sábado, 29 de enero de 2011

Suspendido el viaje a Egipto

Ya tenía los billetes y todo estaba preparado para llegar este lunes a Egipto y participar en el Creative Forum de Alejandría y luego actuar en Cairo, a la par que efectuaba mis indagaciones para el proyecto Rutas de Polichinela, pero el Festival se ha suspendido y la situación no está para irse de viaje. Han cerrado Internet, casi no hay comunicación con móviles, y las protestas arrecian.

Cambio de tercio en Egipto, explosión social, hartazgo de muchos lustros de explotación. Ojalá el cambio sea bueno y haya valido la pena el esfuerzo. Los títeres deberán esperar mientras la historia se recoloca en esta parte del mundo. Los interesados pueden leer el diálogo sobre el tema que mantuve con mis amigos Bastides y Mercadal, los futurólogos de la playa, en el Retablo de mi Blog.

miércoles, 26 de enero de 2011

Doblares de campanas en Barcelona: Jardín Umbrío, Arbequina y Don Juan

Aprovecho que las Rutas de Polichinela me apean en Barcelona para acudir a dos citas titiriteras: la del trío Pep Gómez, Andrea Lorenzetti y Pep Pasqual en “Jardín Umbrío” y la de Dora Cantero con “Arbequina”. Aun siendo propuestas muy distintas entre si, coinciden ambas en ser historias de muertos. También en el interés y la calidad de las mismas, lo que viene a corroborar esta impresión comentada con anterioridad, de que Barcelona empieza a destacar como una muy activa capital titiritera: estrenos regulares, espacios dónde se representan títeres, nuevo festival en ciernes en el Pueblo Español… Todo apunta a un renacer que no es de hoy sino que procede del trabajo de jóvenes compañías muy creativas y cada vez más profesionales. No hace mucho asistí también en la Sala Beckett a una representación de "Don Juan, Memoria Amarga" de Miquel Gallardo, que me impresionó por la calidad del espectáculo, y del que hablaré tras comentar los dos primeros.

Jadín Umbrío

Se presentó en el Horiginal –un espacio realmente insólito y activísimo de Barcelona, restaurante y al fondo una sala para presentaciones, jam-sessions, poesia y encuentros filosóficos, que llevan el escultor Ferran García y el poeta Josep Pedrals– el estreno de la nueva obra de Pep Gómez y Andrea Lorenzetti, que llevaba ya un tiempo cocinándose y del que a veces se había presentado algún fragmento suelto. Por fin la obra estaba terminada, y los afortunados que acudimos a la cita tuvimos el privilegio de asistir a una memorable representación, de corte familiar e intimista, en la que las contundentes palabras de Valle-Inclán y de Álvaro Cunqueiro resonaron con fuerza junto a los sonidos de Pep Pasqual, este músico inclasificable y genial, que tanto puede despuntar en un concierto de jazz como saxofonista solista, como en un espectáculo teatral ejerciendo de “pintor sonorista” del mismo.

Inició la sesión el gallego Francisco Borxa –que suele actuar con Lorenzetti en “Os títeres da Via Láctea”– con una queimada acompañada de invocación que pretendía iniciar al público en los mundos ocultos y tenebrosos de la obra que se iba a presentar. Sus palabras retumbaron con fuerza en el espacio del Horiginal y todos quedamos impresionados y satánicamente bendecidos para entrar en los umbrales del más allá.

Luego, con las pinceladas sonoras de Pep Pasqual, que ejercía de músico invisible y discreto junto a los titiriteros, se inició el doblar de campanas de esta obra fúnebre que recoge cuatro de los cuentos con los que Valle-Inclán quiso retratar los ambientes lúgubres de su Galicia natal.

Creo que el gran acierto de la obra radica en la feliz combinación que se ha hecho de los textos de Valle-Inclán y del mundo de ultratumba de Cunqueiro a través de sus Crónicas do Sochantre (1956). La carroza de muertos que lleva a dos cadáveres, uno de ellos con el puñal todavía clavado en la garganta, carroza vista primero en un plano general, y luego en un primer plano interior, por el que vemos a los dos muertos dialogar en gallego mientras se dirigen al cementerio, es un gran hallazgo dramatúrgico de la obra. Su trote macabro y sosegado, cuya cadencia sostiene las conversaciones de los difuntos, hila las cuatro escenas de Valle-Inclán y consigue un distanciamiento irónico y fúnebre, a veces hilarante, como cuando otro muerto al que han incinerado habla sacando chorros de su propia ceniza de la urna.

Historias de curas montaraces y asesinos dubitativos, de brujas poseídas por el demonio y esposas de maridos encarcelados, de máscaras grotescas y fiambres coronados reyes del Carnaval, de bandidos siniestros cuyo capitán se enamora de la mano que acaba de cortar cuando asomaba tras una reja… Un repertorio valle-inclanesco de personajes sombríos y situaciones grotescas que encuentra en las marionetas a sus mejores actores. Las voces de los dos titiriteros acompañan con adecuado tono la obra: la fúnebre y solemne voz de Pep Gómez, y la más juguetona de Andrea Lorenzetti, ambos de dicción atropellada, como corresponde a unos personajes que no hablan en los escenarios de la Academia sino desde las profundidades de la Ultratumba.

La obra está provista de una iluminación tenue y sutil, con una puesta en escena sencilla de corte artesano, es decir, en la que todo está a la vista y en la que caben los errores y los retrasos, pues es voluntad de los titiriteros que así sea, buscando un tono de intimidad mortuoria, la que existe cuando se han abandonado las banalidades del oropel y de la apariencia, y sólo queda lo esencial. La desnudez estilística casa bien con el espresionismo esperpéntico de Valle y con los habitantes del más allá. También la música crea tiempos sutiles, sin grandes pronunciamientos, con pinceladas que sin embargo van marcando los ritmos interiores de la acción, los pesares y las nostalgias de los protagonistas, la mayoría muertos o a punto de estarlo.

Una nueva obra del tándem Gómez-Lorenzetti, que parecen muy compenetrados en su labor, gracias seguramente a un aplomo compartido, el que trae los años en el caso de Pep, y el de quién busca con la tozudez del aprendiz en el caso de Andrea. La vetusta sabiduría de la madurez junto al osado denuedo de la juventud. Unidos también por la voluntad de crear mundos oscuros y fantasmales, reflejos de un tiempo, el actual, que dejó de brillar con el fulgor del oro.

Jardín Umbrío, con una buena continuidad de representaciones que asientan la obra y la aplomen respecto al ritmo, la dicción y otros detalles, puede convertirse en una obra de culto para paladares inquietos.

Arbequina

Dora Cantero es una joven y talentosa titiritera de Murcia que ha decidido instalarse en Barcelona para profundizar en sus indagaciones marionetísticas. La vi en la obra “Guyi, Guyi…”, de Periferia Teatro, un espectáculo logradísimo que no cesa de recoger éxitos, y leí el blog de sus viajes por Japón, dónde acudió para estudiar las tradiciones titiriteras del País del Sol Naciente, que son muchas como todo el mundo sabe.

Presentó en la Casa-Taller de Pepe Otal –cada día más activo y con un público fiel que suele llenar todas sus sesiones, como ocurrió el otro día– su último espectáculo, Arbequina, de creación propia en todos sus componentes, pues está basado en una búsqueda personal de la autora sobre sus antepasados. Importante destacar la presencia de Mina Ledergerber en calidad de música acompañante muy presente en la escena, con su acordeón, clarinete y otros artilugios sonoros. El resultado es una obra entrañable, intimista y poética representada básicamente con objetos y con la misma Dora Cantero como personaje que cuenta la historia de su familia.

El tono, íntimo y personal, sirve de anzuelo para conquistar al público ya desde el inicio, con una entrada muy lograda de aparente espontaneidad, que establece las reglas de juego y una de las temáticas principales de la obra: los miedos y el cómo vencerlos. ¿Cómo?, contándolos. Y eso es lo que hace la actriz de Arbequina, contar sus miedos. Para entenderlos, debe remontarse a sus muertos, un viaje en el tiempo subiendo, o tal vez bajando, por las ramas genealógicas de la familia. La invocación a los ausentes es poética y se consigue a través de los objetos. Recuerdos y objetos que Dora saca de los baúles y los desvanes de su pasado familiar y que “hablan” al tomar vida en las manos de la titiritera. Se convierten en personajes al dejarse poseer por el espíritu de los ancestros invocados. Espeluzna el rostro de la tatarabuela, que parece un cosido de ectoplasma con botones y filamentos rojos, sacado de algún baúl de arcaica brujería. La gravedad de los espíritus y de sus presencias inquietantes se equilibra con la propia interpretación de la actriz, agarrada a la familiaridad con la que se dirige al público, una naturalidad con trampa, pues en realidad es el artificio para dramatizar desde una perspectiva de corte sentimental. Y es en este doble dramatismo, el surgido de la invocación a los muertos, y el creado por el doble diálogo de la actriz con sus muñecos y con el público, dónde a mi parecer reside el secreto del espectáculo y la razón de que acabe embelesando a los espectadores.

El acompañamiento sonoro de Mina, por otra parte, da profundidad y un feliz contrapunto al espectáculo, gracias al tono fesco, desacomplejado, íntimo y a la vez distante, de la genial música suiza, que rompe y contrapesa el lado más sentimental del mundo de los recuerdos. Su voz desgarrada parece surgir de un cabaret alemán de los años veinte y su estilo desenfadado funciona a modo de vacuna y de magnífico apoyo teatral.

Una obra, en definitiva, compleja y profunda que consigue aparentar sencillez e intimidad familiar, y que cala hondo en la imaginación del público. Viendo el espectáculo, pensé en las últimas obras de Mariona Masgrau, que solía recurrir a estos registros ambiguos y personales, de mucho riesgo y valentía. Algo que la de Murcia posee con creces y que augura futuros brillantes.

Don Juan

Fue un placer ir a la Beckett y constatar como la antigua Sala Altermativa, hoy reinventada en Sala dedicada a la nueva dramaturgia, con su Obrador (taller laboratorio) al lado, opta de vez en cuando por programar espectáculos de marionetas. Conozco a su director, Toni Casares, y sé que siempre ha gustado de este género para él extraño, sobretodo cuando se atreve a jugar con texto y propuestas dramatúrgicas arriesgadas.

Miquel Gallardo, que ya sobresalió con su anterior trabajo “L’Avar”, una obra que se sigue representando con éxito por el mundo, ha decidido en esta ocasión lanzarse al ruedo de los solistas, en una obra que requiere un alto voltaje de virtuosismo. Tomó la alternativa y a fe mía que salió airoso de la faena, llevado en ombros por la plaza y con las dos orejas y el rabo.

Su trabajo es impecable, y la versión que han hecho él y Paco Bernal, logradísima. Enfrentarse a Don Juan no es nada fácil, un personaje que de tanto ser tratado, estudiado, interpretado, defendido y vilipendiado, presenta una complejidad de aristas y de enfoques de difícil abordaje. Creo que el texto ha logrado acercarse muy bien a la psicología donjuanesca, sobretodo al recurrir a la vejez del personaje. El triángulo entre los dos monjes, el joven y el viejo, con Don Juan, sirve además para crear una muy buena trama de intriga y drama, el hilo que engarza los diferentes momentos de la obra.

Pero la gracia del espectáculo que dirige María Castillo es, sin duda, que sólo haya un único manipulador, él mismo en el papel de monje joven y a su vez manipulador de las figuras de Don Juan y del otro monje. Aquí reluce el virtuosismo de Gallardo, en el juego escénico y en las voces, parangonable al de maestros como Neville Tranter, sin duda el referente obligatorio. La obra se desarrolla con ascética fluidez, bien dirigida por el disciplinado trabajo del monje joven, a ritmo del doblar de campanas y de las horas del convento. El juego de voces es magnífico, así como las soluciones escénicas, sencillas pero que llenan todo el espacio de la Beckett. Esa transición entre lo exterior y lo subjetivo que permite el teatro de marionetas está aquí perfectamente logrado, con momentos de gran intensidad lírica y emotiva.

La versión ha recurrido a varios autores: Zorrilla, por supuesto, y también a Tirso, Molière y Palau i Fabre. Sin estar, había algo del Estudiante de Salamanca, de Espronceda, especialmente en el final, una obra que trata el tema donjuanesco bajo la figura de Don Félix de Montemar. Pero si en la versión de Gallardo y Bernal la Muerte llega en dulce y liberador abrazo, tan anhelado por el Burlador, a través del inspirado texto de Palau i Fabra, en el Estudiante de Salamanca, la conquista del abrazo final es sorpresa amarga para Don Félix. Cito, a modo de homenaje al personaje y a la obra que tanto me gustó, estos versos finales de Espronceda que dramatizan en negro lo que será su último y eterno concubinato:

Y a su despecho y maldiciendo al cielo,
de ella apartó su mano Montemar,

y temerario alzándola a su velo,
tirando de él la descubrió la faz.
¡Es su esposo!, los ecos retumbaron,
¡La esposa al fin que su consorte halló!
Los espectros con júbilo gritaron:
¡Es el esposo de su eterno amor!
Y ella entonces gritó: ¡Mi esposo! ¡Y era
-¡desengaño fatal! ¡triste verdad!-
una sórdida, horrible calavera,
la blanca dama del gallardo andar!...

miércoles, 19 de enero de 2011

Las marionetas del Museo de Moravia de Brno

Tras regresar a Barcelona después de pasar por Londres y París, he tenido tiempo para montar algunas de las imágenes tomadas en el Museo de Moravia de la ciudad de Brno, en la República Checa, dónde mis Rutas de Polichinela me llevaron en diciembre.



Se trata de una colección impresionante de marionetas populares pertenecientes a las compañías de familias ambulantes del país que estaban en activo durante parte del XIX hasta bien entrado el siglo XX. Me las enseñó el director del Departamento de Teatro del Museo, el profesor Jaroslav Blesha, encargado del mantenimiento de las colecciones y un profundo conocedor de la historia de las marionetas de este país. Su libro "Marionetas Checas" (ceska loutka) escrito con Pavel Jirásek y con imágenes del fotógrafo Váctar Jirásek, editado por Kant, Praga, en 2008, es una maravilla en la que se desvela la riqueza de la tradición marionetística checa, de una calidad excepcional.

Por cierto, que Kasparek, el personaje en el que se encarnó el espíritu de Polichinela en esta zona, es el único de la familia que lleva bigote y perilla.

Adjunto pues este pequeño reportaje casero que da una idea de las maravillas que se encierran entre las paredes del Museo de Moravia de Brno.

domingo, 16 de enero de 2011

Les Marionnettes des Champs Élysées

(José Luís González presentando la función)

En mi último día de estancia en París, me acerqué al teatrillo que lleva el asturiense José Luís González y al que conozco desde hace años, llamado Marionnettes des Champs Élysées (en efecto, se encuentra en los jardines de esta avenida, en la parte de atrás del Théâtre Marigny, cerca de la salida de metro Champs-Élysées-Clemenceau) pero en cuyo frontispicio figura la denominación "Théâtre Vrai Guignolet".

Y es que el personaje principal de las historias que se cuentan no es ni Polichinelle ni Guignol, sino Guignolet. ¿Acaso hay diferencias entre estos dos últimos?, se preguntará el entendido y el profano. Pues sí que las hay según el titiritero que allí reside y que suele actuar todos los miércoles, sábado y domingos, en tres sesiones de tarde a las 15h, 16h y 17h. Me contó José Luís González que Guignolet es, para él, el verdadero Guignol de París, que no procede del de Lyon, sino que tuvo un origen propio y local, en coincidencia con su compadre del sur. Se trata de una teoría que piensa exponer en el libro que se encuentra en estos momentos redactando sobre el personaje y que promete aclarar éstas y otras muchas cosas sobre la discutida temática.

Por lo visto, y por lo que me contó el titiritero, este teatro des Champs-Éluzées sería el más antiguo de París, pues se supone que ha existido siempre en el mismo lugar (aunque no necesariamente con la misma forma) desde 1818.

Vi a José Luís González en buena forma. Actuó con una de las obras del repertorio tradicional heredado del viejo Guentleur, llamada "El Paseo de Guignolet", un ejercicio muy logrado de manipulación a la vieja usanza, con los personajes del presentador, un señor con bigotito encargado de abrir y cerrar las cortinas, Guignolet, su mujer y su hijo. Aparecen luego un ratoncito de color verde y el inevitable Gendarme, que recibe los obligados estacazos del protagonista. El público, compuesto de vecinos que traían a sus niños pequeños al parque y que en su mayoría ya conocían al personaje, siguió fiel y entregado la representación, que se efectúa en una teatrillo estable situado al aire libre, en una parte cercada del jardín.

(momento de la representación)

Tal como conté en mi última entrada, el legado de Guentleur, perteneciente a una de las familias de "guiñoleros" más antiguas de París, fue adquirido hará cosa de treinta años por Philippe Casidanus y José Luís González, quiénes trabajaron juntos los primeros tiempos. Luego decidieron seguir rumbos separados, quedándose el asturiano en el teatrillo de los Champs Élysées, y Casidanus en el teatrillo del Parc Georges Brassens. Lo curioso es que se repartieron ambos los personajes: el primero representaría a Guignolet y el segundo a Polichinelle.

Es José Luís González un titiritero a la vieja usanza, en el sentido de que se lo hace todo él, como por otra parte suele ser habitual en este tipo de espectáculos. Sus voces, rotas y poderosas, transmiten los sabores antiguos de las representaciones de títeres parisinas, con viejos juegos de palabras, canciones conocidas por los niños y un tono ácrata que a veces españoliza con alguna que otra palabra suelta.

Para acabar estas entradas sobre París, sólo añadir la profunda impresión que me causó la visita al Musée des Arts Premières Quai Branly, dónde se encuentran ingentes colecciones de arte primitivo. Destacaría las máscaras y la estatuaria procedente de las diferentes islas de Oceanía, verdaderas maravillas que nunca había visto. Pero también todas las secciones dedicadas a los distintos continentes son dignas de interés. Visité también la exposición temporal "La Fabrique des Images", a cargo de Philippe Descola, interesantísima por su manera de ordenar las imágenes según cuatro maneras diferentes de percibir y por lo tanto de crear los objetos y las imágenes que nos envuelven. Para saber más de ella, pulsar aquí.

También visité la exposición en el Pompidou dedicada a Mondrian y al movimiento De Stijl, que resultó ser de lo más interesante, al presentar una visión completa del movimiento, con todas las implicaciones arquitectónicas. Una arqueología del arte abstracto del siglo XX magníficamente presentada por el Pompidou, como suele ser habitual en este centro.

jueves, 13 de enero de 2011

Actualidad de Polichinelle en Paris

(Philippe Casidanus con su Polichinela)

Recorriendo las Rutas de Polichinela, me encuentro en París dónde las huellas del personaje abundan, no sólo en el pasado de la ciudad, sino también en su presente. Ayer estuve en el teatrillo que Philippe Casidanus tiene en el Parque George Brassens, en el 15ème arrondissement, como se dije aquí. Y la verdad es que fue un placer no sólo ver el espectáculo sino conocerlo a él personalmente. Lo conocí a través de Bruno Leone aunque nunca habíamos coincidido en nuestros caminos titiriteros. Supe así de una historia que proviene de los años ochenta, cuando él y el asturiano José Luís González, titiritero también residente en París desde hace años, heredaron los títeres y el repertorio del lengendario Guentleur, una familia de titiriteros cuyos orígenes se remontan a 1818. Mientras José Luís González (a quién veré este sábado en su teatrillo de los Champs Élysées) se quedó con el personaje de Guignol, Philippe Casidanus se concentró en Polichinelle.

Me enteré así de algo de lo que ya había oído hablar (Didier Passard me lo confirmó en nuestra charla el otro día) sobre como en el siglo XIX Polichinelle fue gradualmente por no decir “drásticamente” substituído por el nuevo personaje de Guignol, nacido ncomo se sabe en Lyon a principios del XIX y cuyo éxito llegó a París cuando en 1930 se instaló aquí un titiritero del sur, salido de Lyon a causa de la enorme competencia que existía allí ya en aquella época ante el éxito de Guignol.

(El Diablo y Polichinela, de P.Casidanus)

Uns substitución que dejó a Polichinelle algo desplazado como personaje de los teatros de títeres pero que siguió viviendo en el imaginario parisino, como lo demuestra la enorme iconografía existente sobre él así como varias obras escritas para ser representado.

El Polichinelle de Philippe Casidanus sigue el repertorio de Guentleur y utiliza los mismos títeres heredados del maestro, unas magníficas tallas de madera que respiran toda la antigüedad y la frescura escénica de los viejos tiempos. Es un Polichinelle amable, incluso educado (no siempre, claro) y poco belicoso, adaptado a los públicos de su teatrillo, que suelen ser niños de corta edad. El uso de la cachiporra está perfectamente medido según el espectáculo se presente en un interior o en el exterior: más suave en el primer caso (los niños pequeños se asustan cuando hay demasiados garrotazos) y más virulento en la calle, dónde los estacazos son casi caricias al lado de los embistes y los ronroneos del tráfico callejero.

(Casidanus en plena manipulación de Guillaume y Polichinela, visto desde el interior del retablo)

De hecho, el personaje principal, aun siendo Polichinelle por rango y nombre, lo es en realidad Guillaume, un niño que protagoniza la mayoría de las historias y que suele ser la mano derecha o el verdadero artífice que resuelve los problemas de Polichinelle. Otros personajes son Monsieur Boulou (que ejerce también de presentador), el Diablo (de color verde con cuernos amarillos), un oso, un cocodrilo, un Policía y un Genio bueno. También está Pierrot en el repertorio aunque no salió este día.

Phlippe hace todas las voces y manipula en solitario dentro de un magnífico teatro propiedad del Ayuntamiento de París (realizado a partir de los planos hechos por el mismo Philippe) que se encuentra instalado en el parque Gorges Brassens, como antes se ha dicho. Pude ver la función por dentro y por fuera, lo que siempre es una delicia y permite conocer al detalle las técnicas y los trucos del titiritero. La generosidad de Philippe Casidanus se extendió luego antes dos copas de vino con una buenísima información que me proporcionó sobre el personaje y su realidad actual.

Supe así que en París hay unos diez teatrillos de títeres instalados en sus parques, la mayoría dedicados al personaje de Guignol, aunque Polichinelle aparece también de vez en cuando. Una situación que proviene en realidad de la época de Napoleón III, cuando se promovieron con entusiasmo los divertimientos callejeros, una tradición que desde entonces se ha mantenido más o menos vigente. Los títeres son quiénes más han persistido en mantenerse fieles a este legado.

martes, 11 de enero de 2011

Paris y Polichinelle

(imagen de Polichinelle a finales del s.XVIII)

Llegué de Londres a Paris con la finalidad de concentrarme en esta ciudad y en el personaje de Polichinelle. Y lo primero que hice fue visitar a Didier Plassard, un reconocido estudioso del teatro de marionetas que me recibió con mucha amabilidad. Pude contrastar con él algunas de las ideas que me rondaban por la cabeza sobre la versión francés de la máscara napolitana, ese Polichinelle que durante el siglo XVIII tuvo tanta predicación en Francia y que en el XIX quedó un tanto desfigurado ante la irrupción de Guignol por un lado y por otros motivos más complejos de psicología y sociología histórica del personaje. De todas formas, Polichinelle continúa vivo como lo muestran las diferentes versiones que se siguen ofreciendo en la actualidad. Mañana mismo asistiré a una función del titiritero Philippe Casidanus en el Parc Georges Brassens.

Tampoco hay que olvidar trabajos tan potentes y duraderos como el desarrollado por Alain le Bon con su peculiar Polichinelle, con el que hizo una curiosa identificación personal. O el extraordinario trabajo de los dos jóvenes titiriteros Estelle Charlier y Romuald Collinet, de la compañía La Pendue, creada en Grenoble en 2003, ambos alumnos del Institut de Charleville y que ap
rendieron la técnica con Bruno Leone.

(el actor Laurent Dupont en su caracterización de Polichinelle)

También a destacar el magnífico trabajo de la compañía Faux Col que vi en Lyon en el año 2006 titulado "Effigie", obra escrita y dirigida por Renaud Robert, con la impresionante interpretación de Laurent Dupont, que ejercía él mismo de Polichinelle como actor y a su vez como titiritero manipulando a su doble de madera, con máscaras y títeres realizados por el artista escultor Francis Debeyre (vi una exposición suya en la Ópera de Lyon dentro del fesival Moisson d'Avril de 2006 que organiza Stéphanie Lefort, de los Zon Zon, titulada "La grimace de Pulcinella", una maravilla que impresionó a todo el mundo). Como puede comprobarse, una vitalidad, la del personaje, digna de ser tenida en cuenta.

sábado, 8 de enero de 2011

Punch en los archivos del V&A Museum de Londres

Felices encuentros en Londres estos días. Primero con Penny Francis, quién me puso al día de muchas cosas y me guió por los laberínticos caminos del marionetismo inglés. La vi en perfecta forma, a punto de publicar un libro que por lo que me dijo promete ser un referente fundamental sobre el teatro de marionetas europeo de las dos últimas décadas. Luego con Geoff Felix en su casa, dónde fui introducido en los arcanos del mundo de Punch. Verdadero conaisseur del tema, Professor él mismo (es decir, titiritero de Punch) y buen constructor de títeres (con la difícil especialización de cabezas para muñecos de ventriloquía), posee un archivo magníficamente ordenado de artículos, recortes, imágenes, carteles, libros y películas sobre el tema.
Es preciso aquí decir que tuve la suerte de encontrarme en Barcelona con Rod Burnet, reputado Professor of Punch and Judy, que se encontraba actuando en La Puntual. Vi su espectáculo –espléndido como siempre, adaptado a los espectadores de corta edad del teatro sin perder por ello la viveza ni la espontaneidad feroz del personaje, con su máquina de hacer salsichas muy bien engrasada y encantadoras rutinas que despertaron el entusiasmo del público–, lo que supuso un oportunísimo baño de Punch antes de trasladarme a Londres. Luego comimos juntos en compañía de Eugenio Navarro en un céntrico restaurante, dónde recibí las cuatro indicaciones indispensables, entre ellas la necesidad de encontrarme con Geoff Felix y de consultar los archivos del Victoria & Albert Museum.
He cumplido al pie de la letra sus instrucciones y ayer pasé todo el día en la sala de lectura del V&A Museum, que se halla en un edificio contiguo al centro de convenciones Olimpia. Imposible ver en un día ni un milésima parte de lo que se guarda allí, pero sí pude oler y echar un vistazo a los viejos documentos, tesoros recopilados con los años por personas como George Speaight y Gérald Morice, o por asociaciones como la British Puppet and Model Theatre Guild. Por cierto, que esta asociación, fundada en 1925, tuvo de presidente al eminente dramaturgo Gordon Craig de 1930 a 1948.
Fotografías, recortes de periódico de los siglos XIX y XX, primeras ediciones de libros memorables como la recopilación de una obra de Punch al parecer del italiano Piccini (el primero en representar a Punch en la calle y en su formato actual) a cargo de J.Pyme Collier con las famosas ilustraciones de George Cruikskauk, libro publicado en 1854.
Muy interesantes también las notas periodísticas referentes a una campaña de boicot a las representaciones de Punch realizadas por la Society’s Animal League of Friendship en el año… 1853! Por lo visto, molestaba mucho el maltrato que recibía el perro Toby, representado por un títere, claro…
Lo que me hace pensar de qué modo la bienpensante sociedad victoriana ayudó a resaltar los aspectos oscuros del personaje, por la simple excitación que produce la oposición de los contrastes. Lo que explica que ya en el siglo XIX Punch fuera visto como un personaje simpático por la opinión libertaria y acratizante, como lo demuestra la revista “Punch or the London Charivari”, publicada en 1841. Cito un fragmento de su editorial, muy ilustrativo de cómo era visto el personaje por aquellos agitadores de la época:
“…We have considered him (Punch) as a teacher of no mean pretensions, and have, therefore, adopted him as the sponsor of our weekly sheet of pleasant instruction.”… ”When we have seen parading in the glories of his motley, flourishing his baton (like our friend Jullien at Drury-Lane) intime with his own unrivalled discord, by which he seeks to win the attention and admiration of the crowd, what visions of graver puppetry have passed before our eyes!”.
¡Magnífico homenaje a Punch!
Seguramente han sido muchas las campañas anti Punch en su dilatada historia, pero me constan al menos dos: la realizada durante la época victoriana y otra más reciente, durante los años 90 del siglo XX, en un impulso desmesurado de corrección política que asoló Europa por aquellos años. La actualiddad, por suerte, parece ir a favor del personaje. El realismo se impone y las maldades reales del mundo salen a flote, ya sea por las filtraciones de Wiki Leaks o ya sea porque son tantas las maldades y los dislates que se intentan ocultar, que ya nadie puede impedir que salgan a relucir por todos los lados. Punch, justiciero ácrata, se adapta bien a este ambiente de poblaciones empobrecidas por los bancos y las codiciosas multinacionales.
Para acabar esta entrada, sólo mencionar las magníficas imágenes aparecidas en algunos periódicos durante la Segunda Guerra Mundial, en la que Punch se ensaña con Hitler con grandes aplausos de la audiencia, o la de un retablo (imagen adjunta) dónde un magnífico Churchill con su puro en ristre machaca a garrotazos a Hitler. La vitalidad del personaje estuvo en aquellos tiempos al lado de su público, cumpliendo con su deber cívico.

jueves, 6 de enero de 2011

Londres y los caballos marionetas de War Horse

(imagen de WarHorse)

Los tiempos cambian y del pobre Punch, pocos se acuerdan hoy en Londres. Digo pobre aunque todos sabemos que es un truhán de mucho cuidado, un canalla como pocos los hay. Pero también es verdad que dejó de serlo hace años, superado por maldades que convierten sus viejas fechorías en un simple juego de niños. O simplemente obligado a trabajar para los niños y para las escuelas, rebajando sus grados de malignidad, aunque algunos Professors mantienen la costumbre de plantar sus retablos en las playas en verano, dónde hay más libertad para soltar la lengua y acudir a los clásicos e inocentes atropellos…
En el hotel dónde me hospedo, no lejos de Victoria Station, me pregunta el hotelero a qué me dedico.
- Puppeter, contesto.
- ¿what?... –pregunta casi sin comprender. Tras insistir, responde:- pensaba que ya no se hacía eso. ¿Todavía hay gente que va a verlo?...
Cuando le hablo de Punch, dice como quién arranca del pasado oscuros recuerdos:
- Oh, ye, mam and dad use to put us in front of the Punch and Judy shows at the seaside at Brighton, …all the free stuf…
Respuesta maravillosa que ilustra el Londres actual, muy alejado de la ciudad que vio Dickens y en la que Punch reinaba como unos de sus personajes callejeros más populares. Tanto lo era, que con su nombre se titulaban revistas, pubs, juegos, o se le utilizaba como personaje satírico capaz de decir en voz alta lo que nadie osaba.
Pero es el mismo hotelero quién, al saber que me dedico al teatro, me aconseja encarecidamente la obra que se representa desde hace un año en el New London Theatre: WarHorse.
- That’s a real puppet show!!!
Me veo pues obligado a hacer la cola para los retornos en el New London Theatre –lleva un año en cartelera y está todo vendido hasta el mes de abril– y tenemos la suerte de conseguir unas buenas entradas a un precio bastante caro. Pero ha valido la pena.
WarHorse (producción del National Theatre en colaboración con la Handspring Puppet Company) es un musical basado en la novela de Michael Morpurgo, con dirección de Marianne Elliott y Tom Morris, y música de Adrian Sutton, en el que el protagonista es un caballo, una marioneta de tamaño real manipulada por tres manipuladores que se ponen literalmente dentro del caballo, y que consiguen un realismo y una calidad de movimientos extraordinaria. Los actores –seguramente una treintena entre cantantes, protagonistas y figurantes del coro– aparecen como personajes secundarios frente al relieve y la dignidad alcanzada por los caballos que surgen en escena. Y de eso trata la obra: poner en relación la dignidad animal del caballo con la deshumanización que produce la guerra. Dignidad que no es más que la proyección que los humanos hacemos en estos animales nobles y libres, y que son capaces de juntar las sensibilidades de los aparentemente enfrentados por la guerra. Es emocionante ver como el caballo consigue humanizar a civiles y militares en situaciones extremas, restituyéndoles la dignidad arrebatada por la barbarie bélica.
He aquí el triunfo de la marioneta en la cartelera londinense, bien alejada de los Punch y de los muppets y demás formas habituales del género. WarHorse es una obra para todos los públicos, seguramente visitada por grupos de escolares y por familias enteras.
¿Significa eso que se acabó la vieja escuela de los titiriteros solistas? En absoluto, pero sí es un indicativo de que los tiempos cambian y de que el teatro de marionetas, lejos de estar desapareciendo como algunos podrían pensar, se instala imperceptiblemente en el centro del pensamiento escénico contemporáneo. Pues es evidente que jamás nadie conseguiría similares efectos con caballo de verdad, o al menos con tamaña eficacia.
Lo bueno del teatro de marionetas es la amplia gama de formas posibles que ofrece y permite. Desde el Punch al WarHorse, pasando por tantos y tantos trabajos que los titiriteros realizan en uno u otro estilo.
Hoy veré a Geoff Felix, conocido Punch and Judy Professor y especialista en historia del personaje. Seguro que, como ayer con Penny Francis, me revelará cosas de las que jamás hubiera sospechado.

miércoles, 5 de enero de 2011

Londres y Punch

(Punch and Judy + Baby del Professor Rod Burnet)
En este curioso peregrinaje por las Rutas de Polichinela, uno se cruza con ciudades de muy distintas categorías y dimensiones. Las hay pequeñas y recoletas, que enamoran por sus singularidades y exquisiteces, y las hay grandes y hasta monstruosas en sus dimensiones, que asustan al profano y se imponen como gigantes amedrentadores. Sin duda Londres es de estas últimas, urbe que ha sido capital del mundo moderno y que aún hoy sigue siendo uno de los centros determinantes del planeta.

Para los hispanohablantes, por lo general poco dados a la lengua inglesa, asomarse a esa ciudad constituye siempre un reto y una prueba de fuego por la que hay que pasar irremediablemente si queremos conocer los arcanos de la actualidad. Claro que esos arcanos pueden permanecer ocultos ante nuestros ojos deslumbrados por la grandiosidad de Londres, por sus monumentos que se suceden sin solución de continuidad, por el hablar rápido y a veces indescifrable de sus habitantes, o por sus instituciones que sólo los ingleses son capaces de entender. Por ello es interesante disponer de algún tipo de anzuelo que nos permita pescar en este mar revuelto que sin embargo sigue moviendo los hilos del mundo. Nuestro anzuelo, como muy bien debe haber sospechado el lector, es Punch.

¿De dónde sale y quién es este personaje radicalmente malo, violento, chillón e impresentable, y a su vez divertido, dicharachero, ágil, listo y expeditivo? Ya sabemos que procede del napolitano Pulcinella, quién llegó a Londres allá por el siglo XVII traído por titiriteros italianos. Aunque seguramente ya en la época dorada del teatro inglés, a finales del XVI y principios del XVII, con las figuras eminentes de William Shakespeare (1564-1616) y Christopher Marlowe (1564-1593) reinando en la escena londinense, habría compañías de la Comedia del Arte actuando por todas las ciudades de Europa.

Es Samuel Pepys (1633-1703), famoso por haber escrito un fabuloso diario dónde habla tanto de su época como de las más insólitas intimidades de su persona, quién cita por primera vez una función de Punch and Judy vista en el año 1662, llevada a cabo por el titiritero italiano Pietro Gimonde (por cierto, ¿sería con títeres de guante o de varilla? No se sabe, pues tampoco lo aclara el propio Pepys...).

Pero es a finales del siglo XVIII cuando Punch abandona el refinamiento barroco de los teatros y baja a la calle dónde adquiere la configuración por la que es conocido universalmente y que nos ha llegado, más o menos intacta, hasta nuestros días. Es decir, un teatro de títeres de guante manipulado por un sólo titiritero en un retablo estrecho y cerrado, generalmente alto, y con la personalidad de su protagonista, Míster Punch, ya bien definida como el malvado o más bien acanallado héroe por la que es conocido.

Se transforma entonces en un personaje urbano surgido de las entrañas de la inglaterra industrial, la que Dickens nos describiría en el XIX con tanto realismo: sucia, cruel, despiadada con los pobres y los obreros hiperexplotados de la época, con un aire irrespirable a causa de la polución industrial producida por el carbón, especialmente en los barrios pobres. De este humus un tanto putrefacto surge este personaje que viste elegante, jorobado y narigudo, promiscuo y amoral, cuyo comportamiento encanta a su público callejero y bigarrado, pues suele actuar en las plazas y junto a los mercados, como el mismo Covent Garden dónde Pepys vio en su día al señor Gimonde (una placa conmemora el hecho como muestra la fotografía adjunta). ¿Qué arcanos oculta Punch en sus removidas entrañas arquetípicas? ¿Qué parte del alma inglesa representa, sólo visible cuando se expresa en la calle y con la voz chillona, irreal y extravagante de la lengüeta? ¿Por qué se sintieron tan representados los espectadores que aplaudían y reían sus fechorías graciosas e impresentables?

Sin duda, con Punch hemos dado con uno de los núcleos duros y más ocultos del alma inglesa, la misma que empujó a los marineros del siglo XVI y XVII a rapiñar los mares del mundo y a apoderarse de cuantos bajeles, islas, ciudades y territorios cupieran en sus manos. Así se forjó el Imperio Inglés y así se estableció la hegemonía anglosajona, la cual, tras el relevo tomado en el siglo XX por los EEUU de América, sigue controlando el mundo.

¿Qué nos dice el lenguaje soez y patibulario de Punch, cuando se expresa libremente sin los refinamientos barrocos de principios del siglo XVIII o sin la infantilización actual que se ha impuesto al personaje? "That the way to do it" (..."ésta es la manera de hacerlo"...): garrotazo cuando algo se pone ante nuestros deseos y objetivos. "¡A por ello!" podría ser otro lema. ¿Justicia? Burlarse de ella es lo propio, sobretodo si va contra tus deseos. Luego ya se hará la que sirva a nuestros intereses. Se dirá que todos los Polichinelas tienen lemas parecidos, cierto, pero pocos como Punch se atreven a tanto: tirar al Baby por la ventana o meterlo en la máquina de fabricar salsichas, hacer lo mismo y ensañarse con su mujer Judy, con el policía o el cocodrilo. Colgar al verdugo en su propia horca, y, a la muerte y al demonio, pasarlos sin contemplaciones por la máquina de hacer salsichas. Tales son sus normales fechorías.
Estos arcanos arquetípicos, ocultos en las más recónditas psicologías de las naciones y de los imperios, se hacen a veces visibles como puntas del iceberg monstruoso que subyace en las ambiciones inconfesables de los delirios humanos. Esa punta coloreada que surge del iceberg oculto del Imperio británico es la nariz de Punch, roja como un tomate, lúbrica y expeditiva, salvaje y eficiente al cien por cien.

Es interesante conocer la opinión de Charles Dickens sobre Punch, al que vio en su estado digamos "puro", cuando actuaba por las calles sin recato alguno a mediados del s.XIX. Dice en una carta (que hemos extraído de la misma Wikipedia: Punch):

In my opinion the street Punch is one of those extravagant reliefs from the realities of life which would lose its hold upon the people if it were made moral and instructive. I regard it as quite harmless in its influence, and as an outrageous joke which no one in existence would think of regarding as an incentive to any kind of action or as a model for any kind of conduct. It is possible, I think, that one secret source of pleasure very generally derived from this performance… is the satisfaction the spectator feels in the circumstances that likenesses of men and women can be so knocked about without any pain or suffering...
Charles Dickens
, The Letters of Charles Dickens Vol V, 1847 - 1849

(En mi opinión, el Punch que se ve en la calle es una de esas exageradas extravagancias de las realidades de la vida que perdería su capacidad de enganche con la gente si se intentase convertirlo en moralista e instructivo. Considero su influencia perfectamente inocua, como una especie de broma desvergonzada que nadie en este mundo consideraría como un incentivo hacia cualquier tipo de acción o como modelo para cualquier clase de comportamiento. Es possible, pienso, que la fuente secreta de placer generalmente producida por este espectáculo sea la satisfacción que el espectador siente al ver a unos remedos de hombres y mujeres recibir tantos palos sin sentir por ello ninguna pena ni sufrimiento... Charles Dickens....)

Una opinión que deberían leer todos los maestros poseídos por el expandido virus de la "corrección política" que tantos estragos está causando en los actuales sistemas educativos del mundo civilizado. Una opinión que indirectamente respalda nuestra tesis del "iceberg": sólo desde la inocente ingenuidad de los títeres es posible hablar de cosas crueles y profundas que atañen a nuestra psicología sin rasgarnos las vestiduras, y con un mínimo de decoro más o menos culturalizable.

Detengo aquí la redacción de esta entrada para retomar la calle londinense y acudir al Victoria & Albert Museum, uno de los museos más impresionantes de la ciudad, en dónde me he citado con una antigua conocida y amiga a la que hace mucho tiempo que no veo: Penny Francis. Ella sin duda me aclarará algunas cosas sobre nuestro misterioso personaje y la realidad titiritera de Londres.

"Más vidas que un gato" de Eugenio Navarro

Ya dije en una anterior entrada que Barcelona se está convirtiendo de nuevo, tras años de dejar de serlo, en una capital titiritera a tener en cuenta. Y lo es básicamente por las creaciones que en ella se realizan, a cargo de titiriteros noveles en unos casos, y de los veteranos en otros.

Y es que toca hablar hoy del último espectáculo creado por el dueño, alma mater y titiritero residente de La Puntual Eugenio Navarro, en conjunción con el también titiritero y reconocido constructor de títeres Martí Doy (afinadísimo, como siempre, en su labor). Su título, "Más vidas que un gato", hace directa referencia a la temática de la obra que no es otra que la lucha por la vida y contra la muerte. Una lucha que los títeres tienen ganada, como es bien sabido, y que los titiriteros no tanto, motivo por el que éstos intentan identificarse con sus héroes de madera, para ver si así consiguen algo de su inmortalidad.

Eugenio Navarro ha conseguido crear con este montaje para un único manipulador -él mismo- y con técnica de guante sobre mesa -su primera experiencia en ella-, una obra hecha a su medida exacta y precisa. Ha contado para ello con la inestimable ayuda de Martí Doy, autor de los títeres, como se ha dicho, y responsable de la dirección escénica. Y no podía ser de otra forma con el personaje de Rinaldo como protagonista, conocido alter ego del titiritero que ya en anteriores espectáculos sacó a relucir en títulos como Trinoceria, Zespión y Caramante.

Rinaldo se ha convertido, especialmente en esta última entrega, en un personaje muy cercano a su autor, una especie de doble con el que dialoga y con el que se siente muy a gusto. La razón es que comparten parecidas actitudes vitales, con opiniones que el títere se permite llevar a sus extremos. Tras ocupar papeles secundarios en el reparto de la compañía de títeres La Fanfarra (mayordomo, presentador, guardián de torres y princesas, y hasta comadrona), Rinaldo se permitió siempre estallidos de euforia e improvisaciones cuando salía al escenario, sorprendiendo al público y a su propio manipulador. Fruto de estas improvisaciones, surgió la personalidad del actual Rinaldo, que Eugenio ha ido refinando con los años hasta llegar a esta última entrega, en la que el personaje alcanza su más lograda quintaesencia.

Lo bueno del espectáculo de Eugenio es que sin salirse del personaje y desde una fidelidad absoluta a su filosofía de vida, los temas clásicos del titiritismo universal se suceden con graciosa y aplomado armonía: una historia de amor mundana y única, la llegada del baby y su educación, la relación con el cónyugue tras el paso de los años, y el enfrentamiento con la inevitable Muerte. Todo lo resuelve Eugenio, quiero decir Rinaldo, aplicando las leyes del mínimo esfuerzo y del más elemental sentido común, pero sin perder el gusto y la ilusión por la vida y los placeres especialmente mundanos. Tal es el secreto de esta obra que equipara a los títeres con los gatos, en cuanto seres que disponen de, como mínimo, siete vidas. ¿Cuántas vidas tiene un títere? Por de pronto, tantas como espectáculos protagoniza. Y eso sin contar los años de estar en el baúl y, si hay suerte, de permanecer expuesto en algún museo. Lo que sumado da ya unas cuantas vidas.

Ante estas realidades ontológicas relativas al tiempo, se entiende que el titiritero quiera aproximarse al máximo a sus criaturas, especialmente a las que se saben mimadas por el guión, el público y el propio titiritero. Rinaldo indica entonces el camino a Eugenio y a los mismos espectadores, los cuales pueden vivir, a través de la representación, la catarsis de enfrentarse al tiempo y a la muerte desde la humildad que proporciona el teatro de títeres.

Creo que Eugenio ha conseguido con "Más vidas que un gato" un espectáculo precioso y refinado, profundamente filosófico y técnicamente sencillo, en el que la ingenuidad del personaje va pareja a su desparpajo y a su humilde genialidad. Un espectáculo hecho a su medida y que, tras el obligatorio rodaje, será como llevar un guante para su único manipulador. Suerte, pues, y muchas vidas para Rinaldo y sus autores.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Praga y Kasparec

(imagen de Kasparec en la fachada de un teatro de Praga. Foto de Narrisch)

Siguiendo las Rutas de Polichinela, me encuentro en la ciudad de Praga, una de las capitales marionetísticas de Europa. La figura polichinesca que habita en ella es Kasparec, un primo hermano de Pulcinella que encarna el espíritu alegre, pícaro y divertido de los checos. Pero Praga es mucho más que Kasparec: una ciudad con una larga tradición de marionetas de hilo y de otro tipo de "marionetas" más sutiles. Hay que saber que la leyenda sitúa a Fausto en Praga (su casa se puede visitar, en la plaza Karlovo) y que los alquimistas ocuparon aquí un lugar importante de modo que incluso hay una calle muy pintoresca y de obligada visita que lleva el nombre de "Calle de los Alquimistas". Pero sobretodo sobrevuela Praga la sombra legendaria del Gólem, este desdoblamiento del barrio judío creado por el rabino Loew para proteger al gueto, una supermarioneta de barro que tenía vida propia y se movía sola, insuflada por el aliento de la palabra divina.

La ciudad, fiel a estas realidades que definen su imaginario, ha llenado sus tiendas de souvenirs con marionetas de todo tipo, que los turistas se llevan como recuerdo. Se entiende por todo ello que pese a la nieve que llena las calles y a temperaturas que van de los -3ºC a los -10ºC, recorra sus calles con gran entusiasmo.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

“El Rey y el Mar”, de Pea Green Boat, y el Festival de Invierno de La Puntual

Cuando llega diciembre y se acerca la Navidad, La Puntual presenta desde hace ya unos años su pequeño festival de títeres en el que hay siempre estrenos y espectáculos interesantes. En esta ocasión, sobresalen dos estrenos absolutos locales y tres compañías internacionales.

(imagen de "El Rey y el Mar")

Aprovechando que me encontraba en Barcelona, fui el miércoles 8 a ver “El Rey y el Mar”, uno de los estrenos anunciados que presentó Edu Blanch, de la compañía Pea Green Boat, compuesta por él y su compañera Emilia Lang, quién ya presentó durante la temporada anterior otro precioso espectáculo (“The Shoe Tree”). En realidad, con el “Rey y el Mar” se estrenaba como titiritero solista el actor, escenógrafo e iluminador Edu Blanch, un paso que hacía tiempo se esperaba de él. Pues bien, el resultado ha sido francamente bueno, con una obra que hará las delicias del público al que va dirigido, familiar y niños a partir de 3 años.

Basado en el cuento de Heinz Janisch que lleva el mismo título y que ha publicado en español la Editorial Lóguez con ilustraciones de Wolf Erlbruch, la historia no podría ser más sencilla y a la vez más completa respecto a lo que cuenta: el descubrimiento de la alteridad (yo –el rey, en este caso– no soy el único sino que además existen otros seres a mi lado que tienen tanto derecho y tanta soberanía como la pueda tener yo). Una verdad como un puño que sin embargo sigue constituyendo la principal asignatura pendiente de nuestra civilización, no sólo de los niños pequeños que deben aprender a dejar de ser el “rey de la casa”, sino de los adultos, nosotros mismos, que por lo general nos consideramos únicos y superiores en derechos y prerrogativas, aunque no tanto en deberes. Un descubrimiento del Otro que el reyezuelo del cuento irá encontrando en los sucesivos personajes que jalonan la historia: un fantasma bebedor de té, una ardilla saltarina, una gata que ronronea bajo el sol, un perro alocado, el mar o las mismas nubes del cielo.

El cuento es de los que dicen mucho con muy poco, a lo que Edu Blanch se ha agarrado como principal recurso dramatúrgico e ideológico del espectáculo : ir a lo esencial, reducir la acción a lo indispensable, presentar los personajes con los mínimos elementos, desnudar la escena de ropajes innecesarios. Y para ello, se opta por estilizar al máximo la escena, con movimientos muy precisos y estudiados, pequeñas intervenciones lumínicas o de teatro de sombras, títeres que son una simple tela, o que se confunden con la mano del titiritero o, como el mismo Rey, hecho de madera, pero con una estética que recuerda el primitivo hieratismo románico, de una gran belleza y eficacia en su rol. Tanto la acción como la manipulación están pensadas para conectar íntimamente con los niños, a través del estilete dramatúrgico de la síntesis y de esa desnudez estilística que también se veía en el otro espectáculo de la compañía.

Una obra que al optar por el minimalismo y la desnudez interpretativa, obliga al titiritero a una difícil actuación contenida y disciplinada, lo que muestra una madurez de partida francamente prometedora, tratándose como se trata del primer montaje del titiritero. Un estreno de los que auguran futuros pletóricos.

Los otros espectáculos

- "SIN TÍTULO" de Puzzletheatre, de Canada. Espectáculo sin texto rigurosamente a partir de 7 años. Vi 17. Diciembre, 18h, Sa 18. Diciembre, 12h y 18h, Do 19. Diciembre, 12h y 17h. El viaje de una mujer a través de la vida, marcada por los primeros encuentros.

- "MÁS VIDAS QUE UN GATO" de Títeres La Puntual. Ma 21. Diciembre, 12h y 18h, Mi 22. Diciembre, 12h y 17h, Ju 23. Diciembre, 12h y 17h, Vi 24. Diciembre, 12h, Lu 27. Diciembre, 12h y 17h, Ma 28. Diciembre, 12h y 17h. Eugenio Navarro, junto con Martí Doy, estrena un nuevo espectáculo con su personaje emblemático, Rinaldo, quién harto de vivir de sus viejos éxitos, ya semi retirado, vuelve a los escenarios con este espectáculo lleno de acontecimientos extraordinarios para todos los públicos. Prometedor, sin duda.

- "THE PUNCH & JUDY SHOW" de Rod Burnett. Espectáculo de títeres tradicional de Inglaterra. Mi 29. Diciembre, 12h y 17h, Ju 30. Diciembre, 12h y 17h, Vi 31. Diciembre, 12h y 17h. Regresa un viejo conocido de la casa, el Punch and Judy de Rod Burnett, uno de los más destacados miembros del "Punch and Judy college of Professors".

- "JORGE EN EL GARAGE" de Materialtheater Stuttgart. AlemanIa. Espectáculo en Castellano para niños a partir de 5 años. Do 02. Enero, 12h y 17h, Lu 03. Enero, 12h y 17h, Ma 04. Enero, 12h. Con tres marionetas, un cartón y unos cuantos accesorios bien escogidos, con mucho humor y ternura, la actriz nos hace vivir el sufrimiento interior de la exclusión, y del largo camino de paciencia y amor que hace falta para sacar a un ser herido de su mutismo. Un espectáculo que habla de la fragilidad humana con una delicadeza fuera de lo común. A cargo de una de las compañías punteras de Alemania.
Para más información, aquí.

martes, 7 de diciembre de 2010

"Malic, a Aventura das Marionetas". Presentación en el Museu da Marioneta de Lisboa

A raíz de la presentación de la versión portuguesa del libro "Malic, la Aventura de los Títeres" en Lisboa, publicado por el Museu da Marioneta de Lisboa, y que tendrá lugar el viernes de esta semana, voy a actuar con el espectáculo "A Dos Manos" en el teatro capilla del museo los siguientes días:

- viernes 10, a las 21:30. Acabada la función, tendrá lugar la presentación del libro.
- sábado 11, a las 16h
- domingo 12, a las 11h

Para más información sobre "A Dos Manos", pulsar aquí. Ver también el reportaje dedicado al Museu da Marioneta de Lisboa y los videos uno, dos y tres.

Los espectáculos del Titirijai

He aquí algunos comentarios sobre los espectáculos vistos en el Titirijai (el Festival de Títeres de Tolosa), que no son todos, pero sí bastantes. Creo que dan una buena idea de la programación así como del buen nivel en el que se encuentra el momento titiritil español.


Hitomiza Otome Bunraku, Japón.

(dos manipuladoras del Otome Bunraku con sus muñecos)

Nunca había visto esta sofisticada e innovadora modalidad del Bunraku japonés, cuyas vistosas características son: un único manipulador por muñeco, dos narradores y dos músicos (en vez de sólo uno por cada tarea como es habitual) y el hecho singular de que todos los ingredientes, manipuladores, músicos y narradores, son mujeres. Algo que para mi fue una sorpresa total.

Representaron un fragmento de la obra “Yoshitune y los 1000 cerezos en flor”, una maravilla de sutilezas en la expresión interpretativa, con danzas, monólogos, batallas y momentos líricos de alto vuelo. Ver a las instrumentistas y a las dos vocalistas en acción es una de las mayores delicias del espectáculo: de entrada el porte serio y solemne de las intérpretes, casi rígido, pero que al empezar la función, se tensan como cuerdas de violín para dar vida a los instrumentos o a la voz que declaman o cantan con inusitada fuerza expresiva. Hay que tener el oído fino y una abertura amplia de mente para gozar y asimilar esta música que combina tonos y microtonos aleatoriamente según criterios ajenos a nuestro sentido de la afinación, más cercana a determinadas experimentaciones de la música de vanguardia que a la tonalidad clásica. El resultado es una sonoridad narrativa basada en la sutileza y el matiz, más un peculiar sentido del ritmo de subido refinamiento. Rasgos que también definen la acción de las marionetas, en las que la dualidad muñeco-manipuladora se convierte en otro atractivo añadido: ver la correspondencia entre la gestualidad de la marioneta y los movimientos delicados y sutiles de la manipuladora es una auténtica delicia. Al estar el muñeco apoyado en el bajo vientre, sus pies encajados en las piernas, la cabeza sostenida por dos cordeles atados en el moño de la marionetista y las manos sujetas por sus propias manos, se consigue un efecto de desdoblamiento directo y unipersonal provisto de una singular belleza y riqueza de matices, que sumados al juego escénico y a la música, constituyen un extraordinario conjunto orquestado.

(Masako Kiritake, primera líder de un grupo de Otome Bunraku, según cuenta en su blog de viaje al Japón Dora Cantero)

Una verdadera sinfonía polifónica de múltiples disciplinas: poesía, pintura (la de los decorados), escultura y vestuario (la de las marionetas y de los intérpretes), caracterización (en los intérpretes sonoros y en las manipuladoras), coreografías y movimientos escénicos, porte y presencia de una dignidad escénica poco vista en el teatro occidental.

Esta modalidad en femenino del Bunraku proviene del maestro Jiboku Hayashi quién en 1920 estableció esta modalidad de un único manipulador, dos narradores y dos músicos, y la singularidad de que todos los intérpretes fueran mujeres –siguiendo una moda de mujeres cantantes muy apreciada por el público de la época. Se formaron tres compañías ante el éxito de la propuesta. La que ha llegado a nuestros días, la Hitomiza Otome Bunraku, procede directamente de la original formación del maestro Jiboku Hayashi, lo que ha garantizado la pureza de la tradición.


Taller del Parc, Cataluña.

Fue un placer conocer el trabajo de esta compañía de Barcelona nacida en el entorno de los talleres de Jordi Bertrán. Con dirección de Irma Borges, las dos intérpretes Aurora Poveda y Paulette San Martín presentaron un espectáculo titulado “El agujero en el sombrero”, una obra de una gran coherencia estilística excelentemente interpretada por las dos actrices-manipuladoras. A partir de un enorme sombrero de copa que hace las veces de “mágica chistera” y de retablo para los títeres (en la técnica llamada “de mesa”), la obra juega con el elemento “sombrero” para la definición visual de los distintos personajes. Basada en la novela juvenil de Jordi Sierra i Fabra “El niño que cayó en un agujero”, la propuesta muestra como el pequeño Marcos debe enfrentarse a distintos personajes extraídos de la realidad urbana de nuestros días. Será un perro quién le ayude en las dificultades, hasta que finalmente comprende que el agujero en el que aparentemente ha caído no está fuera sino en su interior.

Un proceso de liberación del personaje que debe pasar antes por la dura experiencia de la soledad, la marginación, el fracaso y la desesperación. Lo bueno de la obra es el tono de los intérpretes, la calidad de sus voces, el detalle de la manipulación y un ritmo que consigue atrapar al espectador. La compañía no hace más que confirmar el alto nivel de una nueva generación de titiriteras barcelonesas que ha irrumpido con inusitada fuerza en el panorama titiritil catalán y español. Una generación que aúna rigor formal, excelentes dotes interpretativas y ambición en las propuestas. Las del Taller del Parc así lo confirmaron con su logradísimo espectáculo.


Le Lutin Théâtre d’Images, Francia.

Esta coproducción del TOPIC titulada “Línea(s) de Horizonte” a cargo de la compañía Lutin Théâtre d’Images de Toulouse, Francia, sorprendió al público por la radicalidad de su propuesta: escenificar en el escenario el interior de la mente humana en el proceso de creación. Representar a la imaginación no es algo fácil de hacer y sólo por el atrevimiento de intentarlo, valía la pena ver el espectáculo. Propuesta que se presentó sin acabar, al hallarse todavía en una última fase de realización, y que mostró lo esencial de la misma: el vacío de la mente, representado por el papel en blanco que llenaba todo el espacio, y la correspondencia entre los trazos de una dibujante sentada en un pupitre y lo que sucedía en el escenario. Proyectando imágenes a través de un retroproyector, más la irrupción de dos personajes salidos de la imaginación activa del dibujante (personajes que nos sugieren los dos lados polarizados de la mente: lo femenino y lo masculino, lo rígido y lo voluble, el orden y el caos), se llena el vacío del gran papel en blanco.

Obra dirigida por Gaëlle Boucherit, con escenografía de Jeanluc Parant y Thierry Furet, y una rica banda sonora de Victor Betti, “Línea(s) de Horizonte” investiga los mecanismos interiores de la percepción mediante el desdoblamiento del gesto mismo de la escritura: el trazo como generador de mundos visuales, ritmos, atmósferas e imágenes en movimiento. Con algunos momentos todavía de indefinición y necesitada del correspondiente rodaje, la propuesta resultó un estimulante experimento capaz sin duda de atraer a los que buscan en el teatro otros valores que no sean el mero entretenimiento.


Los Farrés Brothers & Cia, Cataluña.

Habiendo conocido a los Farrés Brothers en sus inicios, no había visto ninguno de sus trabajos de madurez. Fue por ello una suerte asistir a la presentación en Tolosa de Ovni, una de sus últimas obras, y constatar como la fama de la que goza esta agraciada compañía está más que merecida. La propuesta, que encandiló al público, es un rico alarde de imaginación escénica bien servida por una interpretación excelente y técnicamente impecable. Y es que ver a dos buenos actores que además son dos buenos marionetistas, constituye un verdadero gozo.

Jordi Palet y Pep Farrés, con una muy trabajada escenografía de Alfred Casas, recrearon en el escenario el insólito mundo de unos personajes inmersos en un universo de poesía, humor surrealista y abertura al prójimo y a lo ajeno. Dos astrónomos, actuando a modo de clowns cargados de imaginación, recrean una historia entre tierna y delicadamente absurda en la que se ve implicada una familia que vive en la casa de enfrente. La hija, una niña amiga de los astrónomos, intenta en vano que sus padres, absortos en sus egoísmos apoltronados (el uno atrapado por la televisión, y la otra en la contemplación enfermiza de si misma), se acuerden de felicitarla por su aniversario. Intentos fallidos. Sólo los excéntricos astrónomos se acuerdan de la efeméride. Para celebrarlo, deben superar no pocos obstáculos, pero el azar les proporciona la ayuda de un extraterrestre que aterriza en el mismo tejado de la casa familiar. Con este argumento inspirado en Matilda de Roahl Dahl, y en La Ventana Indiscreta Alfred Hitchcook, los Farrés Brothers bordan una historia repleta de delicadeces, con un juego sabrosísimo de las diferentes escalas de los muñecos que se hilvanan con un ritmo impecable y un dominio interpretativo repleto de matices. La obra, de una complejidad envidiable, está magníficamente resuelta por el oficio, el buen hacer titiritero y el dominio clownesco de los Brothers. El público así lo vio también, premiándolos con grandes aplausos.


Libertablas, Argentina.

Presentaron los actores cantantes de la compañía Libertablas de Buenos Aires, Argentina, manipuladores asimismo de los muñecos, la obra Pinocho en formato de musical. Con un texto de Luís Rivera López y Sergio Rover, que también firman la dirección, los cuatro intérpretes de la obra (Mónica Felippa, Diego Ferrari, Diego Suárez y Sergio Rover) escenificaron una versión libre de la famosa obra de Collodi con títeres grandes manipulados a vista.

Con música de Daniel García, el musical transcurrió por sendas de un excelente nivel interpretativo, con voces seguras y afinadas, convincente interpretación y un ritmo escénico que tuvo atrapado al público del Leidor, teatro de una gran capacidad. El estilo es el del musical argentino en la línea “Evita”, y el hacer de Libertablas mostró el gran oficio de esta compañía y sus tablas impresionantes, fruto sin duda del inmenso trabajo que realizan por tierras argentinas, con profusión de espectáculos y de representaciones para todo tipo de público. Salvando con sumo acierto los escollos sentimentaloides que suelen aquejar a este tipo de musicales, Pinocho mostró un tono digno y acertado para el público infantil y mixto al que va dirigido. Igualmente, la versión permitió el lucimiento de los intérpretes, cada uno con sus momentos estelares: la narradora que a modo de elegante maestra de ceremonias va situando la acción, el viejo Gepetto sorprendido por su propia obra, un joven y veraz Pinocho lleno de vitalidad y un magnífico y acanallado titiritero que tuvo incluso el valor de meterse con las maestras. Una propuesta que fue muy aplaudida por el público.


Compañía de Bastiani y Puche, Italia

Absoluta y grata sorpresa descubrir este espectáculo firmado por Gigio Brunello (autor y dirección), titulado "La leyenda del conejo volador" e interpretado por una compañía que parece haberse formado para la ocasión, constituída por los titiriteros Alberto di Bastiani y Salvador Puche. Un espectáculo insólito, difícil y logradísimo, con un acusado sentido del humor de una originalidad apabullante, una estética deliciosamente decadentista, un texto que parece salido de un manicomio o del mismísimo Cabaret Voltaire del Dadá más surrealista, y una acción disparatada que sin embargo consigue crear su propio mundo. El teatrillo, un retablo cuya boca de escenario se abre con los dos batientes de una ajada y sucia ventana de cristales, ya parece querer indicarnos por dónde van los tiros: obra de reciclaje, tanto en los materiales como en los contenidos. Pero un reciclaje que se define por su peculiar humor y por una estudiada estética que va más allá de un post-post-postmodernismo. En realidad, la obra poetiza unos personajes de circo que viven en un universo absurdo y marginal pero sumamente poético. Y es quizás esta mezcla de poesía, ternura, absurdo, disparate e ingenuidad narrativa lo que dispara el espectáculo hacia las altísimas cotas de su interés.

Desde el punto de vista técnico, lo más interesante es la apariencia de sencillez en la manipulación, en los muñecos y en el juego de las sombras, sencillez que sin embargo oculta un estudiado y milimétrico trabajo dificilísimo de hacer. Una sencillez indispensable también para dar con el tono de falsa ingenuidad de la obra. Un trabajo, en definitiva, que muestra la madurez de unos magníficos cómicos italianos capitaneados por este veterano titiritero y maestro que es Gigio Brunella.


Títeres Caracartón, de Andalucía

La compañía Caracartón de Sevilla presentó El Último Pirata, un espectáculo de títere de mesa muy bien interpretado por Paola Román y Juan Gilabert, con dirección de Eva Rodríguez. La obra usa la figura del pirata y el romanticismo de la piratería de tesoros escondidos en islas desiertas para denunciar el acoso inmobiliario de los últimos tiempos, cuya especulación ha destruído tantas playas e islas desiertas.

Mostraron los de Sevilla el buen nivel del titiritismo andaluz actual, con una manipulación expresiva y unos muñecos de gran eficacia escénica, más un texto divertido y ágil que permitió al público asistente, compuesto de niños y adultos, seguir la obra sin distracción alguna. Espectáculo de entretenimiento y de denuncia, pues al final uno de los manipuladores nos muestra la imagen de la nueva piratería: un ejecutivo del ladrillo, de traje y corbata, pero con un inconfundible parche en el ojo. La realidad española saltó así al escenario y se adueñó del espacio mítico piratesco, convertido en el actual ladrocinio de los bancos y del negocio de la construcción. El público premió a los titiriteros con una salva de aplausos.


Periferia Teatro, Murcia.

He aquí otra de las sorpresas del Festival, la de los murcianos Periferia Teatro que presentaron su premiado “Guyi, Guyi…”. Con dirección de Juan Manuel Quiñonero Redondo, y manipulación de Dora Cantero y Mª Socorro García, la obra escenifica una versión algo cambiada del clásico Patito Feo en la que la temática de la alteridad es tratada con poética maestría. Se nota en esta propuesta el oficio de una compañía como Periferia, de muchas horas de vuelo, que ha tenido la inteligencia de fichar a la joven valenciana Dora Cantero, un valor emergente de la cantera catalana (pues reside y ha estudiado en Barcelona). Lo más difícil, encontrar un lenguaje sintético que con lo mínimo se llegue a lo máximo, es el gran logro de este espectáculo que conquistó al público de Tolosa. Voces de una singular eficacia (con una Mª Socorro de asombrosos registros), manipulación a la vista con un estudiado y logrado juego actoral (magnífico porte de las dos actrices manipuladoras y logradísimos los personajes de los cazadores), unos muñecos eficaces y sencillos, una escenografía simplísima y funcional, son los ingredientes básicos de esta propuesta tan llena de poesía y de frescura. Obra clásica y a la vez impactante y rompedora por su lograda búsqueda de síntesis.

El patito es en realidad un pequeño cocodrilo que ve su identidad tambalearse ante la incertidumbre de los habituales nichos ecológicos. La modernidad rompe las fijaciones identitarias, que dejan de ser estables. Surge así una nueva identidad, el Cocopato, expresión de los nuevos fenómenos identitarios basados en el mestizaje, la fusión y el cruce. Temas de gran actualidad que los de Periferia tratan con sencillez interpretativa y con la apariencia del mínimo esfuerzo. ¡Admirable!


Pa Sucat, de Cataluña

Se presentó en Tolosa Pa Sucat, uno de los grupos catalanes que pisa con más fuerza los escenarios en los últimos años y del que nunca había visto nada. Y tengo que decir que “Maravillas de Oriente”, de Jordi Jubany, me maravilló, valga la redundancia, como hizo también con el público que asistió a sus representaciones. No por nada un tribunal de niños le otorgó el premio al mejor montaje.

Tres buenos actores que son también un músico clown de gran eficacia (Quim Carranza), un presentador comediante de mucho empaque (Jordi Jubany) y un actor titiritero de altos vuelos (Eduald Ferré, quién también firma la dirección). Los tres urden un espectáculo de comediantes de la legua que plantan sus trastos en cualquier plaza o teatro para representar las historias del caballero Don Gonzalo de Guzmán, en su competición con el moro que ha raptado a la princesa. Es decir, un argumento que enlaza con el repertorio clásico de los Maeses de toda la vida. Pero si ya la parte actoral funciona de maravilla, los títeres constituyen un alarde de oficio y de manipulación de me sorprendió por su virtuosismo. Todas las rutinas clásicas de los Polichinelas italianos y europeos están presentes en la interpretación de Eduald Ferré, recopiladas en una síntesis original y bien adaptadas a la historia: los deliciosos juegos del caballero y su caballo, el juego del dragón con sus peleas y persecuciones clásicas, la pipa de fuego, el virtuosismo de los estacazos, todo el acervo de la más pura tradición presente y magníficamente desarrollado. Asimismo, la relación de los títeres con los actores, de tremenda eficacia, da un ritmo trepitante a la acción, claridad expositiva y una comicidad asegurada a todo el conjunto. No pude menos que sumarme a los espectadores que aplaudieron a rabiar.


Títeres de la Tía Elena, de Aragón

Conozco a Helena Millán desde hace años, una especialista en marioneta de hilo de larga trayectoria, pero nunca la había visto en un espectáculo de texto y con otro tipo de marionetas, de mesa en este caso. Y la verdad es que fue un gusto descubrir este “Cajal, el rey de los nervios”, escrito por Adolfo Ayuso, médico y estudioso de los títeres. Con manipulación de la misma Helena Millán, más las actrices Sol Jiménez y Marta Cortel, la obra parte de la figura del médico y Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal para mostrar una faceta desconocida del personaje: su época infantil. ¿Cómo era de niño este genio de la medicina y de las neuronas?

Adolfo Ayuso ha escrito una obra que nos muestra la importancia de respetar en los niños la constancia y el afán de búsqueda, base de todo progreso científico. Eso es precisamente lo que le ocurre al niño Cajal: su curiosidad por saber el porqué de las cosas choca contra la rigidez de la educación arcaica y repetitiva de la escuela, hasta que finalmente su padre, médico y persona curiosa también, descubre las virtudes del hijo y le anima a continuar por este camino. La viveza y la seguridad de las voces más una excelente interpretación de las tres manipuladoras sitúan y definen muy bien el ambiente de la época y sus personajes. La obra está centrada en la figura del propio Cajal representado por una imponente marioneta magníficamente manipulada por Helena Millán, cuya voz grave y profunda da vida y verosimilitud al personaje. Esta marioneta se combina con los diferentes cuadros casi costumbristas en los que se van representando las diferentes escenas del Cajal niño. El resultado es un hermoso espectáculo fresco, ágil y divertido capaz de llegar a un público muy amplio, infantil y adulto. Y con un mensaje que parte de la frescura para llegar directamente al corazón del público.

¿Cuáles serían los obstáculos propios a los Cajales de hoy? ¿De qué manera la sociedad, la escuela y el ambiente frustran hoy a los genios en potencia que siguen buscando el porqué de las cosas? He aquí un posible argumento para una segunda parte de la obra…


Papalote, Cuba

Encontrarse con la compañía Papalote, seguramente una de las más antiguas y prestigiosas de las existentes en Cuba, es siempre un placer. La conocía ya porque hace años, ¿veinte, quizás?, actuaron en el Teatro Malic. Entonces presentaron la obra “El Duende Sombrerudo”, si no recuerdo mal, con una magnífica interpretación solista de Rubén Darío Salazar dirigido por René Fernández Santana. En esta ocasión presentaron en Tolosa la obra “Tres somos tres”, a cargo de cuatro actores manipuladores que también resultaron ser magníficos cantantes. La obra, también dirigida por René, se presentó en el Teatro Leidor.

Con la sala llena hasta los bordes, los de Cuba mostraron su dominio de la voz, el baile y la gestualidad más desenfadada, con una versión del popular cuento “los tres cerditos” hecha para ser cantada y bailada con los muñecos en la mano. Ritmos cubanos, pequeñas coreografías populares, y un desparpajo manipulador centrado en la figura del lobo hambriento de cerditos. La vitalidad cubana de los actores, aupada por su juventud, se centró en la música, en los juegos de palabra y en el jolgorio escénico de una acción trepitante a ritmo de son. Sin micrófonos, sólo con la voz a pelo, consiguieron llegar y entretener al numeroso público del Leidor. Su esfuerzo fue premiado por sonoros aplausos.


Martí Doy, Cataluña.

Había visto la obra RanDeMar de Martí Doy en La Puntual (escribí sobre el mismo en un artículo publicado en octubre de 2009) y ya entonces me encantó el espectáculo. Su actuación en el TOPIC de Tolosa ha reafirmado aún más mi impresión, tras verlo respirar en un espacio más amplio.

Creo que Martí Doy ha alcanzado con RanDeMar eso tan difícil que es ir a lo esencial. Sin florituras superfluas, sin impostaciones de ningún tipo, casi desde un nivel zero interpretativo, manipulando a la vista y sin esconder apenas nada, el titiritero consigue crear un mundo que se sustenta sobre los cuatro elementos puestos en juego: una mesa, unos cartones que hacen de suelo o de casas, un tubo que se convierte en faro, unas telas colgadas de una cuerda y unas marionetas preciosas que se sustentan por si mismas. Se nota aquí el oficio de constructor de Doy (autor de muchas marionetas construídas para otros grupos y espectáculos) quién, sin embargo, a la hora de enfrentarse con el público él solo en el escenario, ha optado por la desnudez radical. Una opción de realismo y honestidad que el público capta a la primera y que constituye la esencia y virtud principal del espectáculo. Establecido el marco, las situaciones de los distintos personajes fluyen sin cortapisa alguna, encantando a un público entregado a la transparencia interpretativa del titiritero. Una obra que, gracias a su simplicidad, consiguió emocionar a muchos.


A modo de conclusión.

Creo que tras el repaso de los espectáculos vistos en Tolosa, y dejando aparte la realidad de los demás países ya comentada en la entrada anterior, podemos llegar a la conclusión del buen momento en el que se encuentran los títeres en España. También se constata como Cataluña vuelve a emerger como potencia titiritil peninsular, disputando una hegemonía que los andaluces habían conquistado en las últimas décadas. Es perceptible una multiplicación de nuevos grupos, muchos de ellos de naturaleza femenina, con ambición, estudios de teatro y buenas ideas. Habría que ver cómo se distribuye este fenómeno en el mapa español, pues sin duda lo mismo debe ocurrir en otras latitudes. Pienso en Madrid, Galicia, las anchas Castillas, la misma Andalucía, Valencia, Aragón…, aunque desconozco estas realidades locales. Una situación de emergencia creativa que la crisis actual no debería truncar, superando las carencias y los menoscabos presupuestarios.