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miércoles, 15 de junio de 2011

Bruno Leone en el Rinconcillo de Cristobita

Siguiendo con mi empeño de ir mostrando imágenes de mis Rutas de Polichinela, ofrezco este video con algunas escenas de uno de los espectáculos que presentó Bruno Leone en el Rinconcillo de Cristobita. Al final hay una fugaz mención al taller que hizo el maestro napolitano con niños de Valderrubio, cuyos resultados fueron presentados en el patio de la Casa Museo de García Lorca.



miércoles, 11 de mayo de 2011

Éxito redondo del Rinconcillo de Cristobica


(Títeres de Bruno leone)
No podía ser de otro modo, dada la calidad artística y humana de los participantes. Hubo, en efecto, unanimidad entre los presentes de que el evento organizado por la Diputación de Granada bajo la dirección de Enrique Lanz y Jaznibel Martínez, y con el equipo encabezado por José Manuel garcía Ávila, Nadia Zumelaga y Pilar Aguado, consiguió unos ambientes de intercambio y de convivencia raramente alcanzados por otros festivales. Las dimensiones pequeñas del encuentro más el sosiego de la organización propiciaron el marco adecuado para este clima de diálogo e intercambio que las distintas funciones llenaron de interés y contenido. Tal vez otros festivales llegan más lejos en número de espectáculos y en alardes de convivencia festiva, pero pocos alcanzan estas dimensiones de comunicación humana.

Muchos fueron los temas tratados, y desde muchos puntos de vista distintos. Siendo la temática muy concreta -el teatro de títeres popular de guante-, las propuestas presentadas fueron muy diferentes, lo que abrió un campo de contenidos francamente amplio. La figura emblemática y entrañable de Bruno Leone, maestro del Pulcinella napolitano, ocupó un merecido centro gracias a su generosidad en las improvisaciones ofrecidas y en el mismo taller brillantemente realizado con niños de Valderrubio. Una presencia que fue creativamente contrapunteada por las aportaciones de los otros artistas participantes en el Rinconcillo.

(Eder de Pavia y Enrique Lanz con un títere del primero)

Los espectáculos brillaron cada uno según su estilo y particularidad. Eder de Pavia, mamulengueiro que trabaja en solitario, rompió el hielo al ofrecernos un magnífico espectáculo en el que se incorpora la actuación del titiritero que ofrece sus servicios en la calle con la ayuda de un muñeco de ventriloquía. Música, rítmica manipulación y graciosas improvisaciones en una interacción constante con el público fueron las características principales de este trabajo honesto y sencillo, bien cargado de la complejidad de lo humilde cuando éste se presenta con toda su potencialidad latente. Se le nota a Eder una preparación técnica adquirida en la práctica con los distintos maestros con los que trabajó, a la que debe sumarse su formación más académica en el Institut de Charleville. Espontaneidad y frescura de una propuesta que nos trasladó al corazón del Brasil más entrañable.

Paz Tatay, madrileña pero instalada en Toulouse, Francia, presentó "La muerte de Don Cristóbal". ¡Por fin un Polichinela español creado por una titiritera, es decir, por una mujer! Se inspira Paz en las distintas tradiciones europeas, tomando los aspectos que más le han interesado de ellas, pero siempre desde la fidelidad al carácter del personaje: un viejo enamorado del dinero, capaz de cualquier cosa para conseguir sus objetivos, pues así es el Polichinela español, canalla y ruín como el que más. Lo importante, sin embargo, es que Don Cristóbal acaba despertando nuestra simpatía -no hacerlo sería recrearse en su maldad congénita-, sobretodo por su actitud vitalista a ultranza, que lo lleva a desafiar y a vencer a la misma muerte, como la tradición manda. Impresionan las voces de Paz, que va de los agudos a los graves más profundos, así como una manipulación muy refinada, propia de su acusada sensibilidad. La muerte es substituída aquí por una vieja que parece un alter ego femenino del mismo Don Cristóbal. Un trabajo riguroso y divertido que ya tiene  una segunda parte. Esperamos poderla ver pronto.


(Erica y David, del Théâtre du Petit Miroir, y Jaume Feixas)

Fue un placer tratar de nuevo con el Théâtre du Petit Mitoir que dirige desde hace años Jean Luc Penso. Una compañía veterana que rescató en su día una de las más viejas tradiciones de guante de un maestro de Taiwán y que desde entonces no ha cesado de perfeccionar y refinar sus es
pectáculos. Dio la casualidad de que Le Petit Miroir inauguró en noviembre de 1984 el Teatro Malic del que fui director y fundador, siendo suya la primera obra que se representó en su escenario. Recuerdo muy bien el ritual que hizo Jean Luc Pensa para bendecir el nuevo espacio. Creo que funcionó. Todo ello explica la ilusión que me hizo reencontrarlo tras tantos años y verlo en plena forma y acompañado de un equipo entregado a la labor. Su representación nos trasladó a la vieja China de ancestrales tradiciones, con la atractiva música que avanza a golpes de gong y a ritmo de batallas, vuelos, conjuros y transformaciones. Un enorme placer para mi y para el público que asistió a la función.

(Títeres de la familia Vergés)

Titelles Vergés, la centenaria compañía catalana que en 2010 cumplió cien años de existencia (para los que necesitó tres generacion de titiriteros siempre en activo), presentó “El retorno de los títeres”. Un título en apariencia inocente, pero que contiene claros dobles sentidos:  ¿de dónde regresan los títeres de la familia Vergés sino del pasado, dónde tuvieron que refugiarse durante la oleada de pedagogismo de los años 70 y 80, cuando la cachiporra fue proscrita de los escenarios? Haber cumplido cien años parece otorgarles licencia para retomar el hilo que dejaron entonces, aunque en realidad nunca lo dejaron del todo, pues la familia siguió trabajando desde el silencio de los bolos de oficio. Regresan ahora con homenajes y reconocimientos, y con un elenco de títeres que constituye una de las mayores y más impactantes colecciones de marionetas vivas y antiguas del país. En el Rinconcillo presentaron una muestra de su trabajo que se caracteriza por el dominio de las voces, de la difícil manipulación de unos muñecos de madera que casi llegan al kilo, y por la ingenuidad de una historia que nos habla de otras épocas y otros referentes. Un esfuerzo que el público premió con agradecidos aplausos.

Toni Rumbau –es decir, un servidor– presentó su espectaculo “A Manos Llenas” en Fuente Vaqueros para escolares, con muy buen acogimiento. Lo mismo cabe decir de la función realizada en Valderrubio, para todos los públicos, con la emoción añadido de actuar en la misma casa dónde vivó años de su adolescencia el poeta Federico García Lorca.

(Retablo de Bruno Leone)

Bruno Leone, ya antes citado, presentó dos espectáculos distintos. El primero, basado en improvisaciones, nos presentó a Pulcinella metido en un manicomio cuyo director no era otro que el psiquiatra Bin Laden. Consigue éste poner la camisa de fuerza al héroe napolitano, aunque al final y gracias a la ayuda de dos mujeres del público, es liberado y, tras no pocas peripecias, “pone orden” en el manicomio. La segunda representación mostró a un Pulcinella más clásico, aunque siempre abierto a las novedades y a la intervención del público. Fue un placer ver a Bruno convertido en un Pulcinella con su máscara y su gorro característico, meterse por entre el público, dialogar con los espectadores y cantar viejas y nuevas canciones, algunas de ellas improvisadas la noche anterior. Hizo alarde el titiritero de un estado de gracia por el que se siente con la suficiente libertad para hacer con la máscara y con el títere de Pulcinella lo que le viene en gana, sin cortapisas ni correcciones, mostrando una fidelidad exquisita al carácter entre libertario, poético, salvaje y refinado del personaje.

Finlamente, el Professor Rod Burnet nos deleitó con un espectáculo de Punch and Judy de impecable factura como suele ser habitual en su trabajo. Voces exquisitas, bromas a la española –lleva años adaptando los gags y las palabras al público español-, una dulcificación no carente del necesario salvajismo en el tratamiento acanallado del protagonista, un uso moderado de la cachiporra y de la máquina de hacer salsichas, y una manipulación precisa bien dotada de rigor británico. Su teatrillo, plantado en el escenario como si se encontrara en plena playa de Brighton, lució sus colores blanquirojos así como la acostumbrada iconografía popular del más puro estilo Punch. Un clásico siempre puesto al día.

Seríamos infieles al espíritu de esta crónica si no comentáramos la ópera “El Retablo de Maese Pedro”, representada con marionetas gigantes en una buena parte de la red de teatros de ópera de España y algunos de fuera del país a cargo de la compañía Etcétera, con dirección de Enrique Lanz. Y lo digo porque aunque no se representara en Valderrubio, sí estuvo presente en el espíritu y en las conversaciones del Rinconcillo, teniendo en cuenta además que fue en el contexto de la Tertulia del Rinconcillo dónde nació esta idea de colaboración entre Falla y Lanz, así como otras muchas para aunar títeres, música y poesía. Una puesta en escena, la de Etcétera, de las que marcan época y se quedan para ser recordadas, pues pocas veces se obtienen cotas de tanta altura, físicas y artísticas, como las alcanzadas por Enrique. Una obra que de alguna manera cierra un ciclo, el que inició su abuelo y Falla, y que sin duda inicia otro, tras haber rendido cuentas con el pasado y el nieto consigo mismo. Un ciclo en el que tanto Enrique Lanz como Yanisbel Victoria Martínez tienen tantas esperanzas como ilusiones depositadas. ¡Que la suerte les acompañe!

Más info sobre el Rinconcillo de Cristobica aquí.

sábado, 7 de mayo de 2011

En el ombligo polichinesco de España.


Creo merecido este título al evento en el que me encuentro, llamado Rinconcillo de Cristobica. La razón principal es la alusión al círculo o tertulia del Rinconcillo (entre cuyos participantes estaban Lorca, Falla y Lanz, como se dijo en anterior texto), que se conjunta con el lugar dónde se desarrolla el encuentro: Valderrubio y la casa que la familia Lorca tenía en esta población, a 4km escasos de Fuente Vaqueros, el lugar dónde nació el poeta.

Estar en estas tierras tan estrechamente ligadas al poeta granadino es estar junto a quién dio altura y una identidad precisa al personaje titiritesco de Don Cristóbal Polichinela. Una figura harto oscura, por su propia naturaleza de ser ruín e impresentable, y por lo poco que se sabe del mismo en su versión titiritil anterior a Lorca. Que en este lugar emblemático se desarrolle un festival (o mejor un "encuentro", como prefieren llamarlo sus organizadores) centrado precisamente este año en el teatro de títeres popular de la línea polichinesca, hace que Valderrubio y el Rinconcillo pueda proclamarse durante estos días capital mundial del polichinelismo español. Que asistan, además, personas como Adolfo Ayuso, uno de los principales entendidos en la materia, Bruno Leone, reconocido maestro napolitano del Pulcinella, Paz Tatay, prestigiosa cultivadora del género del Don Cristóbal, Sebastià Vergés, la más veterana de las compañías españolas -cumplió 100 años hace poco-, el experto mamulenguero brasileño Eder de Paiva de Rio Branco Acre, el clásico "Théâtre du Petit Miroir" de Jean Luc Penso, que recuperó con enorme maestría la más señera tradición del títere popular de Taiwán, o el reputado Professor of Punch and Judy Rod Burnet, hace que el encuentro sea de lo más estimulante. Sobretodo porque Enrique Lanz y Yanisbel Victoria Martínez, los dos artífices del Rinconcillo, pretenden convertirlo en un lugar de desayunos, almuerzos y discusiones, además de espectáculos.

Hoy mismo, en los cafeses del almuerzo, discutimos Adolfo Ayuso, Enrique Lanz, Eder de Paiva, Paz Tatay, Jaume Feixas y yo mismo, sobre el personaje del Don Cristóbal español. Decía Paz que para ella era un arquetipo de vitalidad, un elemento catártico que la permitía hacer lo que no se puede por abvias razones de salubridad pública. Su Don Cristóbal es así una especie de "alter ego" que funciona a modo de eficaz válvula de escape y que le permite desarrollar un teatro de títeres fresco y deshinibido. Yo me preguntaba si no habría que replantearse un día las características del personaje, pues si en el siglo XVI y XVII, la máscara napolitana encarnó los deseos de afirmación libertaria e individualista del Renacimiento, ayudando a democratizar las nuevas ideas en el imaginario popular de las ciudades europeas, hoy en día, que nos encontramos en una clasísima etapa de cambio cultural -por no decir civilizacional-, me preguntaba si no sería bueno buscar nuevos atributos, que sin perder ni negar su elemento liberador, catártico y de afirmación de la soberanía personal, encaje en las necesidades de una época que precisamente está poniendo en cuestión las afirmaciones estrechamente egotistas del "todo vale". Por supuesto, acabamos defendiendo todos los presentes que por encima de las consideraciones de tipo sociológico, lo importante es el elemento catártico y liberador del personaje y de su práctica. También hay que recordar que estas figuras oscuras y ruínes cuando son jugadas con títeres, se convierten en inocentes personajes cuya gracia trasciende su canallismo -tal como, por otra parte, decía el mismo García Lorca al hablar de Don Cristóbal. De alguna manera, puede decirse que los actuales practicantes del Polichinelismo, y entre otros los presentes en el Rinconcillo, ya están realizando este trabajo de enriquecer al personaje con nuevas facetas del mismo.

También se habló de las escuelas de títeres. Aquí se plantea la clásica pregunta: ¿pueden existir escuelas de titiriteros? Creo que la respuesta fue doble: por supuesto que sí, si se enseñan las herramientas básicas del teatro; pero a su vez, el títere tradicional debe aprenderse con la práctica y a partir de maestros, como se ha hecho siempre. Cada uno explicó aquí sus experiencias sobre el tema.

Por cierto, que puestos a defender esta capitalidad polichinesca antes mencionada, esá la circunstancia de que Enrique Lanz, director artístico del Rinconcillo, sea el nieto de quién hizo todos los títeres de García Lorca, Hermenegildo Lanz, quién conspiró con el poeta y con Falla para los posteriores trabajos del trío centrados en las marionetas.

Mañana, un desayuno con Eder de Paivay y por la tarde y noche, más funciones.

miércoles, 20 de abril de 2011

Colorín, homenajeado por el TOPIC de Tolosa.

Conchita Momeñe junto a Miguel Arreche frente a los títeres de Colorín.

Se inauguró en el TOPIC de Tolosa una exposición dedicada a Colorín, popular personaje que recorrió los caminos del País Vasco y de tantos lugares de España desde los años cincuenta y sobretodo en los ochenta, y que llegó vivito y coleando hasta el año 2008. Nacido en San Sebastián en 1955 de la mano de José Luis Villarejo, se convirtió en el espectáculo de títeres con el que disfrutaron miles de niños guipuzcoanos y de otras localidades cercanas. Una variante local y sui generis de títere popular que, junto a otros de la época como Pirulo, Juan Sin Miedo, Chacolí, Perico o Titella, sustituyó a Polichinela en España.

Esta muestra, abierta hasta el 19 de junio, se celebra poco tiempo después de que la viuda de Villarejo y también su compañera en el trabajo artístico, Conchita Momeñe cediera todos los fondos de Colorín al Museo del Topic.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

“El Rey y el Mar”, de Pea Green Boat, y el Festival de Invierno de La Puntual

Cuando llega diciembre y se acerca la Navidad, La Puntual presenta desde hace ya unos años su pequeño festival de títeres en el que hay siempre estrenos y espectáculos interesantes. En esta ocasión, sobresalen dos estrenos absolutos locales y tres compañías internacionales.

(imagen de "El Rey y el Mar")

Aprovechando que me encontraba en Barcelona, fui el miércoles 8 a ver “El Rey y el Mar”, uno de los estrenos anunciados que presentó Edu Blanch, de la compañía Pea Green Boat, compuesta por él y su compañera Emilia Lang, quién ya presentó durante la temporada anterior otro precioso espectáculo (“The Shoe Tree”). En realidad, con el “Rey y el Mar” se estrenaba como titiritero solista el actor, escenógrafo e iluminador Edu Blanch, un paso que hacía tiempo se esperaba de él. Pues bien, el resultado ha sido francamente bueno, con una obra que hará las delicias del público al que va dirigido, familiar y niños a partir de 3 años.

Basado en el cuento de Heinz Janisch que lleva el mismo título y que ha publicado en español la Editorial Lóguez con ilustraciones de Wolf Erlbruch, la historia no podría ser más sencilla y a la vez más completa respecto a lo que cuenta: el descubrimiento de la alteridad (yo –el rey, en este caso– no soy el único sino que además existen otros seres a mi lado que tienen tanto derecho y tanta soberanía como la pueda tener yo). Una verdad como un puño que sin embargo sigue constituyendo la principal asignatura pendiente de nuestra civilización, no sólo de los niños pequeños que deben aprender a dejar de ser el “rey de la casa”, sino de los adultos, nosotros mismos, que por lo general nos consideramos únicos y superiores en derechos y prerrogativas, aunque no tanto en deberes. Un descubrimiento del Otro que el reyezuelo del cuento irá encontrando en los sucesivos personajes que jalonan la historia: un fantasma bebedor de té, una ardilla saltarina, una gata que ronronea bajo el sol, un perro alocado, el mar o las mismas nubes del cielo.

El cuento es de los que dicen mucho con muy poco, a lo que Edu Blanch se ha agarrado como principal recurso dramatúrgico e ideológico del espectáculo : ir a lo esencial, reducir la acción a lo indispensable, presentar los personajes con los mínimos elementos, desnudar la escena de ropajes innecesarios. Y para ello, se opta por estilizar al máximo la escena, con movimientos muy precisos y estudiados, pequeñas intervenciones lumínicas o de teatro de sombras, títeres que son una simple tela, o que se confunden con la mano del titiritero o, como el mismo Rey, hecho de madera, pero con una estética que recuerda el primitivo hieratismo románico, de una gran belleza y eficacia en su rol. Tanto la acción como la manipulación están pensadas para conectar íntimamente con los niños, a través del estilete dramatúrgico de la síntesis y de esa desnudez estilística que también se veía en el otro espectáculo de la compañía.

Una obra que al optar por el minimalismo y la desnudez interpretativa, obliga al titiritero a una difícil actuación contenida y disciplinada, lo que muestra una madurez de partida francamente prometedora, tratándose como se trata del primer montaje del titiritero. Un estreno de los que auguran futuros pletóricos.

Los otros espectáculos

- "SIN TÍTULO" de Puzzletheatre, de Canada. Espectáculo sin texto rigurosamente a partir de 7 años. Vi 17. Diciembre, 18h, Sa 18. Diciembre, 12h y 18h, Do 19. Diciembre, 12h y 17h. El viaje de una mujer a través de la vida, marcada por los primeros encuentros.

- "MÁS VIDAS QUE UN GATO" de Títeres La Puntual. Ma 21. Diciembre, 12h y 18h, Mi 22. Diciembre, 12h y 17h, Ju 23. Diciembre, 12h y 17h, Vi 24. Diciembre, 12h, Lu 27. Diciembre, 12h y 17h, Ma 28. Diciembre, 12h y 17h. Eugenio Navarro, junto con Martí Doy, estrena un nuevo espectáculo con su personaje emblemático, Rinaldo, quién harto de vivir de sus viejos éxitos, ya semi retirado, vuelve a los escenarios con este espectáculo lleno de acontecimientos extraordinarios para todos los públicos. Prometedor, sin duda.

- "THE PUNCH & JUDY SHOW" de Rod Burnett. Espectáculo de títeres tradicional de Inglaterra. Mi 29. Diciembre, 12h y 17h, Ju 30. Diciembre, 12h y 17h, Vi 31. Diciembre, 12h y 17h. Regresa un viejo conocido de la casa, el Punch and Judy de Rod Burnett, uno de los más destacados miembros del "Punch and Judy college of Professors".

- "JORGE EN EL GARAGE" de Materialtheater Stuttgart. AlemanIa. Espectáculo en Castellano para niños a partir de 5 años. Do 02. Enero, 12h y 17h, Lu 03. Enero, 12h y 17h, Ma 04. Enero, 12h. Con tres marionetas, un cartón y unos cuantos accesorios bien escogidos, con mucho humor y ternura, la actriz nos hace vivir el sufrimiento interior de la exclusión, y del largo camino de paciencia y amor que hace falta para sacar a un ser herido de su mutismo. Un espectáculo que habla de la fragilidad humana con una delicadeza fuera de lo común. A cargo de una de las compañías punteras de Alemania.
Para más información, aquí.

martes, 7 de diciembre de 2010

Los espectáculos del Titirijai

He aquí algunos comentarios sobre los espectáculos vistos en el Titirijai (el Festival de Títeres de Tolosa), que no son todos, pero sí bastantes. Creo que dan una buena idea de la programación así como del buen nivel en el que se encuentra el momento titiritil español.


Hitomiza Otome Bunraku, Japón.

(dos manipuladoras del Otome Bunraku con sus muñecos)

Nunca había visto esta sofisticada e innovadora modalidad del Bunraku japonés, cuyas vistosas características son: un único manipulador por muñeco, dos narradores y dos músicos (en vez de sólo uno por cada tarea como es habitual) y el hecho singular de que todos los ingredientes, manipuladores, músicos y narradores, son mujeres. Algo que para mi fue una sorpresa total.

Representaron un fragmento de la obra “Yoshitune y los 1000 cerezos en flor”, una maravilla de sutilezas en la expresión interpretativa, con danzas, monólogos, batallas y momentos líricos de alto vuelo. Ver a las instrumentistas y a las dos vocalistas en acción es una de las mayores delicias del espectáculo: de entrada el porte serio y solemne de las intérpretes, casi rígido, pero que al empezar la función, se tensan como cuerdas de violín para dar vida a los instrumentos o a la voz que declaman o cantan con inusitada fuerza expresiva. Hay que tener el oído fino y una abertura amplia de mente para gozar y asimilar esta música que combina tonos y microtonos aleatoriamente según criterios ajenos a nuestro sentido de la afinación, más cercana a determinadas experimentaciones de la música de vanguardia que a la tonalidad clásica. El resultado es una sonoridad narrativa basada en la sutileza y el matiz, más un peculiar sentido del ritmo de subido refinamiento. Rasgos que también definen la acción de las marionetas, en las que la dualidad muñeco-manipuladora se convierte en otro atractivo añadido: ver la correspondencia entre la gestualidad de la marioneta y los movimientos delicados y sutiles de la manipuladora es una auténtica delicia. Al estar el muñeco apoyado en el bajo vientre, sus pies encajados en las piernas, la cabeza sostenida por dos cordeles atados en el moño de la marionetista y las manos sujetas por sus propias manos, se consigue un efecto de desdoblamiento directo y unipersonal provisto de una singular belleza y riqueza de matices, que sumados al juego escénico y a la música, constituyen un extraordinario conjunto orquestado.

(Masako Kiritake, primera líder de un grupo de Otome Bunraku, según cuenta en su blog de viaje al Japón Dora Cantero)

Una verdadera sinfonía polifónica de múltiples disciplinas: poesía, pintura (la de los decorados), escultura y vestuario (la de las marionetas y de los intérpretes), caracterización (en los intérpretes sonoros y en las manipuladoras), coreografías y movimientos escénicos, porte y presencia de una dignidad escénica poco vista en el teatro occidental.

Esta modalidad en femenino del Bunraku proviene del maestro Jiboku Hayashi quién en 1920 estableció esta modalidad de un único manipulador, dos narradores y dos músicos, y la singularidad de que todos los intérpretes fueran mujeres –siguiendo una moda de mujeres cantantes muy apreciada por el público de la época. Se formaron tres compañías ante el éxito de la propuesta. La que ha llegado a nuestros días, la Hitomiza Otome Bunraku, procede directamente de la original formación del maestro Jiboku Hayashi, lo que ha garantizado la pureza de la tradición.


Taller del Parc, Cataluña.

Fue un placer conocer el trabajo de esta compañía de Barcelona nacida en el entorno de los talleres de Jordi Bertrán. Con dirección de Irma Borges, las dos intérpretes Aurora Poveda y Paulette San Martín presentaron un espectáculo titulado “El agujero en el sombrero”, una obra de una gran coherencia estilística excelentemente interpretada por las dos actrices-manipuladoras. A partir de un enorme sombrero de copa que hace las veces de “mágica chistera” y de retablo para los títeres (en la técnica llamada “de mesa”), la obra juega con el elemento “sombrero” para la definición visual de los distintos personajes. Basada en la novela juvenil de Jordi Sierra i Fabra “El niño que cayó en un agujero”, la propuesta muestra como el pequeño Marcos debe enfrentarse a distintos personajes extraídos de la realidad urbana de nuestros días. Será un perro quién le ayude en las dificultades, hasta que finalmente comprende que el agujero en el que aparentemente ha caído no está fuera sino en su interior.

Un proceso de liberación del personaje que debe pasar antes por la dura experiencia de la soledad, la marginación, el fracaso y la desesperación. Lo bueno de la obra es el tono de los intérpretes, la calidad de sus voces, el detalle de la manipulación y un ritmo que consigue atrapar al espectador. La compañía no hace más que confirmar el alto nivel de una nueva generación de titiriteras barcelonesas que ha irrumpido con inusitada fuerza en el panorama titiritil catalán y español. Una generación que aúna rigor formal, excelentes dotes interpretativas y ambición en las propuestas. Las del Taller del Parc así lo confirmaron con su logradísimo espectáculo.


Le Lutin Théâtre d’Images, Francia.

Esta coproducción del TOPIC titulada “Línea(s) de Horizonte” a cargo de la compañía Lutin Théâtre d’Images de Toulouse, Francia, sorprendió al público por la radicalidad de su propuesta: escenificar en el escenario el interior de la mente humana en el proceso de creación. Representar a la imaginación no es algo fácil de hacer y sólo por el atrevimiento de intentarlo, valía la pena ver el espectáculo. Propuesta que se presentó sin acabar, al hallarse todavía en una última fase de realización, y que mostró lo esencial de la misma: el vacío de la mente, representado por el papel en blanco que llenaba todo el espacio, y la correspondencia entre los trazos de una dibujante sentada en un pupitre y lo que sucedía en el escenario. Proyectando imágenes a través de un retroproyector, más la irrupción de dos personajes salidos de la imaginación activa del dibujante (personajes que nos sugieren los dos lados polarizados de la mente: lo femenino y lo masculino, lo rígido y lo voluble, el orden y el caos), se llena el vacío del gran papel en blanco.

Obra dirigida por Gaëlle Boucherit, con escenografía de Jeanluc Parant y Thierry Furet, y una rica banda sonora de Victor Betti, “Línea(s) de Horizonte” investiga los mecanismos interiores de la percepción mediante el desdoblamiento del gesto mismo de la escritura: el trazo como generador de mundos visuales, ritmos, atmósferas e imágenes en movimiento. Con algunos momentos todavía de indefinición y necesitada del correspondiente rodaje, la propuesta resultó un estimulante experimento capaz sin duda de atraer a los que buscan en el teatro otros valores que no sean el mero entretenimiento.


Los Farrés Brothers & Cia, Cataluña.

Habiendo conocido a los Farrés Brothers en sus inicios, no había visto ninguno de sus trabajos de madurez. Fue por ello una suerte asistir a la presentación en Tolosa de Ovni, una de sus últimas obras, y constatar como la fama de la que goza esta agraciada compañía está más que merecida. La propuesta, que encandiló al público, es un rico alarde de imaginación escénica bien servida por una interpretación excelente y técnicamente impecable. Y es que ver a dos buenos actores que además son dos buenos marionetistas, constituye un verdadero gozo.

Jordi Palet y Pep Farrés, con una muy trabajada escenografía de Alfred Casas, recrearon en el escenario el insólito mundo de unos personajes inmersos en un universo de poesía, humor surrealista y abertura al prójimo y a lo ajeno. Dos astrónomos, actuando a modo de clowns cargados de imaginación, recrean una historia entre tierna y delicadamente absurda en la que se ve implicada una familia que vive en la casa de enfrente. La hija, una niña amiga de los astrónomos, intenta en vano que sus padres, absortos en sus egoísmos apoltronados (el uno atrapado por la televisión, y la otra en la contemplación enfermiza de si misma), se acuerden de felicitarla por su aniversario. Intentos fallidos. Sólo los excéntricos astrónomos se acuerdan de la efeméride. Para celebrarlo, deben superar no pocos obstáculos, pero el azar les proporciona la ayuda de un extraterrestre que aterriza en el mismo tejado de la casa familiar. Con este argumento inspirado en Matilda de Roahl Dahl, y en La Ventana Indiscreta Alfred Hitchcook, los Farrés Brothers bordan una historia repleta de delicadeces, con un juego sabrosísimo de las diferentes escalas de los muñecos que se hilvanan con un ritmo impecable y un dominio interpretativo repleto de matices. La obra, de una complejidad envidiable, está magníficamente resuelta por el oficio, el buen hacer titiritero y el dominio clownesco de los Brothers. El público así lo vio también, premiándolos con grandes aplausos.


Libertablas, Argentina.

Presentaron los actores cantantes de la compañía Libertablas de Buenos Aires, Argentina, manipuladores asimismo de los muñecos, la obra Pinocho en formato de musical. Con un texto de Luís Rivera López y Sergio Rover, que también firman la dirección, los cuatro intérpretes de la obra (Mónica Felippa, Diego Ferrari, Diego Suárez y Sergio Rover) escenificaron una versión libre de la famosa obra de Collodi con títeres grandes manipulados a vista.

Con música de Daniel García, el musical transcurrió por sendas de un excelente nivel interpretativo, con voces seguras y afinadas, convincente interpretación y un ritmo escénico que tuvo atrapado al público del Leidor, teatro de una gran capacidad. El estilo es el del musical argentino en la línea “Evita”, y el hacer de Libertablas mostró el gran oficio de esta compañía y sus tablas impresionantes, fruto sin duda del inmenso trabajo que realizan por tierras argentinas, con profusión de espectáculos y de representaciones para todo tipo de público. Salvando con sumo acierto los escollos sentimentaloides que suelen aquejar a este tipo de musicales, Pinocho mostró un tono digno y acertado para el público infantil y mixto al que va dirigido. Igualmente, la versión permitió el lucimiento de los intérpretes, cada uno con sus momentos estelares: la narradora que a modo de elegante maestra de ceremonias va situando la acción, el viejo Gepetto sorprendido por su propia obra, un joven y veraz Pinocho lleno de vitalidad y un magnífico y acanallado titiritero que tuvo incluso el valor de meterse con las maestras. Una propuesta que fue muy aplaudida por el público.


Compañía de Bastiani y Puche, Italia

Absoluta y grata sorpresa descubrir este espectáculo firmado por Gigio Brunello (autor y dirección), titulado "La leyenda del conejo volador" e interpretado por una compañía que parece haberse formado para la ocasión, constituída por los titiriteros Alberto di Bastiani y Salvador Puche. Un espectáculo insólito, difícil y logradísimo, con un acusado sentido del humor de una originalidad apabullante, una estética deliciosamente decadentista, un texto que parece salido de un manicomio o del mismísimo Cabaret Voltaire del Dadá más surrealista, y una acción disparatada que sin embargo consigue crear su propio mundo. El teatrillo, un retablo cuya boca de escenario se abre con los dos batientes de una ajada y sucia ventana de cristales, ya parece querer indicarnos por dónde van los tiros: obra de reciclaje, tanto en los materiales como en los contenidos. Pero un reciclaje que se define por su peculiar humor y por una estudiada estética que va más allá de un post-post-postmodernismo. En realidad, la obra poetiza unos personajes de circo que viven en un universo absurdo y marginal pero sumamente poético. Y es quizás esta mezcla de poesía, ternura, absurdo, disparate e ingenuidad narrativa lo que dispara el espectáculo hacia las altísimas cotas de su interés.

Desde el punto de vista técnico, lo más interesante es la apariencia de sencillez en la manipulación, en los muñecos y en el juego de las sombras, sencillez que sin embargo oculta un estudiado y milimétrico trabajo dificilísimo de hacer. Una sencillez indispensable también para dar con el tono de falsa ingenuidad de la obra. Un trabajo, en definitiva, que muestra la madurez de unos magníficos cómicos italianos capitaneados por este veterano titiritero y maestro que es Gigio Brunella.


Títeres Caracartón, de Andalucía

La compañía Caracartón de Sevilla presentó El Último Pirata, un espectáculo de títere de mesa muy bien interpretado por Paola Román y Juan Gilabert, con dirección de Eva Rodríguez. La obra usa la figura del pirata y el romanticismo de la piratería de tesoros escondidos en islas desiertas para denunciar el acoso inmobiliario de los últimos tiempos, cuya especulación ha destruído tantas playas e islas desiertas.

Mostraron los de Sevilla el buen nivel del titiritismo andaluz actual, con una manipulación expresiva y unos muñecos de gran eficacia escénica, más un texto divertido y ágil que permitió al público asistente, compuesto de niños y adultos, seguir la obra sin distracción alguna. Espectáculo de entretenimiento y de denuncia, pues al final uno de los manipuladores nos muestra la imagen de la nueva piratería: un ejecutivo del ladrillo, de traje y corbata, pero con un inconfundible parche en el ojo. La realidad española saltó así al escenario y se adueñó del espacio mítico piratesco, convertido en el actual ladrocinio de los bancos y del negocio de la construcción. El público premió a los titiriteros con una salva de aplausos.


Periferia Teatro, Murcia.

He aquí otra de las sorpresas del Festival, la de los murcianos Periferia Teatro que presentaron su premiado “Guyi, Guyi…”. Con dirección de Juan Manuel Quiñonero Redondo, y manipulación de Dora Cantero y Mª Socorro García, la obra escenifica una versión algo cambiada del clásico Patito Feo en la que la temática de la alteridad es tratada con poética maestría. Se nota en esta propuesta el oficio de una compañía como Periferia, de muchas horas de vuelo, que ha tenido la inteligencia de fichar a la joven valenciana Dora Cantero, un valor emergente de la cantera catalana (pues reside y ha estudiado en Barcelona). Lo más difícil, encontrar un lenguaje sintético que con lo mínimo se llegue a lo máximo, es el gran logro de este espectáculo que conquistó al público de Tolosa. Voces de una singular eficacia (con una Mª Socorro de asombrosos registros), manipulación a la vista con un estudiado y logrado juego actoral (magnífico porte de las dos actrices manipuladoras y logradísimos los personajes de los cazadores), unos muñecos eficaces y sencillos, una escenografía simplísima y funcional, son los ingredientes básicos de esta propuesta tan llena de poesía y de frescura. Obra clásica y a la vez impactante y rompedora por su lograda búsqueda de síntesis.

El patito es en realidad un pequeño cocodrilo que ve su identidad tambalearse ante la incertidumbre de los habituales nichos ecológicos. La modernidad rompe las fijaciones identitarias, que dejan de ser estables. Surge así una nueva identidad, el Cocopato, expresión de los nuevos fenómenos identitarios basados en el mestizaje, la fusión y el cruce. Temas de gran actualidad que los de Periferia tratan con sencillez interpretativa y con la apariencia del mínimo esfuerzo. ¡Admirable!


Pa Sucat, de Cataluña

Se presentó en Tolosa Pa Sucat, uno de los grupos catalanes que pisa con más fuerza los escenarios en los últimos años y del que nunca había visto nada. Y tengo que decir que “Maravillas de Oriente”, de Jordi Jubany, me maravilló, valga la redundancia, como hizo también con el público que asistió a sus representaciones. No por nada un tribunal de niños le otorgó el premio al mejor montaje.

Tres buenos actores que son también un músico clown de gran eficacia (Quim Carranza), un presentador comediante de mucho empaque (Jordi Jubany) y un actor titiritero de altos vuelos (Eduald Ferré, quién también firma la dirección). Los tres urden un espectáculo de comediantes de la legua que plantan sus trastos en cualquier plaza o teatro para representar las historias del caballero Don Gonzalo de Guzmán, en su competición con el moro que ha raptado a la princesa. Es decir, un argumento que enlaza con el repertorio clásico de los Maeses de toda la vida. Pero si ya la parte actoral funciona de maravilla, los títeres constituyen un alarde de oficio y de manipulación de me sorprendió por su virtuosismo. Todas las rutinas clásicas de los Polichinelas italianos y europeos están presentes en la interpretación de Eduald Ferré, recopiladas en una síntesis original y bien adaptadas a la historia: los deliciosos juegos del caballero y su caballo, el juego del dragón con sus peleas y persecuciones clásicas, la pipa de fuego, el virtuosismo de los estacazos, todo el acervo de la más pura tradición presente y magníficamente desarrollado. Asimismo, la relación de los títeres con los actores, de tremenda eficacia, da un ritmo trepitante a la acción, claridad expositiva y una comicidad asegurada a todo el conjunto. No pude menos que sumarme a los espectadores que aplaudieron a rabiar.


Títeres de la Tía Elena, de Aragón

Conozco a Helena Millán desde hace años, una especialista en marioneta de hilo de larga trayectoria, pero nunca la había visto en un espectáculo de texto y con otro tipo de marionetas, de mesa en este caso. Y la verdad es que fue un gusto descubrir este “Cajal, el rey de los nervios”, escrito por Adolfo Ayuso, médico y estudioso de los títeres. Con manipulación de la misma Helena Millán, más las actrices Sol Jiménez y Marta Cortel, la obra parte de la figura del médico y Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal para mostrar una faceta desconocida del personaje: su época infantil. ¿Cómo era de niño este genio de la medicina y de las neuronas?

Adolfo Ayuso ha escrito una obra que nos muestra la importancia de respetar en los niños la constancia y el afán de búsqueda, base de todo progreso científico. Eso es precisamente lo que le ocurre al niño Cajal: su curiosidad por saber el porqué de las cosas choca contra la rigidez de la educación arcaica y repetitiva de la escuela, hasta que finalmente su padre, médico y persona curiosa también, descubre las virtudes del hijo y le anima a continuar por este camino. La viveza y la seguridad de las voces más una excelente interpretación de las tres manipuladoras sitúan y definen muy bien el ambiente de la época y sus personajes. La obra está centrada en la figura del propio Cajal representado por una imponente marioneta magníficamente manipulada por Helena Millán, cuya voz grave y profunda da vida y verosimilitud al personaje. Esta marioneta se combina con los diferentes cuadros casi costumbristas en los que se van representando las diferentes escenas del Cajal niño. El resultado es un hermoso espectáculo fresco, ágil y divertido capaz de llegar a un público muy amplio, infantil y adulto. Y con un mensaje que parte de la frescura para llegar directamente al corazón del público.

¿Cuáles serían los obstáculos propios a los Cajales de hoy? ¿De qué manera la sociedad, la escuela y el ambiente frustran hoy a los genios en potencia que siguen buscando el porqué de las cosas? He aquí un posible argumento para una segunda parte de la obra…


Papalote, Cuba

Encontrarse con la compañía Papalote, seguramente una de las más antiguas y prestigiosas de las existentes en Cuba, es siempre un placer. La conocía ya porque hace años, ¿veinte, quizás?, actuaron en el Teatro Malic. Entonces presentaron la obra “El Duende Sombrerudo”, si no recuerdo mal, con una magnífica interpretación solista de Rubén Darío Salazar dirigido por René Fernández Santana. En esta ocasión presentaron en Tolosa la obra “Tres somos tres”, a cargo de cuatro actores manipuladores que también resultaron ser magníficos cantantes. La obra, también dirigida por René, se presentó en el Teatro Leidor.

Con la sala llena hasta los bordes, los de Cuba mostraron su dominio de la voz, el baile y la gestualidad más desenfadada, con una versión del popular cuento “los tres cerditos” hecha para ser cantada y bailada con los muñecos en la mano. Ritmos cubanos, pequeñas coreografías populares, y un desparpajo manipulador centrado en la figura del lobo hambriento de cerditos. La vitalidad cubana de los actores, aupada por su juventud, se centró en la música, en los juegos de palabra y en el jolgorio escénico de una acción trepitante a ritmo de son. Sin micrófonos, sólo con la voz a pelo, consiguieron llegar y entretener al numeroso público del Leidor. Su esfuerzo fue premiado por sonoros aplausos.


Martí Doy, Cataluña.

Había visto la obra RanDeMar de Martí Doy en La Puntual (escribí sobre el mismo en un artículo publicado en octubre de 2009) y ya entonces me encantó el espectáculo. Su actuación en el TOPIC de Tolosa ha reafirmado aún más mi impresión, tras verlo respirar en un espacio más amplio.

Creo que Martí Doy ha alcanzado con RanDeMar eso tan difícil que es ir a lo esencial. Sin florituras superfluas, sin impostaciones de ningún tipo, casi desde un nivel zero interpretativo, manipulando a la vista y sin esconder apenas nada, el titiritero consigue crear un mundo que se sustenta sobre los cuatro elementos puestos en juego: una mesa, unos cartones que hacen de suelo o de casas, un tubo que se convierte en faro, unas telas colgadas de una cuerda y unas marionetas preciosas que se sustentan por si mismas. Se nota aquí el oficio de constructor de Doy (autor de muchas marionetas construídas para otros grupos y espectáculos) quién, sin embargo, a la hora de enfrentarse con el público él solo en el escenario, ha optado por la desnudez radical. Una opción de realismo y honestidad que el público capta a la primera y que constituye la esencia y virtud principal del espectáculo. Establecido el marco, las situaciones de los distintos personajes fluyen sin cortapisa alguna, encantando a un público entregado a la transparencia interpretativa del titiritero. Una obra que, gracias a su simplicidad, consiguió emocionar a muchos.


A modo de conclusión.

Creo que tras el repaso de los espectáculos vistos en Tolosa, y dejando aparte la realidad de los demás países ya comentada en la entrada anterior, podemos llegar a la conclusión del buen momento en el que se encuentran los títeres en España. También se constata como Cataluña vuelve a emerger como potencia titiritil peninsular, disputando una hegemonía que los andaluces habían conquistado en las últimas décadas. Es perceptible una multiplicación de nuevos grupos, muchos de ellos de naturaleza femenina, con ambición, estudios de teatro y buenas ideas. Habría que ver cómo se distribuye este fenómeno en el mapa español, pues sin duda lo mismo debe ocurrir en otras latitudes. Pienso en Madrid, Galicia, las anchas Castillas, la misma Andalucía, Valencia, Aragón…, aunque desconozco estas realidades locales. Una situación de emergencia creativa que la crisis actual no debería truncar, superando las carencias y los menoscabos presupuestarios.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Visita al Festival Titirijai de Tolosa

He acudido estos días a Tolosa en ocasión del Festival anual de títeres que se celebra en la pequeña ciudad del Oria, a pocos kilómetros de San Sebastián. Con una población no mayor de 20.000 habitantes, situada en el valle del río Oria, Tolosa fue fundada en 1256 por el rey castellano Alfonso X el Sabio, dándole el nombre de una ciudad prestigiosa de la época, la de la francesa Tolosa (Toulouse). Destaca por su dedicación a la industria del papel y a la maquinaria que lo produce, además de otras industrias sobre complementos de automóviles y otros. Ciudad emprendedora y centro comarcal importante (fue capital de Guipúzcoa entre 1844 a 1854, durante el gobierno progresista), posee unos valores añadidos que le han dado renombre internacional: el certamen coral que se celebra anualmente y que se ha convertido en un referente mundial en el tema, y la reciente inauguración del TOPIC, el flamante Centro Internacional del Títere de Tolosa.

Que una ciudad pequeña como Tolosa haya decidido abrirse al mundo de las marionetas y dedicarle uno de sus edificios más emblemáticos (el antiguo Palacio de Justícia, en la plaza Euskal Herria) no deja de ser un ejemplo de inteligencia estratégica, en unos momentos en los que las ciudades deben desarrollarse no sólo desde el ladrillo y la industria, sino también en las dimensiones más abstractas del conocimiento, del arte y de la cultura, es decir, desde la imaginación, afín de crear unos espacios de atracción multidisciplinar capaz de potenciar el intercambio, la afluencia de visitantes y el comercio, y situarse así en el mapa del mundo. Apostar por las marionetas proporciona el importante valor añadido de la “singularidad” (que en un futuro será un “maná” por el que se pujará muy alto) más otro no menos importante, aunque sí “más esotérico”, como es el del “desdoblamiento”: la posibilidad de verse reflejado en las dualidades icónicas con las que las distintas culturas del mundo se han desdoblado. Algo que la existencia de un precioso museo de marionetas en el TOPIC permite (para leer más sobre el museo, pulsar aquí).

Esta apuesta tiene su “festividad” correspondiente: el Festival de Títeres llamado Titirijai y que se celebra cada año a finales de noviembre y principios de diciembre. Durante los días del Festival, se concentran en Tolosa multitud de titiriteros, agentes, programadores y especialistas del país y del mundo entero. El festival, que dedica cada edición a un país diferente, se ha centrado este año en Japón, de modo que la ciudad está llena de japoneses, con cuatro compañías todas ellas provistas de muchos titiriteros.

Interesante ver como el cruce de culturas y los encuentros de cocinas y de mentalidades tan diferentes conviven cada día en los teatros y salas de espectáculos, en los comedores de las Sociedades Gastronómicas o en el comedor del Cit. Pero aún más interesantes, para los especialistas e interesados en los títeres, son los encuentros que se han efectuado en el TOPIC entre las distintas compañías y visitantes. Un intercambio de realidades y pareceres que me ha permitido actualizar la visión del mapa mundial no sólo de los títeres, sino también de tantas otras realidades sociales y políticas del momento.

Cambios de época por doquier. Cuba, Argentina, Japón, España.

(imagen del Otome Bunraku, la versión del Bunraku tradicional cuyos intérpretes son todas mujeres)

En efecto, una primera conclusión que se me aparece es la constatación de encontrarnos en una época de profundos cambios por doquier, cambios que adquieren dimensiones y velocidades distintas según el lugar y el continente, movimientos que agitan las aguas y zarandean los cimientos sobre los que durante décadas nos hemos sustentado. En unos lugares la cosa es nueva y los cambios están en alzas de cortar el aliento, en otros ya hace tiempo que se navega sobre las olas del cambio. Así lo pudimos comprobar al escuchar a los titiriteros de Cuba (Papalote), a los de Argentina (Libertablas), a los de Japón (Puk, Otome Bunraku, Hitomiza Puppet Theatre y Hachiqui Kuruma Ningyo) y a los distintos titiriteros españoles presentes (Pa Sucat, Los Duendes, Txotxongillo, A La Sombrita, Periferia Teatro. Títeres la Tía Elena, Farres Brothers, Caracartón, Martí Doy, Jacques Trudeau, Lola Lara, Guadalupe Tempestini, los representantes del TOPIC o yo mismo).

(René Fernández Santana, director de Papalote, de Cuba)

Cuba, por ejemplo, se encuentra en plena fase de transición, acabando un período e iniciando otro. Como explicaba René Fernández Santana, director de Papalote, la caída del “campo socialista” hizo que Cuba cayera en una de sus peores crisis, de flagrantes carencias, desánimo de la población y con unos sueldos de risa. El resultado fue una dejadez y un abandono que acabó con multitud de proyectos interesantes de tipo teatral y cultural. En estos momentos, el país está viviendo un proceso de reordenamiento que busca acabar con la desidia funcionarial, con los sueldos vitalicios improductivos y que intenta incentivar el trabajo y la productividad. Es evidente que el camino conduce a una privatización que tarde o temprano se embarcará por las sendas del libre comercio, como ha sucedido en tantos países del llamado “campo socialista”. Los teatros que antiguamente se sustentaban únicamente con el apoyo estatal, deberán replantear sus estrategias de creación y producción y abrirse a la sociedad para encontrar otros medios con los que complementar los estatales y nuevos incentivos en los que las relaciones internacionales serán de vital importancia. Ya Papalote parece haberse inscrito en esta dinámica, siendo su activo más importante la seriedad y la entrega vocacional de los que permanecieron al pie del cañón cuando los grupos se disolvían bajo el acoso de la crisis. También desde Matanzas, Rubén Darío Salazar mantiene una intensa actividad desde su Teatro de las Estaciones, con realización de encuentros, cursos y festivales.

(imagen de la obra Pinocho, de Libertablas, Argentina)

Argentina, que proviene de una larga crisis en la que se tocó fondo varias veces, parace por el contrario encontrarse en una etapa de crecimiento y de explosión creativa como lo demuestra la existencia de más de 2.000 grupos de títeres que pretenden vivir de ello. Algo imposible a todas luces, pues jamás 2000 grupos podrán alcanzar las cotas del autosustento, lo que da una idea de la realidad de saturación profesional en la que se encuentra el país, y que sin embargo es un índice muy positivo de desarrollo y de potencialidad creativa. Si existen tantos grupos en activo, qué duda cabe que en poco tiempo habrá una profusión extraordinaria de espectáculos de sumo interés, espoleados por la feroz competencia existente. Eso no significa que los problemas no sean mayúsculos, especialmente para los que tienen estructuras más o menos consolidades y que luchan por mantenerlas, como es el caso de Libertablas. Sin embargo, mostraron su inteligencia estratégica al apostar por políticas de acción militante (verdaderas políticas culturales a falta de las oficiales) en poblaciones y barrios marginados, que sin duda constituyen inversiones a largo plazo cuyos resultados no pueden dejar de fluir en el futuro.

(fachada del Teatro Puk de Tokio)

Japón goza de una curiosa realidad en la que junto a los nuevos grupos dedicados al títere contemporáneo, coexisten las distintas tradiciones seculares del Bunraku y de los títeres de guante que gozan de una relativa buena salud (escasean los nuevos aprendices, uno de los problemas principales, y las funciones se sustentan a veces más sobre el turismo que sobre el público local). Sin embargo, perviven todavía las funciones populares que se realizan en épocas especiales del año (la siembra, la cosecha, los cambios de estación, el fin de año…) con sus antiguas siginificaciones ritualísticas. Junto a la tradición, existe un enorme movimiento amateur constituído por “madres”, un curioso fenómeno que cada día tiene más extensión y que se produce en escuelas, centros culturales, asociaciones, casas particulares… En paralelo a estas realidades, existe una gran actividad de grupos contemporáneos, algunos de ellos de gran potencia, como lo ejemplifica la compañía Puk, que este año cumple 81 años y que dispone de un magnífico teatro propio, de una escuela y que está constituída por unas 70 personas. Una historia y un repertorio con profusión de títulos procedentes del teatro universal y de obras locales, algo insólito en el mundo de las marionetas. Estos grupos actúan con envidioso empuje aunque tienen también dificultades de financiación, pues el estado sólo subvenciona directamente las producciones. Eso significa que dependen sobretodo del taquillaje de las funciones, que deben multiplicarse para atender a las necesidades de la compañía. Una situación de activismo y de esplendor pero que lucha contra unas carencias importantes, al centrarse la atención institucional en mantener las antiguas tradiciones del Bunraku. No cabe duda que la existencia del Bunraku es una enorme bendición al permitir un diálogo fresco, directo y muy revitalizante entre tradición y modernidad, pero a su vez tapona las posibles ayudas a lo contemporáneo.

(imagen de la Asociación Profesional de Teatro para Todos los Público, de Cataluña)

España mostró también sus realidades, que tras las euforias de los últimos años, parecen encaminarse hacia políticas drásticas de recorte de presupuestos, cierres de teatros, abandono de iniciativas, etc, lo que demuestra la escasa visión estratégica de algunos de nuestros gobernantes. Así lo comentaban los de Periferia de Murcia (se han cerrado cuatro teatros y se han eliminado prácticamente todas las ayudas en cultura de esta comunidad). Una situación agravada por las cerrazones que las distintas autonomías parecen estar practicando: lo que antes se achacaba a Cataluña (imposible entrar en los circuitos catalanes a causa del idioma) corre el peligro de convertirse en norma entre las distintas comunidades autonómicas. Esperemos que ello no ocurra y que la sensatez se imponga. Cataluña mostró, a través de Jordi Cartanyà, su realidad actual, bien marcada por la asociación Teatre Tots els Públics, de la que él es presidente, autora junto con otras entidades de un reordenamiento del sector a través de un fructífico diálogo con las instituciones. Una política que el actual cambio en la Generalitat deberá refrendar. Expuso Jordi muy bien la situación, explicó por ejemplo como en realidad no podía hablarse de ninguna red de teatro infantil en Cataluña, al ser los dos movimientos Rialles i Xarxa iniciativas privadas basadas en el voluntariado y solo indirectamente subvencionadas, motivo por el que no tiene sentido decir que las “redes en Cataluña estaban cerradas”. La razón es más simple: no existían. Aragón, que habló por boca de Adolfo Ayuso, puso sobre la mesa las dificultades de los grupos pequeños en una región grande y poco poblada, en la que las grandes compañías dominan un mercado escaso y disputado.

Viendo el conjunto de las intervenciones, se deduce que nos encontramos en una vertiginosa época de cambio: mientras en unos lugares se lucha con desesperación por salir de agujeros históricos de acusada profundidad, en otros parece que nos metemos en ellos, zarandeados por ciclos económicos, impotencias políticas, desfallecimientos civilizacionales y cambios culturales sin rumbo conocido. En otros lugares, como Japón, inercias seculares mantienen viva la tradición, mientras las iniciativas privadas de teatro contemporáneo deben luchar ferozmente para abrirse camino y consolidar sus espacios conquistados tras décadas de actividad.

Qué duda cabe que los titiriteros, desde nuestra posición de agentes culturales abiertos a la creación, podemos aportar perspectivas y signos de lo nuevo que se avecina, siempre y cuando abordemos nuestra actividad con los ojos abiertos de la reflexión crítica, la imaginación creativa, más la osadía de salir y conectar con lo Ajeno que se hace en el mundo.

En una próxima entrega hablaremos de los espectáculos vistos en Titirijai.

domingo, 17 de octubre de 2010

Galicreques: repleta semana de títeres en Santiago de Compostela

Los festivales se suceden como nubes pasajeras que iluminan temporalmente las ciudades y las llenan de títeres y de actos jocosos y complementarios. Son momentos importantes de encuentro entre titiriteros y de gozo para los espectadores que gustan de estos manjares escénicos sazonados con las exquisiteces del teatro visual, de títeres y de objetos. En Santiago, el Festival, llamado Galicreques, cayó del 2 al 10 de octubre, metida la ciudad en pleno Año Santo Jacobeo.

Detrás de los festivales están siempre los benditos (y a veces sufridos) organizadores, que se desviven para ofrecer a los artistas actuantes y a los espectadores asistentes lo mejor de lo mejor: buenas condiciones y acomodados escenarios para unos, espectáculos interesantes y sobresalientes para los segundos. En Santiago, ambos requisitos se cumplieron con extraordinaria generosidad y la ciudad vibró durante ocho días de enfebrecida actividad titiritera para el regodeo de todos.

A destacar, pues, la labor incansable de Cachirulo y su equipo, capitaneados por Jorge Rey y Carmen Domech, siempre al quite para las urgencias y las necesidades del Festival, atentos a los invitados y presentes desde el inicio hasta la queimada brujeril que marcó el punto y final de la fiesta el último día.

Títeres es sinónimo de dualidad en un sentido estricto y objetual, y las ciudades que los alojan se enriquecen con esa disciplina que habla y experimenta con la alteridad, la aplican al pie de la letra y obligan a los espectadores a entrar en la rica dinámica del desdoblamiento. ¿Qué más puede desearse que una vez al año algunos privilegiados espectadores reciban dosis intensivas de pedagogía desdoblatoria? Tendría que ser algo obligatorio para las poblaciones atrapadas por la univocidad, el pensamiento único y la exclusión del Otro. Esta necesidad es lo que sitúa al teatro de marionetas en la vanguardia del arte actual, y los festivales que se le dedican deberían ser mimados por ello como preciosos estímulos a la mejora de nuestra civilización.

Tuve la suerte de asistir, como participante y espectador, al Galicreques de este año, y procedo a comentar los acontecimientos que más me llamaron la atención así como algunos espectáculos que pude ver.


25 aniversario de Títeres Cachirulo y exposición en Arteria Noroeste.

No ocurre cada día que una compañía de títeres cumpla 25 años de existencia. Cuando ello sucede, hay que celebrarlo y la mejor manera, además de las fiestas, los espectáculos y los parabienes, es mostrar el trabajo realizado durante esos años. Eso es lo que hizo Títeres Cachirulo, grupo formado en 1985 por Jorge Rey y Carmen Domech en Santiago de Compostela, con una magnífica exposición desplegada en la sala de Arteria Noroeste (la flamante nueva instalación de la SGAE en Santiago) que muestra marionetas de los distintos espectáculos creados por la compañía. Hay marionetas de hilo (de “Úbue non Outeiro”, 1985), marionetas de varilla inspiradas en cuadros de Picasso (en “A Bela e a Besta”, 1988), morotes y bunrakus hechos de diferentes materiales de reciclaje (en “Noite de verán”,1990), grandes muñecos como los de “A illa do tesouro” (1995), títeres de guante y varilla (en “El Rei Artur e a abominable dama”, 2001), sombras chinescas (en “Cousas de Castelao”, 2003), marionetas al estilo belga (en “A pedra que arde”, 2004) o trabajos más recientes como las marionetas de mesa de “A Historia de Apalpador” (2009).

Un conjunto que muestra el inmenso trabajo realizado por los dos titiriteros de Cachirulo, con una abertura increíble de miras y horizontes, como lo muestra la variedad de títulos y registros empleados. Si le sumamos la magnífica revista Bululú, una de las más logradas del país, los años de programación del Teatro Yago y la realización del Festival Galicreques, no hay duda que Cachirulo constituye uno de los grupos más activos y emprendedores de la Península. Que su energía no desfallezca y el futuro les depare éxitos y larga vida!


Cursos: el desdoblamiento de Internet

A parte del curso que impartí sobre el lenguaje del títere popular y su aplicación a las nuevas dramaturgias contemporáneas, tuve la gran suerte de asistir al que dio José Bolorino sobre Internet. No es en absoluto un tema baladí: aunque se aparte de la creación en un sentido estricto, Internet es en si un descomunal desdoblamiento colectivo de la realidad al que estamos metidos de lleno y del que no hay forma de escapar. Para bien y para mal, todo se halla hoy en día desdoblado en el ciberespacio: los teatros, las compañías, los proyectos, los individuos, los festivales, las revistas… La realidad ya no se basta a si misma: necesita su complementariedad virtual o imaginaria, que la revolución digital permite. Lo abstracto se suma a lo real y lo desdobla, a la vez que lo interrelaciona con todo lo demás. De lo concreto y lo local se salta a lo abstracto que, gracias a las matemáticas y a la tecnología de las comunicaciones, entra en un espacio universal de contacto, creación, intercambio y almacenamiento de información.

Los títeres, dobles de los titiriteros, se desdoblan a su vez en sus dígitos matemáticos que los representan en lo virtual. Un teatro de títeres multiplicado por dos en el que los titiriteros deben saber matemáticas, programación y los trucos habituales de la navegación cibernética. Sobre esta nueva disciplina de la dualidad sin hilos nos habló el titiritero José Bolorino, dándonos las herramientas indispensables para manejarse por unos terrenos que por un lado parecen oponerse al “directo” del teatro pero que, por el otro, lo “complementan” en los dominios intangibles pero universales de la imaginación abstracta.


El Premio Galicreques 2010 a Julio Michel.

Si el año pasado le tocó a Iñaki Juárez, del Teatro Arbolé de Zaragoza, el de 2010 recayó en Julio Michel, director de Titirimundi, el Festival de Títeres de Segovia. Un premio entrañable y honorífico que el festival otorga a personalidades del mundo titiritil español.

Bien conocida es la figura de Julio Michel, fundador del grupo Libélula, uno de los históricos del país, y creador de Titirimundi, un festival que con los años se ha instituído como uno de los más importantes e influyentes del país. Un prestigio ganado a pulso por el premiado titiritero, quién tuvo palabras de agradecimiento y se congratuló de que un festival premiara a otro, saltándose las típicas rencillas que suelen existir entre ellos, obligados como están a competir. Se vio aquí la madurez humana y profesional de los responsables de Galicreques, los titiriteros Jorge Rey y Carmen Domech, del grupo Cachirulo, capaces de reconocer el mérito de la competencia. Muestran sobretodo inteligencia operativa y civilizacional al substituir competitividad por amistad y colaboración. Una actitud de la que todos salimos ganando.

Michel habló de su festival y desveló algunas de las claves de su éxito: la estrecha complicidad lograda entre los habitantes de la ciudad y los titiriteros participantes, más el apoyo de las instituciones que desde un principio apostaron por el Festival. Una visión inteligente de estrategia urbana y cultural que Julio Michel ha sabido defender durante 25 años. Un éxito que Galicreques ha querido premiar con este estimulante reconocimiento. El “brujo” Michel nos encantó con sus palabras del mismo modo que ha sabido encantar y seducir a sus conciudadanos y a los políticos de Segovia y de Madrid. El acto acabó en el restaurante con buenos vinos y los oportunos bríndises .


Espectáculos

Com es lógico, me fue imposible asistir a todas las representaciones programadas, que fueron muchas, pero sí pude ver algunos espectáculos, todos ellos dignos de ser reseñados por sus muchas y variadas cualidades.


El muchas patas volador. De Colombia, concretamente de la ciudad de Cali, actuaron en el Teatro Principal el grupo Pequeño Teatro de Muñecos. Un encantador espectáculo para todos los públicos en el que los actores Gerardo Potes y Leonor Amelia Pérez, asistidos en la técnica por Juan Sebastián Potes, nos ofrecieron una brillante actuación con títeres manipulados a la vista. El personaje protagonista, este “muchas patas” del título, es un cangrejo niño que aprende a ser mayor. Su abuelo le enseña lo elemental, es decir, lo que debe saberse para sobrevivir. Lo “añadido”, eso que cada uno debe aportar por si mismo, lo va aprendiendo “a su aire”, literalmente aplicado en este caso, pues del aire procede un pájaro que le induce a construirse el nido en la cima de un árbol en lugar de enterrarse en la arena. De ahí le viene el deseo añadido de volar, es decir, de vivir en libertad.

Los de Cali ofrecieron esta bella historia del cubano Onelio Jorge Cardozo con un poético hacer y una puesta en escena muy colorista, inspirada en el folclore y las tradiciones orales de la costa colombiana. Se notaba la buena escuela actoral de los titiriteros, que resolvieron las diferentes escenas de la historia con maestría teatral y un ritmo vivo y musical. Los muñecos, muy bien resueltos visualmente, dieron la talla necesaria, y el espectáculo fue calurosamente ovacionados por un públic entregado a los actores titiriteros.


Alí Babá y los Cuarenta Ladrones. Xarop Teatre de Castellón nos obsequió igualmente en el Teatro Principal con una magnífica puesta en escena de títeres y actores de la conocida historia oriental. Con muñecos y escenografía construídos por el colombiano afincado en Castellón Pestalozzi Parra Perdomo, de la compañía Tesis Teatro, la representación corrió a cargo de Carles Benlliure y Josebi Papiol. Se nota aquí la magnífica escuela actoral y de mimo de Benlliure, verdadero motor dinámico del espectáculo, con una interpretación de gran virtuosismo técnico. Títeres y actores se intercambiaban los papeles en una estudiada interacción entre ambos registros: se entraba así y se salía sin problemas del retablo de los títeres convertido por Pestalozzi en la cueva de los ladrones.

El espectáculo fue seguido al minuto por el público escolar que acudió a la sesión de la mañana, entregado a la acción y a las peripecias de los personajes de la obra, que los de Castellón encarnaron con talentoso oficio, ayudados por una muy eficaz banda sonora. Una obra redonda a cargo de una compañía de Valencia de exquisita profesionalidad y con muchas horas de vuelo.


O Asombro. Nos llegó el asombro de la mano de la joven compañía gallega Fantoches Baj que presentó una original e innovadora lectura de textos del poeta Uxío Novoneyra (1930-1999), quién fue desde 1982 hasta su muerte Presidente de la Asociación de Escritores en Lingua Galega. Considerado como un clásico de la poesía escrita en lengua gallega, tuvo por lo visto una gran importancia en el resurgimiento literario del gallego contemporáneo.

Con dramaturgia, puesta en escena e interpretación de Inacio Otero, el espectáculo presenta un interesante cruce entre teatro poético, documental y de objetos, con un acompañamiento musical en directo de Benxa Otero y el apoyo de un televisor con impactantes imágenes de video que rompían rítmicamente de vez en cuando la acción. El narrador, recitador o “performer”, Inacio Otero, nos encandiló con las palabras de Novoneyra, de una rotunda musicalidad que se dejaba escuchar con verdadero placer, mientras creaba un sugerente universo de trazos inscritos con tiza en un tablero inclinado, o mediante una estudiada manipulación de libros que eran como los ladrillos de una ilustración abstracta de las palabras que surgían de ellos. El espectáculo de los Otero consiguió asombrar al público, fascinado por el frescor impactante de la propuesta.


Viento Pequeño. El conocido grupo andaluz de Jerez de la Frontera La Gotera de Lazotea presentó en el Teatro Principal un delicioso espectáculo de títeres sobre la historia de un viento pequeño que aún no sabe a qué dedicarse. ¿Será el viento de las tempestades marinas, el de los huracanes, el de los molinos de viento…? Con un lenguaje sencillo, un magnífico texto lleno de referentes poéticos de rico sabor andaluz y una interpretación honesta y relajada, los veteranos Eva y Juan Manuel nos deleitaron con una original obra de creación propia.

Comprendí al ver a los de Jerez como el oficio y la veteranía habían hecho su trabajo tan a favor suyo, demostrando que los años no pasan en balde, al propiciar la depuración del estilo, el extraordinario dominio de la voz y el aplomo actoral de los manipuladores. Con música en directo a cargo de Juanma, las voces seguras de ambos, el apoyo de una eficaz banda sonora y una escenografía muy lograda y funcional, la obra discurrió con poético encanto, ritmo seguro y perfecto enganche del público. Éste premió a la Gotera con calurosos aplausos a los que me sumé con entusiasmo.


Desde mis bolsillo. Con este título la actriz argentina Norma Suzal presentó en el Teatro Arteria (centro de la SGAE de Santiago) su espectáculo de cuentos dirigidos a niños a partir de 3 años. Fue la suya una interpretación exquisita y llena de expresividad, humor y delicadeza, destacando su presencia ni frívola ni ñoña ni pedante ni pedagógica, sino todo lo contrario, llena de tacto hacia un público que para mi es de los más difíciles: los más chicos. Lo consiguió Norma ayudándose de pequeños objetos que iba sacando de sus bolsillos y a partir de los cuales armaba sus cuentos, pequeñas joyas literarias pertenecientes a distintos autores expuestos con la necesaria sencillez de lo complejo que exige este género teatral y narrativo.

Suzal mostró un altísimo dominio del oficio propio de alguien curtida en los distintos géneros teatrales. Con esta primera incursión en el mundo de los objetos, la actriz nos dejó entrever sus enormes posibilidades en este campo de la animación teatral de títeres y objetos, que por lo visto piensa desarrollar en el futuro. Esperamos con ansia sus próximos trabajos.


Do Re Mi Mozart xoga aquí. Con este título presentó el grupo Cachirulo de Santiago (artífice de Galicreques y de otras tantas iniciativas teatrales) su último espectáculo de marionetas de hilo manipuladas desde un puente a cargo de Jorge Rey y Carmen Domech. El oficio de Cachirulo impregnó de arriba a abajo esta obra de ardua ejecución que sin embargo consiguió lo más difícil: dar vida y convertir en un alegre y divertido sainete una obra de marionetas de hilo. Un sainete para niños pero repleto de frases ingeniosas y de juegos de palabra que la capacidad improvisatoria y la calidad de las voces de los dos manipuladores convirtieron en jocosa obra para todos los públicos.

El personaje de Patachín Patachán y el de la vieja cocinera fueron para mi los más logrados, con textos y hablares que por si solos podrían aguantar todo el sainete. Los fragmentos de música de Mozart embelesaron los oídos del respetable, mientras un divertido juego de notas musicales parlanchinas y juguetonas hilaba la acción de las escenas entre si. El virtuosismo vocalizador e improvisatorio de Carmen y Jorge nos deleitó, cosechando los merecidos aplausos del público que llenaba la sala.


Allegro Vivace. Con este espectáculo de cabaret se presentó el Teatro Estatal de Varna, de Bulgaria, con un equipo de cuatro manipuladores que mostró al público de Santiago el dominio que sobre este tipo de teatro tienen los titiriteros de los países del Este. En efecto, el trabajo de los de Varna entra de lleno en lo que podría llamarse la “escuela post-soviética” del teatro de marionetas, con obras que buscan romper las rigideces de antaño y que aúnan modernidades occidentales con las tradiciones locales. En este caso, las marionetas imitan y parodian con enorme gracia y virtuosismo a músicos e intérpretes vocales, una corriente que se inicia con el mismo Obratzov de Moscú y que ha tenido numerosos continuadores por todo el mundo.

El esquema del espectáculo se basa en el siempre sugerente mundo del “back stage”: lo que sucede en el escenario una vez ha bajado el telón y los actores desaparecen. ¿Qué ocurre con sus vestidos, sus pelucas, sus plumas y sus instrumentos? Lo inanimado cobra vida, el atrezzo se levanta de sus estantes y cajones, y otro espectáculo nace dónde el silencio parecía haberse impuesto. Un Allegro Vivace que fue muy aplaudido y gozado por el público.


¡Que viene el lobo! El grupo Kamante, de Asturias, mostró en el Teatro Arteria este espectáculo que ha sido uno de los éxitos más sonados de las últimas temporadas titiriteras del país. Con texto e interpretación de Luisa Aguilar y con escenografía y dirección de Luís Vigil, los de Kamante han logrado un montaje de una profunda carga poética con la simple historia de un lobo que escapa del Zoo y pretende convertirse en “lobo de cuento”. La idea en si está ya repleta de sugerencias e invita al espectador –y a los titiriteros– a entrar en el mundo de la imaginación de los cuentos. Al principio se imponen los tópicos y la convención: el lobo debe ser feroz. Varias historias ilustran esta necesidad. La más divertida es la de la Caperucita Roja, en cuya hilarante versión la misma niña incita al lobo a ser feroz y a zamparse a la abuelita. Hasta que el lobo descubre que el secreto de ser lobo de cuento es la libertad que da la imaginación: poder ser como a uno le da la gana ser.

Lo bueno del montaje es que sin rehuir la complejidad del argumento, repleto de episodios muy distintos entre si, logra que todo encaje y se suceda con exquisita fluidez, mediante un ritmo perfecto de texto y acción, una aparentemente sencilla escenografía, cambiante y funcional, y una interpretación de Luisa Aguilar justa y medida, despojada de cualquier exceso que enturbie la claridad de la historia. Más de cuatrocientas funciones han premiado este montaje por todo el territorio español, aunque ignoro si en la catalana Cataluña se ha representado alguna vez…


Otros grupos y montajes.

Como dije al principio, era imposible asistir a todo. Me perdí cosas tan interesantes como el trabajo de la titiritera chilena Elisabet Guzmán, de La Candelilla, la compañía histórica de Tito Guzmán, o el del también chileno César Parra de Vagabundo Títeres, ambos muy comentados y alabados por quiénes tuvieron la suerte de verlos. También del Teatro Arbolé me perdí “La gata con botas”, y del grupo gallego A Xanela do Maxín, “O reio destronado”. Igualmente “Una vida de cuento” del Pizzicatto Teatro y Títeres, de Madrid. Obras todas que recibieron muchos parabienes.

Otro asunto son los trabajos de la calle, de gran importancia, algunos de los cuales se reseñan en los siguientes párrafos.


Las calles de Santiago, iglesias y contrastes.

Estar en Santiago durante un Año Santo Jacobeo no es un tema baladí que debamos ignorar en el asunto que nos concierne. Los años jacobeos del siglo se cuentan con los dedos de las manos (catorce sin ir más lejos) y el próximo no será hasta el 2021. Se entiende que los interesados en gozar del Jacobeo sin salir del país (Roma ofrece también estos servicios de perdón espiritual) se hayan apresurado a acudir a Santiago antes de que termine el año. Y faltaban sólo dos meses y veinte días para que ello ocurriera. También se entiende que los ciudadanos de Santiago esperen los Saños Santos Jacobeos con verdaderas ansias, preparados para acoger a los ríos de visitantes y peregrinos que no cesan de llegar, la mayoría en avión y coche, aunque muchos a pie por los caminos terrestres de la Vía Láctea.

Todos estos considerandos explican la tremenda afluencia de público que llenó las calles de Santiago durante los días del Festival, con colas interminables para entrar en la Catedral, condición sine qua non para el perdón de los pecados. La más larga de las colas era la de la Puerta Santa, bien guardada por dos policías nacionales encargados de que nadie se colara. Tengo que decir que mis obligaciones con el Festival me impidieron transitar por esta puerta, aunque sí pude el último día entrar en la Catedral. El impacto, con una densidad humana superior a la del metro de París en sus peores horas de tránsito, fue descomunal y entiendo que la gente se emocione ante semejantes aglomeraciones. Menos mal que el techo de la iglesia es alto y aunque había trabajos de restauración, con profusión de andamios y de maquinaria motorizada en marcha, las campanas se dejaban oir de vez en cuando.

Lo que más me gustó fue visitar el Museo de la Catedral. Las piezas recuperadas del antiguo coro, obra del Maestro Mateo, constituyen una maravilla impresionante que no hay que perderse. También las figuras de caliza policromada del primer piso, obras del siglo XIV, como la Virgen preñada y el ángel de la anunciación traídos por una reina portuguesa, o la magnífica imagen de San Miguel pesando a dos almas mientras con una lanza mantiene sujeto a Satanás retorciéndose por los suelos. Otras maravillas son los tapices de Rubens o los realizados a partir de los cartones de Goya del último piso.

Todas estas imágenes no hacen más que estimular nuestra sensibilidad titiritera. Bien sabida es la capacidad desdoblatoria del Catolicismo, tan propenso a llenar las iglesias de figuras que nos reproducen en sentidos figurados y alegóricos, en nuestras facetas santas o diablescas, cuando no mortuorias. Para mi, es un placer de lo más excitante visitar los interiores de las iglesias, verdaderos museos de marionetas estáticas que viven y se mueven sin embargo en la imaginación de los creyentes como si sus almas fueran retablos dónde ángeles, dioses y demonios se movieran con plena libertad. Por eso animo a los festivales de titeres a colaborar con curas, conventos, iglesias y monasterios, a los que sin duda encontrarán como cómplices en las tareas de la manipulación de las almas, sea con fines religiosos o sin ellos. Aunque tal vez sea demasiado pronto para semejantes atrevimientos, más propios de épocas futuras de la humanidad con mayores grados de civilización y capacidad desdoblatoria.

Sirva todo lo dicho como introducción al ambiente extraordinario de las calles de Santiago, lo que explica el excelente acogimiento que tuvieron los espectáculos que allí se presentaron.

El que más sorprendió por chocante y exótico fue el del señor Nalin Gamwari, del Sri Anura Puppet Society, de Sri Lanka, con sus Danzas Tradicionales. Tenía su gracia que al lado mismo de Plaza Praterías, al final de Rua Nova, figuras que representaban a divinos o feroces dioses de la mitología hindú compartieran cartel con los santos apóstoles y el mismísimo Santiago, Patrón de España. El frenesí de los bailes y de la música hindú que salía de los altavoces de Nalin Gamwari se alternaba con los compases de las campanas catedralicias y con el humo del incienso que flotaba en el aire de la ciudad. Los paseantes se detenían admirados por el contraste, abiertos al colorido de los dioses indios, batiendo palmas cuando lo pedía el titiritero, o asistiendo temerosos a las invocaciones mitológicas. Una dualidad exquisita de religiones, estéticas y gustos que resultó, al menos para mi, uno de los momentos álgidos del Festival.

En la Plaza do Toural, más alejada de las iglesias y más cerca del jolgorio de los bares y los restaurantes, frente al centro cultural dedicado al pintor surrealista Granell, plantó sus tablas La Estrella de Valencia. La astracanada y el esperpento de la España más cañí y acanallada salió a borbotones de aquel Espanis Circus con los que Gabi y Maite deleitaron –y escandalizaron– al público compostelano. Espléndidos y generosos estuvieron los valencianos, que me sorprendieron muy agradablemente por la madurez de su trabajo, el desparpajo interpretativo y el arrojo que mostraron en un género tan difícil como es el de la astracanada, tan en desuso hoy en día –lo que muestra la actual televisión española está tan fuera de órbita que a su lado, los de La Estrella son unos clásicos academicistas. Y ése fue su mérito: ir a las raíces de un género popular callejero que vive aún en nuestros genes españoles más recónditos. Despertarlos y darles un garbeo fue la función del espectáculo de los de Valencia, con un sobrado Gabi y una espléndida Maite a los que vi en plena forma, y que el público compostelano aplaudió a rabiar.

No vi el carromato de los Títeres Alakrán, Cascanueces e Il Canto del Capro, de Francisco Borxa i Andrea Lorenzetti, con su espectáculo “Os títeres da Via Láctea”, que suelen actuar por los pueblos gallegos y españoles con caballo incluído. El tiempo no lo permitió, aunque sí montaron ellos los retablos en La Alameda. Se me escaparon sus representaciones, tan interesantes en su búsqueda de un lenguaje fresco e irreverente, que harían las delicias del santo público compostelano.

De los portugueses de Alcobaça sólo pude ver el final de su divertido “Theatrum Puparum – Inés de Castro”, que muestra la historia de amor prohibido entre Don Pedro I de Portugal y Doña Inés de Castro. Una historia de curas, monjes, reyes y nobles, cuyos manipuladores iban ellos mismos vestidos de monjes medievales. Suelen actuar en las iglesias iluminados con luces de aceite, a la manera tradicional de los títeres de Santo Aleixo. Sus marionetas de varilla recuerdan a las del Algarve, movidas con sabroso ritmo. Actuaron en la Plaza do Toural, frente a los de Valencia, con gran éxito.

Sin duda me dejo otros espectáculo, tal era la intensidad titiritera que se vivió en Santiago de Compostela durante el Festival. Un éxito que los de Cachirulo se han ganado a pulso, en este encuentro anual de titiriteros de todo el mundo (con una presencia siempre importante de los latinoamericanos, que tienen en el Galicreques una puerta segura de entrada a los mercados españoles y europeos), con cursos, encuentros, premios, comidas y queimadas.


“Citizen”, de los de Chévere en La Nasa.

A modo de colofón de este reportaje compostelano, me gustaría comentar el espectáculo que los de Chévere estrenaron durante la misma semana del Festival en la sala La Nasa, titulado Citizen.

Conozco a Chévere desde hace muchos años, viejos colegas de mi época alternativa, cuando desde el Teatro Malic urdíamos operaciones e intercambios con otras salas del país. La Nasa siempre fue nuestra íntima aliada, incluso llegamos a colaborar en un Festival de Ópera de Peto que ellos hicieron en harmonía con nuestro Festival de Ópera de Bolsillo. Ello explica que conozca bien sus trabajos y a su principal elenco, del cual me considero un declarado “fan”.

Pues bien, con Citizen volví a vibrar como espectador ante el gran trabajo realizado por Patricia de Lourenzo y Manuel Cortés, los dos actores que nos explican en hora y veinte los inicios de la actividad del fundador de Zara. Claro, en la obra no se habla directamente de Amancio Ortega Gaona, aunque tampoco se dice que el personaje no lo sea. El director, Xesús Ron, nos comentó el arduo proceso de gestación de la obra, a partir de los ensayos, con un texto magníficamente escrito por Manuel Cortés. Y realmente consiguieron lo imposible: contar con una extrema sencillez una historia complejísima en la que por el escenario pasaban el fin de la Dictadura, la muerte de Franco, la España de primera Transición, las manifestaciones y los grupúsculos izquierdistas con sus metalenguajes iniciáticos, más la supuesta historia personal e íntima de un personaje que acabaría encumbrado en las alturas de los riquísimos del mundo. Un gallego que supo dar con las batas que sus señoras vecinas querían, con el vestuario que necesitaban los estudiantes de Santiago, y todo ello a precios siempre más bajos y asequibles…

Mediante un sistema de entrevistas que vemos en directo pero también proyectadas en una gran pantalla, Chévere consigue crear un tiempo histórico y narrativo a la vez que teatral, un tiempo que nos introduce en la complejidad de la historia gracias a esta dualidad de planos que funciona a modo de espejos desveladores. Un tiempo que pasa volando, pues al final del espectáculo uno piensa que sólo han transcurrido trienta minutos.

Excelente trabajo de Patricia de Lourenzo, siempre tan vital y dúctil, actriz de una refinada inteligencia que sabe meterse el público en el bolsillo desde los primeros compases. Y aplomada y segurísima actuación de Manolo Cortés, dotado de una extraordinaria sutileza. Esta obra que firma Xesús Ron en la dirección, cada vez más exquisito y refinado, es la primera parte de una trilogía centrada en el susodicho personaje. Una historia de Galicia y de España que los de Chévere tendrán el arrojo de presentar en los próximos meses. ¡Ojalá puedan venir a Barcelona y podamos ver la trilogía entera!