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martes, 24 de enero de 2012

Lyon, ciudad de luces, imprentas, imágenes y títeres

La ciudad de las luces

Fiesta de las luces en Lyon
Algo debe haber en las esencias de esta ciudad situada en la confluencia de dos de los grandes ríos de Francia, el Rhône y la Saône, para que en ella hayan florecido las artes de la reproducción imaginaria, ya sea con palabras, luces, letras o imágenes. Próspero centro cultural en el Renacimiento –Lyon fue un importante lugar de impresión dónde se imprimeron obras como el  Gargantúa y el Pantagruel de Rabelais–, destacó a finales del XVIII por su industria de la seda, y en el XIX, por haberse instalado en ella Antoine Lumière, quién creó, ya con la colaboración de sus dos hijos Auguste y Louis, una potente industria que inventó el cinematógrafo y, más tarde, la fotografía en color.

Siendo la segunda ciudad de Francia, existe en ella un impulso de proyección futurista que se percibe en el aire y en el mismo diseño urbano. Creo que Lyon es una de las ciudades del mundo con una mejor iluminación, no por exceso sino, al revés, por responder a un plan estudiado de diseño luminotécnico que, basado en la contención, el ahorro y el sentido común, deja que el día sea día, y la noche, noche. Un ejemplo de este esmero lo encontramos en el metro, cuya iluminación es voluntariamente tenue y coloreada según la profundidad de las estaciones. Cuando lo comparo con la agresividad de los fluorescentes de luz blanca del metro de Barcelona, ciudad que presume de mucho diseño, me sonrojo de envidia y de indignación.

Fiesta de las Luces en Lyon
Una de las razones de esta racionalización inteligente de la luz se debe, sin duda, a la acción de asociaciones como la Association des concepteurs Lumière et Eclairagistes. Supe de ella cuando en abril de 2006 asistí al encuentro “Des Hommes et des Ombres” organizado por el festival Moisson d’Avril. Laurent Fachard, un iluminador que empezó en el mundo del teatro y derivó hacia el urbanismo, nos explicó la nueva filosofía que se estaba intentando imponer, basada en dar la luz indispensable, sin derroche ni querer convertir la noche en día. Explicó como la nueva tecnología led (más los nuevos soportes de administración inteligente a través de la informática) permitía esta atenuación luminitécnica con un coste además bajísimo, con bombillas que pueden llegar a durar décadas, y con muchísimas posibilidades de coloreación y por ello de crear atmósferas singulares, pensadas para cada lugar y hora del día. Nos mostró ejemplos de encargos que habían recibido, como el mismo metro de Lyon, y algunas estaciones del metro de París, maravillándonos todos los presentes de la sutileza y el enorme sentido práctico y estético de las propuestas.

Lyon es una ciudad que se ha identificado con la temática luminotécnica, sobretodo porque contaba ya en su haber con una fiesta popular de origen religioso que se celebra desde antigulo consistente en un encendido masivo de velas en las ventanas de las casas que los vecinos hacen el 8 de diciembre. Con esta excusa, se escogió esta fecha para la Fiesta de las Luces que  se celebra actualmente y que acoge a millares de visitantes cada año. La implicación de la ciudad en el tema luminotécnico la ha llevado a crear la red LUCI (Lighting Urban Community International) que cuenta ya con 60 ciudades de todo el mundo (de España, tres únicas ciudades: Málaga, Valladolid y Burgos, ¡bien por ellas, y muy mal para las demás!) y que busca implantar esta nueva mentalidad ahorrativa y amiga de los ojos humanos.

El Museo de los Hermanos Lumière

Maqueta de la fábrica de los Hermanos Lumière
en Lyon Montplaisir.
Curioso que haya sido en esta “ciudad de las luces” dónde los hermanos Lumière desarrollaran sus inventos cinematográficos y crearan la pujante industria que revolucionó el mundo de la imagen y del arte. No podía, pues, dejar de visitar su museo, situado en la villa que ocupó la familia y en los mismos terrenos dónde antaño existieron los diferentes pabellones de la fábrica que los Lumière tenían en Lyon Montplaisir. Precisamente la primera película de la historia del cine tiene como argumento “La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir” (“Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir”), rodada unos días antes de que fuera presentada oficialmente en París el 22 de marzo de 1895.

Placa para linterna mágica, del Musée Lumière
La visita del museo no tiene desperdicio y recomiendo sobretodo ver el documental que se muestra en el pequeña sala de proyección dónde imágenes y palabras sitúan en su lugar todo lo que se ha visto durante la visita. Lo que más me impactó fue la inteligencia de los Lumière al decidir formar a un grupo de camerógrafos (unos doscientos) para mandarlos a filmar alrededor del mundo entero. Los resultados fueron absolutamente excpcionales, no sólo porqué estos pioneros del cine inventaron los primeros recuros del lenguaje cinematográfico (travelings, cámara móvil, primeros planos, medios y generales, cámara al suelo, etc) sino porque además pusieron por primera vez en comunión imágenes de la vida cotidiana de mil rincones del paneta, pues las películas viajaban de un lugar a otro, y porque además de filmar, proyectaban en lugares públicos lo que habían filmado allí y allende, de modo que en poquísimo tiempo –apenas un año después de patentarse el invento– ya había teatros de proyección abiertos en Tokio, Shangai, Nueva York… De estos cineastas de primera hornada destaca la figura de Gabriel Veyre, al que el Museo consagra varias salas: filmó en México, Japón, Indochina, Canada, Egipto, Marruecos… Hizo películas y fotografías, dejando una documentación completísima y exhaustiva de aquellos primeros tiempos del cinematógrafo. Sus últimas fotografías en color de escenas marroquís –murió allí, al parecer muy bien acomodado en este país– son extraordinarias.

Placa Autochrome hecha con técnica
Lumière en la que aparece un titiritero
en su taller
¿Cómo podía competir el teatro de títeres y de sombras con aquel nuevo lenguaje que en seguida se convirtió en arte y en industria, y que se expandió por el mundo como si fuera la mismísima pólvora? Claro que se perdía una dimensión, pues con los títeres y el teatro se mantienen las tres de la visión normal y directa, pero al reducir sus planos de realidad, los aumentaba en la ilusión, gracias a los artilugios de la reproducción mecánica de las imágenes fijas que, al pasar a la velocidad de 24 imágenes por segundo, adquirían visos de realidad. Se entiende que a principios de siglo XX, cuando estos nuevos lenguajes aparecieron y cobraron auge, las formas tradicionales de animación de imágenes quedaran relegadas a “cosas de niños”. Algo parecido ocurrió, cuando la Razón se impuso al Mito, el cual quedó relegado a “cosas para niños o ignorantes”. O, cuando las pirmeras formas del arte neolítico y de la Edad del Bronce empezaron a crear sus estatuas gigantescas, sus templos y sus sofisticadas pinturas murales, sus contemporáneos miraran las arcaicas pinturas rupestres como “cosas de niños, de los de antes”.

Y sin embargo, hoy que el cine ha derivado hacia el video, y que cada individuo de nuestra especie puede disponer de su propia cámara de fotografiar, de filmar e incluso de montar y proyectar, precisamente hoy vuelven a valorarizarse estas “cosas para niños”, como son las pinturas rupestres, los viejos mitos y el mundo de las leyendas,  así como los viejos lenguajes, hoy innovadores y asociados a las vanguardias y a las nuevas tecnologías, del teatro de figuras animadas que es en definitiva el teatro de títeres y de sombras.

El Museo de la Imprenta

Volvamos a Lyon. Hemos hablado de imprentas y aconsejable es visitar su Musée de l'Imprimerie, uno de los más impactantes en su género, dónde la evolución de la imprenta está visual y completísimamente explicada. He aquí otra manera de proyectar imágenes, en este caso directamente en las pantallas interiores de la imaginación humana, a través de estos signos escuetos y simples pero cuya potencia combinatoria, asociada a la sonoridad del lenguaje hablado, nos permite viajar y ver mundo sin salir de uno mismo ni del sofá de casa. Podríamos calificar a las letras y a las palabras como esos hilos invisibles que los autores, titiriteros ocultos, manejan para mover a sus criaturas en nuestra imaginación. De hecho, letras y palabras son la pasta con la que el titiritero crea sus realidades, y los hilos tal vez los ponga el impresor, encargado de levantar los andamios del pequeño teatro de la representación interior. Antes de la imprenta, se encargaba de ello el amanuense que hacía los libros a mano. Luego, a partir de 1450 y tras los inventos de Johannes Gutenberg, lo haría el tipógrafo con la ayuda de las primeras máquinas de impresión. No es de extrañar que algunos titiriteros hayan convertido las letras en títeres, como hace el catalán Jordi Bertrán en su espectáculo “Poemes Visuals”.

El Théâtre des Marionnettes Guignol de Lyon

Guignol utilizado por les Zonzons
Pero es hora de regresar a los títeres de verdad, de los que la ciudad de Lyon esá bien provista, como el lector sabe perfectamente. Tres son los teatros fijos que abren regularmente y ofrecen funciones de Guignol: el Théâtre des Marionnettes Guignol de Lyon, regentado por la compañía Les Zonzons y que dirige Stéphanie Lefort; el Théâtre la Maison de Guignol, asociado a la tienda “Petit Musée Fantastique de Guignol” perteneciente a la familia Cardelli, en cuyos bajos se encuentra un pequeño pero muy simpático y atractivo museo dedicado a Guignol; y el teatro de Guignol “Un Gone de Lyon”, Salle la Ficelle, en la Croix-Rousse de Lyon (el antiguo barrio de los canuts u obreros de la seda) que dirige el veterano titiritero Daniel Streble. Seguramente hay aún más compañías existentes en Lyon, pero éstas son las que pude localizar aunque se me escapó la tercera, pues no tuve tiempo de asistir a ninguna representación del señor Streble.

El Théâtre des Marionnettes Guignol de Lyon es el oficial de la ciudad, propiedad del Ayuntamiento y dispone de un impresionante fondo de cientos de títeres antiguos, la mayoría del siglo XIX. Está regentado por la compañía Les Zonzons que dirige Stéphanie Lefort, buena amiga mía con la que creamos en su día el Réseau Ombres et Marionnettes de la Méditerrannée. Su mayor empeño es poner al día y actualizar los viejos repertorios, así como introducir nuevas formas de actuación con los títeres. Su antiguo director artístico, Filippe Pauchère, se encuentra actualmente desarrollando proyectos exteriores en Madagascar (de dónde es originario) y en otros lugares del mundo. Para substituirlo, la compañía ha contratado al Cyril Bourgois para llevar a cabo este proceso buscado de renovación estilística. Eso significa que sus espectáculos a veces se escapan de la tradición e introducen “salidas del retablo” y otros recursos del moderno teatro de marionetas.

Julie Doyelle y su títere charlando con los niños
En esta línea está la obra que vi el sábado 21, “Guignol part en impro”, es decir, Guiñol se embarca en improvisar, para la que han colaborado con una compañía de Lyon especializada precisamente en teatro de improvisación, con dirección de Julie Doyelle, de Et CoMPAGNiE - Théâtre Spontané. El punto de partida del espectáculo es particularmente arriesgado, pues su argumento se fragua a partir de los deseos y la participación del público, de modo que cada representación es diferente según sean estas aportaciones. Claro que el truco está en tener el oficio suficiente para “manipular” esta participación, afín de  conducirla hacia lugares propios pre-establecidos por dónde pueda desarrollarse una acción escénica creíble. Julie Doyelle, actriz conductora del espectáculo, conoce estos recursos y condujo al público por unos senderos en los que actores y títeres se van substituyendo, en un constante entrar y salir del interior del retablo. Partiendo de las ideas propuestas por los niños del público, los distintos personajes, con Guignol de protagonista, fueron saltando de escenario en escenario –cuyos decorados eran a su vez dibujos hechos por los niños en los minutos de espera antes del espectáculo, proyectados desde un retroproyector–. El resultado resultó especialmente satisfactorio para los niños y el público asistente, que se sentían muy partícipes de todo lo que ocurría en el escenario, pues en efecto de ellos habían partido las líneas maestras del mismo, según pensaban. Los aplausos y el interés por estar cerca de los títeres al acabar la obra fueron el mejor aval de esta propuesta tan arriesgada como singular.

Títeres antiguos de la companyia Théâtre de Marionnettes
Guignol de Lyon
Tras el espectáculo, me colé por los interiores del teatro y pude ver la impresionante colección de títeres antiguos que posee el teatro. Saqué algunas imágenes de los mismos y pensé en la riqueza de este patrimonio del que la ciudad de Lyon es propietaria y que constituye una singularidad de la que aún no le ha conseguido sacar todo su jugo publicitario. Pues aunque la figura de Guignol aparezca con bastante profusión en restaurantes, bares y carteles, y  esté bien representada en el Musée Gadagne, creo que todavía no le han sabido otorgar el verdadero valor que tiene. Tal vez las actuales autoridades lo vean como algo “demasiado pequeño”, incluso “demasiado provinciano”, pero ello no es obstáculo para precisamente resaltar lo pequeño frente a lo grande, en unos momentos como los actuales, en los que lo más ínfimamente local se carga de valor frente a lo global, para poder crear con fuerza suficiente esta tensión local/global, destinada a ser uno de los principales recursos del futuro.


El Théatre des Marionnettes Guignol de Lyon es también quién organiza el fesival Moisson d’Avril , la Biennale Internationale des Marionnettes, que toca celebrarse este año 2012 desde el 29 de marzo hasta el 14 de abril. Una importante cita titiritera que dirige Stéphanie Lefort y que reúne periódicamente a las mejores compañías del género, siempre con exposiciones y actos paralelos en colaboración con otras instituciones teatrales de la ciudad, como la misma Ópera de Lyon.

La Maison de Guignol y la tienda-museo-taller Cordelli

Guignol y cabezas construídas por Damien Weis
El viernes 20 acudí a una de las representaciones de La maison de Guignol, el otro teatro situado también en la zona vieja de la ciudad y que presentaba un interesante espectáculo para adultos de Guignol, con referencias directas a la actualidad. Su título es “Aulas à Collomb: Décines moi un grand stade”.

Hay que ser lionés o al menos estar enterado de una de las problemáticas locales que más polvareda han levantado en los últimos tiempos para entender la obra: la construcción de un nuevo estadio de fútbol (el Stade des Lumières) en la zona llamada Décines, para la celebración del Campeonato Europeo de Fútbol UEFA en 2016. Una decisión tomada (y ya definitiva hoy) por el Presidente del Grand-Lyon Gérard Collomb con el apoyo y la estrecha colaboración de Jean-Michel Aulas, presidente del Club Olympique Lionnais, decisión muy polémica por las consecuencias ecológicas y medioambientales que tendrá. La obra satiriza a estos dos personajes, convertidos en títeres, con intervención incluída del Arzobispo de Lyon, partícipe de la confabulación, junto a otros personajes locales de Décines: una vieja vecina que siempre está esperando a algún Don Juan, y tres animales vecinos del lugar, muy preocupados por tener que cambiar de zona.

Polichinelle presenta la función
Lo interesante es la forma general del espectáculo: empieza un magnífico Polichinelle presentando la obra y los personajes. Siguen luego Guignol y Gnafron, quiénes repasan la actualidad, con tintes a veces bastante chovinistas y antieuropeos y desde luego anti Sarko y anti Hollande, calificados ambos como títeres de Bruselas o de Madame Merkel. Y luego sigue la farsa política, con momentos bastante graciosos de improvisación. Como puede verse, un viejo teatro político de cabaret puesto al día, que enlaza con la tradición del Guignol de antes, cuando se representaba en los cafés. El único peligro es que buscando la complicidad del público, se caiga en tópicos populistas, algo muy fácil hoy en Francia, cuando se vive un creciente sentimiento antieuro y antieuropeo.

La manipulación es muy buena y las voces de grandes profesionales. El teatro pertenece a la tienda que se encuentra en el número 6 de la rue Saint Jean y que constituye un pequeño paraíso para los que aman el merchandising de las cosas titiriteras –como confieso me ocurre a mi. En ella se venden Guignols de todo tipo y para mútiples usos. Dispone además de dos complementos de sumo interés: en los bajos del edificio, la familia Cardelli ha creado un pequeño y recoleto museo de marionetas y de Guignol, con algunos autómatas y con escenas que reproducen la historia del personaje. Muy elocuentes son dos figuras de medida real que representan una a Laurent Mourguet, en pleno trabajo de arranca-muelas, con un títere en una mano (un viejo y hermoso Polichinelle) y una muela en la otra, y la figura de un pobre cliente que, con la camisa manchada de sagre y cara de sufridor, contempla al Polichinela que intenta distraerle. A su alrededor, profusión de Guiñoles de todos los tamaños, de teatrillos, de carteles, de escenas con Gnafron o con los demás personajes de repertorio, y de otras muchas marionetas que pertenecen al mundo de la fantasía, de los cuentos o incluso del cine infantil. Algunas de estas escenas están animadas por motores ocultos y el característico ruido de los autómatas llena el espacio dotándolo de un aire entre misterioso y siniestro, como lo es siempre el sonido del movimiento humano mecanizado. Su visita es pues una maravilla y aunque el espacio sea pequeño, vale la pena meterse por la trastienda y bajar los escalones que llevan al sótano.

Damien Weis con sus títeres en el taller de la Rue Saint Jean
Junto a la tienda, está el taller, en el que trabaja desde hace un año el nuevo escultor de la compañía, llamado Damien Weis, un joven artista de elegante barba y refinado bigote daliniano acabado en punta, que es el encargado de restaurar las viejas marionetas de la compañía y de crear las nuevas. Obra suya son las cabezas de los políticos satirizados en la obra de la Maison de Guignol, verdaderas obras de arte de talla de madera de tilo muy bien realizadas, dotadas de un extraordinario realismo. Se le puede ver a través del escaparate del taller esculpiendo manos y cabezas, rodeado de Guiñoles y de otras muchas figuras salidas de sus manos. No cabe duda que la visita al conjunto creado por los Cardelli, la tienda, el museo, el taller y el teatro, todo ello dedicado a Guignol, constituye uno de los puntos álgidos de una estancia titiritera en la ciudad de Lyon.

domingo, 22 de enero de 2012

Guiñol, Lyon y sus museos.

Guiñol de Laurent Mourguet,
su creador, hacia 1808. Musée
Gadagne.
No podía faltar en estas Rutas de Polichinela una ciudad como Lyon, bien marcada en el mapa titiritero del mundo por haber dado a luz a uno de los personajes más conocidos de los títeres de renombre internacional: Guiñol.

Una palabra que designa a un personaje, cierto, pero también a todo un género, el de las marionetas, pues en muchos partes la fórmula “teatro de guiñol” es sinónimo de teatro de títeres. Regalar a un niño un “guiñol” es darle un retablo de títeres con un elenco de personajes en el que por lo general no hay ningún Guiñol. Tanta fama adquirió el vocablo, que trascendió las fronteras de Francia y se extendió por el mundo entero, muy en particular en el mundo latino y de aquí a todo Iberoamérica.

Es de suponer que tal expansión debe asociarse a la sufrida por los ideales laicos y republicanos derivados de la Revolución Francesa, que poco después Napoleón quiso instaurar manu militare. De pronto, el pueblo llano quiso tomar la palabra, y Guiñol, nacido en el corazón del ambiente obrero de la ciudad de Lyon (la ciudad de los canuts, nombre con el que se designaba a los que trabajaban en la industria de la seda), supo conectar con estas ansias de hablar directamente al ciudadano de lo propio y de tú a tú. La Revolución trajo eso, una especie de hermandad republicana que liberó al pueblo dormido y lo puso a hablar de lo suyo y entre si. Ya no era la figura tradicional de Polichinela, un criado que procede de la Comedia del Arte y que se había caracterizado sobretodo por burlarse y sabotear las viejas estructuras del Antiguo Régimen, sino que Guiñol es un ciudadano como cualquier otro condenado a sufrir las penurias de la vida cotidiana –falta de trabajo, alquileres caros, problemas con la justicia, con el casero, con la policía, con la administración– quién a su vez se junta con otro ciudadano, llamado Gnafron y que encarna al bebedor que dice lo que piensa sin pelos en la lengua. Claro que a veces Guiñol cumple funciones de criado, como su antecesor en el cargo, pero eso no impide que sea ya un ciudadano con unos derechos adquiridos.

Chignol et Gnafron, revista de
humor político de 1879
Este fenómeno lo vemos también en otros lugares (nacen nuevas máscaras en Italia como Gianduja, en el Piemonte) y los mismos personajes que derivan de Pulcinella adquieren unos rasgos diferenciales que les dan nuevos bríos para vivir durante el siglo XIX un importante resurgir en toda Europa.

Lo curioso de Guiñol es la insólita fuerza con la que nació el personaje y que lo catapultó por toda Francia, llegando a substituir al clásico Polichinelle. Éste no desaparece del todo, pues se le utiliza en muchos casos como presentador –es el encargado de presentar la función e introducir de paso al nuevo personaje que le substituye en el escenario– y sigue manteniendo sus constantes vitales, metamorfoseadas en muchos casos bajo otras formas y nombres (¿no es el Jorobado de París de Víctor Hugo una especie de Polichinela en el romántico papel de monstruo enamorado?). Incluso hoy en día puede decirse que se está viviendo un resurgimiento del personaje en Francia y en toda Europa, ante la necesidad de encontrar nuevas-viejas voces bien cargadas de energía y capaces de expresar las convulsas épocas de cambio actuales.

Sobre este tema estuve hablando ayer con Cyril Bourgois, director invitado de la compañía Les Zonzons que rige el Théâtre des Marionnettes Guignol de Lyon. Él mismo, a través de su compañía “Punch is not dead” instalada en Dieppe (Normandía), ha escrito y montado ya varios espectáculos sobre Polichinelle, tras haber aprendido el oficio en Charleville-Mézières y también con los dos polichinelistas Allain Le Bon y Michelle Gauraz (ambos fallecidos recientemente, cosa que desconocía). Cyril es el encargado de dirigir en estos momentos nuevos espectáculos de Guiñol de la compañía les Zonzons, con la finalidad de darle nuevos aires y bríos al personaje.

Como puede observarse, Lyon es, para el interesado en estos singulares temas titiritiles, una ciudad de obligada visita, que nos sorprende constantemente por sus múltiples ángulos que directa o indirectamente nos remiten a esa necesidad de expresión desdoblatoria que es la marioneta. No en vano en Lyon crearon los hermanos Lumières una fabulosa industria basada en su invento para reproducir y proyectar imágenes en movimiento, al que llamaron Cinematógrafo, y que de alguna manera vino a substituir las tres dimensiones del retablo de títeres por las dos de la pantalla animada por la proyección lumínica de una sucesión de fotografías tomadas mecánicamente. Hoy tengo planeado visitar el museo dedicado a estos personajes legendarios que revolucionaron el arte contemporáneo y que se encuentran en el mismo lugar dónde vivían y tenían sus pabellones los Lumières.

Alienígena del Musée Miniature et Cinéma
No es de extrañar, pues, que también se encuentre en Lyon un fascinante y singular museo llamado Musée Miniature et Cinéma, situado en plena calle Saint Jean (arteria turística del viejo Lyon, junto a la Catedral) en la vieja Casa de los Abogados, un prestigioso y típico edificio lionés del siglo XVI. El museo es obra del carpintero y arquitecto interiorista Dan Ohlmann, quién se especializó en la creación de maquetas y miniaturas hasta que en 1989 se instala en Lyon. Crea primero en 1990 el Palacio de la Miniatura que luego se transformará, en el año 2005, en el actual Musée Miniature et Cinéma, gracias al patrocinio conseguido de la mecenas suiza Gisela Oeri, presidenta del Fútbol Club Basilea y fundadora del Museo de la Casa de Muñecas, también en Basilea (por cierto, el museo más grande de Europa en su género, un lugar sin duda interesante a visitar, en pleno centro de esta ciudad suiza).

Cadáver putrefacto del Musée Miniature
et Cinéma
El Musée Miniature et Cinéma es un compendio de miniaturas de todos tipo (el restaurante Maxim’s de París, la ópera de Lyon, el Museo de Historia Natural de París, entre otras muchos más) así como de efectos cinematográficos de los más insospechados, pues junto a las naves espaciales y a los personajes entrañables de la Guerra de las Galaxias, se encuentran multitud de otros personajes surgidos de la más truculenta imaginación cinematográfica del siglo XX y XXI, como los mismísimos decorados de la película El Perfume de Tom Tykwer, o un número ingente de criaturas extraterrestres, robots, zombis, cadáveres putefractos y raros androides, autómatas de animales radioteledirigidos, como la criatura de Men In Black, prótesis faciales como las del Planeta de los Simios, muestras de heridas hiperrealistas, de maquetas de accidentes de explosión y otros mil trucos de simulación visual. Como dijo su fundador en una entrevista, “No pretendemos ser un museo del cine, sino el de los artistas de los estudios”.

El museo nos muestra el lado artesanal y de recreación plásica del cine, que tanto tiene que ver con el mundo de la animación y, por lo tanto, con el de las marionetas. En cierto modo, visitar este museo y sus talleres puede darnos una idea de una de las líneas de evolución que sin duda tendrá el futuro teatro de títeres basado en la robótica, en los autómatas de nueva generación ya con inteligencia artificial, y en otros artilugios que el acontecer nos tiene reservados.

Reproducción del Nautilus, de Julio Verne, del Museo
de Autómatas de Lyon
También es interesante visitar el Museo de Autómatas que se encuentra en el número 100 de la Rue Saint Georges, no lejos de la Catedral y a pocos pasos de la estación de metro Vieux Lyon. Aquí nos encontramos con la ortodoxia mecánica de los viejos autómatas europeos movidos por sistemas dentados de ruedas giratorias y otros mecanismos estándares de automoción. Aunque el museo data de 1991, su origen se remonta al año 1946, cuando se inició el trabajo de Augustine, Georges y su hijo Robert EMA. Crean al principio autómatas electro-mecánicos para los escaparates de los grandes almacenes, una costumbre bien arraigada en Lyon (y en tantas otas ciudades del mundo), hasta que el acopio de trabajo y obra realizada les anima a buscar un sitio dónde exponer sus creaciones. Así nace el museo en 1991 que poco a poco va creciendo hasta su actual forma, con una colección fija de 250 autómatas agrupados en varias escenas de la vida cotidiana, de la historia de Lyon, de los cuentos populares, de mundos imaginarios populares (como una reproducción del interior del Nautilus con un Capitán Nemo mirando pulpos gigantes a través de un enorme y sugerente ojo de buey, o una orquesta de músicos dieciochescos ejecutando fragmentos de La Flauta Mágica de Mozart, o, aún más interesante para nosotros, una escena de Guiñol en plena representación junto a su inseparable Gnafron y otros personajes secundarios).

Como vemos, el mundo de la marioneta de cruza con el de los autómatas, y ambos se imbrican en una fecunda y prometedora interrelación.

Gnafron de Laurent Mourguet,
su creador, hacia 1808. Musée
Gadagne.
He dejado para el final de esta crónica el Musée Gadagne, sin duda el más importante desde el punto de vista marionetista, o al menos el más oficial, en cuanto es el Museo Municipal de la ciudad de Lyon, en el que no sólo hay unas muy interesantes salas dedicadas a Guiñol y a la historia de las marionetas, sino también otras muchas que nos hablan de la historia de la ciudad. Debo decir, antes de continuar, que también existe otro museo dedicado a nuestro personaje, llamado “Petit Musée Fantastique de Gignol” y que se encuentra en los bajos de la tienda de souvenirs, mayormente dedicados al héroe lionés, ubicada en el nº 6 de la calle Saint Jean, en el centro antiguo y a pocos pasos del mismo Museo Gadagne. De él hablaré  en mi próxima crónica.

Lo bueno de la colección del Museo Gadagne es que reúne algunas de las más antiguas piezas de Guiñol pertenecientes a su fundador, Laurent Mourget, unos títeres que impresionan por su rudimentario impacto y que presentan una tipología bastante amplia de personajes. El material está muy bien presentado aunque hay que decir que es un museo de expresión sobria, es decir, no enseña todo lo que tiene sino sólo algunas de las piezas consideradas más importantes, lo que sin duda gustará a los amantes de la frugalidad comedida y del considerado rigor científico. Debo reconocer que yo me inclino más por el exceso y la desmesura, como si la profusión barroca fuera más proclive a satisfacerme. Soy consciente de que hoy los museos se inclinan más por el minimalismo y nada hay que objetar a ello. Piensan los entendidos que se consigue más impacto con una única imagen bien puesta y seleccionada y quizás tengan razón, pero el exceso de austeridad también aburre y a mi me entusiasman los museos acientíficos que acumulan objetos por todas partes, como algunos antiguos que existen tal como sus creadores los idearon, con espíritu más de coleccionista que académico.

Incroyable, con Guignol y Diablo detrás, títeres de Louis
Edmond Durant (1883-1880), París, Guignol des Tuilleries,
Collection Dor. Musée Gadagne.
Pero que nadie crea que el museo Gadagne carece de interés, muy al contrario: sus colecciones de marionetas son impactantes. Aparte de Guiñol,  hay un par de Polichinelas extraordinarios –siempre tan difíciles de encontrar–. Uno de ellos tiene una joroba delantera que parece un enorme falo pegado al cuerpo, efecto seguramente buscado por su creador. Hay buenas colecciones de marionetas de hilo francesas e italianas, un magnífico Punch con Judy, el Boby o policía, y el payaso. Un viejo Kasperl de talla de madera, y hasta un pequeño Kasparec metido en un teatrillo de cartón. También hay marionetas de Japón, de África y siluetas de Indonesia, Camboya y China.

Aconsejo al visitante no detenerse sólo en las salas de marionetas y adentrarse en las que se habla de la historia de Lyon. Sabrá así de la importancia que tuvo –y al parecer sigue teniendo– la Francmasonería en esta ciudad, así como un movimiento o fenómeno obrero propio del siglo XIX muy francés llamado Compagnonnage, en el que sus miembros recorrían el país para aprender los oficios junto a los maestros locales. Muy influenciado por la Francmasonería, vendría a ser algo así como una rama obrera de la misma. La creciente industrialización a mediados del siglo XIX fue acabando con este movimiento.

En una próxima crónica continuaré con más detalles sobre esta fascinante ciudad titiritera. Adjunto algunas imágenes que sin duda ayudarán a visualizar lo narrado hasta aquí.