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lunes, 20 de mayo de 2013

Últimos días en Estambul. Conferencia en Kadiköy y El Museo de la Inocencia.

Cuesta dejar Estambul. Cinco días han sabido a poco cuando hay tantas cosas por ver y algunas para volver a ver. Ha sido un placer reencontrarme con Pablo Martín Asuero, director del Instituto Cervantes de Estambul, con quién nos une una larga amistad, así como a nuestro común amigo Gürsel Bulut (ver entrada de 2011), dueño de una tienda de lámparas en el Gran Bazar y gran aficionado al mundo del teatro de las sombras de Karagöz.

De izquierda a derecha, un amigo, Pablo Martín, Gürsel Bulut y yo mismo.
Como ya es habitual, nos encontramos en el café de fumadores que hay encima del Gran Bazar y allí, armados de un buen narguilé cada uno, charlamos sobre la ciudad y sobre la vida. Muy interesado quedé por saber más sobre el uso que algunas cofradías sufíes (llamadas tariqas) de derviches hacían del teatro de sombras, para contar las historias propias de esta corriente mística del Islam, antes de que los practicantes entraran en sus ceremonias de trance. Es una cuestión que Gürsel Bulut conoce de primera mano por habérselo explicado un antiguo miembro de una de estas cofradías. Me prometió mandarme un artículo sobre el tema, que publicaré de inmediato en Titeresante. También tiene pensado Gürsel reproducir las figuras de este viejo teatro de sombras místico, lo que sería realmente muy interesante.

El ambiente en el café era casi de ensueño. Hay que decir que la mayoría de los fumadores presentes eran comerciantes del Bazar o de la zona, que se tomaban unos minutos de descanso tras salir del ajetreo en el que se vive en esta parte de la ciudad, dedicada toda ella al comercio. Otros parecían instalados permanentemente en el lugar, recibiendo a amigos o quizás a importantes clientes. ¿Acaso el mundo de los ensueños -y el del teatro de sombras- no está íntimamente relaconado con el mundo del comercio? Mercaderes fueron los que trajeron de la lejana Indonesia a Egipto el teatro de sombras en la época medieval, teatro que luego pasó a Estambul donde surgió la figura de Karagöz y su peculiar forma de comedia satírica. Y un imperio básicamente dedicado a proteger el comercio de sus allegados, fue el turco. Los Sultanes pensaban en el poder, pero los comerciantes siempre han sido personas abiertas a las diferencias, con necesidad de hablar otras lenguas y conocer culturas distintas.

Interior del Grand Bazar
En realidad, el auge que está experimentando en estos momentos Turquía es un auge comercial y consumista de altos vuelos. En esta ciudad todo el mundo parece estar vendiendo o comprando algo. Los mercados que hay en la zona del Bazar y de Sultan Ahmed están a rebosar, pero también lo está la calle Istiklal, vía donde se encuentran las tiendas y las marcas mundialmente conocidas. Me contó Pablo que por esta calle que parece una serpiente que parte de Taksim hasta llegar a Tunel, ya muy cerca de la Torre Gálata, pasan cada fin de semana unos tres millones de personas. La vitalidad que rezuma es extraordinaria. Por las noches, parece una discoteca al are libre, con infinidad de bocas ansiosas de tragarse a los incautos paseantes. También Cengiz Özek, comentando la situación del país, me comentaba la actual primacía que existía del negocio y del comercio. Cuando los actuales políticos turcos hablan de lo Otomano con ganas de poner esta palabra y este concepto en el centro de su pensamiento internacional, quizás sueñen con los viejos días del Imperio, pero lo que en realidad hacen es convertir Turquia en un potente centro regional del comercio, entre Europa, Rusia, Asia y Oriente Medio.

El famoso Çiçek Pasaji, en la calle Istiklal.
En este contexto, no es de extrañar que Karagöz se encuentre cada día más cómodo y feliz, sobre todo cuando este truhán comediante dispone de un ambiente en la ciudad igual de cosmopolita que el de sus épocas doradas. Por todo ello, no me extrañaría que el proyecto de Özek de crear un museo-teatro dedicado al Teatro de Karagöz (ver la entrada anterior de este blog) se convierta en realidad mucho antes de lo que sospechamos.

Conferencia en Kadiköy

Me tocó el viernes 17 hacer mi conferencia sobre el mismo tema de este blog: Las Rutas de Polichinela. Es decir, hablar de los distintos personajes de la tradición y cómo se relacionan con sus ciudades respectivas. La conferencia tuvo lugar en Kadiköy, en el lado asiático de Estambul, lo que nos obligó a tomar unos de los ferrys que constantemente cruzan el Bósforo para llevar a la gente de un lugar al otro.

El señor Ahmed Meddah y la actriz Zinure, en el ferry.
Debo decir que es un verdadero placer, para quiénes no estamos obligados a hacerlo todos los días del año, cruzar el Bósforo con estos barcos viejos y atrotinados pero que cumplen tan magníficamente con su función. Me acompañaba el señor Sid Ahmed Meddah, escritor y titiritero de Argelia, quién quiso asistir a la conferencia, y la actriz de Estambul Zinure, la persona del Festival encargada de que llegáramos a nuestro destino sin perdernos por el camino.

La estación de trenes del lado asiático de Estambul
Fue un placer parar ante la estación de trenes del lado asiático, allí donde el Orient Express continuaba su camino por las tierras de Anatolia hasta llegar a Alepo, y de aquí bifurcarse hacia el Líbano la línea que llegaba hasta la ciudad de Haifa, pasando por Rayak y Beirut. La otra línea llegaba hasta Bagdad, con una derivación hacia Damasco. De esta misma estación al otro lado del Bósforo partí yo un día, en mi juventud, en dirección a la lejana Erzurum. Aventuras curiosas que un día deberé contar.

Edificio del Conservatorio, junto al muelle de Kadiköy
La conferencia se hacía en el Conservatorio llamado Kadiköy Haldun Taner Sagnesi, un edificio elegante y antiguo, quizás un lugar de entrada de mercancías en otros tiempos. Hoy acoge aulas de teatro, música y danza, así como un teatro para unas doscientas personas muy bien dotado humana y técnicamente.

Asistieron unas veinte y tantas personas, un número que puede considerarse bastante bueno por tratarse de una conferencia  especializada en títeres. Tanto yo como los asistentes quedamos muy contentos del desarrollo de la misma, con un buen intercambio de preguntas y respuestas al final.

Los espectáculos.

Ya hablé en mi anterior entrada de algunos espectáculos. Quiero mencionar aquí a la compañía Riserva Canini, de Italia, formada por Valeria Sacco y Marco Ferro, con su magnífico Talita Kum, así como el espectáculo Macbeth in the kitchen, de la compañía turca Kadro Pa. Pueden ver aquí una reseña de los mismos en el artículo publicado en Titeresante.  También muy interesante me pareció Hunger, de la compañía noruega TinkerTing, que cosechó uno de los más clamororos éxitos del Festival (ver artículo en Titeresante aquí). Me gustó mucho esta coincidencia formal de espectáculos como Hunger o Talita Kun, que siendo completamente diferentes entre si, exploran la dualidad del manipulador y su doble, representado por la marioneta. En los italianos, el riguroso y virtuoso proceso de un desdoblamiento visto en directo, y, en los noruegos, la disociada presencia de dos manipuladores para un único muñeco, con el personaje protagonista aquejado de una imposibilidad de vivir que lo lleva a la autodestruccón.

El Museo de la Inocencia.

Dediqué mi último día a visitar el Museo de la Inocencia, este raro museo de objetos que el escritor y Premio Nobel Orhan Pamuk ha creado en la calle de Çukurkuma. Debo decir que me esperaba algo especial, pero jamás sospeché que me entusiasmaría tanto. Y, tras leer el catálogo del mismo, a uno le entran las ganas de volver a visitarlo, ahora que se conocen algunas de las claves del mismo.

El museo en una esquina de la calle Çukurkuma
Curioso este pequeño y extraño museo que en apariencia pretende recrear el mundo de unos personajes de ficción, los protagonista del libro con el mismo título del Museo, mostrando los objetos que podrían definir y evocar cada uno de sus capítulos. Un museo que yo llamaría "de creación", el mundo creado por Orhan Pamuk con sus objetos encontrados a lo largo de los años y con los que compone toda una serie de "cajas" o "vitrinas" (83 en total), numeradas, con un título propio y que corresponden a los capítulos de la novela que lleva el mismo título de "Museo de la Inocencia".  Un museo, por otro lado, que también podría decirse que está dedicado al Tiempo en mayúscula.

La novela habla de la historia de amor de Kemal, un joven miembro de la burguesía de Estambul, por su pariente lejana Füsun. Lo que comienza como una aventura inocente y desinhibida, evoluciona pronto hacia el amor sin límites y después, cuando Füsun desaparece, hacia una profunda melancolía. En medio del vértigo que le producen sus sentimientos, Kemal no tarda mucho en descubrir el efecto calmante que tienen sobre él los objetos que alguna vez pasaron por las manos de ella. Así, como si se tratara de una terapia para la enfermedad que lo atormenta, Kemal se va haciendo con todos los objetos personales de Füsun que se ponen a su alcance.

La novela "El museo de la inocencia" es el catálogo novelado en el que cada objeto es un instante de su gran historia de amor. Es también una visita guiada por los cambios que han convulsionado a la sociedad de Estambul desde los años setenta hasta el día de hoy.

La calle Çukurkuma con el Museo a la derecha.
Y, como el mismo Orhan Pamuk confiesa en las páginas finales del Catálogo del Museo, "...; de pronto, miraba el mundo a través de sus ojos, desconcertado. Podría ser fácilmente Kemal. Podría contar mi historia como si fuera la suya, y la suya como si fuera la mía. Y cada vez que lo comprendía, sentía que no importaba demasiado qué voz era la de Kemal y cuál la mía. ¿Acaso los objetos nos nos recuerdan a ambos las mismas cosas?" Es decir, se recrea el mundo de Kemal, el personaje de la novela, que también es el de su autor, Orhan Pamuk.

¿No será la lejana Füsun una metáfora directa de la misma ciudad de Estambul, a la que tanto Kemal como Pamuk evocan con suma añoranza a través de los múltiples objetos que nos hablan de ella? Una ciudad perdida pero que sigue ahí, reclamando ser evocada por quienes en su día la conocieron bajo otras formas y colores...

Para mi, cada caja o vitrina es un pequeño teatrillo con sus cortinas abiertas, o semicerradas en algunas, en el que los objetos más las fotografías, algunos carteles y otras imágenes de época, forman distintas composiciones que dialogan con un título, con una situación imaginada, con una referencia novelesca o vital determinada, pero que en si son pequeñas obras de arte escénica, estáticas y mudas -aunque algunas "murmuran"- que sin embargo nos hablan claramente de una época, de unas emociones, de unos estados de ánimo, de una ciudad y de sus habitantes.

Catálogo del Museo.
Un museo que ya quisiéramos existiera en todas las ciudades del mundo. Aunque, y como dice su Pequeño Manifiesto para Museos, lo ideal es que cada persona se haga su propio museo en casa. Vale la pena citar algunos de los once puntos del manifiesto de Orhan Pamuk, porque sin duda establecen un antes y un después en la lógica museística del mundo. Dicen los puntos seleccionados (los cito en inglés, pues no dispongo de ninguna traducción autorizada al español):

3- We don't need more museums that try to construct the historical narratives of a society, community, team, nation, state, tribe, company, or species. We all know that the ordinary, everyday stories of individuals are riches, more humane, and much more joyful.

7- The aim of present and future museums must not be to represent the state, but to re-create the world of single human beings -the same human beings  who have labored under ruthless oppression for hundreds of years.

9- If objects are not uprooted from their environs and their streets, but are situated with acer and ingenuity in their natural homes, they will already portray their own stories.

10- Monumental buildings that dominate neighborhoods and entire cities do not bring out our humanity; on the contrary, they quash it. Instead, we need modest museums that honor the neighborhoods and streets and the homes and shops nearby, and turn them into elements of their exhibitions.

11- The future of museums is inside our own homes. 

Palabras que nos dan una idea de la radicalidad conceptual de este museo que en definitiva no es más que una entrañable y profunda reflexión visual sobre el tiempo y sus vivencias.

jueves, 16 de mayo de 2013

De nuevo en Estambul

Estas Rutas de Polichinela, es decir, yo mismo, ya estuvieron en mayo de 2011 en la gran capital del Sur de Europa en que se ha convertido Estambul. Poder regresar ahora, cuando el primer libro de esta serie que pretende tratar la relación entre Títeres y Ciudades está ya prácticamente terminado, es una suerte, pues me permitirá afinar en el último capítulo, que es el dedicado a esta ciudad.

Cengiz Özek, con Hacivad en primer plano.
Acudo invitado por Cengiz Ozëk, director del Istanbul Internacional Puppet Festival, para dar una conferencia, el viernes 17 de mayo, sobre el tema de este blog: Rutas de Polichinela. Y de paso veo alguno de los espectáculos del Festival y me pongo al día sobre los planes de Cengiz, un agitador cultural de los títeres como los hay poco.

El azar quiso que el primer espectáculo visto fuera precisamente "El Árbol Mágico", de teatro de sombras de Karagöz, un clásico ya de Cengiz Özek -lo ha representado más de 500 veces por todo el mundo- que conozco muy bien. Le pedí de verlo desde atrás, como ya he hecho en otras ocasiones, pues resulta un fantástico doble espectáculo ver actuar a Cengiz manipulando las sombras. También se le permitió el paso a la periodista y fotógrafa americana, Lois Parshley, entusiasmada porque pudo hacer un buen reportaje fotográfico. Yo también hice algunas fotos, que adjunto en esta entrada, pues explican muy bien la técnica del Karagöz.

 Al acabar la función, fuí con Cengiz a su Centro de Marionetas desde donde dirige el Festival, situado muy cerca de la plaza de Taksim y, en la sala de mandos del mismo, tuvimos una larga y agradable charla los dos con nuestro inglés macarrónico pero que permite comunicarnos muy bien.

Supe así que su plan de abrir en Istambul un teatro-museo de marionetas dedicado a Karagöz sigue adelante. Ha creado para ello una fundación llamada Istanbul Karagöz Puppet Fondation, herramienta indispensable para poder operar con ella en la dirección del teatro-museo. Su idea es hacerse con un par de edificios históricos de la época bizantina que se encuentran junto al Cuerno de Oro, al lado de otros edificios parecidos que ya se han destinado a museos y otros fines culturales, restaurarlos y convertirlos en el nuevo espacio soñado por Özek. Tan maduro está el plan, que ya tiene pensada la disposición de los espacios: en la planta sótano piensa poner el teatro. En la planta baja, la tienda y un taller permanentemente abierto.

El primero y segundo piso estarían dedicados al museo, centrado exclusivamente en Karagöz y en algunas tradiciones que le son afines (como las sombras de Java y de los Mamelucos egipcios de la Edad Media), y también piensa en otro espacio complementario para exposiciones temporales, de seis meses de duración, dedicadas a las tradiciones de países en concreto. Como puede verse, el Teatro Museo de Cengiz Özek ya existe en la imaginación de su creador, primer paso para que alcance la realidad.

En primer plano, la pandereta de Stefan Carelius, ayudante musical
y rítmico de Cengiz Özek.
Por la noche pude ver un espectáculo turco de la compañía Kocaeli Sehir Tiyatrosu, muy bien manipulado con unos curiosos títeres medio de guante pero de cuerpo entero, es decir, con piernas para caminar, que ocurría todo en un estación de tren. No me enteré mucho de la historia, pues estaba en turco, pero sí me pareció un trabajo interesante y muy bien interpretado, con unas voces muy convincentes.

Más tarde, vimos el espectáculo de Christoph Bochdansky, de Austria, titulado "All about the World", en el Garajistanbul. Debo decir que disfruté mucho del mismo, pues siempre me impresionan los titiriteros que se atreven a enfrentarse al tema de la Creación, en mayúscula, proponiendo imágenes y un relato convincente a tan espinoso tema. Y la verdad es que cuando Bochdansky se presentó ante el público diciendo que él era el Universo, sólo cabían dos posibilidades: o te lo crees o no. Yo me lo creí -pues cada vez me gusta más disfrutar con la máxima ingenuidad de los espectáculos- y la verdad es que gracias a esta posición de partida disfruté mucho de la obra. Sobretodo al principio, cuando el Universo creador nos va mostrando las extrañas criaturas que surgen de la nada, o de sus rincones oscuros. Seres raros, medio grotescos y medio simpáticos, estrafalarios todos, y caprichosos. Muy hermosa la presentación y los movimientos

Christoph Bochdansky en un momento de su creación.
Luego la mitología que se inventa el ausríaco se complicó un poco, sobretodo con los dos cocodrilos que son los responsables de que haya sangre en el mundo. Pero aún así, yo disfruté hasta el final del espectáculo, sobretodo porque me picó la curiosidad de saber hasta donde es capaz de llegar un Universo en su pulsión creadora cuando es consciente de la misma. Un atrevimiento mayúsculo ante el que sólo puedo levantarme el sombrero con admiración y respeto.


Por cierto, ha sido una alegría encontrarme a mi mismo por la calle de Istiklal. Bueno, en realidad no era yo, sino una foto mía perteneciente a una exposición que se hace en este calle al aire libre con fotografías en blanco y negro de Mauro Foli. Un encontronazo que ha sido una alegría y motivo de reflexión.

Hoy lo he dedicado a pasear por la parte vieja de Estambul, lo que era antiguamente Constantinopla. Como siempre, me he dejado fascinar por esta ciudad  que parece reventar de vida y de energía.

Imagen del Gran Bazar



Business-niños de pelo en pecho, barba y bigote nos invitan al consumo.

La moda otomana se paseo cerca del Mercado de las Especies.

domingo, 5 de junio de 2011

El Teatro de Karagöz con Cengiz Ozek

Siguiendo con la publicación de videos sobre la última gira, presento estos dos reportajes sobre el Karagöz de Cengiz Ozek: una imágenes de la representación que hizo en su Centro de Títeres de Estambul durante el Festival de Títeres, y otras sobre la exposición que el mismo Ozek montó en el Centro Cultural Francés, situado al inicio de la calle Istiklal número 4.

Estas imágenes muestran la viveza de una tradición que nació como expresión popular de la vida en las ciudades del Imperio Otomano, en la misma época en que el personaje de Pulcinella se expandía por Europa y con un espíritu muy cercano al de éste. Una tradición que titiriteros como Cengiz Ozek actualizan y mantienen al día, buscando la conexión con el público de hoy.





 

jueves, 26 de mayo de 2011

Función en Trípoli. Semejanzas y diferencias entre Polichinela y Karagöz

(calle de los sastres del Zook de Trípoli)
(lire traduction au français de cet article ici)

Trípoli es la segunda ciudad del Líbano, situada al norte cerca de la frontera con Siria. Se encuentra ubicada en una península en medio de la cual se levanta una vieja fortaleza que mira al mar y que protege al viejo barrio que se desparrama cuesta abajo en una red de callejuelas que conforman el Zook o Zoco de la ciudad. Este viejo barrio guarda todavía el sabor antiguo de las medinas medievales, con sus agrupaciones gremiales, sus khans (los hostales con un patio interior que servían para acoger a los viajeros y a los comerciantes con sus animales de carga) y sus viejos cafés. El zoco de Trípoli es el más importante sin duda de los que se conservan aún en pie –el de Beirut fue completamente destruído por la guerra. También se conservan los de Tiro y Sidón, aunque son mucho más pequeños y modestos.

Actuamos en la Fundación Safadi, un impresionante edificio creado por este político local que representa a la comunidad suní de la zona. Además de la hermosa sala de actos que sirve también de teatro, con buenas prestaciones y de inmejorable acústica, el centro acoge a varios institutos extranjeros, como el mismo Cervantes o el British, para que puedan desarrollar allí sus actividades.

Paseando por el Zook con Karim Dakroub, después de haber comido en el restaurante-pastelería Hallab de Trípoli (la pastelería más famosa del mundo árabe, conocida por el primor de sus dulces y pasteles), charlamos sobre Karagöz y el teatro de sombras. Abordamos este tema ya muy tratado sobre las causas de que en el mundo musulmán otomano prevaleciera esta forma de teatro popular, mientras en la Europa cristiana lo hiciera el teatro de títeres con la figura predominante de Polichinela. Es decir, las tres dimensones de los muñecos que se ven en el espacio frente a las dos dimensiones de la pantalla plana de las sombras. El tema tiene que ver, por supuesto, con la cuestión religiosa: mientras la religión católica acepta el “dios encarnado”, que representa la figura de Jesús, el Islam prohibe cualquier objetivización de la divinidad, la cual es inmedible y jamás puede representarse bajo forma alguna objetiva. Sólo a través de la geometría y de la abstracción del lenguaje es posible acercarse a Dios. De alguna manera, el “dios encarnado” y por lo tanto “objetivable” del Cristianismo abre las puertas a la posibilidad de medir el mundo, de intervenir en la “encarnación divina”, lo que permite a la ciencia y a la tecnología ordenar el mundo y sus ciclos. El mundo musulmán, reacio a esta objetivización, a pesar del extraordinario desarrollo que hizo de la matemática y de otros saberes tras beber drectamente de las fuentes clásicas (especialmente en la época de los Abasides y en la España del Al Andalus, que tanto influyó en el despertar renacentista europeo), se encontró finalmente rezagado, sobretodo en la época otomana, para la “gran medición del mundo” que es en definitiva la ciencia y la tecnología, desarrollando a cambio en profundidad los aspectos interiores de la subjetividad (ese gran imán que desde siempre atrajo a los europeos hacia Oriente).

(en el viejo café del Zook)
Sentados en el majestuoso café de altas columnas de procedencia egipcia que hay en el Zook de Trípoli, y refiriéndome a la temática de mis Rutas de Polichinela, hablábamos Karim Dakroub, Rebecca Simpson y yo de cómo a la hora de expresar los nuevos aires de libertad y de individualización que flotaban por los cielos europeos a partir del Renacimiento, Polichinela surgió como un pequeño  mito popular capaz de desarrollar estos principios en la calle. En el mundo otomano, se optó por el personaje de Karagöz, representado por una sombra. Es decir, a través de una imagen subjetiva e interior, como es propio del teatro de sombras. Por un lado, voz chillona que sale fuera a través de la figura bien visible de Polichinela; por el otro lado, voz menos chillona, la de Karagöz, que sale de la figura escondida tras la pantalla y que se manifiesta sólo a través de su sombra. Mientras la rebeldía de uno sale a la calle y se expande  por las tres dimensiones del espacio, la rebeldía del otro habla de tú a tú con el público pero sin salir de la subjetividad de la sombra, de la luz interior –ejerciendo la pantalla de “espejo” de subjetividades–. Ello explica la libertad de los sombristas del Karagöz en poder criticar y satirizar directamente a las figuras visibles del poder sin miedo a perder la cabeza –aunque más de alguno sin duda la debió de perder… –: el respeto del Islam al mundo interior –a la subjetividad– es parejo al respeto hacia la inconmesurabilidad de Dios. De ahí también que el sombrista tenga por costumbre, al inicio de cada espectáculo, cantar unos salmos sufís, a modo de salvoconducto espiritual para indicar que se está entrando en una zona “sagrada”, dónde es posible hablar con la más amplia libertad –aunque no absoluta, pues por supuesto ni el Sultán ni el mismo Dios eran “tocables”.

Apuntaba Karim, entre sorbo y sorbo de café, que esa libertad de Karagöz es también la “libertad de los muertos”: según la leyenda, Karagöz y Hacivat son en realidad dos cómicos ajusticiados por el Sultán, los cuales, al ser requeridos por éste tras volver de su arrebato de ira, reaparecen convertidos en sombras gracias al ardid del visir de representarlos con dos siluetas proyectadas en una pantalla. Desde siempre que los muertos se han presentado a los humanos bajo forma de “sombras”. Y en la religión musulmana, la libertad máxima que por lo general no existe en la vida, sólo se alcanza en el paraíso, tras cruzar el umbral de la muerte. Censurar el teatro de sombras sería tanto como no respetar la “libertad de los muertos”, una blasfemia en cierto modo.

(entrada al Khan del Zook de Trípoli)
Esta dualidad entre sombras y títeres nos habla de lenguajes diferentes y de maneras también diferentes de encarar la vida, la sociedad y la política. La racionalidad objetivable que se halla inscrita en el Derecho Canónico (procedente del Romano) y que conformó la organización social europea, llevó a un cierto ordenamiento en la transferencia de los poderes (ordenamiento constantemente truncado y recompuesto, por supuesto) que Oriente no tuvo, al carecer de esta herramienta (la racionalidad de lo objetivable) para regular y medir los tiempos del poder. Si asociamos el Tiempo a Dios, objetivar a Dios es capacidad de medir el Tiempo, de fragmentarlo a través de la razón. Añadamos a toda esta reflexión el hecho de que el calendario islámico sea el lunar –irregular y desconcertante respecto al solar y al ritmo de las estaciones–.  Se entiende así que el modelo político dominante en la zona musulmana siga siendo el teocrático, en el que el poder asociado a la divinidad se oculta y se legitima en lo absoluto de lo inconmesurable, mientras respeta los espacios interiores de las casas y parcialmente de las personas. Y aunque muchas de las dictaduras no sean teocráticas, los dictadores encuentran su legitimitad en este patrón (paternalista y patriarcal, motivo por el que somete a las mujeres a obediencia) del Dios absoluto e inconmesurable.

Claro que la disposición al “tiempo subjetivo” que tiene Oriente más su profunda capacidad para la abstracción, encuentra en las actuales matemáticas de la complejidad y del caos una sincronía que en cierta forma empieza a dar sus resultados. No en vano es ahora, en plena y súbita emergencia de la complejidad a escala mundial, cuando este modelo teocrático de las dictaduras empieza a resquebrajarse. No porque haya cambios en el modelo religioso –el Islam sigue siendo lo que es, con sus muchas diferencias interiores, por supuesto–, sino por el cansancio de las poblaciones que empiezan a estar hartas de “tanta libertad interior” para tan poca en lo exterior. Hoy el mundo, con sus múltplies revoluciones sociales y tecnocientíficas, está entrando en un estado de multidimensionalidad que hace que las personas sensibles a los tiempos actuales requieran espacios más amplios y complejos en los que vivir. Y los vientos que soplan son tan fuertes, que las necesidades y los movimientos de los pueblos se están llevando a los dictadores uno tras otro. Un proceso, desde luego, que se prevé tan largo y tortuoso como sangriento y doloroso está siendo.

En el taller que haré el próximo sábado en el Teatro Tournesol de Beirut vamos a tratar los dos lenguajes juntos: títeres y sombras. El mundo exterior de tres dimensiones combinado con el mundo interior de las sombras. Es decir, añadir a las tres dimensiones de los títeres y de los objetos, la dimensión interior subjetiva del mundo de las sombras. Eso es tanto como pretender cuadrar el círculo, pues la objetivización racional de lo mesurable en tres dimensiones para nada acepta la subjetividad, es decir, una nueva dimensión interior que no se deja medir de un modo claro y regular. Sin embargo, y cómo ya he visto en otros talleres realizados, la tentación a quedarse dentro de las sombras será grande, pues cuando uno descubre esos espacios interiores del teatro de sombras, suele regodearse en ellos, hipnotizado por sus metamorfosis mórficas. Creo que estas reflexiones desarrolladas con Karim Dakroub pueden ser útiles para salir de lo subjetivo y entrar en la previsibilidad figurativa de los objetos, y viceversa. Así al menos lo pensamos ambos, al salir del café y cruzar el laberinto del Zook para dirigirnos al teatro dónde en dos horas teníamos nuestra cita con el público de Trípoli.


(Edificio de la Fundación Safidi)


miércoles, 18 de mayo de 2011

En el Gran Bazar

(Rebecca Simpson, Toni Rumbau y Gürsel Bulut)

Cuando se está en Estambul, hay que visitar el Gran Bazar. No es que sea una obligación, pero es que la atracción de este viejo mercado que tiene más de 5.000 tiendas y 27.000 personas trabajando en él, es irresistible para los viajeros. Si además conoces a alguno de los comerciantes que tiene allí su negocio, entonces la obligación se convierte en uno de los placeres más saboreados de Estambul.

Conozco a Gürsel Bulut desde hace ya varios años. me lo presentó Pablo Martín Asuero, quién fue director del Instituto Cervantes de Estambul y actualmente está al frente del de Damasco. Gran fumador de narguilé, me llevó Pablo a uno de los cafés más emblemáticos de la zona del bazar y allí me presentó a Gürsel. Juntos compartimos un par de pipas, y más tarde visité la tienda de lámparas que entonces tenía cerca de Topkapi. Actualmente se ha trasladado al centro mismo del Gran Bazar. Allí nos recibió hoy a mi y a Rebecca Simpson, que me acompaña en esta ocasión.

Me contó Gürsel sabrosas anécdotas del Bazar y me puso al día sobre algunas cuestiones políticas del país. Aproveché también para hacerme con unas cuantas siluetas del Teatro de Sombras del Karagöz, del que es un gran entendido y promotor. Me dijo algo que no sabía: el hecho de que las cofradías sufís de los derviches utilizaron el teatro de sombras hasta bien entrado el siglo XVIII para enseñar a los aprendices que eran iniciados en los místicos saberes. Está buscando documentación sobre el asunto y tiene pensado reproducir textos y siluetas tal como se supone eran utilizados para este fin.

(Figura de Albanés, personaje del Teatro de Karagöz)

Un encuentro que debe realizarse en noviembre de nuevo en Estambul, organizado por Cengiz ozek, sobre el tema de Karakoz, podría ser idóneo para presentar esta primicia de la que nadie hasta hoy me había hablado. Adjunto un par de fotografías hechas en la tienda de Gürsel Bulut.

lunes, 16 de mayo de 2011

El Festival de Estambul


(Centro de Títeres de Cengız Ozek)

Las Rutas de Polichinela me han trasladado de Valderrubio, Granada, directamente a Estambul. La razón es que he sido invitado al festival de marionetas que dirige mi amigo el actor y sombrista de Karakoz Cengiz Ozek.

Conozco bien esta ciudad, a la que voy visitando con una cierta regularidad desde mi primera estancia en el año 1973, cuando la vieja Constantinopla todavía mostraba sus rasgos más antiguos, elegantes y decadentes, con sus viejos taxis colectivos que parecían barcazas navegando por las calles llenas de un tráfico alborotado pero lento y más o menos transitable. Recuerdo que llegué en barco –el Akdeniz, uno de los dos barcos que hacía la ruta Barcelona-Estambul en seis días, haciendo escala en Marsella, Génova, Nápoles y Atenas; el Karadeniz hacía lo mismo pero en vez de Atenas, paraba en Alejandría– y la ciudad, con el bullicio callejero repleto de gente y de un sinfín de portadores, de vendedores de agua y de otras mercancías a cual más insospechada, me impresionó profundamente. El puente Gálata era aún de madera –se quemó más tarde y fue substituído por otro de cemento–, y ya en aquel primer viaje hice unas amistades que han durado en el tiempo hasta hoy, lo que no deja de ser harto insólito.

(Karakoz convertiıdo en burro)

Más tarde conocí a Cengiz Ozek, quién me abrió las puertas al conocimiento del teatro de sombras turco de Karajoz, del que Cengiz es un reconocido maestro. Empeñado en promover el arte de los títeres, Cengiz organiza desde hace años este festival que año tras año ha ganado a pulso fama y reconocimiento internacional. Este año participan unas veinte compañías y se realizan más de sesenta actuaciones en diferentes teatros y barrios de la ciudad.

Respecto al proyecto de mis Rutas de Polichinela, debemos relacionar Estambul con el personaje de Karakoz y del teatro de sombras que lleva su nombre. Un personaje que a pesar de no pertenecer ni al linaje de Pulcinella ni a la técnica del títere de guante, guarda ciertas similitudes con la máscara napolitana y con su espíritu dramatúrgico: actitud burlesca, desparpajo en el hablar, crítica social, recurso al disparate surrealista, etc.

(Cengız Ozek con Karakoz)

El día 11 hice dos representaciones en el Pera Museum y hoy he dado una conferencia en el Departamento Teatral de la Universidad de Artes Sahne Dekorian.sobre la relación títeres y ciudades y el proyecto de Rutas de Polichinela.

En sucesivas entradas iremos comentando espectáculos y otros aspectos de mi estancia en Estambul.