en Barcelona


Dentro del programa Títeres y Ciudades en la Ciudad del Born, han actuado este sábado 5 de abril, a las 18h, y domingo 6, a las 12:30, el Teatro Municipal de Guignol de la ciudad francesa de Lyon. A cargo de la compañía Les Zonzons y bajo la dirección de Filip Auchère, y gracias a la colaboración del Institut Français de Barcelone, el público pudo ver un magnífico espectáculo en el que los tres actores-titiriteros de los Zonzons dan la vuelta al personaje y lo presentan de un modo fresco, actual y muy divertido. Aunque el espectáculo ha sido en francés, el público pudo seguir muy bien la función, de una gran agilidad visual.
Filip Auchère y el retablo giratorio.
Guignol es un personaje creado en el año 1808 en la ciudad de Lyon por Laurent Mourguet, un dentista ambulante que utilizaba los títeres para distraer a los pacientes y poderles arrancar así las muelas no sin poco susto. Un personaje imaginativo y emprendedor, Mourguet, que pronto dejó las herramientas de saca-muelas y pasó a dedicarse a los títeres. Primero en solitario y con Polichinelle, el héroe francés del teatro de títeres popular por antonomasia (al menos hasta el siglo XIX).

Madelon y Guignol.
Más tarde se incorporó a su compañía un conocido animador público, Lambert Grégoire Ladré, más conocido como Le Père Thomas, violinista, buen bebedor y provisto de un humor cáustico y eficaz. Formaron los dos una pareja de gran capacidad improvisadora y no tardaron en dejar de lado al viejo Polichinelle, que no ligaba con el nuevo humor que tan bien conectaba con el público. Fue el inicio del abandono que el personaje de Polichinelle sufrió durante el siglo XIX, substituido por el recién nacido Guignol, que no tardaría en ocupar su lugar en los escenarios de los teatros de títeres de Francia. Pero no nos avancemos y sigamos con la historia de Laurent Mourguet.

Filip Auchère y Gnafron.
La asociación con el violinista no duró demasiado: su amor por el vino y su carácter errático lo alejan de la disciplina titiritera de los horarios fijos. Pero Mourguet tuvo la feliz idea de substituirlo por un títere: ya que el Père Thomas no podía estar en persona, estará su doble de madera. Lo llamará Gnafron. Bebedor, jocoso y cáustico comentador de la actualidad, su estado etílico le permite soltar las  verdades que el público quiere oir.

El propietario.
Se instaló Mourguet en 1804 en el Jardín du Petit Tivoli, cerca del nuevo barrio de Brotteaux —hoy en el centro de la ciudad, al norte de la Estación Part-Dieux—. Más tarde, abrió un teatrillo en los bajos de su casa de la Rue Lainerie, en 1805. Convertido ya en un profesional, trabajó unos años en el Belén Brunet —Crèche Brunet—, dónde por Navidad se representaban con marionetas de hilo y de varilla las típicas  historias de ángeles, diablos y pastores. Allí conoció a un personaje muy popular entre los niños, el Père Coquard, de un humor vivo y amable —su marioneta se exhibe en el Musée Gadagne de Lyon.

Filip Auchère, Emma Utges y Gérald Gaudau con sus títeres respectivos.
Surge entonces en Mourguet la idea de tallar otro personaje capaz de dar la réplica a Gnafron y, sobre todo, de conectar con el público desde una postura viva, jocosa pero a su vez naíf e inocente. Se dice que la talla del títere la hizo Mourguet inspirándose en sus propios rasgos, de modo que bien puede decirse que se dobló en Guignol, celoso quizás del protagonismo que había adquirido Gnafron. Los dos personajes se completaban a la perfección: Guignol como representación del nuevo espíritu crítico ciudadano, aunque siempre en positivo, respetuoso con la ley, a la que teme, y provisto de una acusada sensibilidad social; Gnafron, inclinado a la bebida, sería su alter ego, capaz de soltar las verdades y de cantar las cuarenta a las figuras públicas del momento.

Guignol y Gérald Gaudau.
Gnafron y Filip Auchère.
El lector encontrará más información sobre el personaje de Guignol y la supremacía que alcanzó en Francia, así cómo llegó a substituir a Polichinelle, en los capítulos sobre Lyon y París de mi libro “Rutas de Polichinela. Títeres y Ciudades de Europa”.

Filip con Imma Palomar, de Sevilla, Joan Gispert y Elena Mesa de la
Micro-Troupe Teatre, y la titiritera Núria Mestres.
Los Zonzons, en su actuación de Barcelona, presentaron uno de los argumentos clásicos del repertorio de Guignol: “El Deshaucio” (Le Déménagement), en el que el propietario del apartamento donde vive nuestro héroe le pide que debe mudarse, al no pagar desde hace meses el alquiler. Interviene Madelon, la mujer de Guignol, muy quejosa de su marido, y Gnafron, quién con sus tretas consigue liar al propietario y así recuperar el piso para que todo siga igual que antes.

El propietario.
Filip Auchère y el equipo de manipuladores compuesto por Emma Utges y Gérald Gaudau, han creado un original retablo que es réplica del armario que hay en el interior del apartamento de Guignol, una estructura que gira y muestra diferentes fachadas: una de ellas, la boca del retablo con profusión de ventanitas que se abren y se cierran en un simulacro de comedia de enredos en el que son los títeres los que entran y salen de las mismas. Cada manipulador está caracterizado como uno de los tres personajes principales –Guignol, Gnafron y Madelone–, de modo que actores y títeres interactúan en un juego constante de substituciones entre ellos.

Títeres históricos del Teatro Guignol de Lyon.
El resultado es una divertida obra de enredo y de disparates que se complace en desarrollar los arquetipos representados por los tres personajes principales.

Un gran acierto de la presentación en Barcelona ha sido traer consigo un panel con una cincuentena de los títeres históricos de la compañía –que pertenecen a la colección de títeres de la línea descendiente del mismo Laurent Mourguet, propiedad de la ciudad de Lyon–, que el público podía ver al principio de la obra y luego al final, cuando los actores-titiriteros invitaron a los espectadores a acercarse a los mismos para verlos de cerca. Una ocasión única de ver estas piezas de gran valor histórico, títeres todos ellos de talla de madera, que en contadas excepciones son expuestos al público.

Adjuntamos aquí algunas imágenes más de la colección de títeres históricos del Teatro Guignol de Lyon expuestas en la Sala Moragas del Born de Barcelona.











 

sábado, 29 de marzo de 2014

Tiempos, Objetos y Metamorfosis en Toulouse

El Capitolio, del que Napoleón dijo: "beau mais bas".
Las ciudades medianas siempre guardan gratas sorpresas a los que gustamos de lo singular y de las diferencias en lo que concierne a tiempos, culturas, objetos y metamorfosis. Toulouse, la segunda ciudad universitaria después de París, y sede además de los centros de investigación y producción de toda la industria aeronáutica y espacial de Francia, no podía defraudarnos respecto a los tiempos tan distintos que acoge.

El tiempo dilatado de la juventud que tiene por delante años de estudios, aprendizaje y vida, más el tiempo sofisticado de la micro-división del acontecer que representa el mundo de los aviones y de los viajes espaciales, están perfectamente ubicados en la ciudad del Garona y del Canal del Midi, esta maravilla de ingeniería fluvial que Luis XIV ideó para juntar el Atlántico con el Mediterráneo.

Interior de la Iglesia de San Sernin.
Ya en la época medieval destacó Toulouse por estirar el tiempo en vertical al construir dos de los monumentos más sobresalientes del románico europeo: la Iglesia de San Sernin, la mayor de la Cristiandad después de la destrucción de la Abadía de Cluny, y la Iglesia de los Jacobinos (empezada en 1230 y terminada de construir en 1335).

En efecto, el románico de la Basílica de San Sernin es de los que respira alto y holgado, quizás porque constituyó una de las estaciones de paso más importantes del viejo Camino de Santiago, capaz de acoger en su seno fieles procedentes de culturas muy diversas, lo que obligaba a una imprescindible altura de miras. Un tiempo que debía contener los tiempos diferentes de la Cristiandad medieval, que eran muchos y muy variados.

Interior de la iglesia de los Jacobinos.
Las columnas en palmera de los Jacobinos. 
Impregnada del mismo espíritu cosmopolita es la Iglesia de los Jacobinos, extraordinaria y famosa no sólo por la altura de su fábrica sino por la singularidad de disponer de dos naves separadas por una hilera de siete elegantes y altísimas columnas que se alzan con insólita majestuosidad como verdaderas palmeras arquitectónicas. Siete columnas que parten el espacio de la iglesia en dos, lo que obliga a situar el altar en posición lateral (por cierto, debajo del altar se halla la tumba de Santo Tomás de Aquino). Mención especial merece el Claustro, con un magnífico refectorio (hoy en fase de restauración) y una sala capitular sostenida por dos columnas octogonales de singular belleza.

El claustro de los Jacobinos
La Sala Capitular del claustro de los Jacobinos
La Sala Capitular con sus columnas octogonales en palmera.
El tiempo, en el claustro de los Jacobinos, circula en cuadrado, estanco pero no quieto, resolviendo las cuadraturas de los siglos más agitados de la historia, cuando los humanos pasamos de los tiempos agrícolas iniciados en el Neolítico a los multi-tiempos del futuro presente de las ciudades de hoy. Un cuadrado que nos habla ya de espacios mentales y abstractos, lejos de los círculos vitales de la Humanidad primitiva.

Estantes. Relojería F.Granier.
Relojes parados. Relojería F.Granier.
Esta conciencia de la multitud de los tiempos –que tan bien armoniza con las nuevas cosmologías de los llamados “multi-universos”– está presente en las calles de Toulouse. Concretamente en la tienda del relojero que encontré en la Rue des Couteliers.

Reloj gondola. Relojería F.Granier.
Relojería F.Granier.
Conjunto de relojes. Relojería F.Granier.
Una tienda impresionante cuya multitud de relojes parados me parecieron las miradas de los años y de las épocas que se han quedado atrás y que ven pasar los tiempos veloces de la Historia a través de los cristales que separan la calle de la relojería. En el exterior, el fluir de los años. En el interior, unos tiempos de ojos parados, parecidos a los que Einstein utilizó para ver pasar los trenes de su época y descubrir así la Teoría de la Relatividad. Desde entonces, los tiempos dejaron de ser únicos y uniformes.

El señor François Granier en pleno trabajo.
El relojero de la calle Couteliers, el señor François Granier, que tan amablemente me dejó fotografiar la tienda con sus relojes, se afana por su parte en la labor de dar cuerda y poner de nuevo en circulación los viejos tiempos congelados por la Historia. Cuando le pregunté al señor Granier como era el tiempo de un relojero, me dijo que muy lento, mucho más que el de los relojes, pues los mecanismos que rigen y miden el tiempo requieren atenciones de largas longitudes de onda…

Reloj de bolsillo de Hubert Daustry, toulouse, 1660. Musée P.Depuy.
Péndulo planetario de Antide Janvier, Francia, 1773-1806. Musée P.Depuy.
El Museo Paul Depuy también se suma a parecidas labores con su magnífica exposición de relojes antiguos de la colección Edouard Gélis. Relojes que se hallan la mayoría en marcha, pero sin ninguna sincronía con la hora oficial, como si el museo quisiera refrendar la multitud de tiempos propios de nuestra época. Hermosos objetos de refinados mecanismos que sintetizan cada uno una hora y un tiempo diferente.

"Pendule à Globe Terrestre", Francia, 1762. Musée P.Depuy.
Sector Watch, Francia, 1910. Musée P.Depuy.
Para los titiriteros, el Museo Paul Depuy es en particular relevante por el magnífico autómata que se exhibe, obra del mago Jean Eugène Robert-Houdin (1805-1871), y que se conoce con el nombre de “La lección de canto”. Una maravilla en la que se mueven no sólo los dos muñecos protagonistas, sino que también produce sonido, al hacer cantar un pájaro que a su vez mueve el pico.

Autómata de Robert-Houdin, 1844. Musée P.Depuy.
"Pendulette Automate Tyrolien", Alemania, 1830. Musée P.Depuy.
Objetos preciosos, como el reloj decimal de la época revolucionaria, cuando se quiso cambiar la división de doce horas del día por la de diez. Un fracaso descomunal –imposible vencer inercias tan asumidas como es la medición colectiva del tiempo– que sin embargo anticipó el deseo de los políticos de gobernar los tiempos de los humanos, cada vez más sometidos a una minutaje estricto y preciso.

Reloj decimal. Musée P.Depuy.
Reloj decimal. Musée P.Depuy.
Fue una verdadera sorpresa descubrir una ciudad que parece haber hecho del tiempo su especialidad, aunque sus habitantes fingen no saber nada de ello. En realidad, seguramente ignoran esta extravagancia de la urbe, como suele suceder en las relaciones de las ciudades y sus habitantes, en los que el día a día priva la observación distanciada de la realidad. Por ello es interesante la visión exterior, la del turista que sabe que lo es y que por ello se recrea en observar y en observarse en su observar, lo que depara no pocas sorpresas. En este sentido, la distancia del mirar titiritero, sumada a la del turista gustoso de serlo, es una enorme suerte de la que intento gozar en mis viajes.

Teatro de Metamorfosis.

De metamorfosis habla el espectáculo Ubú, de la compañía Pupella-Noguès, que tuve la ocasión de ver en el Teatro Garona de Toulouse, y sobre cuyo tema trató el coloquio que siguió a la representación, al que fui invitado a participar.

Para Joëlle Noguès, directora de la obra, está claro que ya no podemos quedarnos con las viejas denominaciones que cada vez escapan más a las formas que toma hoy el teatro de marionetas.

Formas cada día más limítrofes e impuras, resultado de una continua oscilación entre el actor y la marioneta, el interior y el exterior del retablo, el títere y el objeto, el teatro y la instalación animada, el espacio, la luz y el sonido… Teatro pues de Metamorfosis, al ser este constante cambio de estado una de sus características principales.

Ubú habla de ello al poner en escena una interesante oscilación entre la distancia neutra de los dos manipuladores del cerdito Ubú –un dictador prototipo que gruñe y sólo busca satisfacer sus instintos más primarios de goce y poder– y su conversión en dos grotescos personajes que, mimetizados en el cerdito, le sirven sumisos.

Escena inicial de Ubú.
Antes se ha visto como el cerdito Ubú realza su condición de sujeto soberano al ponerse una corona en la cabeza. Corona que ha caído de un águila destronada –de la que hace el correspondiente cocido.

Los dos manipuladores convertidos en clowns.
Juego pues de metamorfosis en los roles sustanciales que conforman el hecho teatral: los actores-manipuladores y los objetos-títeres. ¿Quién manipula a quién? Pregunta retórica que sin embargo en Ubú se hace profunda y pertinente. ¿Quién ejerce la función de “sujeto” y quién la de “objeto”? El paso de una función a la otra y la oscilación de la simpática marioneta entre un cerdito, un reyezuelo y un grotesco tirano, son las metamorfosis a las que alude Joëlle Noguès en la definición de su teatro.

Es como si el hecho de jugar a proyectarse en muñecos y objetos condujera a sus protagonistas a una irremediable transformación de roles sustanciales. ¿No es este juego de transferencias y de posesiones algo que sucede en el día a día de nuestras vidas, envueltos como estamos de objetos y de realidades que nos superan y se nos imponen? El comprador compulsivo que acude a los supermercados atraído y poseído por los objetos que desea, ¿no queda acaso convertido él mismo en “objeto” del poder consumista, mientras el deseado objeto se transforma en el verdadero sujeto de la operación comercial? ¿No es el coche el verdadero sujeto de la circulación y de la ciudad automovilística, mientras el conductor queda como un mero objeto tragado por el tráfico? El teatro de objetos y de marionetas contemporáneo pone luz y consciencia a estos cambios de roles, y al hacerlo, abre ventanas y puertas a la libertad.

Giorgio Pupella y Joëlle Noguès.
Para más información sobre el espectáculo Ubú de la compañía Pupella-Noguès, así como del centro Odradek que regentan en Toulouse, vean aquí el artículo publicado en Titeresante

jueves, 27 de febrero de 2014

¡Jan Klaassen llega a Barcelona!

Jan Klaassen y Katrina
Dentro del programa de Titelles i Ciutats que se realiza en el Born de Barcelona, este próximo fin de semana llega el polichinela holandés: Jan Klaassen. Un perfecto desconocido por estas latitudes, pues que yo sepa no ha venido nunca -aunque igual me equivoco. Será el sábado 1 de marzo a las 18h y el domingo 2, a las 12:30h.

Muy alegre y buen bebedor, Jan Klaassen siempre aparece con su esposa Katrina . Hoy en día se mantiene vivo gracias a Wim Kerkhove y sus alumnos, que lo siguen representando. En Barcelona, acude con Egon Adel, el titiritero que suele actuar hoy en el Dam, la plaza central de Ámsterdam , su lugar más popular de exhibición.
Jan Klaassen es la voz libre y rebelde de Amsterdam que todavía sigue diciendo la suya. Sus historias surgen de los sustratos más populares de la capital holandesa, en una época de gran esplendor económico pero a la vez de gran explotación de los más humildes. A pesar de compartir con Punch y los demás títeres su carácter fuerte ya veces desgarrador, goza de una tendencia clara al humor alegre, que su gran afición a la bebida le exalta .


Wim Kerkhove con sus muñecos.
Wim Kerkhove, que en los años ochenta retomó el personaje del último maestro justo antes de que éste falleciera, viajó por toda Europa en busca de referencias distintas de los títeres todavía existentes. Así creó a su Jan Klaassen, un personaje que desde el principio se ha enfrentado a los retos del presente: luchar contra la guerra, combatir la degradación ecológica, denunciar la corrupción y las triquiñuelas del poder. Ahora intenta transmitir su espíritu a las nuevas generaciones de titiriteros que aprenden el oficio con él .El título del espectáculo será: " Larga vida a Jan Klaassen ! "