viernes, 20 de septiembre de 2013

Antonio Machado y los títeres



Antonio Machado.

El azar polichinesco me ha llevado estos días inesperadamente a Colliure, una pequeña localidad que se encuentra en la llamada Côte Vermeille, la Costa Brava francesa que empieza al sur de Argelès-sur-Mer y acaba en Portbou, ya en el lado español. 

Una ciudad hoy pequeña y turística que sin embargo fue el puerto comercial más importante de la región en la época medieval –con un magnífico Palacio Real donde los reyes de Mallorca solían pasar el verano, hoy muy modificado por las reformas de Vauban, el arquitecto que transformó el paisaje militar francés durante el reinado de Luis XIV, el Rey Sol.

La otra gran curiosidad de Colliure es que en ella murió Antonio Machado el 22 de febrero de 1939, al poco tiempo de llegar tras huir de España. Se trata de uno más de los dramáticos sucesos que ocurrieron en aquellos aciagos días en la frontera catalana entre Francia y España, pero que la gran altura literaria de Machado, uno de los más grandes poetas en lengua castellana del siglo XX, lo convierte en un episodio infinitamente triste del final de la Guerra Civil Española. 

Se preguntará el lector qué relación existe entre Machado y los títeres, y le diré que ninguna. Que yo sepa –y ojalá me equivoque…–, nunca el poeta sevillano se interesó por esta lateralidad de las artes de Talía, aunque sí escribió para la Musa varias obras de teatro: "Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel" (1926), "Juan de Maraña" (1927), "Las adelfas" (1928), "La Lola se va a los puertos" (1929), "La prima Fernanda" (1931) y "La duquesa de Benamejí" (1932). 

Pero si me atrevo a asociarlo al gremio de los titiriteros, es porque Machado también jugó a desdoblarse (como ese otro gran “titiritero literario” que fue Fernando Pessoa) en otras personalidades, siendo una de sus “máscaras” o alter ego más conocido la figura de Juan de Mairena. Un profesor que en cierto modo ocupó el papel de maestro del mismo poeta, al poner en su boca –o en su pluma– las ideas estéticas aplicadas por Machado en su obra. Como dijo el propio Mairena en Nuevas canciones:

“Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo,
y suele ser tu contrario”.
La estación de tren de Colliure.
Pero lo que redobla el interés de las ideas de Mairena, es que se centran en el principio de síntesis, que el poeta asociaba a su amor por la sencillez, el despojo y la austeridad. Es decir, los mismos principios que definen el arte popular de los títeres  –la síntesis como base estilística– , es lo que defiende Mairena en sus “sentencias, donaires, apuntes y recuerdos”.

Un principio que impregnó también los últimos días del poeta, inmerso en un despojamiento total de su condición humana, reducido por la crueldad de la época a ser un simple exiliado que lo ha perdido todo. Así murió Machado en Colliure (acogido por unos pocos amigos, su hermano José y algunos benevolentes lugareños que en seguida comprendieron a quién tenían entre sus manos) en la más absoluta pobreza. Y así fue enterrado, siguiendo las instrucciones que él mismo dio a su hermano José antes de morir, con la máxima sencillez.

Debemos decir que aquí se cumplió a rajatabla y al cien por cien la teoría titiritera que dice que a un máximo despojo de la forma (máxima síntesis), mayor fuerza expresiva se consigue, y mayor capacidad de atracción. Pues el revivir que los testigos y más tarde la Historia ha hecho de estos últimos días y momentos de despojo del poeta, aumenta cada día más el interés que hoy sentimos por su figura.

Tumba de Antonio machado en Colliure.
Visitar su tumba en el cementerio de Colliure es uno de los momentos más emocionantes para los que somos sensibles a esos reveses de la Historia, que suelen ir parejos al acontecer trágico en relación a sus grandes protagonistas. 

Una hermosa tumba lo acoge hoy, construida por subscripción popular  gracias a la acción de quién fue el primero en acogerlo en Colliure, Jacques Baills, y el apoyo decidido de José María Corredor y Pau Casals, pues el poeta al morir fue enterrado en un nicho cedido por la señora Py Deboher, amiga de la familia Bougnol Quintana que regentaba el hotelito donde se hospedaba Machado. 

La tumba de Antonio Machado ocupa hoy el centro mismo del cementerio viejo de Colliure. Una tumba que parece posarse sobre el suelo con un relajo de siglos, con algunos versos del poeta grabados en dos pequeñas lápidas, rodeada de flores que siempre están frescas, recién puestas por manos anónimas, y coronada por una vieja y hermosa bandera republicana –muy parecida a la que podemos imaginarnos le acompañó a la sepultura.


Casa donde murió Antonio Machado.
Sin manejar títere alguno, Machado aplicó toda su vida los principios estéticos más radicalmente titiriteros, ese mismo espíritu que siempre ha insuflado a la poesía popular de todas las épocas.

Dice Mairena a sus alumnos: “Lo clásico es el empleo del sustantivo, acompañado de un adjetivo definidor. Así, Homero llama hueca a la nave; con lo cual se acerca más a una definición que a una descripción de la nave. En la nave de Homero, en verdad, se navega todavía y se navegará mientras rija el principio de Arquímedes. Lo barroco no añade nada a lo clásico, pero perturba su equilibrio, exaltando la importancia del adjetivo definidor hasta hacerle asumir la propia función del sustantivo” (del libro Juan de Mairena).

miércoles, 28 de agosto de 2013

El Castillo Julia Hasdeu, en Câmpina, Rumanía: una puesta en escena para la figuración de lo invisible.




He aquí un museo que sin tener nada que ver con los títeres, guarda una profunda relación con el mundo de la figuración imaginaria. Ha sido el azar lo que me puso en contacto con este singular edificio, a raíz de una boda familiar que me llevó a Câmpina, al pie de los Cárpatos, en la región de Montenia, al norte de Bucarest. Paseando por esta hermosa localidad de aires limpios y bonitas casas todas ellas con preciosos huertos y jardines, descubrí el Castelul Julia Hasdeu, construido entre 1894 y 1896. Está dedicado a la hija del hombre de letras y reconocido sabio y escritor rumano Bogdan Petreicu Hasdeu, quién, en ocasión de una visita que hizo en Câmpina, decidió comprar un terreno para construir allí un pequeño castillo en homenaje a su hija Julia, muerta en 1888 a los dieciocho años.

Fotografía antigua del castillo
Retrato escultórico de Julia Hasdeu.
Pero lo más singular del caso es que B.O. Hasdeu construyó su edificio al dictado de su propia hija difunta, la cual le fue indicando sus instrucciones mediante prolongados contactos espiritistas.

Hay que conocer el caso para entender la desolación del padre ante la pérdida de la hija y su deseo de inmortalizarla a través de un hermoso mausoleo construido en el cementerio de Bucarest (cargado de simbolismos) y de este edificio singular que rezuma por todos sus poros la presencia invisible de Julia Hasdeu.

La muchacha fue un caso de inteligencia y sensibilidad precoz, al destacar de muy niña por sus dotes en hablar varias lenguas –a los tres años hablaba alemán, francés y rumano–, de modo que a los doce se traslada a París para cursar estudios en la Sorbone. Su muerte prematura por la tuberculosis truncó lo que apuntaba como una importante carrera literaria de alguien que mereció ya de muy pronto la admiración de la inteligencia parisina.

Fotos de familia con Julia Hasdeu.
La desolación de su padre, sobre todo al descubrir los valiosos manuscritos de Julia, fue inmensa. Procuró editar los textos de su hija –todos ellos escritos en francés–, y para enfrentarse a la terrible pérdida, se abrió a los caminos misteriosos del espíritu, del simbolismo y de la comunicación paranormal. Una práctica, la del espiritismo, muy extendida en la época, y que se tenía por muy científica, al estar basada en la experimentación de lo puramente sensible, como eran los golpecitos inducidos por los espíritus, leves corrientes de aire, soplos en los oídos, movimientos de sillas o cuadros, así como los esfuerzos de muchos fotógrafos en retratar las figuras invisibles de los aparecidos mediante largas exposiciones de la cámara con el objetivo abierto. Y son muchas, en efecto, las fotografías de espíritus  logradas durante tantos años de experimentar en estos dominios limítrofes que separan lo visible de lo invisible. Sobre si estas fotografías estaban trucadas o no, mejor dejarlo a criterio de los entendidos en verificaciones de esta índole.

Cuadro con el señor Hasdeu y el ectoplasma de su hija.

Es en este sentido que pueden interesarnos estas prácticas a los titiriteros, pues bien sabido es que los orígenes de la marioneta tienen mucho que ver con los espíritus de los muertos –como todavía es posible apreciar en muchas tradiciones aún vigentes de teatros y de ritos populares, en las que los muñecos encarnan a los espíritus de los difuntos cuando sus familiares o sus descendientes apelan a ellos para recibir sus favores o para revivir los orígenes.

Pero en esta ocasión concreta, nos hallamos ante un caso de figuración impalpable o invisible, sin que haya figura alguna, aparte de una estatua de mármol de la difunta y otras imágenes pintadas o dibujadas. En realidad, podemos considerar el edificio entero del Castelul Julia Hasdeu como una elaborada puesta en escena que busca hacer presente, con miles de detalles y mediante la misma estructura de la casa, a la fallecida joven. Y por el éxito de las visitas y la voluntad expresa del pueblo de Câmpina de mantener abierto como museo el Castelul, podemos decir que el éxito del empeño es rotundo. Para conseguirlo, el edificio, muy sencillo en su forma externa pero potente en la interior, no sólo recrea el mundo y la imagen de la fallecida Julia Hasdeu, sino que busca también crear una atmósfera de “llamada a los espíritus” a través de múltiples detalles en su estructura y decoración que nos remiten al mundo de los simbolismos espiritistas y del “más allá”. Todos los objetos expuestos y los detalles ornamentales tienen  significados simbólicos concretos, además de los cuadros y de las esculturas que nos hablan del mundo de la familia Hasdeu.

Sala con el gran piano de cola.
Al haber sido Julia pianista y buena cantante además, nos encontramos en la primera sala con un hermoso piano de cola, entre cuadros y vitrinas repletas de libros, cartas manuscritas y viejas fotografías. Destaca un reloj triple con uno de ellos marcando el paso de los meses del año y las fases de la luna.

El reloj que marca los meses.
Pero el lugar más impresionante es sin duda la torre central coronada por una bóveda pintada que contiene una estructura metálica de factura muy ligera sustentada sobre una gorda columna truncada y por la que se puede subir a través de una escalera que se bifurca -doble escalera iniciática sólo apta para los espíritus que deben enfrentarse a las pruebas del más allá- y que conduce a un puente sobre el que se yergue un Cristo de brazos abiertos.

Cúpula de la sala central con el puente y el Cristo.
La entrada principal, cargada de simbolismos, está formada por una primera y gruesa puerta de piedra que gira sobre un eje central y que abre a un pequeño descansillo que recuerda la antesala de una tumba. La segunda puerta tiene en sus batientes dos espejos que parecen querer funcionar a modo de “puertas dobles”: para las personas pero también para los “espíritus”, que suelen usar las superficies reflejantes de los espejos a modo de pasajes de entrada, tan planas pero tan profundas.
La segunda puerta de doble batiente con los espejos. Al fondo, la puerta de piedra cerrada.
Un dibujo de la fallecida Julia en su lecho de muerte recibe al visitante, a modo de indicación de que aquí es donde mora su espíritu.


Para ello dispone de un espacio fabuloso coronado por una cúpula que simboliza el cosmos entero presidido por la figura del Cristo resucitado.


Al fondo, dos pasillo estrechos bien cerrados por dos puertas de barrotes contienen dos pequeñas bibliotecas, sin duda de volúmenes secretos o prohibidos -y seguramente los escritos espiritistas dictados por Julia a su padre-, guardados por las esculturas de dos hombres de edad. Entre los dos pasillos, una especie de capilla que termina con una bonita ventana acristalada acabada en punta y un piano vertical al fondo –otra entrada o fuga para los espíritus.

Sala abovedada con los dos pasillos biblioteca en los lados.

Las demás dependencias ya en la tercera torre son sin duda las más familiares aunque también las más misteriosas. Allí está el gabinete del profesor B.P.Hasdeu, sobrio y elegante.

Despacho del señor B.P.Hasdeu.
En otra pequeña habitación con objetos íntimos de la difunta, destaca una estatua de mármol que la representa presidiendo la estancia.


Objetos que ejercen la función magnética de atraer a quién fue su propietaria: una muñeca, cuadernos, libros, fotografías, un tintero...

Objetos en la cámara privada de Julia Hasdeu.
Hacia el otro lado se abre un pasillo que conduce a una habitación donde al parecer se hacían las sesiones de espiritismo. Contiene la mesa de los golpecitos, unos asientos triangulares de piedra llenos de símbolos inscritos, y, además de varios cuadros y fotografías de ectoplasmas de la época, un curioso agujero que conecta esta cámara con la sala-despacho anteriormente descrita.

La sala despacho del señor Hasdeu con el agujero que da a la cambrita espiritista.
Un agujero que servía para que el espíritu de Julia pudiera pasar –y pueda seguir haciéndolo todavía– deambulando de una cámara a la otra.
El agujero para pasar los espíritus.

El Castelul funciona así como un sofisticado escenario repleto de objetos y de una considerable complejidad interior en los elementos estructurales y decorativos destinados todos ellos a llamar y a hacer presente la figura invisible de Julia Hasdeu, un espíritu o una presencia-ausencia que se halla en todos los rincones de la casa y que dispone de la gran sala central abovedada para en ella residir en la libertad de esta representación del cosmos, hermosa metáfora de las inmensidades del Universo, donde lo finito  y lo infinito se funden y conviven alegremente. Un mausoleo pensado no para el cuerpo sino para el espíritu de la difunta. Un teatro de marionetas elíptico y poderoso, poético y misterioso, en el que la escenografía de sus decorados, objetos y estructuras debe transmutarse en una escenografía abstracta y libre para que en la imaginación de cada uno de los visitantes-espectadores aparezcan las figuras de sus verdaderos actuantes, todos ellos invisibles.

Doble puerta que da a la sala del piano, vista desde la sala interior abovedada.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Barcelona, ciudad titiritera según el Washington Post

Per Bigas y Bruno Valls con sus marionetas. Foto de Xavier
Cervera. Publicada en el Washington Post.

Se publicó en julio de este año 2013 en el Washington Post un magnífico artículo escrito por la periodista Maya Kroth, titulado "In Barcelona, puppetry on the rise" (vean aquí el artículo), en el que se habla de Barcelona como de una ciudad donde los títeres tienen una presencia cada día más importante. En él se comentan las distintas tradiciones catalanes de los títeres de calle y también de los títeres tradicionales, y sobretodo de la vitalidad que hoy en día tiene el género en la vida diaria y especialmente nocturna de la ciudad. 

En el artículo, Maya Kroth entrevista a Pere Bigas, a José Antonio Puchades "Pucha" y a quién firma estas líneas, Toni Rumbau, mientras se habla de lugares como la Casa-Taller de Marionetas de Pepe Otal, la Sala Fênix, La Casa de l'Entremès o el bar nocturno El Nus.

Vale la pena ver las varias fotos que aparecen en la Photo Gallery que acompaña el artículo, hechas por el magnífico fotógrafo Xavier Cervera especialmente realizadas para el Washington Post. Vean aquí las fotos.

martes, 30 de julio de 2013

Presentación en octubre del libro "Rutas de Polichinela. Títeres y Ciudades de Europa"

Titella de Jaume Anglès. MAE, Museu
de les Arts Escèniques del
Institut del Teatre de Barcelona.
 
Finalmente el círculo se cierra, y lo que empezó en 2010 terminará su primera etapa en octubre de 2013. En efecto, y coincidiendo con la inauguración de la exposición que lleva el mismo título del libro, Rutas de Polichinela, en el TOPIC de Tolosa el 19 de octubre se presentará la versión en castellano (y quizás en Euskera, aún está por decidir...) del libro que recoge 24 ciudades y 15 personajes diferentes. Hay que decir que algunas de estas ciudades comparten personaje (como Lisboa y Porto con Dom Roberto, o Múnich, Halle y Lübeck, con Kasperl...), siendo los 15 personajes los que delimitan los 15 capítulos principales del libro. Por otra parte, dos de las 24 ciudades son las que aparecen en un apéndice al final del libro dedicado a Tolosa y a Charleville-Mézières.

Lo publica la Editorial Arola de Tarragona en sus dos versiones: catalana y castellana. También indicar que en julio de 2014, se presentará en Lisboa la versión portuguesa publicada por el Museu da Marioneta de Lisboa. Y aún sin fecha concertada, el Museu Internazionalle della Marioneta di Palermo lo publicará en italiano.

Los personajes considerados son los siguientes: Dom Roberto, Pulcinella, Pupi (no es un personaje sino una tradición, en este caso), Pantalone (la máscara, básicamente), Kasperec, Mester Jakel, Vasilache, Kasperl, Jan Klaassen, Punch, Polichinelle, Guignol, Titella-Pericu, Don Cristóbal Polichinela y Karagöz. Habría que añadir al egipcio Aragosi, con lo que en realidad los personajes son 16.


Sirena. Pupo del Museo de Palermo.
Es obvio que faltan otros muchos, desde algunos grandes nombres como el ruso Petrushka, Karaghiosis de Atenas, el húngaro Vitez Lazló, el iraní Mobarak, hasta una multitud de personajes que pertenecen a tradiciones concretas de ciudades algunas muy importantes, como La Tía Norica, de Cádiz, Barriga Verde, en Galicia, Gianduja, de Turin, Tchantchès et Nanèsse, de Lieja en Bélgica, Pierke, de Gante en Bélgica, o las muchas máscaras que se encuentran en tantas ciudades italianas, como Fagiolino en Bolonia y Gioppino en Bérgamo... 

Dije antes que se terminaba una primera etapa. La razón es que el proyecto de estas Rutas de Polichinela dedicado a la relación títeres/ciudades va a continuar, ya sea por la misma Europa, ya sea por otros derroteros geográficos. Tengo en mente un monográfico dedicado al Japón, un país repleto de tradiciones todavía muy vivas y muy bien repartidas por todo el territorio nipón. Y países-continentes como la India o China deberán un día recibir la atención de estas Rutas. Y, por supuesto, pienso también en América, y muy especialmente en la llamada Latina, incluyendo no pocas zonas de los Estados Unidos y de la zona del Caribe. Lástima que no seamos inmortales y que las cortapisas del tiempo se opongan tan a menudo a nuestros deseos. Los resultados, pues, serán fruto de los deseos por un lado, y de las posibilidades por el otro lado, tanto físicas como económicas. 


Kasperl. Museo de Lübeck.
Entretanto, regodeémonos con lo que hay: 24 ciudades son muchas y 15 personajes también. Veremos ahora si habré acertado en los tonos y en los contenidos. El lector, como no podía ser de otro modo, tendrá siempre la última palabra. 

Otra certeza: continuar con este blog, que creo está cumpliendo su función con creces: para mí en cuanto útil cuaderno de notas, y para los lectores con ganas de husmear por estos mundos de las ciudades y sus títeres, un buen cajón de sastre en el que es posible orientarse con relativa facilidad.

jueves, 27 de junio de 2013

En julio, "A Dos Manos" en la Sala Fènix

Durante el mes de julio estaré los sábados y domingos, a las 17h, en la Sala Fènix de Barcelona (calle Riereta, 31) con mi espectáculo "A Dos Manos".

Una obra para titiritero solista con la que me he recorrido medio mundo y que siempre me ha gustado representar. He aquí unas frases promocionales que intentan explicarla sin decir demasiado de la misma: 

Cuando las manos juegan a disfrazarse, nacen los títeres.

Polichinelas a dos caras, el juego inocente de la comedia y la tragedia.

Bajo la simplicidad muda de las manos, el fuego de la vida y el humor más alocado.

Un espectáculo para niños de 2 a 99 años.  

¡Os espero!

domingo, 2 de junio de 2013

"Follies de Putxinel·li" en La Puntual de Barcelona


Esta semana, el viernes en concreto, empezarán las funciones del espectáculo "Follies de Putxinel·li" (Locuras de Putxinel·li) en el pequeño teatro La Puntual de Barcelona.


Un nuevo Putxinel·li nacerá a la luz pública este viernes. Lo he ideado con Marga Carbonell, siendo ella quien lo ha construido. Tendrá a su lado a sus colegas inseparables: el Perro, el Policía, el Diablo y alguna sorpresa.

Aquí está su rostro en absoluta primicia, recién salido del taller. El viernes tomará su alternativa en las arenas de La Puntual.

Espectáculo de títere de guante tradicional que busca comunicar con el público de hoy. La principal novedad será pues el nuevo Putxinel·li. 

Dos únicas semanas. días 7, 8 y 9, y dies 14, 15 y 16 de junio de 2013.
Los horarios son: viernes y sábados, a las 18h, y domingos, a lea 12h y 17h
Os espero!!!


Para más información, ver la página de La Pumtual aquí

jueves, 30 de mayo de 2013

Paseo titiritero por Lisboa

El Festival Internacional de Marionetas e Formas Animadas de Lisboa (FIMFA) nos trae de nuevo, como cada año por otra parte, a Lisboa, la ciudad donde empezaron y nacieron estas Rutas de Polichinela.
La sensación de que el tiempo no pasa o, más bien, de que pasa a otras velocidades y con una calidad distinta a la habitual, me embarga nada más pisar la calle. Tal vez también influye la luz del día, con esa nitidez atlántica que huele a los grandes espacios. Me alojo en el piso que los amigos de A Tarumba, Rute Ribeiro y Luís Vieira, tienen para artistas residentes en la Rua da Boavista, y desde la ventana donde escribo estas líneas se oyen pasar de vez en cuando las antiguas carrocerías de los tranvías, que a pesar de los años, siguen trotando tan alegres. En Barcelona hace tiempo que se desprendieron de ellos, pues mi ciudad es de las que no soportan lo viejo, aunque luego vivan de ello y acaben inventándose mil formas de rehacer lo deshecho... Al ser los ritmos vitales de la ciudad de Lisboa muy suyos, de longitudes de onda más bien estirados, cuando se dispusieron a eliminarlos se dieron cuenta de que los tranvías constituían un reclamo turístico de primer orden y que lo tenían además gratis. Prevaleció el cálculo de intereses y la inteligencia, y hoy Lisboa es una de las poquísimas ciudades de Europa que gozan todavía de estos ancianos y elegantes medios de transporte eléctrico –para los que el Tiempo parece no tener prisa.
Roberto de Manuel Rosado. Museu da Marioneta.
Roberto de Manuel Rosado. Museu da Marioneta.
Roberto de Joaquim Pinto. Museu da Marioneta.


El FIMFA de este año, a pesar de los recortes, presenta una programación de lujo. Para los interesados en ella, me remito a los artículos que se van publicando en Titeresante y en Puppetring. Para la programación entera del Festival, vean aquí su página web.

En lo que concierne a estas Rutas de Polichinela, uno de los objetivos de mi visita es concretar con María José Machado Santos, directora del Museu da Marioneta de Lisboa, la edición en portugués del libro de estas Rutas de Polichinela. El Museu ya publicó en su día la versión portuguesa de mi libro Malic, La Aventura de los Títeres, y ahora está también muy decidido a publicar el libro sobre ciudades y títeres. Pronto deberé entregar el manuscrito, de modo que los procesos de van acelerando.

Aprovecho como siempre para dar un vistazo a las salas del Museo y regodearme con las colecciones que conozco muy bien pero que siempre me sorprenden. ¿Será porque últimamente he visitado varios museos europeos (como el Stadtmuseum de Múnich o el Figurentheater Museum de Lübeck) y gozo por ello de otras perspectivas que me ofrecen nuevos ángulos de visión para ver a los Robertos? Piezas todas ellas excepcionales. Vean el reportaje fotográfico pubñlicado en Puppeting clicando aquí.

Antonio Ribeiro "Chiado".
Salgo a la calle y me dirijo al Chiado para saludar a esos viejos conocidos que habitan allí en la intemperie. Camõens, bien instalado en su alto pedestal en medio de la plaza llamada como él. El señor Chiado (cuyo nombre verdadero es Antonio Ribeiro, poeta del siglo XVI) que da nombre al barrio (y que los lisboetas apenas conocen de tanto verlo en su sitio), situado en un pedestal menos alto. Y, desde hace unos cuantos años, les acompaña un Fernando Pessoa a ras de suelo muy hierático, joven y algo delgado, sobre cuyas rodillas se sientan a veces algunas turistas para la foto, con más de algún beso furtivo, para martirio del pobre y casto Pessoa, que no sólo debe aguantar lo que para él sería inconcebiblemente impúdico, sino también tragarse todas las horas de música de los espontáneos que se instalan a diario en sus propias barbas, con músicas chillonas de los cinco continentes. Una tortura sin duda para este trío de armas tomar de las letras portuguesas: el primero, su poeta nacional. El tercero, considerado por él mismo –y reconocido hoy por todo el mundo– como el Nuevo Camõens. Y el segundo, Chiado, llegado a la posteridad gracias a su fama de chistoso y a su facilidad por imitar a los demás.


Pesco un tranvía, el 28 creo, y me apeo en la zona del Castillo, muy querida por mi pues me trae agradables recuerdos de los antiguos tiempos vividos en Lisboa. Tras comer en el modesto restaurante Sant André, subo por las callejuelas que bordean el Castillo, cruzo el Patio de Dom Fradique, este raro solar medio abandonado con ruinas que parecen de un cuartel abandonado, y al entrar en el túnel que da a la casa señorial que hay arriba, tropiezo con un monstruoso objeto negro que cuelga en el espacio, como suspendido en el vacío.Me aproximo y poco a poco voy viendo que no es una alucinación sino una especie de objeto artístico allí colgado. Quizás el artista que lo hizo se sacó un mal sueño de la cabeza, de esos que son tan gordos que deben ser extraídos, lo dobló bien doblado y lo dejó allí colgado, quedándose descansado para el resto de su vida. En realidad, absorto como estoy en el tema de los objetos, esta aparición me ha parecido muy oportuna e inspiradora. Al salir del patio donde se encuentra, y haciendo en cierto modo juego con la masa negra amorfa, veo el viejo urinario, llamado en portugués urinol, que sorprende a todo el mundo, pues ya no se estilan en las ciudades modernas.

Es tan insólito este utilísimo elemento de mobiliario urbano, que todos los turistas le sacan foto, a los que yo me sumo sin recato alguno. Una muestra más de la inteligencia estratégica de los lisboetas, que saben perfectamente lo que es rentable y lo que no. En las ciudades modernas se considera de mal gusto orinar en la calle, aunque sea en un lugar con desagüe y con una media pared para cubrir al ejecutante, como antes se hacía, pero si estás con necesidad, la alternativa que te ofrecen hoy en la mayoría de las ciudades del mundo es hacértelo en los pantalones…

Igreja de Santo Domingos
Desciendo a la Baixa y en la Plaza Figueroa constato con alivio que el Hospital de Bonecas sigue en su sitio. Vean aquí el reportaje quededicamos en Titeresante hace cosa de un año a este verdaderohospital para muñecas. Luego recalo en la Igreja de Santo Domingos y me dejo impresionar como siempre por su interior apocalíptico, con sus columnas lamidas por el último incendio que asoló la iglesia en los años cincuenta, y que me traslada por unos instantes al fondo de las aguas oscuras de los océanos del Inconsciente. La restauración que se hizo de esta iglesia es una de las cosas más hermosas que pueden verse en Lisboa.

Kasrperl de la colección de A Tarumba.
Entro en el Teatro Nacional D.Maria II para ver la exposición de títeres que A Tarumba ha instalado en la Librería del Teatro. Magnífica colección de títeres de finales del XIX o principios del XX construidos en Alemania para el consumo doméstico de los niños, con representación de los personajes habituales en las obras del Kasperl de guante: el policía, el payaso, el diablo, el mismo Kasperl en distintas versiones, lo que parece ser un Punch y su esposa Judy, y otros muchos. Las piernas tan finas que les cuelgan del cuerpo indican su procedencia alemana o al menos norte europea. Alguno de estos jesters podría ser perfectamente un Mester Jakel danés.


Clown de la colección de A Tarumba.
Adjunto algunas imágenes que pude captar de la exposición, que completan la serie de jesters que aparecen en este blog de Rutas de Polichinela.


En el Teatro Nacional ponen estos días un Fausto a partir de los textos de Fernando Pessoa y de Christopher Marlowe, en una versión de Maria Mendes y Francisco Salgado. Me gustaría verla, pero no sé si tendré tiempo...


Paseando por la Baixa, tropiezo con una tienda de la Rua da Madalena (número 87) especializada en artesanía portuguesa de la de verdad. Entro y me quedo embelesado ante las hileras de figurillas de barro que representan a monjes, diablos y muchos curas y monaguillos en procesión. No por nada la tienda se llama Santos Oficios. Al fondo, en un altillo que se usa para despacho, descubro una hermosa marioneta de una cierta altura, un metro quizás, sostenida por una vara de hierro en la cabeza, como eran en los siglos XVI y XVII las marionetas de las Máquinas Reales que se hacían en España y también en Portugal. Es un fraile, muy bien hecho y con un curioso mando de hierro muy bien pensado. Un hilo permite mover su boca articulada.

Marioneta de José Carlos Barros.
Pregunto, y el señor Homero Cardoso, el dueño de la tienda, tras habernos mutuamente presentado y charlado un rato, me indica que no está en venta. Pertenece a una serie de marionetas hechas por el titiritero y constructor José Carlos Barros para la película “O Judeu” de Jon Tob Azulai realizada en 1994 con marionetas para la televisión.

Película sobre la vida de Antonio José da Silva, más conocido como O Judeu, escritor de varias óperas para marionetas que fue ajusticiado (“relajado en carne” según la terminología inquisitorial, es decir, agarrotado) por la Inquisición en un Auto de Fe el 18 de octubre de 1739. El señor Barros regaló esta pieza a la tienda, y ahora se ha convertido en casi el símbolo del establecimiento. ¡Increíble, pienso, todo encaja en este paseo!

La Igreja do Carmo desde el Rossio.
Juntando los Robertos del Museu da Marioneta, las tres estatuas literarias del Chiado, las columnas comidas por el fuego de Santo Domingos, los jesters expuestos en el Teatro Nacional, y ahora esta marioneta que bien podría ser como las utilizadas por el mismo O Judeu en el Teatro do Bairro Alto, ¡se obtiene casi una radiografía del capítulo sobre Lisboa de mi libro!

Acabo el paseo en la Plaza do Carmo, sentado en una terraza bajo los tilos. Al frente, la puerta cerrada de la Igreja do Carmo, ese otro monumento lisboeta a la nostalgia (templo nunca restaurado, con sus elegantes arcos góticos desnudos al viento). Hace fresco, pero es un placer descansar en este lugar donde un 25 de abril de 1974 empezó la Revolución de los Claveles, y un día de mayo de 2009 se me ocurrió la idea de embarcarme en estas Rutas de Polichinela. ¡Tenía que terminar aquí mi paseo!