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| Antonio Machado. |
El azar polichinesco me ha llevado estos días
inesperadamente a Colliure, una pequeña localidad que se encuentra en la
llamada Côte Vermeille, la Costa Brava francesa que empieza al sur de
Argelès-sur-Mer y acaba en Portbou, ya en el lado español.
Una ciudad hoy pequeña y turística que sin
embargo fue el puerto comercial más importante de la región en la época
medieval –con un magnífico Palacio Real donde los reyes de Mallorca solían
pasar el verano, hoy muy modificado por las reformas de Vauban, el arquitecto
que transformó el paisaje militar francés durante el reinado de Luis XIV, el Rey
Sol.
La otra gran curiosidad de Colliure es que en
ella murió Antonio Machado el 22 de febrero de 1939, al poco tiempo de llegar
tras huir de España. Se trata de uno más de los dramáticos sucesos que
ocurrieron en aquellos aciagos días en la frontera catalana entre Francia y
España, pero que la gran altura literaria de Machado, uno de los más grandes
poetas en lengua castellana del siglo XX, lo convierte en un episodio
infinitamente triste del final de la Guerra Civil Española.
Se preguntará el lector qué
relación existe entre Machado y los títeres, y le diré que ninguna. Que yo sepa
–y ojalá me equivoque…–, nunca el poeta sevillano se interesó por esta
lateralidad de las artes de Talía, aunque sí escribió para la Musa varias
obras de teatro: "Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel" (1926),
"Juan de Maraña" (1927), "Las adelfas" (1928), "La
Lola se va a los puertos" (1929), "La prima Fernanda" (1931) y
"La duquesa de Benamejí" (1932).
Pero si me atrevo a asociarlo al gremio de
los titiriteros, es porque Machado también jugó a desdoblarse (como ese otro
gran “titiritero literario” que fue Fernando Pessoa) en otras personalidades,
siendo una de sus “máscaras” o alter ego más conocido la figura de Juan de
Mairena. Un profesor que en cierto modo ocupó el papel de maestro del mismo poeta,
al poner en su boca –o en su pluma– las ideas estéticas aplicadas por Machado
en su obra. Como dijo el propio Mairena en Nuevas
canciones:
“Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo,
y suele ser tu contrario”.
que marcha siempre contigo,
y suele ser tu contrario”.
| La estación de tren de Colliure. |
Un principio que impregnó también los últimos días del poeta, inmerso en un despojamiento total de su condición humana, reducido por la crueldad de la época a ser un simple exiliado que lo ha perdido todo. Así murió Machado en Colliure (acogido por unos pocos amigos, su hermano José y algunos benevolentes lugareños que en seguida comprendieron a quién tenían entre sus manos) en la más absoluta pobreza. Y así fue enterrado, siguiendo las instrucciones que él mismo dio a su hermano José antes de morir, con la máxima sencillez.
Debemos decir que aquí se cumplió a rajatabla y al cien por cien la teoría titiritera que dice que a un máximo despojo de la forma (máxima síntesis), mayor fuerza expresiva se consigue, y mayor capacidad de atracción. Pues el revivir que los testigos y más tarde la Historia ha hecho de estos últimos días y momentos de despojo del poeta, aumenta cada día más el interés que hoy sentimos por su figura.
| Tumba de Antonio machado en Colliure. |
Una hermosa tumba lo acoge hoy, construida por subscripción popular gracias a la acción de quién fue el primero en acogerlo en Colliure, Jacques Baills, y el apoyo decidido de José María Corredor y Pau Casals, pues el poeta al morir fue enterrado en un nicho cedido por la señora Py Deboher, amiga de la familia Bougnol Quintana que regentaba el hotelito donde se hospedaba Machado.
| Casa donde murió Antonio Machado. |
Dice Mairena a sus alumnos: “Lo clásico es el empleo del sustantivo, acompañado de un adjetivo definidor. Así, Homero llama hueca a la nave; con lo cual se acerca más a una definición que a una descripción de la nave. En la nave de Homero, en verdad, se navega todavía y se navegará mientras rija el principio de Arquímedes. Lo barroco no añade nada a lo clásico, pero perturba su equilibrio, exaltando la importancia del adjetivo definidor hasta hacerle asumir la propia función del sustantivo” (del libro Juan de Mairena).
