jueves, 24 de marzo de 2011

TOT Festival en Barcelona

Ya en otras ocasiones he dicho que Barcelona parece estar recobrando el pulso titiritero que había perdido en los últimos tiempos: profusión de nuevas y jóvenes compañías, buenos espectáculos, cada vez más locales con programación titiritera, y un festival, el del Pueblo Español, que se ha convertido en un referente importante dentro del mapa catalán y español de los festivales de títeres.

El TOT Festival ha presentado este año una programación de lo más interesante, con espectáculos estelares como The Eart and the Universe, de la compañía iraní Yase Tamam Group, compuesta únicamente de mujeres. También se vio el fin de semana pasado el magnífico espectáculo "Geneviève, si chaste, si pure" de la famosa compañía belga Taptoe Theater, con dirección de Massimo Schuster.

Para el próximo fin de semana, podrán verse los dos últimos espectáculos de Bambalina Teatre, "Don Quijote" y "Carmen", aplaudidos como dos de los mejores montajes de la compañía valenciana, con dirección de Carlos Alfaro y de Jaume Policarpo respectivamente.

Para más información sobre el programa del festival, clicar aquí.

Los artífices del TOT Festival son por un lado el gerente del Poble Español, Jorge Bernárdez, quién ha visto la oportunidad de potenciar una iniciativa que llevaba años celebrándose con éxito, y que tuvo la brillante idea de poner como director artístico a Jacques Trudeau, reconocido marionetista canadiense que en estos momentos ocupa la secretaría general de UNIMA. La dirección del Festival ha programado igualmente varios encuentros entre profesionales que buscan dinamizar el género en Barcelona y Cataluña. Este sábado, a las 13h, debate sobre el tema: "Cómo conseguir financiamiento en tiempo de crisis".

martes, 15 de marzo de 2011

Un Polichinela en Los Caprichos de Goya

Añado esta imagen sugerida por Adolfo Ayuso en el Comentario que ha hecho a mi última entrada y que sigue lo que me contó Gonzalo Cañas sobre Polichinela. Se trata del grabado de Goya "¡Qué sacrificio!" perteneciente a la serie de Los Caprichos. Como se indica en Wikipedia, existen varios comentarios al mismo. El que se conserva en el Museo del Prado y que podría ser del mismo Goya dice:

¡Como ha de ser!. El novio no es de los más apetecibles pero es rico y a costa de la libertad de una niña infeliz se compra el socorro de una familia hambrienta. Así va el mundo.
El conservado en la Biblioteca Nacional dice:

El vil interés obliga a los padres a sacrificar una hija joven y hermosa casándola con un viejo jorobado, y no falta un cura que apadrine semejantes bodas.

Como puede observarse, la figura del novio podría ser perfectamente un Don Cristóbal Polichinela tal como se definió en España.

Siguiendo indicaciones de Gonzalo Cañas en nuestra entrevista, y citando de nuevo el texto de Wikipedia, "Este tema lo repite en muchas de sus comedias Moratín, desde El viejo y la niña hasta su célebre El sí de las niñas, y es habitual en la literatura satírica de aquel tiempo. Goya amplifica el aspecto grotesco transformando al novio en caricatura y resaltando así el aspecto satírico del grabado."

Sin duda Valle-Inclán se inspiró mucho en Goya.

Gonzalo Cañas y Don Cristóbal Polichinela

(Gonzalo Cañas en su apartamento de la calle San Roque)

He tenido la suerte estos días de ver y charlar largamente con Gonzalo Cañas, un viejo amigo titiritero de Madrid al que conozco desde finales de los setenta y con el que he mantenido siempre cordialísimas relaciones. Recuerdo que en el año 80 nos invitó a actuar en la Sala Lavapiés en el marco de un magnífico festival de títeres organizado por él mismo. Más tarde, cuando abrimos el Teatro Malic, presentó allí su espectáculo “El Toro Ibérico”, en el que Cañas salía al escenario vestido de torero. En los años ochenta hasta bien entrados los noventa, solíamos actuar en Madrid prácticamente cada año, ya fuera en el teatrillo del Retiro que dirigía Paco Porras, o en alguna de las salas o municipios de la capital. Y se convirtió en una costumbre visitar a Cañas en su apartamento de la calle San Roque, no sin antes compartir con él un buen cocido madrileño en el Bocho, una popular taberna que todavía hoy continúa impertérrita en la mencionada calle.
Le expliqué mis Rutas de Polichinela y los motivos de mi estancia en Madrid, y rápidamente entró Cañas en materia, al ser éste un tema muy suyo, por el que ha dado muchas horas de su vida.
- Tenemos un problema con Don Cristóbal Polichinela: no sabemos nada o casi nada de él. Se lo contaba a Adolfo Ayuso y estuvimos discutiendo la cuestión sin llegar a demasiadas conclusiones. Por ejemplo, ¿cuándo y cómo surgió el personaje? Sabemos que en Andalucía estaban los Cristobitas, títeres de guante populares que compartían semejantes características con los polichinelas italianos. Conocemos incluso a un titiritero, Juan Misa. Era Cristobita un personaje positivo en el sentido de pobre y justiciero, con el que podían identificarse los espectadores de la calle. ¿Pero cuándo y por qué de pronto sube de categoría, recibe nombre propio, se le antepone el Don, se le califica de Polichinela y se convierte en un personaje rico, tenebroso, impresentable y muy odiado? Algo que sucedió en algún momento a finales del XVIII. Fíjate que el nombre de Don Cristóbal Polichinela ya aparece en un escrito de Jovellanos, en el que carga contra el teatro callejero malhablado y pendenciero de los títeres. Yo tengo mi propia teoría sobre el asunto…
Absorto escucho las palabras de Cañas, que tan bien retratan y sitúan al personaje sobre el que precisamente quiero hablar en mi capítulo sobre Madrid. Pues bien conocida es la ortodoxia titiritera sobre el nombre principal que toma Polichinela en España: el de Don Cristóbal, aunque luego nadie se haya detenido a pensar, salvo Cañas y otros estudiosos como Adolfo Ayuso o tal vez el mismísimo Porras, el por qué aquí se convierte en un personaje tan negativo –aunque Lorca lo trate siempre con un cierto cariño. Habría que añadir que si bien es cierto que el Punch inglés y en cierta medida el Polichinelle francés gozan de atributos poco edificantes, no por ello dejan de ser personajes “positivos” en el sentido de ser objetos de proyección del pueblo llano y callejero, que ve en él a alguien semejante, sin pelos en la lengua y buen repartidor generoso de estacazos justicieros.

(La Boda, cuadro de Goya)
- Mi teoría parte de una figura muy importante entonces en España, que encontramos en los grabados y en algunas pinturas de Goya, así como en numerosas obras teatrales: la figura del indiano, el nuevo rico que llega prepotente, inculto y grosero de América, invierte su dinero en propiedades y compra una mujer joven con la que casarse. El cuadro de Goya La Boda es una perfecta ilustración del mismo: gordinflón, cara de cerdito, labios carnosos y prominentes, con muchos lacitos en el cuello, y que parece ser objeto de burlas y habladurías por parte de la concurrencia. La que es o será su mujer, camina por delante de él, muy tranquila y dueña de si misma, pues seguramente sabe muy bien lo que hace al casarse con un ricachón sin renunciar a los amantes, como los dos jóvenes que en un segundo plano miran la escena con murmuraciones, tal vez rabiosos y sin duda maquinando estrategias futuras. Este indiano, para mi, es ya Don Cristóbal, y encarna al personaje que acabaría transformándose en el Polichinela tal como lo mostró Lorca y tal como la tradición nos lo ha dejado.

(Pulcinella enamorado, de Giandomenico Tiepolo)
Contemplo el cuadro del que habla Cañas, y comprendo perfectamente lo que quiere decir. Es curioso que por la misma época, Giandomenico Tiépolo en Venecia tome la figura de Pulcinella para exponer en sus grabados, frescos y pinturas su visión pesimista y decadente de la Serenísima. También allí a finales del XVIII actuaban los titiriteros en la Plaza de San Marcos con un Pulcinella vulgar y soez que irritaba a los moralistas y divertía a la canalla. Sin embargo, la visión del personaje que nos retrata Tiépolo habla más de su decadencia que de su maldad. Para el veneciano, Pulcinella era un símbolo del final de la República y cuando retrata a los venecianos, los viste a todos de blanco como Polichinelas, con sus sombreros largos, sus jorobas siniestras, sus máscaras negras y sus narices prominentes. Hay crítica y desdén pero también piedad y compasión en su mirada.
España es demasiado negra para visiones tan sofisticadas: la decadencia del Imperio es apabullante, y la ruina social y moral del país, indisimulable. Las pinturas negras de Goya enlazan además con una tradición ibérica de raíces medievales, que pasa por La Celestina y Lope de Rueda, cruza Cervantes y toda la novela picaresca, se tiñe de tintes oscuros durante el barroco, se alambica retóricamente con Quevedo y estalla visualmente en la obra de Goya. Polichinela, como ocurre con todos sus primos en Europa, se metamorfosea de distinto modo según el contexto, y adquiere en España una tonalidad oscura, satírica y popular. Nace el Don Cristóbal Polichinela, personaje aún más negro que el difamado Punch inglés. Éste, al lado del español, no es más que una caricatura, cruel y maligna, pero en cierto modo simpática. A Don Cristóbal, en cambio, no hay quién lo salve. Y si despierta simpatías, es porque todos los títeres, por siniestros e impresentables que sean, acaban recabando nuestra gracia e indulto: su exagerada caricaturización nos provoca la carcajada. Así ocurre con la sátira de lo hiperbólico y lo grotesco. ¿No es acaso el impresentable personaje de Torrente inventado por Santiago Segura una especie de moderno Polichinela tan inmundo como popular y querido lo es por su público? O como el Ubú de Jarry, este egoico psicópata e insufrible.
Continúa Cañas exponiendo su teoría del Don Cristóbal:
(Federico García Lorca)
- Fíjate en el Polichinela de Lorca: según la genealogía del personaje que nos presenta el poeta en el prólogo al “Retablillo de Don Cristóbal”, éste es un don nadie que se hace rico tras hacerse pasar por médico y quedarse con el dinero del enfermo tras dejarlo patitieso. A partir de aquí, sus maldades y ruindades son un cúmulo que no se detiene hasta que el mismo Polichinela acaba reventando…. Y no cabe duda que Lorca se inspiró en la tradición popular del personaje, aunque él luego le diera forma propia.
Tiene razón Cañas. Y lo curioso del caso es que a pesar de tanta maldad, el mismo Lorca emplee expresiones de simpatía hacia el personaje, como si por el hecho de ser un títere, fuera normal extralimitarse en las pasiones y los deseos más deleznables. Pero el poeta, en boca del Director, sólo tiene dulces palabras para su personaje: “Las malas palabras adquieren ingenuidad y frescura dichas por muñecos que miman el encanto de esta viejísima farsa rural. Llenemos el teatro de espigas frescas, debajo de las cuales vayan palabrotas que luchen en la escena con el tedio y la vulgaridad a que la tenemos condenada, y saludemos hoy en «La Tarumba» a don Cristóbal el andaluz, primo del Bululú gallego y cuñado de la tía Norica, de Cádiz; hermano de Monsieur Guiñol, de París, y tío de don Arlequín, de Bérgamo, como a uno de los personajes donde sigue pura la vieja esencia del teatro.”
Toda una lección de dramaturgia titiritera la que despliega Lorca en sus prólogos y epílogos. Un lenguaje que permite este tipo de personificación teatral capaz de gozar poéticamente de lo grostesco sin rasgarse las vestiduras.
También Valle-Inclán bebió de la misma fuente y tiró del mismo filón, aunque él lo llevara todavía más lejos, creando un género propio, el Esperpento, que establece el recurso a lo grotesco como método básico de deformación y denuncia de la realidad. Y mientras Lorca poetiza lo grotesco, sin eliminarlo pero con el cariño de su visión dulce e inspirada, Valle-Inclán lo exagera hasta el absurdo y el disparate, sin jamás perder su carga tenebrosa y profudamente dramática.
Pero volvamos a Cañas y a su teoría del Don Cristóbal:

(Jacinto Benavente)
- No sólo Lorca recurre a Polichinela. El personaje, tal como yo lo veo, aparece en muchas obras importantes del teatro español. De entrada, en “Los intereses creados”, de Jacinto Benavente, estrenada precisamente en el Teatro Lara en 1907, aquí al lado.
En efecto, el Teatro Lara se encuentra en la Carretera Baja de San Pablo, muy cerca de la calle San Roque dónde nos encontramos. Allí se estrenó “Los intereses creados” en el año 1907, con tal éxito que al acabar la representación, Benavente fue llevado en hombros como un torero hasta su domicilio.
- En “Los intereses creados” de Jacinto Benavente –continúa Cañas–, Polichinela es un viejo truhán convertido en el hombre más rico de la ciudad y padre de la hermosa Silvia, a la que se verá obligado a ceder atrapado por las redes del pícaro Crispín. Parece haberse inspirado aquí el autor en el Polichinelle francés, personaje comodín capaz de encarnar los papeles más ruínes y grotescos, y al que Benavente no tiene reparos en identificar con la típica figura española del viejo nuevo rico, padre en este caso de una hija hermosa y enamorada, de la que pensaba sacar buena tajada, pero a la que debe renunciar atrapado por la astucia de Crispín y el enamoramiento de los jóvenes Leandro y la misma Silvia.
Muy acertada la observación de Cañas al citar esta obra clave de quién fue flamante autor español y Premio Nobel de Literatura en 1922, quién define “Los intereses creados” como “…una farsa quiñolesca, de asunto disparatado, sin realidad alguna.” Y continúa Benavente diciendo en su prólogo: “Pronto veréis cómo cuanto en ella sucede no pudo suceder nunca, que sus personajes no son ni semejan hombres y mujeres, sino muñecos o fantoches de cartón y trapo, con groseros hilos, visibles a poca luz y al más corto de vista.” Una obra pues de títeres escrita para actores, algo que será una constante en muchos autores.
- Pero no sólo Benavente. También Alejandro Casona en “Cornudo, apaleado y contento” trata el tema del viejo marido al que su mujer engaña con saña, Alfonso Rodríguez Castelao (1886- 1950) lo hace en “Os velhos non deben enamorarse” (estrenada en 1941), y en la zarzuela “Los gavilanes” de Javinto Guerrero con texto de José Ramos Martín, el indiano que regresa rico pretende casarse con la hija de quién fue su amada antes de partir. Un tema, como ves, muy presente en el teatro español, y que los títeres no hacen más que recoger y desarrollar a su manera, es decir, llevándolo a su máxima exageración.
Habría que añadir aquí la obra de Molière “El cornudo imaginario” estrenada en 1660, una afortunada comedia cuya temática llega a Valle-Inclán y a sus “Cuernos de Don Friolera”, obra para nosotros capital para explicar la relación de este autor con la estética de los títeres. Y tantas otras del teatro clásico español, lo que no hace más que reforzar la teoría de Gonzalo Cañas sobre el arraigamiento del personaje de Polichinela en esa tradición secular del viejo rico, grotesco y enamorado.
Una verdadera lección de titiritismo es la que nos regala Cañas con su teoría, a la que humildemente no puedo más que sumarme. Una teoría que nos habla de títeres pero también de psicología y de historia de un país, España, siempre tan dado a las tonalidades oscuras.

(Ramón del Valle-Inclán)
Tocaría hablar ahora de Valle-Inclán y del Bululú, una temática compleja y de un extraordinario interés respecto al asunto despachado aquí. Temática que tocaremos en próximas entregas.

viernes, 11 de marzo de 2011

Días en Madrid: museos y la Pradillo.


(autómata de monos en el Museo Romántico)
Hacía tiempo que no pasaba días largos en Madrid y lo he aprovechado para regodearme visitando algunos museos secundarios que sin embargo me han maravillado. Me estoy refiriendo al Museo Romántico, al Museo Cerralbo y a la Fundación Lázaro Galdiano. Son museos pequeños que no pueden competir con los grandes de la capital pero que tienen en cambio el enorme atractivo de lo singular y de lo esmerado, muy bien pensados además para agasajar al visitante.
Se preguntará el lector qué tienen que ver estos museos con los títeres, centro temático de este blog, y les diré que poco y mucho. En realidad, en ninguno de ellos se exhibe marioneta alguna, aunque sí algún autómata y muchos cuadros, muebles y relojes. Pero lo importante es que nos hablan de Madrid con enfoques que permiten acercarnos a sus distintas épocas y que constituyen la suma del Madrid de hoy. Incluso el orden mecionado de los museos nos ofrece una diacronía respecto a las épocas de estudio: el romanticismo para empezar, la casa-museo de Enrique de Aguilera y Gamboa (1845-1922), XVII marqués de Cerralbo, aristócrata, miembro activo del partido carlista, coleccionista y arqueólogo, y finalmente, el museo situado en lo que fue también la casa de José Lázaro Galdiano (1862- 1947), financiero, mecenas, editor, bibliófilo y coleccionista de arte español. Como se ve, existe una sucesión temporal en la vida de los creadores de los dos últimos museos, y puede decirse que los tres nos ilustran en profundidad sobre la historia madrileña y española de todo el siglo XIX hasta los inicios del XX. Una época clave para entender el Madrid histórico y más reciente de los títeres.
(una de las salas del Museo Cerralbo)
De los tres, me quedo sobretodo con los dos primeros, simplemente por haber respetado sus interiores palaciegos así como parte del mobiliario, aunque a veces éste proceda de otros lugares. La casa de Lázaro Galdiano ha sido en cambio completamente remodelada para convertirse en “museo de verdad”, es decir, sin acumulación de obras y con un criterio de exposición digamos “museístico moderno”. Supongo que la razón es la importancia de algunas de las piezas recogidas por este extraordinario coleccionista, con varios Goyas, un par de Boscos, Zurbaranes, Grecos y otras pinturas y objetos de altísimo valor. Pero a pesar de ello, me quedo con la menos “museística” versión de los dos primeros, sobretodo con la casa del Marqués de Cerralbo, cuyo piso superior se ha dejado tal como lo dejó Don Enrique de Aguilera, y que tanto nos dice de su época. La acumulación aquí es total y absoluta, para muchos seguramente exagerada, no para mi, pues me encantan estos museos estrafalarios y anodinos. Todas las habitaciones del piso superior de la casa Cerralbo son una maravilla y lo sorprendente es que entre tantos artilugios, armas, relojes, muebles, esculturas y objetos de todo tipo, no haya ninguna marioneta. Los relojes funcionan todos y es emocionante esperar que dén las horas, pues de pronto todo el museo se pone a sonar con timbres y ritmos insospechados y a cuál más diferente y original. Los mismos empleados del museo, amables y educados, parecen estar impregnados del encanto del lugar y sorprende su solícita actitud, muy inclinados a responder a cuantas preguntas se nos ocurra hacer.

(biombo, Museo Romántico)
El Museo Romántico, situado en el número 13 de la calle San Mateo, ocupa un precioso edificio construído en 1776 por el arquitecto Manuel Rodríguez. Su fundador fue Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II Marqués de la Vega-Inclán (1858-1942), quién cedió una importante colección de cuadros, muebles y objetos de su propiedad, anticipo de lo que sería el futuro museo. En seguida se le añadieron otras colecciones, como los dos cuadros de Alenza donados por el Marqués de Cerralbo u objetos pertenecientes a grandes literatos como Mariano José de Larra, José de Zorrilla, o Juan Ramón Jiménez. Interesante saber que intelectuales de la talla de José Ortega y Gasset, Francisco Sánchez Cantón o el Marqués de Lozoya tuvieron un gran interés en el mismo. Igualmente, durante la Guerra Civil fue su director Rafael Albertí. Lo bueno del museo es que siempre quiso enfatizar su condición de Casa-Museo, lo que lo hace hoy tan interesante. A subrayar que la reciente restauración que ha sufrido (estuvo cerrado de 2001 a 2009) no parece haber menguado su interés, como tantas veces sucede cuando se modernizan este tipo de museos antiguos.

(detalle del biombo del Museo Romántico)

Del Museo Romántico todo es destacable, pero para el interesado en el tema titiritero, le recomendaría visitar la sala de juguetes, con algunos autómatas y distintas figuras para el recreo infantil; una maqueta del museo visto desde fuera y por cuyas ventanas pueden verse los interiores con curiosas animaciones resueltas visualmente con proyección de video en cristales invisibles; y, por último, un extraordinario biombo decorado con transparencias animadas manualmente por detrás.

Visita a la Sala Pradillo y al “Circo Submarino” de Onírica Mecánica.

(Juan Muñoz en la Sala Pradillo)
Conozco a Juan Muñoz, fundador de La tartana y director de la Sala Pradillo, desde el año 1977. Fuímos colegas en la Coordinadora de Salas Alternativas cuando el Teatro Malic existía, y desde entonces guardamos una buena amistad. En 2009, sin ir más lejos, presenté en la Pradillo la versión castellana de mi libro “Malic, la Aventura de los Títeres”. Se entiende que al venir a Madrid, intente ver qué se cuece por la Pradillo y charlar de paso un rato con Juan Muñoz.
Supe así de la realidad actual de las Salas Alternativas en Madrid, a muchas leguas de cómo estaban hace lustros (en una época entonces de difíciles supervivencias) pero aún así no desprovistas de problemas, como es propio que ocurra en este tipo de negocios poco dados al beneficio económico. Desde el punto de vista artístico, La Pradillo se ha centrado últimamente en la danza y en el teatro de marionetas, con una excelente política de nuevas producciones de la compañía La Tartana. Vi uno de sus últimos espectáculos en Barcelona hace un par de años y me he quedado con las ganas de conocer su última obra, “Monstruos en la Maleta”. Lo que sí pude ver es una representación de “Circo Submarino” de la madrilena compañía Onírica Mecánica, programada dentro del Festival Teatralia precisamente en La Pradillo.

(imagen de la escenografía de Circo Submarino)
La interesante propuesta, escrita, dirigida e interpretada por Jesús Nieto al que le acompaña en el escenario Sergio García, destaca por la rica escenografía construída por el colectivo Ferroluar, del que vi unos magníficos trabajos en la misma Sala Pradillo hace un par de años (ver artículo). Los catalanes Raúl Martínez y Tony Martínez, artífices de Ferroluar, han creado para Onírica Mecánica una singular pista de circo para una época “post-civilizada” de la humanidad. En él se muestran los ejemplares decadentes de una especie, la nuestra, que ha sucumbida arrastrada por las ansias ciegas de velocidad, por sus desmesuradas ambiciones y por una insensibilidad y cerrazón que culminan en el número extraordinario del “hombre hielo”: tanta frialdad había en su corazón, que acabó envuelto en un bloque de hielo.
La escenografía recrea un mundo frío y mecanizado habitable sólo por personajes tales como “la mujer Nada” encarnada en una piedra, por malabaristas de palabras, ladrones de aire, hombres pulga o el ya citado “hombre hielo”. Un teatro de objetos muy bien tratado por Jesús Nieto, buen conocedor de este tipo de lenguaje, y del que su compañía hace un uso excelente. El texto, trufado de intervenciones que quieren denunciar el vacío de nuestra existencia, nos traslada a un espacio apocalíptico y submarino, allí dónde yace sepultada la extinguida civilización humana. El público, que llenaba a rebosar la sala, aplaudió con fuerza al acabar la función y se llevó de recuerdo un trozo del verdadero y gélido bloque de hielo que envolvía a uno de los personajes, al que Sergio García liberó a golpes de martillo y cincel en uno de los momentos más bellos de la obra.

martes, 8 de marzo de 2011

Títeres en Madrid

(imagen de Félix Manlleu. Sacada del artículo de Adolfo Ayuso "Félix Manlleu: Domador de Leones y Hombre del Guiñol", publicado en Fantoche nº2, 2008)

Mis Rutas de Polichinela me han llevado en esta ocasión a Madrid, aprovechando mis actuaciones en el Festival Teatralia. En efecto, actué el pasado fin de semana en La Casa Encendida -maravilloso lugar, por cierto, con un público que llenó los dos días la sala y unos técnicos y encargados que me hicieron sentir como en casa-, y el próximo lo haré en Torrelaguna y Alcorcón. Luego el siguiente fin de semana tocará Hoyo de Manzanares y San Sebastiá de los Reyes. Para más información sobre Teatralia, pulsar aquí.

Madrid cuenta con largas tradiciones titiriteras, que se remontan al Siglo de Oro y que encontramos durante los siglos posteriores (para su estudio, ver el ya canónico libro de J.E.Varey "Los títeres y otras diversiones populares de Madrid: 1758-1840. Estudio y Documentos"). A finales del XIX y primera mitad del XX, Madrid vive la misma explosión titiritera que existió en toda Europa, y que se caracterizó por la presencia de numerosas compañías de titiriteros que recorrían los pueblos y las ciudades españolas. Son el tipo de compañías que existían también en Portugal y de las que se conservan unas buenas colecciones de títeres y de imágenes fotográficas, todas ellas visibles en el Museu da Marioneta de Lisboa.

Existen pocos estudios de esta época, y los interesados estamos esperando en candeletas la aparición del anunciado volumen sobre la Historia de los Títeres en España de Adolfo Ayuso, que por lo visto se halla ya muy avanzado. De este médico, estudioso y autor de textos para títeres, habría que destacar el artículo publicado en la revista Fantoche nº2 (2008) de Unima Federación España "Félix Manlleu: Domador de Leones y Hombre del Guiñol", dónde se explica cómo este insólito personaje que fue Don Félix Manlleu, pasó de ser domador de leones a ser titiritero, figura habitual en el Paseo de los Rosales y también en el Parque del Retiro. Manlleu fue el titiritero que Buñuel y García Lorca llevaron a la Residencia de Estudiantes en el año 1922 y que tanto influyó en la visión teatral de ambos artistas. De capital importancia en este asunto es la conferencia que dio Buñuel sobre Teatro de Títeres en la Residencia de Estudiantes (conferencia publicada en el libro "Recordando a Luis Buñuel", de Pedro Christian García Buñuel, DPZ y Ayuntamiento de Zaragoza. Zaragoza, 1985). Quién esté interesado en la figura de Manlleu, le recomienda lea el citado artículo de Adolfo Ayuso publicado en Fantoche.

Manlleu, granadino de nacimiento, aprendió por lo visto a hacer títeres de niño, seguramente enrolado en alguna de las compañías que representaban Don cristóbal por Andalucía. Cuando su estrella de domador languideció, tuvo que recurrir a los títeres para ganarse el sustento. Dado el interés que despertó en los jóvenes intelectuales de la época, debería destacar por su buena técnica y por presentar un repertorio clásico y tradicional de Don Cristóbal. Se sabe poco del mismo, pero sí que utilizaba lengüeta, que tenía cinco personajes femeninos y que el diablo era otro de los personajes habituales (fuente: artículo citado de Adolfo Ayuso).

(portada del libro de Francisco Porras "Titelles, Teatro Popular")
Pero el Madrid titiritero llega a la segunda mitad del sigle XX con un buen acopio de titiriteros que en los difíciles años de la posguerra siguen llevando sus retablos por la ciudad, y muy especialmente al Parque del Buen Retiro. Hay que mencionar aquí a Talio, a Don Redondón (que luego fue a México y cuyo hijo, Víctor Torres, prosiguió ya en Madrid su carrera de titiritero), y al inefable Porras, también conocido por "El Titiritero del Retiro", excéntrico y ególatra, y uno de los personajes titiriteros fundamentales de los setenta y los ochenta en Madrid. Sus libros, resultado de una entrega apasionada a su vocación investigadora, siguen siendo un referente obligado sobre muchos de los temas aquí tratados.

Puede decirse que en esta segunda mitad del siglo XX, la actividad titiritera en la capital es desbordante y ha dado un sinfín de nuevas compañías de mucho interés. Además del Teatrillo del Retiro, habría que mencionar a la Sala Pradillo fundada por la Tartana y que hoy dirige Juan Muñoz.

De todas estas realidades voy a indagar, charlando con unos y con otros, recogiendo anécdotas, datos e imágenes de interés.

viernes, 25 de febrero de 2011

El Museo de Marionetas de Palermo y los pupis de Enzo Mancuso

(cabeza de pupi del Museo delle Marionette)

Hablar del Museo Internazionale delle Marionette Antonio Pasqualino de Palermo es hablar de uno de los más importantes museos europeos de marionetas. Lo es por su fondo extraordinario de pupis sicialianos y napolitanos, por sus ricas colecciones de títeres, sombras y marionetas de otras partes del mundo, y sobretodo por los estudios que acompañan el fondo de los pupis, tanto en la documentación conservada como en las publicaciones hechas por el mismo museo.

Es decir, objetos conservados pero provistos de toda la información que los acompaña, los explica y los sitúa en el tiempo, el espacio y en el imaginario de la isla. Esta suma de valores se debe a una labor que ha persistido en el tiempo desde los años sesenta y setenta a cargo del doctor Antonio Pasqualino quién, junto con su esposa Janne Vibaek, recogieron y tomaron nota de lo que aún se conservaba del teatro de pupis. Una tradición que entonces se encontraba en una aguda fase terminal. Antonio Pasqualino, en conjunción con las familias de puparos que persistieron en la tradición, son los artífices de que esta antigua forma de teatro se haya mantenido y que aún hoy sea posible ver representaciones de pupis en Palermo con programaciones regulares.

Existen en Palermo al menos cinco teatros en activo, tal como pude constatar en mi visita: el Teatro Carlo Magno de Enzo Mancuso, el teatro Figli d'Arte Cuticchio de Mimo Cuticchio en el que también trabaja su hijo Giacomo y parte de su familia, el Teatro dei Pupi "Ippogrifo" de Nino Cuticchio (situado dónde se encontraba el de su padre, en Vicolo Ragusi nº 6), el Teatro I Paladini, un curioso y sugestido lugar situado muy cerca de la iglesia Santa Agata Alla Guilla, dónde se acumulan típicos carros pintados a la manera siciliana y que no pude visitar por falta de tiempo, y el teatro del Museo delle Marionette ya citado, a cargo de Enzo Mancuso. Es posible que aún existan otros en la ciudad, pero éstos son los que yo puedo testimoniar.

(guapos)

La colección de pupis del Museo es francamente extraordinaria. El fondo cuenta con más de cuatro mil marionetas, la mayoría guardadas en un almacén , pues no hay espacio suficiente para mostrarlas todas. Las que están expuestas proceden de Palermo, de Catania y de Nápoles. Además de los caballeros y paladines, todos con sus preciosas armaduras -las hay de todos los tipos, algunas de formas exhuberantes y fantasiosas-, hay también personajes digamos "civiles", y otros mágicos y legendarios. Muy interesantes son también los "guapos", personajes de la Camorra protagonistas de algunas historias de la Opera dei Pupi napolitana.

En el video adjunto pueden verse algunas de las marionetas expuestas así como un fragmento de la actuación vista el viernes 18 de febrero en el Museo delle Marionette. Quiero agradecer aquí la amabilidad de Enzo Mancuso, quién me permitió filmar desde dentro del retablo.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Los pupi de la familia Cuticchio

(la pupara Tania arreglando un pupi tras la batalla final. Teatro de Mimo Cuticchio)

Tras las funciones en el Museo Internazionale delle Marionette di Palermo, he podido recorrer un poco la ciudad y hablar también con algunos pupazzi (los que representan los espectáculos de Opera dei Pupi). Ya en el museo tuve la suerte de ver una representación entera a cargo de Enzo Mancuso, de una extraordinaria calidad, tanto en la dicción como en la interpretación de la marionetas, dotadas de un ritmo frenético y una perfecta sincronía en las batallas. Mancuso tiene su propio teatro llamado Teatro Carlo Magno en Via Collegio di Maria al Borgo Vecchio.

Anteayer vi un episodio de la historia de Orlando y su primo Rinaldo, ambos pretendientes de la bella Angelica, a cargo de la compañía de Mimo Cuticchio con su hijo Giacomo como primer pupazzi, en su recoleto teatro de la Via Bara all'Olivella. También tuve la ocasión ayer de ver el final del episodio de la muerte de Orlando, uno de los más dramáticos y poco representados, pues no es grato ver como muere el héroe de la saga. Así me lo explicaba un compungido Giacomo Cuticchio, joven músico y pupazzi, aún con la camiseta sudada y casi con lágrimas en los ojos, tal era la identificación con el personaje que exige actuar con los pupi.

(pupis históricos de la familia Cuticchio)

Por la tarde he pasado por el teatro y taller que tiene Nino Cuticchio en el Vicolo Ragusi nº 6, también conocido como Teatro dei Pupi "Ippogrifo", muy cerca de los conocidos quattro canti de la ciudad, un local que fue también el teatro del padre de los Cuticchio. Charlar con Nino ha sido entrar en contacto con las raíces más profundas de la tradición de los pupi: tras aprender el oficio ya de muy pequeño con el maestro puparo Francesco Sclafani, Nino es y ha sido, además de intérprete manipulador en activo, el gran artista escultor de la familia: suyos son muchos de los pupi que utiliza la compañía, así como de algunas joyas que pude ver en la sala de exposición que tiene Mimo Cuticchio en la Via Bara (como la cabeza del padre Cuticchio rodeada por las cabezas de sus seis hijos).

(Nino Cuticchio en su Teatro dei Pupi "Ippogrifo" del Vicolo Ragusi, 6)

Para completar esta entrada sobre la familia Cuticchio, me falta mencionar a Ana Cuticchio, hermana de los aludidos Nino y Mimo, quién estuvo actuando en el Teatro Malic dos veces en los años ochenta. Recuerdo la energía de Ana, que vino en ambas ocasiones con un equipo de puparis de primerísima calidad (creo que estaba el señor Canino, uno de los más reconocidos intérpretes de pupi) y que hizo retumbar las paredes del teatro como pocas veces recuerdo haber visto. El público salió traspuesto y deslumbrado, tal fue el derroche de energía que salió de la boca del retablo de las marionetas.

Adjunto algunas fotos tomadas en ambos teatros de la familia Cuticchio.

domingo, 20 de febrero de 2011

Actuación en Palermo y los Pupi

(Sirena. Pupi del Museo Internazionalle della Marioneta di Palermo)

Me encuentro en Palermo siguiendo estas Rutas de Polichinela que me llevan por las ciudades titiriteras de Europa más significativas. Ya sabrá el iniciado que hablar de Palermo y de Sicília es hablar de la Opera dei Pupi, nombre con el que se conoce una tradición local de vistosas marionetas que representan el riquísimo repertorio carolingio, con Orlando como figura principal, más un sinfín de caballeros y paladines afines o enemigos de nuestro héroe, con los que entabla singular batalla. Historias de moros y cristianos en las que se entremezclan leyendas populares, mitos antiguos y vistosas figuras sobrenaturales.

(frontispicio del teatro de la Opera dei Pupi, Museo Internazionalle delle Marionette di Palermo)

Una manera de iniciarse a fondo en esta tradición es acudir al Museo Internazionalle delle Marionette Antonio Pasqualino, dónde el visitante encontrará un fondo extraordinario de marionetas, muchas de ellas del siglo XIX, de tallas extraordinarias, más decorados, carteles, figuras sobrenaturales (ángeles, sirenas, dragones, serpientes voladoras…), libros, revistas, etc . Además, dos veces a la semana, los martes y viernes, hay función de pupi a cargo de la compañía de Enzo Mancuso en el maravilloso salón noble del palacio dónde se unica el Museo, rodeado de decorados y sirenas volantes.

(montando el espectáculo)

He tenido la suerte estos días de actuar con mi espectáculo “A Manos Llenas invitado por el Museo y su Festival di Morgana, con la inestimable colaboración del Instituto Cervantes de Palermo y del Instituto Ramón Llull. Montar en la misma sala dónde se encuentra el teatro de los pupi, rodeado como estaba por un sinfín de títeres históricos de muy distintas procedencias y tradiciones, ha sido una experiencia inolvidable y muy reconfortante desde el punto de vista titiritero. La función ayer fue además muy bien recibida por el público, que acudió llenando el aforo de la sala, y hoy domingo se realiza la segunda.

(Rebecca Simpson en su puesto de combate)

Hablaré más adelante del Museo, de sus actividades y colecciones. También haré referencia de los distintos “pupazzi” (titiriteros que representan los pupi) que conozco en Palermo, como los dos hermanos Mimo y Nino Cuticchio, y el ya citado Enzo Mancuso. Igualmente de los pupis de Catania, que se distinguen por su mayor tamaño.

Cuelgo de momento algunas imágenes realizadas por Rebecca Simpson, quién me acompaña en esta aventura siciliana, que darán una cierta idea al lector de lo que estoy hablando.

(el público antes de empezar la función)

miércoles, 16 de febrero de 2011

Premio de la Crítica de Portugal al festival Fimfa y a Joao Paulo Cardoso

Feliz noticia para los marionetistas portugueses e ibéricos en general: la Asociación Portuguesa de Críticos de Teatro ha dado el Premio de la Crítica 2010 al Festival FIMFA (Festival Internacional de Marionetas y de Formas Animadas de Lisboa) y al titiritero Joao Paulo Cardoso, de Porto, fallecido a finales del 2010.

Como dice el comunicado de los críticos portugueses:

O júri foi constituído por Alexandra Moreira da Silva, João Carneiro, Maria Helena Serôdio e Rui Pina Coelho.

PRÉMIO DA CRÍTICA atribuído ao FIMFA e a João Paulo Seara Cardoso

Ao FIMFA - Festival Internacional de Marionetas de Lisboa - por dez anos de trabalho perseverante e continuado na apresentação, em Portugal, do que de mais interessante e importante existe no Teatro de Marionetas, Objectos e Formas Animadas. E a João Paulo Seara Cardoso, sem o qual o Teatro de Marionetas em Portugal não existiria na sua forma, dimensão e qualidade actuais.

Felicidades pues a Rute Ribeiro y a Luís Vieira, de la compañía A Tarumba, así como a la familia y a los compañeros de Joao Paulo Cardoso. Creo que el premio está más que merecido para ambos premiados.

El Fimfa se ha convertido en un referente europeo al destacar por la altísima calidad de su programación, sin demasiadas concesiones a la galería, provisto de un público fiel y abudante, abierto además a todos los géneros y épocas, desde las vanguardias más arriesgadas hasta lo más interesante de la tradición. El interesado puede consultar las dos crónicas que publiqué del último Festival en mayo 2010 clicando en crónica 1 y crónica 2.

Cardoso, por su parte, ha destacado por ser uno de los ejes del titiritismo portugués de los últimos treinta años. Su compañía Marionetas de Porto ha sido una de las más prolíferas y creativas del país. Esperemos que tanto la compañía como su proyecto de un Museo de Marionetas do Porto sigan adelante, perseverando en los mismos objetivos que Cardoso tuvo en vida. Quién quiera saber más sobre el personaje en este blog, clicar aquí.

lunes, 14 de febrero de 2011

Explosión de libertad en Egipto

Ya en varias ocasiones se ha dicho en estas Rutas de Polichinela que el significado principal y arquetípico de los títeres de la familia de Pulcinella es el principio de vitalidad, por el que nuestro personaje no se deja encorsetar y rompe con los moldes, las inercias y las convenciones que lo intentan atar. Así es Pulcinella, Punch, Kasperl, Petrushka, Karakoz, Mobarac y Aragosi. Éste último es el nombre que toma nuestro personaje en Egipto.

Pues bien, puede decirse que estos últimos días hemos sido testigos de una exaltación simbólica del personaje encarnado en el pueblo egipcio, que de pronto y porrazo se ha sacado de encima el miedo y una dictadura de treinta años.

Ha sido emocionante seguir hora a hora y minuto a minuto, la lucha llevada a cabo por la juventud sublevada en la Plaza de Tahir a la que se le ha ido sumando el grueso de la sociedad egipcia en números que sobrepasaban los millones. Una reacción insólita que muestra la madurez y la riqueza de este pueblo milenario, capaz de enfrentarse a los ataques de una policía prepotente y retorcida, y sin dejarse manipular ni amedrentar por el dictador y sus intentos desesperados de atajar la revuelta. Al final Mubarak tuvo que irse y aunque las cosas siguen confusas en el país, un cambio de tracendental importancia ha tenido lugar ante los ojos atónitos y desconcertados de medio mundo.

Europa, especialmente, se lo mira incrédula, aún sin acabar de tragarse lo que ha sucedido ante sus narices en apenas un par de semanas. Curiosos vientos de cambio y de emergencias vitalistas soplan por el Mediterráneo. Un vitalismo inteligente y bravo, altamente civilizado y muy creativo. Sin duda viejos y poderosos arquetipos redefinidos por la Modernidad se acaban de manifestar mostrando al mundo los nuevos rostros de épocas futuras. Un alivio para los pesimistas y una carga de revitalización para los que ya pensaban que la historia era una pesadilla sin remedio alguno. Las ciudades de Europa deberán mirarse en el espejo de esta macrociudad que es El Cairo, casi un país entero, que sin embargo ha mostrado una coherencia interna sin parangón alguno.

Los analistas hablan de las próximas revueltas del mundo árabe, pero en realidad son muchos más los países que deberían poner sus barbas a remojar y empezar a preocuparse. China prohibe la palabra Egipto en las redes de Internet (sintomático); Irán repite lo de Mubarak hace dos semanas: limitar Internet y frenar los flujos de redes y móviles; Berlusconi ve como las mujeres salen a la calle para reirse de sus chabacanerías… Creo que los vientos levantados en Túnez y Egipto son mucho más importantes de lo que pensamos.

Aragosi, esta almita antigua y rebelde de los barrios de El Cairo, y con él todos sus primos de la familia de Polichinela, está contento. Como todos los principios de vida anclados en lo popular, se rejuvenecen cuando los pueblos se levantan y se proclaman libres. Los titiriteros, humildes sombras a su servicio, sonreímos al ver la euforia de nuestras audaces y sorprendentes criaturas.

sábado, 29 de enero de 2011

Suspendido el viaje a Egipto

Ya tenía los billetes y todo estaba preparado para llegar este lunes a Egipto y participar en el Creative Forum de Alejandría y luego actuar en Cairo, a la par que efectuaba mis indagaciones para el proyecto Rutas de Polichinela, pero el Festival se ha suspendido y la situación no está para irse de viaje. Han cerrado Internet, casi no hay comunicación con móviles, y las protestas arrecian.

Cambio de tercio en Egipto, explosión social, hartazgo de muchos lustros de explotación. Ojalá el cambio sea bueno y haya valido la pena el esfuerzo. Los títeres deberán esperar mientras la historia se recoloca en esta parte del mundo. Los interesados pueden leer el diálogo sobre el tema que mantuve con mis amigos Bastides y Mercadal, los futurólogos de la playa, en el Retablo de mi Blog.

miércoles, 26 de enero de 2011

Doblares de campanas en Barcelona: Jardín Umbrío, Arbequina y Don Juan

Aprovecho que las Rutas de Polichinela me apean en Barcelona para acudir a dos citas titiriteras: la del trío Pep Gómez, Andrea Lorenzetti y Pep Pasqual en “Jardín Umbrío” y la de Dora Cantero con “Arbequina”. Aun siendo propuestas muy distintas entre si, coinciden ambas en ser historias de muertos. También en el interés y la calidad de las mismas, lo que viene a corroborar esta impresión comentada con anterioridad, de que Barcelona empieza a destacar como una muy activa capital titiritera: estrenos regulares, espacios dónde se representan títeres, nuevo festival en ciernes en el Pueblo Español… Todo apunta a un renacer que no es de hoy sino que procede del trabajo de jóvenes compañías muy creativas y cada vez más profesionales. No hace mucho asistí también en la Sala Beckett a una representación de "Don Juan, Memoria Amarga" de Miquel Gallardo, que me impresionó por la calidad del espectáculo, y del que hablaré tras comentar los dos primeros.

Jadín Umbrío

Se presentó en el Horiginal –un espacio realmente insólito y activísimo de Barcelona, restaurante y al fondo una sala para presentaciones, jam-sessions, poesia y encuentros filosóficos, que llevan el escultor Ferran García y el poeta Josep Pedrals– el estreno de la nueva obra de Pep Gómez y Andrea Lorenzetti, que llevaba ya un tiempo cocinándose y del que a veces se había presentado algún fragmento suelto. Por fin la obra estaba terminada, y los afortunados que acudimos a la cita tuvimos el privilegio de asistir a una memorable representación, de corte familiar e intimista, en la que las contundentes palabras de Valle-Inclán y de Álvaro Cunqueiro resonaron con fuerza junto a los sonidos de Pep Pasqual, este músico inclasificable y genial, que tanto puede despuntar en un concierto de jazz como saxofonista solista, como en un espectáculo teatral ejerciendo de “pintor sonorista” del mismo.

Inició la sesión el gallego Francisco Borxa –que suele actuar con Lorenzetti en “Os títeres da Via Láctea”– con una queimada acompañada de invocación que pretendía iniciar al público en los mundos ocultos y tenebrosos de la obra que se iba a presentar. Sus palabras retumbaron con fuerza en el espacio del Horiginal y todos quedamos impresionados y satánicamente bendecidos para entrar en los umbrales del más allá.

Luego, con las pinceladas sonoras de Pep Pasqual, que ejercía de músico invisible y discreto junto a los titiriteros, se inició el doblar de campanas de esta obra fúnebre que recoge cuatro de los cuentos con los que Valle-Inclán quiso retratar los ambientes lúgubres de su Galicia natal.

Creo que el gran acierto de la obra radica en la feliz combinación que se ha hecho de los textos de Valle-Inclán y del mundo de ultratumba de Cunqueiro a través de sus Crónicas do Sochantre (1956). La carroza de muertos que lleva a dos cadáveres, uno de ellos con el puñal todavía clavado en la garganta, carroza vista primero en un plano general, y luego en un primer plano interior, por el que vemos a los dos muertos dialogar en gallego mientras se dirigen al cementerio, es un gran hallazgo dramatúrgico de la obra. Su trote macabro y sosegado, cuya cadencia sostiene las conversaciones de los difuntos, hila las cuatro escenas de Valle-Inclán y consigue un distanciamiento irónico y fúnebre, a veces hilarante, como cuando otro muerto al que han incinerado habla sacando chorros de su propia ceniza de la urna.

Historias de curas montaraces y asesinos dubitativos, de brujas poseídas por el demonio y esposas de maridos encarcelados, de máscaras grotescas y fiambres coronados reyes del Carnaval, de bandidos siniestros cuyo capitán se enamora de la mano que acaba de cortar cuando asomaba tras una reja… Un repertorio valle-inclanesco de personajes sombríos y situaciones grotescas que encuentra en las marionetas a sus mejores actores. Las voces de los dos titiriteros acompañan con adecuado tono la obra: la fúnebre y solemne voz de Pep Gómez, y la más juguetona de Andrea Lorenzetti, ambos de dicción atropellada, como corresponde a unos personajes que no hablan en los escenarios de la Academia sino desde las profundidades de la Ultratumba.

La obra está provista de una iluminación tenue y sutil, con una puesta en escena sencilla de corte artesano, es decir, en la que todo está a la vista y en la que caben los errores y los retrasos, pues es voluntad de los titiriteros que así sea, buscando un tono de intimidad mortuoria, la que existe cuando se han abandonado las banalidades del oropel y de la apariencia, y sólo queda lo esencial. La desnudez estilística casa bien con el espresionismo esperpéntico de Valle y con los habitantes del más allá. También la música crea tiempos sutiles, sin grandes pronunciamientos, con pinceladas que sin embargo van marcando los ritmos interiores de la acción, los pesares y las nostalgias de los protagonistas, la mayoría muertos o a punto de estarlo.

Una nueva obra del tándem Gómez-Lorenzetti, que parecen muy compenetrados en su labor, gracias seguramente a un aplomo compartido, el que trae los años en el caso de Pep, y el de quién busca con la tozudez del aprendiz en el caso de Andrea. La vetusta sabiduría de la madurez junto al osado denuedo de la juventud. Unidos también por la voluntad de crear mundos oscuros y fantasmales, reflejos de un tiempo, el actual, que dejó de brillar con el fulgor del oro.

Jardín Umbrío, con una buena continuidad de representaciones que asientan la obra y la aplomen respecto al ritmo, la dicción y otros detalles, puede convertirse en una obra de culto para paladares inquietos.

Arbequina

Dora Cantero es una joven y talentosa titiritera de Murcia que ha decidido instalarse en Barcelona para profundizar en sus indagaciones marionetísticas. La vi en la obra “Guyi, Guyi…”, de Periferia Teatro, un espectáculo logradísimo que no cesa de recoger éxitos, y leí el blog de sus viajes por Japón, dónde acudió para estudiar las tradiciones titiriteras del País del Sol Naciente, que son muchas como todo el mundo sabe.

Presentó en la Casa-Taller de Pepe Otal –cada día más activo y con un público fiel que suele llenar todas sus sesiones, como ocurrió el otro día– su último espectáculo, Arbequina, de creación propia en todos sus componentes, pues está basado en una búsqueda personal de la autora sobre sus antepasados. Importante destacar la presencia de Mina Ledergerber en calidad de música acompañante muy presente en la escena, con su acordeón, clarinete y otros artilugios sonoros. El resultado es una obra entrañable, intimista y poética representada básicamente con objetos y con la misma Dora Cantero como personaje que cuenta la historia de su familia.

El tono, íntimo y personal, sirve de anzuelo para conquistar al público ya desde el inicio, con una entrada muy lograda de aparente espontaneidad, que establece las reglas de juego y una de las temáticas principales de la obra: los miedos y el cómo vencerlos. ¿Cómo?, contándolos. Y eso es lo que hace la actriz de Arbequina, contar sus miedos. Para entenderlos, debe remontarse a sus muertos, un viaje en el tiempo subiendo, o tal vez bajando, por las ramas genealógicas de la familia. La invocación a los ausentes es poética y se consigue a través de los objetos. Recuerdos y objetos que Dora saca de los baúles y los desvanes de su pasado familiar y que “hablan” al tomar vida en las manos de la titiritera. Se convierten en personajes al dejarse poseer por el espíritu de los ancestros invocados. Espeluzna el rostro de la tatarabuela, que parece un cosido de ectoplasma con botones y filamentos rojos, sacado de algún baúl de arcaica brujería. La gravedad de los espíritus y de sus presencias inquietantes se equilibra con la propia interpretación de la actriz, agarrada a la familiaridad con la que se dirige al público, una naturalidad con trampa, pues en realidad es el artificio para dramatizar desde una perspectiva de corte sentimental. Y es en este doble dramatismo, el surgido de la invocación a los muertos, y el creado por el doble diálogo de la actriz con sus muñecos y con el público, dónde a mi parecer reside el secreto del espectáculo y la razón de que acabe embelesando a los espectadores.

El acompañamiento sonoro de Mina, por otra parte, da profundidad y un feliz contrapunto al espectáculo, gracias al tono fesco, desacomplejado, íntimo y a la vez distante, de la genial música suiza, que rompe y contrapesa el lado más sentimental del mundo de los recuerdos. Su voz desgarrada parece surgir de un cabaret alemán de los años veinte y su estilo desenfadado funciona a modo de vacuna y de magnífico apoyo teatral.

Una obra, en definitiva, compleja y profunda que consigue aparentar sencillez e intimidad familiar, y que cala hondo en la imaginación del público. Viendo el espectáculo, pensé en las últimas obras de Mariona Masgrau, que solía recurrir a estos registros ambiguos y personales, de mucho riesgo y valentía. Algo que la de Murcia posee con creces y que augura futuros brillantes.

Don Juan

Fue un placer ir a la Beckett y constatar como la antigua Sala Altermativa, hoy reinventada en Sala dedicada a la nueva dramaturgia, con su Obrador (taller laboratorio) al lado, opta de vez en cuando por programar espectáculos de marionetas. Conozco a su director, Toni Casares, y sé que siempre ha gustado de este género para él extraño, sobretodo cuando se atreve a jugar con texto y propuestas dramatúrgicas arriesgadas.

Miquel Gallardo, que ya sobresalió con su anterior trabajo “L’Avar”, una obra que se sigue representando con éxito por el mundo, ha decidido en esta ocasión lanzarse al ruedo de los solistas, en una obra que requiere un alto voltaje de virtuosismo. Tomó la alternativa y a fe mía que salió airoso de la faena, llevado en ombros por la plaza y con las dos orejas y el rabo.

Su trabajo es impecable, y la versión que han hecho él y Paco Bernal, logradísima. Enfrentarse a Don Juan no es nada fácil, un personaje que de tanto ser tratado, estudiado, interpretado, defendido y vilipendiado, presenta una complejidad de aristas y de enfoques de difícil abordaje. Creo que el texto ha logrado acercarse muy bien a la psicología donjuanesca, sobretodo al recurrir a la vejez del personaje. El triángulo entre los dos monjes, el joven y el viejo, con Don Juan, sirve además para crear una muy buena trama de intriga y drama, el hilo que engarza los diferentes momentos de la obra.

Pero la gracia del espectáculo que dirige María Castillo es, sin duda, que sólo haya un único manipulador, él mismo en el papel de monje joven y a su vez manipulador de las figuras de Don Juan y del otro monje. Aquí reluce el virtuosismo de Gallardo, en el juego escénico y en las voces, parangonable al de maestros como Neville Tranter, sin duda el referente obligatorio. La obra se desarrolla con ascética fluidez, bien dirigida por el disciplinado trabajo del monje joven, a ritmo del doblar de campanas y de las horas del convento. El juego de voces es magnífico, así como las soluciones escénicas, sencillas pero que llenan todo el espacio de la Beckett. Esa transición entre lo exterior y lo subjetivo que permite el teatro de marionetas está aquí perfectamente logrado, con momentos de gran intensidad lírica y emotiva.

La versión ha recurrido a varios autores: Zorrilla, por supuesto, y también a Tirso, Molière y Palau i Fabre. Sin estar, había algo del Estudiante de Salamanca, de Espronceda, especialmente en el final, una obra que trata el tema donjuanesco bajo la figura de Don Félix de Montemar. Pero si en la versión de Gallardo y Bernal la Muerte llega en dulce y liberador abrazo, tan anhelado por el Burlador, a través del inspirado texto de Palau i Fabra, en el Estudiante de Salamanca, la conquista del abrazo final es sorpresa amarga para Don Félix. Cito, a modo de homenaje al personaje y a la obra que tanto me gustó, estos versos finales de Espronceda que dramatizan en negro lo que será su último y eterno concubinato:

Y a su despecho y maldiciendo al cielo,
de ella apartó su mano Montemar,

y temerario alzándola a su velo,
tirando de él la descubrió la faz.
¡Es su esposo!, los ecos retumbaron,
¡La esposa al fin que su consorte halló!
Los espectros con júbilo gritaron:
¡Es el esposo de su eterno amor!
Y ella entonces gritó: ¡Mi esposo! ¡Y era
-¡desengaño fatal! ¡triste verdad!-
una sórdida, horrible calavera,
la blanca dama del gallardo andar!...

miércoles, 19 de enero de 2011

Las marionetas del Museo de Moravia de Brno

Tras regresar a Barcelona después de pasar por Londres y París, he tenido tiempo para montar algunas de las imágenes tomadas en el Museo de Moravia de la ciudad de Brno, en la República Checa, dónde mis Rutas de Polichinela me llevaron en diciembre.



Se trata de una colección impresionante de marionetas populares pertenecientes a las compañías de familias ambulantes del país que estaban en activo durante parte del XIX hasta bien entrado el siglo XX. Me las enseñó el director del Departamento de Teatro del Museo, el profesor Jaroslav Blesha, encargado del mantenimiento de las colecciones y un profundo conocedor de la historia de las marionetas de este país. Su libro "Marionetas Checas" (ceska loutka) escrito con Pavel Jirásek y con imágenes del fotógrafo Váctar Jirásek, editado por Kant, Praga, en 2008, es una maravilla en la que se desvela la riqueza de la tradición marionetística checa, de una calidad excepcional.

Por cierto, que Kasparek, el personaje en el que se encarnó el espíritu de Polichinela en esta zona, es el único de la familia que lleva bigote y perilla.

Adjunto pues este pequeño reportaje casero que da una idea de las maravillas que se encierran entre las paredes del Museo de Moravia de Brno.

domingo, 16 de enero de 2011

Les Marionnettes des Champs Élysées

(José Luís González presentando la función)

En mi último día de estancia en París, me acerqué al teatrillo que lleva el asturiense José Luís González y al que conozco desde hace años, llamado Marionnettes des Champs Élysées (en efecto, se encuentra en los jardines de esta avenida, en la parte de atrás del Théâtre Marigny, cerca de la salida de metro Champs-Élysées-Clemenceau) pero en cuyo frontispicio figura la denominación "Théâtre Vrai Guignolet".

Y es que el personaje principal de las historias que se cuentan no es ni Polichinelle ni Guignol, sino Guignolet. ¿Acaso hay diferencias entre estos dos últimos?, se preguntará el entendido y el profano. Pues sí que las hay según el titiritero que allí reside y que suele actuar todos los miércoles, sábado y domingos, en tres sesiones de tarde a las 15h, 16h y 17h. Me contó José Luís González que Guignolet es, para él, el verdadero Guignol de París, que no procede del de Lyon, sino que tuvo un origen propio y local, en coincidencia con su compadre del sur. Se trata de una teoría que piensa exponer en el libro que se encuentra en estos momentos redactando sobre el personaje y que promete aclarar éstas y otras muchas cosas sobre la discutida temática.

Por lo visto, y por lo que me contó el titiritero, este teatro des Champs-Éluzées sería el más antiguo de París, pues se supone que ha existido siempre en el mismo lugar (aunque no necesariamente con la misma forma) desde 1818.

Vi a José Luís González en buena forma. Actuó con una de las obras del repertorio tradicional heredado del viejo Guentleur, llamada "El Paseo de Guignolet", un ejercicio muy logrado de manipulación a la vieja usanza, con los personajes del presentador, un señor con bigotito encargado de abrir y cerrar las cortinas, Guignolet, su mujer y su hijo. Aparecen luego un ratoncito de color verde y el inevitable Gendarme, que recibe los obligados estacazos del protagonista. El público, compuesto de vecinos que traían a sus niños pequeños al parque y que en su mayoría ya conocían al personaje, siguió fiel y entregado la representación, que se efectúa en una teatrillo estable situado al aire libre, en una parte cercada del jardín.

(momento de la representación)

Tal como conté en mi última entrada, el legado de Guentleur, perteneciente a una de las familias de "guiñoleros" más antiguas de París, fue adquirido hará cosa de treinta años por Philippe Casidanus y José Luís González, quiénes trabajaron juntos los primeros tiempos. Luego decidieron seguir rumbos separados, quedándose el asturiano en el teatrillo de los Champs Élysées, y Casidanus en el teatrillo del Parc Georges Brassens. Lo curioso es que se repartieron ambos los personajes: el primero representaría a Guignolet y el segundo a Polichinelle.

Es José Luís González un titiritero a la vieja usanza, en el sentido de que se lo hace todo él, como por otra parte suele ser habitual en este tipo de espectáculos. Sus voces, rotas y poderosas, transmiten los sabores antiguos de las representaciones de títeres parisinas, con viejos juegos de palabras, canciones conocidas por los niños y un tono ácrata que a veces españoliza con alguna que otra palabra suelta.

Para acabar estas entradas sobre París, sólo añadir la profunda impresión que me causó la visita al Musée des Arts Premières Quai Branly, dónde se encuentran ingentes colecciones de arte primitivo. Destacaría las máscaras y la estatuaria procedente de las diferentes islas de Oceanía, verdaderas maravillas que nunca había visto. Pero también todas las secciones dedicadas a los distintos continentes son dignas de interés. Visité también la exposición temporal "La Fabrique des Images", a cargo de Philippe Descola, interesantísima por su manera de ordenar las imágenes según cuatro maneras diferentes de percibir y por lo tanto de crear los objetos y las imágenes que nos envuelven. Para saber más de ella, pulsar aquí.

También visité la exposición en el Pompidou dedicada a Mondrian y al movimiento De Stijl, que resultó ser de lo más interesante, al presentar una visión completa del movimiento, con todas las implicaciones arquitectónicas. Una arqueología del arte abstracto del siglo XX magníficamente presentada por el Pompidou, como suele ser habitual en este centro.

jueves, 13 de enero de 2011

Actualidad de Polichinelle en Paris

(Philippe Casidanus con su Polichinela)

Recorriendo las Rutas de Polichinela, me encuentro en París dónde las huellas del personaje abundan, no sólo en el pasado de la ciudad, sino también en su presente. Ayer estuve en el teatrillo que Philippe Casidanus tiene en el Parque George Brassens, en el 15ème arrondissement, como se dije aquí. Y la verdad es que fue un placer no sólo ver el espectáculo sino conocerlo a él personalmente. Lo conocí a través de Bruno Leone aunque nunca habíamos coincidido en nuestros caminos titiriteros. Supe así de una historia que proviene de los años ochenta, cuando él y el asturiano José Luís González, titiritero también residente en París desde hace años, heredaron los títeres y el repertorio del lengendario Guentleur, una familia de titiriteros cuyos orígenes se remontan a 1818. Mientras José Luís González (a quién veré este sábado en su teatrillo de los Champs Élysées) se quedó con el personaje de Guignol, Philippe Casidanus se concentró en Polichinelle.

Me enteré así de algo de lo que ya había oído hablar (Didier Passard me lo confirmó en nuestra charla el otro día) sobre como en el siglo XIX Polichinelle fue gradualmente por no decir “drásticamente” substituído por el nuevo personaje de Guignol, nacido ncomo se sabe en Lyon a principios del XIX y cuyo éxito llegó a París cuando en 1930 se instaló aquí un titiritero del sur, salido de Lyon a causa de la enorme competencia que existía allí ya en aquella época ante el éxito de Guignol.

(El Diablo y Polichinela, de P.Casidanus)

Uns substitución que dejó a Polichinelle algo desplazado como personaje de los teatros de títeres pero que siguió viviendo en el imaginario parisino, como lo demuestra la enorme iconografía existente sobre él así como varias obras escritas para ser representado.

El Polichinelle de Philippe Casidanus sigue el repertorio de Guentleur y utiliza los mismos títeres heredados del maestro, unas magníficas tallas de madera que respiran toda la antigüedad y la frescura escénica de los viejos tiempos. Es un Polichinelle amable, incluso educado (no siempre, claro) y poco belicoso, adaptado a los públicos de su teatrillo, que suelen ser niños de corta edad. El uso de la cachiporra está perfectamente medido según el espectáculo se presente en un interior o en el exterior: más suave en el primer caso (los niños pequeños se asustan cuando hay demasiados garrotazos) y más virulento en la calle, dónde los estacazos son casi caricias al lado de los embistes y los ronroneos del tráfico callejero.

(Casidanus en plena manipulación de Guillaume y Polichinela, visto desde el interior del retablo)

De hecho, el personaje principal, aun siendo Polichinelle por rango y nombre, lo es en realidad Guillaume, un niño que protagoniza la mayoría de las historias y que suele ser la mano derecha o el verdadero artífice que resuelve los problemas de Polichinelle. Otros personajes son Monsieur Boulou (que ejerce también de presentador), el Diablo (de color verde con cuernos amarillos), un oso, un cocodrilo, un Policía y un Genio bueno. También está Pierrot en el repertorio aunque no salió este día.

Phlippe hace todas las voces y manipula en solitario dentro de un magnífico teatro propiedad del Ayuntamiento de París (realizado a partir de los planos hechos por el mismo Philippe) que se encuentra instalado en el parque Gorges Brassens, como antes se ha dicho. Pude ver la función por dentro y por fuera, lo que siempre es una delicia y permite conocer al detalle las técnicas y los trucos del titiritero. La generosidad de Philippe Casidanus se extendió luego antes dos copas de vino con una buenísima información que me proporcionó sobre el personaje y su realidad actual.

Supe así que en París hay unos diez teatrillos de títeres instalados en sus parques, la mayoría dedicados al personaje de Guignol, aunque Polichinelle aparece también de vez en cuando. Una situación que proviene en realidad de la época de Napoleón III, cuando se promovieron con entusiasmo los divertimientos callejeros, una tradición que desde entonces se ha mantenido más o menos vigente. Los títeres son quiénes más han persistido en mantenerse fieles a este legado.